Vivir en el presente como una opción de vida
Vestida de rosado, con accesorios en el cabello y anillos en los dedos, MM es una joven vanidosa. Bonita y simpática, es difícil creer que en el pasado estuvo vinculada a la violencia armada organizada. Natural de Medellín, Colombia, M, hoy con 27 años, es líder del Movimiento Solidario por la Vida y el Desarme “No Matarás”, grupo que tiene como objetivo principal “arrebatar los jóvenes del conflicto”, según sus propias palabras.
El movimiento es compuesto por jóvenes que han estado involucrados en la violencia armada organizada. “Ellos forman el grupo base y tratan directamente con los jefes de los sectores para que no maten a los pelados que por alguna razón han sido jurados de muerte”, explica M.
El grupo base es formado por 50 jóvenes que decidieron salir del crimen y ahora trabajan para rescatar y evitar el involucramiento de sus compañeros. Además, el movimiento también cuenta con la participación de jóvenes que aún no han salido de la violencia y algunos que se encuentran en situación de riesgo. Alrededor de 200, ellos integran las “cédulas de vida” que actúan en los barrios y realizan trabajos de prevención llamados de “alertas tempranas”.
"En ‘No Matarás’ trabajamos el tema de defensa de la vida”, afirma M. El movimiento participa y apoya procesos de no agresión, de no violencia y de reconciliación desde programas institucionales, gubernamentales y no gubernamentales, además de impartir talleres de educación ciudadana, resolución de conflictos, entre otros.
“Trabajamos con la misma fuerza la prevención que la atención”, dice M. El movimiento tiene siete años de vida, M ingresó hace cinco. “Vivo en el presente. Esta es una opción de vida”, afirma.
Delincuencia y paramilitarismo
M, así como los demás compañeros del movimiento, conoce de cerca la realidad de los jóvenes en situación de riesgo. No estudian, no trabajan y viven en función de los parches (grupos de amigos). La droga hace parte del cotidiano así como aventurarse por el país. En consecuencia muchos acaban robando, vendiendo drogas e involucrándose en la violencia armada organizada como forma de subsistencia.
“Empecé a tomar drogas cuando tenía 13 años. Un año después salí de casa y me dedicaba exclusivamente al parche. Pero a los 19 años tuve una sobredosis de cocaína y decidí cortar con esa vida. Muchos de mis amigos habían sido asesinados y otros murieron en consecuencia del uso de narcóticos”, cuenta.
De los demás compañeros que sobrevivieron, M sabe que algunos actúan hoy en día como comandantes de grupos paramilitares y apenas una minoría consiguió salir. “La guerra aquí en Medellín no ha cambiado mucho en 10 años. Sólo cambió de protagonistas”, dice.
M explica que la delincuencia común pasó a ser aprovechada por los grupos paramilitares que utilizan a los parches para realizar el “trabajo sucio” del conflicto armado como matar, robar y vender drogas. El territorio es dividido por sectores encabezados por jefes paramilitares en una estructura jerárquica donde el joven es el peón de cara a la muerte.
Información que es confirmada por Iván Ramírez, investigador de la Corporación Paz y Democracia y colaborador del Proyecto Coav Ciudades, en Medellín, cuyo informe para la investigación internacional Ni Guerra Ni Paz revela que la mayoría de las bandas en la actualidad está subordinada a los grupos paramilitares (para acceder al capítulo sobre Colombia haga clic aquí).
Armas y mujeres
El acceso a las armas es otra característica que torna letal y banaliza el involucramiento de los jóvenes en la violencia. “Es muy fácil conseguir un arma en el mercado negro, lo que posibilita a casi cualquiera cometer un robo”, observa M.
La joven destaca también otro personaje del conflicto armado: la mujer. “Hay pocas mujeres visibles en las bandas, pero por atrás hay muchas. La mayoría de pelados se ha involucrado en la violencia por una mujer”, revela.
“Es necesario crear alternativas”
M, que tuvo dos hermanos muertos a raíz de la violencia (uno era jefe de banda y en el proceso de reintegración lo mataron mientras el otro fue víctima) opina que muchos jóvenes se involucran por falta de opciones.
Para transformar este escenario, M cree que es necesario ofrecer alternativas y crear espacios de ciudadanía donde los jóvenes puedan tener una participación efectiva. “Realizo este labor por amor. Durante mis años en la violencia sufrí mucho y quiero hacer lo posible por evitar que otros pelados pasen por lo mismo. Tengo aprecio por la vida por encima de todo”, finaliza.
Para saber más:
Lea el capítulo sobre Colombia de la investigación internacional Ni Guerra Ni Paz: “Medellín: Los Niños Invisibles del Conflicto Social y Armado”
Conozca el Proyecto COAV Ciudades









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