Pablo Dreyfus, por Bill Godnick

 

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La primera vez que le encontré a Pablo, en junio de 2002, no sabía mucho a su respecto, pero ya había visto su nombre en algunas publicaciones. Yo estaba en Río para reunirme con Rubem Fernandes y Rangel Bandeira para hablar sobre la posibilidad de que desarrolláramos un proyecto de investigación conjunta sobre control de armas en los países del Cono Sur con la ONG británica International Alert, para la cual yo trabajaba en aquel momento. Ellos inmediatamente me indicaron a Pablo, no sólo como compañero de trabajo, sino para que me hospedara mientras me quedaba en la ciudad. El departamento de Pablo, en Ipanema, quedaba en la esquina de la entrada de la favela Cantagalo. Era verano y en Río hacía 40 grados, que es de lo que más me acuerdo.

Cuando le conocí a Pablo, me sorprendió porque él era lo opuesto a todas mis expectativas. Yo esperaba encontrar a un argentino más extravagante y más estereotipado. En lugar de eso, me encontré a una persona mucho más original y humilde. También supimos que teníamos mucho en común: éramos dos chicos calvos, con treinta y pico años, medio católicos, medio judíos, con ascendencia francesa e interés por cuestiones de seguridad en América Latina. Mientras nosotros, naturalmente, nos convertimos en buenos amigos en aquel momento, la relación que mantuvimos a lo largo del tiempo fue similar a la de, quizás, primos lejanos, siempre retomando de donde habíamos parado, pero nunca sintiendo la necesidad de estar en contacto constante. Pasar tiempo con Pablo siempre fue muy fácil y él siempre tenía una forma muy directa de decir lo que quería decir.

El primer proyecto en el cual trabajamos juntos tardó cerca de un año para concluirse con viajes de investigaciones de campo a Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay, algunas financiadas por International Alert y otras por Viva Rio, que tenía otras investigaciones en la región. Pablo le involucró en la investigación a Ben Lessing, de Estados Unidos, y a Carolina Iootty, una joven abogada brasileña. El producto final terminó siendo Control de Armas Pequeñas en el MERCOSUR, publicado conjuntamente por Viva Rio y Alerta Internacional, en inglés y español. Fue una investigación  sólida, que sólo logramos llevar a cabo gracias a la experiencia y energía de Pablo. Puedo recordar claramente que discutimos mientras editábamos ese libro porque  él siempre quería decir más. Estoy seguro de que otros tuvieron esa misma experiencia con él.

El proyecto de investigación también contempló un seminario en Buenos Aires, que estuvo organizado en junio de 2003. Aunque era un evento bastante informal y normal, él reunió a muchos agentes del Cono Sur que acabarían involucrados en el proceso de control de armas pequeñas de la ONU, IANSA, Coalición Latinoamericana sobre Violencia Armada, además de los proponentes en las futuras campañas nacionales de desarme en Argentina y en Brasil. Dos participantes se convirtieron en importantes figuras políticas en sus países, Daisy Tourné, el ex-ministro del Interior de Uruguay, y Juan Ramón Quintana, el actual Ministro de la Presidencia de Bolivia.

El objetivo de ese artículo era compartir lo que había aprendido al trabajar con Pablo a lo largo de los años o por lo menos eso fue lo que me pidieron. Una cuestión bastante  difícil, pues yo siempre le consideré a Pablo como a un colega y mucho del aprendizaje fue implícito, parte de un proceso de intercambio de feedbacks en ideas, investigaciones e hipótesis sobre la naturaleza de la seguridad pública del tráfico de armas ilícitas en América Latina.  Asimismo, lo voy a intentar. Algunas de las cosas que creo que aprendí al trabajar con Pablo quizás no sean nuevas, pero se reforzaron por su enfoque específico en la investigación. De memoria, puedo pensar en tres.

Primeramente, una buena investigación es un proceso y no un producto. La financiación es necesaria para mantener la investigación y, lo más importante, a los investigadores, sin embargo no es, o debe ser la fuerza por detrás de una buena investigación. Se sabe que una investigación necesita ser indagada, completada y divulgada, lo que no significa que está finalizada. Investigaciones exigen actualización constante. Y algunas de las mejores que ya he visto empiezan y terminan sin cualquier tipo de financiación.

En segundo lugar, ser un investigador con credibilidad en el área de seguridad pública exige revisión, actualización y procesamiento constante de datos y de estadísticas a partir de una universidad o de una oficina de investigación, además de visitas a instituciones, comunidades y a personas que viven en la línea de frente, las más vulnerables de nuestras sociedades. Los viajes de Pablo a zonas fronterizas de Brasil y a muchos otros países de la región generaron investigaciones que suministraron importantes averiguaciones. Pablo vivió el concepto de triangulación en la investigación en ciencias sociales.

Finalmente, en tercer lugar, Pablo con sus credenciales impresionantes podría haber optado por una vida en una universidad estadounidense, europea, o quizás en sofisticadas empresas de consultoría privada en inteligencia. En lugar de eso, él optó por trabajar en una ONG bohemia, que piensa globalmente y actúa globalmente y cree  que la investigación es la base de un advocacy sostenido. No finjo saber exactamente qué hizo con que Pablo permaneciera tanto tiempo en Río, pero creo que fue una combinación de varias cosas, incluyendo estar en la vanguardia del debate sobre  seguridad pública, estar en un lugar en donde su investigación marca la diferencia, haber encontrado una familia y una comunidad en Viva Rio y en Río de Janeiro y simplemente estar en un lugar y hacer cosas que lo hacían sentirse vivo.

Hace algunas semanas, me encontré en una reunión del “Observatorio Crimen Organizado para América Latina y el Caribe”, en Costa Rica. Una invitación que recibí principalmente porque fui recomendado por Pablo y en la mesa mitad de las personas presentes estaba allí por su relación con él. En todos esos espacios y lugares sigo viéndole a Pablo caminando por la sala, sentado, dividiendo los últimos resultados de sus investigaciones con nosotros, acompañándonos como un fantasma amigable. Él nos recuerda que seamos sinceros en nuestros objetivos de investigación y práctica, a no perder el contacto con lo que realmente ocurre en nuestras comunidades y que nos quedemos en lugares en los que tenemos la posibilidad de hacer la diferencia.

 

Bill Godnick
Lima, Perú
Septiembre de 2009

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