El rol de las mujeres en las pandillas de Brasilia
Las pandillas ya no son un escenario exclusivamente masculino. Las jóvenes están cada vez más presentes en estos grupos juveniles urbanos y de una forma más osada, enfática y participativa. Brasilia no es la excepción.
El Distrito Federal –sede del gobierno brasileño y donde son trazadas todas las políticas que rigen los destinos de los brasileños incluyendo a los adolescentes que hacen parte de estos grupos— se ha convertido en un escenario en el que la acción de las pandillas se delinea de forma más dramática, presentando el retrato más característico de una juventud que vive en el límite entre lo legal y lo ilegal.
La socióloga Miriam Abramovay (foto) coordinadora de la investigación de la Red de Información Tecnológica Latinoamericana, Ritla, viene acompañando el aumento de la participación femenina en las pandillas desde hace más de diez años –época en que publicó, en la UNESCO, un libro basado en su investigación sobre la relación entre la juventud y la violencia en Brasil.
“Desde entonces, me di cuenta de que las pocas niñas que ya integraban estas redes desempeñaban papeles muy subordinados: principalmente ayudaban a los novios pandilleros. Me llamó la atención no encontrar por aquí pandillas exclusivamente femeninas, como las que existen en Estados Unidos, por ejemplo”, dice Miriam.
Esa inquietud le hizo encaminar sus esfuerzos hacia una nueva área de investigación, esta vez enfocada en las relaciones y representaciones de género en las pandillas del Distrito Federal. El trabajo duró tres años y el resultado está consignado en las 314 páginas del libro “Gangues, gênero e juventudes: donas de rocha e sujeitos cabulosos”, lanzado recientemente y que representa un paso inédito en el estudio del tema de género en los grupos de jóvenes brasileños.
La investigación obtuvo valiosas conclusiones en lo que se refiere a la cuestión de las relaciones de género dentro de las pandillas de esa ciudad, internacionalmente famosa por ser el centro de poder de este país de 180 millones de habitantes.
Los temas que pernearon las entrevistas de los investigadores fueron el embarazo no planeado, abortos, sufrimiento por rupturas amorosas, disputa entre mujeres por hombres –comúnmente líderes de pandillas-, amoríos, traiciones y experiencias de “salir” y “levantar” chicos.
Por su parte, los jóvenes de pandillas reproducen patrones tradicionales de comportamiento machista: apodan a las jóvenes con nombres despreciativos y separan a las que creen que pueden enamorar para una relación duradera y las que creen que son sólo para aventuras pasajeras. Además, las califican de débiles, falsas y poco confiables.
De acuerdo con el estudio, también están las jóvenes que son respetadas y consideradas “brothers”, compañeras de aventura y protegidas en las fiestas y en las peleas. Las que merecen este tratamiento son las que han demostrado valentía y lealtad a la pandilla, así como ser “buenas para la pelea”, y no por tener algún tipo de relación afectiva o sexual con otros pandilleros. Muy pocas son consideradas “donas de rocha”, léxico de los pandilleros para definir a las mujeres valientes; en contraste, muchos chicos son considerados “sujetos cabulosos”, es decir aguerridos.
Las jóvenes no necesariamente pasan la idea estereotipada de fragilidad o sumisión. “En relación a las cuestiones de género, muchas cosas han cambiado y muchas otras permanecen iguales: si antes las chicas eran apenas novias
y ejercían un papel secundario, hoy las pandillas poseen sectores femeninos y las mujeres tienen funciones más definidas. Ellas no desempeñan solamente un papel accesorio. Pero aún hay pandillas exclusivas de hombres, que tratan a las jóvenes de manera peyorativa”, afirma Miriam.
Según la investigación, el poder femenino en las pandillas es comúnmente ejercido sobre otras jóvenes o novatas. En las entrevistas y grupos focales, los investigadores pudieron notar que las chicas hablan más entre ellas pero que en presencia de los hombres, se callan o son ellos los que tienen el privilegio de la palabra.
Además de esto, el grupo de estudiosos observó que no todas las jóvenes rompen con la división sexual del trabajo y muchas permanecen desempeñando papeles subordinados –despistar a la policía, servir de anzuelo y cargar las latas de spray. Pero también están las que no aceptan pasivamente la restricción y grafitean, pelean y enfrentan a la policía y a las pandillas rivales.
Inmersión profunda
Para entender el papel de las chicas en las pandillas de Brasilia, el equipo de investigación se sumergió en el universo de las pandillas de esa urbe. La investigación mapeó el día a día de los 13 principales grupos de grafiteros que actúan en la capital federal –tanto en el Plan Piloto como en la periferia—trazando un perfil de los jóvenes que las integran por medio de la inmersión en la investigación de campo, con acompañamiento continuo y entrevista con 73 miembros.
“Seleccionamos pandillas esencialmente de grafiteros. Individualmente, puede ser que ellos vendan drogas, pero esta actividad no puede ser catalogada como narcotráfico”, explica Miriam quien agrega que estos jóvenes quieren es ocupar los espacios de la ciudad, especialmente los muros (foto). Y lo hacen a través de los grafitos.
Miriam explica que los miembros de pandillas tienen muchas dificultades para relacionarse con la ciudad y sus espacios y por eso quieren marcarla públicamente con sus firmas.
En el prefacio del libro, el antropólogo Luiz Eduardo Soares define las pandillas como “redes sociales de jóvenes que emplean sus energías en intervenciones transgresoras en el espacio urbano, movilizando la violencia como forma de lenguaje ordinaria”. “Su sentimiento en relación a la sociedad es de rabia y rechazo. Se consideran marginados y maltratados. Hablan mal de la policía y de los políticos”, dice la experta.
El origen de estos jóvenes es diferente. Si hace 10 años, en su primer estudio, la socióloga detectó pandillas diferentes en el Plan Piloto y en la periferia de Brasilia, hoy el escenario es más homogéneo. “Todo está mezclado, clase media y clase baja. Las pandillas ya no tienen localizaciones geográficas específicas, pueden estar en varios lugares”.
El estudio concluye que la edad media de los gangueros oscila entre 16 y 17 años, aunque haya excepciones. Su cotidiano varía, pero gran parte de ellos está en la escuela, trabaja y algunos inclusive van a la universidad. Los integrantes de pandillas contaron a los investigadores que usualmente empiezan a grafitear cuando están en la etapa escolar, ya que no se interesan por aprender el contenido de estudio. Es así como la escuela primaria y secundarias les sirve para perfeccionar el graffiti y para entrenar su firma, su identidad su identidad dentro de la pandilla.
“La pandilla es parte de una vida doble que ellos llevan. Estar ahí, pertenecer a ella y grafitiar en lugares osados y arriesgados es la adrenalina que mueve la participación de estos jóvenes. Muchos integrantes van envejeciendo y no logran soltar el grupo. El graffiti es prácticamente un vicio”, revela Miriam, a partir del contacto que estableció con las pandillas. Ella comenta que quedó sorprendida cuando supo que muchos de los pandilleros entrevistados conocían su libro sobre el tema y que se empeñaron en hacer parte de la investigación”.
El grupo de investigadores aprovechó este entusiasmo y llevó a muchos jóvenes de vuelta a las escuelas, ya que estipuló que la frecuencia en las clases era un requisito para participar de los grupos focales. “Los adolescentes fueron muy colaboradores con nuestro equipo. Fue una relación de intercambio, pues ellos recorrían y contaban con nosotros diversos momentos de necesidad –situaciones como detenciones, embarazos y partos, entre otras. Son jóvenes completamente desprotegidos, no tienen apoyo alguno del Estado ni de sus familias, fragilizadas, impotentes e incapaces de interferir en la participación de sus hijos en las pandillas”, dice Miriam.
El libro es fruto de la colaboración entre Ritla, la Secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia de la República y la Central Única de Favelas (Cufa-DF). Max Maciel, coordinador general de Cufa-DF es coautor del libro y explica que la Central sirvió como puente de aproximación entre el grupo de pesquisas y las pandillas. Él dice haber tenido una trayectoria de vida muy parecido con las de los pandilleros y pandilleras de la ciudad: búsqueda de autoafirmación, reconocimiento, poder y prestigio. Los mismo problemas y anhelos, sin embargo rumbos distintos.
“Las Cufa son comunidades que conviven con varias prácticas urbanas, inclusive las pandillas. Por eso, servimos como puente de aproximación y, claro, como una interfase de confianza, con un lenguaje familiar para estos jóvenes. La Cufa vivencia con mucha proximidad la realidad de ellos, pero ayudar a promover la investigación es, para nosotros, una manera de saber realmente quienes son estos jóvenes, tantas veces calificados de delincuentes y marginales y cómo se articulan y se organizan. Sabemos con claridad hoy que ellos no son delincuentes, a pesar de que comenta algunos delitos, sino que son jóvenes con un potencial desperdiciado por la ausencia de una red de control social”, argumenta Max.
El epígrafe del libero trae una canción de la funkera Tati Quebra Barraco, cuya letra exalta la valentía de la mujer. El grupo de coautores llegó a considerar la hipótesis de invitar a los pandilleros, tan importantes para la investigación, a su lanzamiento pero después desistieron. “Nos dio miedo reunirlos en un solo lugar pues pertenecen a pandillas rivales y el sentimiento de venganza y rabia es muy grande”, cuenta Miriam.
La realidad observada minuciosamente en el libro es muy particular a los jóvenes del DF. En el prefacio a la publicación, Luiz Eduardo Soares la define como una “cartografía hermenéutica de un drama social específico”, resaltando cuánto Brasilia se caracteriza hoy día caracterizada por la presencia de pandillas. Al libro es fruto de la colaboración entre Ritla, la Secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia de la República y
Arquitectura estimula formación de pandillas
Arquitectura excluyente
Para Miriam, la arquitectura de Brasilia –planeada por Oscar Niemeyer y reconocida internacionalmente- estimuló la formación de pandillas. “La arquitectura de Brasilia es de las más pérfidas que existen. No favorece ningún tipo de integración social. La cuestión de las riñas entre grupos de cuadras diferentes existe hace mucho tiempo, desde la construcción de la ciudad”, dice.
La disputa de poder entre las pandillas ocurre a toda hora. Hay más prestigio para quien grafitea un lugar más alto de acceso más difícil. Grafitear encima del nombre de otro pandillero rival es la falta más grave en el ambiente del pandillaje y puede ser cobrado hasta con la muerte. La ocupación del espacio público y común sobrepasó las fronteras del mundo virtual e invadió redes sociales como Orkut, que es la preferida de los pandilleros.
“Es muy interesante la comunicación que estos pandilleros del Distrito Federal establecen por Orkut. En esta red social, ellos hacen citas, planean encuentros y peleas y se insultan. Usan la red principalmente para exhibirse. Suben fotos que evocan situaciones de consumo de cocaína y porte de armas, todo lo que la sociedad del espectáculo exige. En ese espacio no tienen miedo de la exposición y no demuestran ninguna preocupación en disfrazarse”, dice Miriam.
Para Miriam, las pandillas de Brasilia son muy diferentes de las maras y pandillas de países centroamericanos como Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala. La investigadora establece como principal diferencia la fluidez de las pandillas del Distrito Federal. “Las maras son altamente jerarquizadas y organizadas, formadas por chicos y chicas que muchas veces ya llegaron organizados de Estados Unidos y esto representa su estrategia de supervivencia frente a la policía”, explica.
El sentimiento de pertenencia y compromiso es tan grande allá que los pandilleros llegan a repartir lo que roban unos con otros. Según la socióloga, la lógica de las pandillas de Brasilia es otra: son más fluidas y los jóvenes tienen otras actividades en su día a día, como escuela y trabajo. “Las maras son mucho más ‘profesionalizadas’ y violentas. Aquí también hay robo y a veces muertes pero allá todo está más acentuado y la facilidad para acceder a armas es mayor. El miedo de la sociedad a las pandillas allá también es mayor del que se siente aquí”, dice Abramovay.
La investigadora considera que la opinión generalizada sobre la juventud es negativa. “La sociedad tiene miedo de la juventud en general. Nosotros mismos acabamos criminalizando a nuestros jóvenes. Brasilia tiene que ser más incluyente, las secretarias de Educación, Salud y Seguridad Pública necesitan unirse para proponer políticas de inclusión para estos adolescentes”, propone.
Acceda a la investigación completa aquí.








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LOS INICIALES ESTUDIOS SOBRE
LOS INICIALES ESTUDIOS SOBRE LAS "GANGAS" DE NORTEAMERICA Y LUEGO DE LAS MARAS DE CENTRO AMERICA QUE LLEGARON A LOS ANGELES COMO CONSECUENCIA DE LOS CONFLICTOS EN LOS PAISES DEL CARIBE, SON UN EJEMPLO DE COMO A VECES POR LA MODA SE COPIAN ESTEREOTIPOS DE CONDUCTA. IGUAL SUCEDIO CON LOS HHOLIGANS BRITANICOS O CON LOS CABEZAS RAPADAS PARA DESARROLLAR EN NUESTROS PAISES DE LA REGION VIOLENCIA. TAMBIEN EL BULLING ES PRODUCTO DE ESTOS MODISMOS. LO QUE DESEO ES QUE SE TOME MAS ANTENCION NO SOLAMENTE A LA VIOLENCIA COPIADA DE OTRAS REGIONES, SINO Y SOBRE TODO A QUE LAS FAMILIAS SON LAS GRANDES RESPONSABLES DE ESTAS DESVIACIONES DE NUESTRA JUVENTUD.
GRACIAS.
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