Pablo Dreyfus, por Rangel Bandeira

 

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Pérdida irreparable: la desaparición de Pablo Dreyfus, que concibió y editó este boletín con competencia y dedicación, en medio a su numerosa producción. Pablo y su mujer Ana Carolina Rodrigues estaban en el avión de Air France, desaparecido en el mar el 01.06.2009. Argentino, él era uno de los mayores especialistas sobre control de armas de fuego a nivel internacional. Viajaba a Suiza, para la reunión anual de la publicación sobre armas, el anuario Small Arms Survey, del cual era uno de los editores.

Una característica infrecuente encontrada en el trabajo desarrollado por Pablo era su habilidad de combinar, con perfección, sofisticada competencia y acción empírica, de forma a transformar sus ideas y análisis en políticas públicas efectivas. Normalmente, podemos ser buenos en uno u otro campo, pero es extraordinariamente difícil ser excelente en ambas las áreas. Pablo se sentía igualmente cómodo investigando el envolvimiento con el narcotráfico de los narcoterroristas de las FARC en las selvas de Colombia, o el contrabando de armas a través de los ríos en la frontera Brasil-Paraguay, así como dando clases en las universidades más prestigiosas o discursando en la conferencia de la ONU.

Su tesis de doctorado, en el Graduate Institute of International Studies, de Geneva, fue sobre narcotráfico: “Border Spillover: Drug Trafficking and National Security in South America¨. Los retos, y los riesgos por los que pasó, en la realización de esta investigación de campo, lo llevaron a despertar para a importancia de uno de los hechos más importantes de la violencia en América Latina: la proliferación de las armas de fuego. Él fue uno de los pioneros en esta nueva área de investigación, que surgió en consecuencia del nuevo fenómeno de la creciente violencia urbana.

Sus estudios lo llevaron a concluir que Brasil era el país en donde más personas mueren por armas de fuego en el mundo, en números absolutos. Angustiado con lo que consideraba “un genocidio”, decidió trabajar en Viva Rio, rechazando ofertas de gobiernos de varios países. Su traslado a Brasil, hace siete años, permitió un cambio de calidad en los estudios sobre control de armas en nuestro país. Su colaboración fue fundamental en la elaboración del Estatuto del Desarme, y en los argumentos que convencieron a los brasileños a entregar voluntariamente medio millón de armas en la Campaña de Desarme de 2004-2005. Coordinó la primera investigación sobre armas en ámbito nacional, publicada en el libro “Brasil: las Armas y las Víctimas”, desvelando que circulan entre nosotros cerca de 17 millones de armas, mitad de ellas en la ilegalidad.

Durante la Comisión Parlamentaria de Averiguación (CPI) sobre el Tráfico Ilegal de Armas, del Congreso brasileño, elaboró estudio sobre 36 mil armas incautadas en la ilegalidad, demostrando que muchas de ellas se habían desviado de tiendas, de empresas de seguridad privada y de las propias policías. Su análisis está llevando a la reformulación de los mecanismos de control interno de la policía, de quien se convirtió en un gran colaborador, principalmente de la Secretaría de Seguridad Pública de Río y de la Policía Federal. Profesor del curso de postgrado en Seguridad Pública para policías, realizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y Viva Rio, iba a iniciar en el segundo semestre la capacitación de los departamentos policiales estaduales de control de armas, enseñando el uso del Manual de Rastreo de Armas Pequeñas (SENASP. 2009), que él mismo elaboró. Su último trabajo fue la construcción, a pedido de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados y del Ministerio de Justicia, de un Ranking Nacional de Control de Armas. Este estudio, que la Subcomisión de Armas y Municiones de la Cámara Federal acaba de divulgar, evalúa cómo los gobiernos estaduales están implementando el control de armas y municiones, cuáles son las mayores eficiencias y avances, y da orientación al gobierno federal a respecto de las inversiones que se tiene que realizar para combatir mejor el tráfico ilícito de armamento.

Dreyfus colaboró con gobiernos de diversos países en el análisis de la proliferación de armas, indicando soluciones creativas para aumentar su control y disminuir las víctimas. Ayudó el gobierno de Mozambique y la provincia de Buenos Aires a hacer un mapeo de las fuentes de desvío y contrabando de armas, y sus estudios hicieron que el gobierno de Paraguay reformulara toda la legislación sobre el tema, provocando una drástica reducción en el contrabando de armas de ese país hacia Brasil.

Pablo expandió su generosa colaboración participando en negociaciones internacionales para el control de armamento, y actuando como consultor de los gobiernos de  Bolivia, El Salvador, Haití, Uruguay y Colombia.  Recientemente, estuvimos juntos en Angola, evaluando una campaña de entrega de armas que ya recogió 250 mil armas, y nos preparábamos para desarrollar investigaciones sobre el armamento que, tras la guerra civil, se encuentra esparcido por todo el país. Últimamente, Pablo se preocupaba con el retorno del “grupo de la bala”, del Congreso Nacional, que ha presentado proyectos de ley mutilando el Estatuto del Desarme. Antes de embarcar en el vuelo fatal, me llamó del aeropuerto, para hablar sobre nuestro próximo viaje a Brasilia, exactamente para discutir con el gobierno y con los diputados una forma de defender la nueva ley.

Enamorado de Río, Pablo se había casado hacía solo dos años con la socióloga carioca Ana Carolina Rodrigues, también de Viva Rio. Ana se dedicaba a proyectos de prevención de la violencia contra jóvenes y niños de las favelas de Salgueiro y Jardim Catarina. Se conocieron cuando ella se dedicaba a proyectos de construcción de la paz, de la Fundación Konrad Adenauer. Una pareja ejemplar.

Si todos perdimos a un experto que ayudaba el mundo a ser menos violento, nosotros brasileños tenemos una deuda de gratitud impagable para con ese porteño, que encantaba a los cariocas cuando cantaba tangos en los momentos de nostalgia por su país. Nadie hizo más por las buenas relaciones entre Brasil y Argentina.

La prohibición del porte de armas por civiles, y la entrega de medio millón de armas – dos medidas que contaron con la decisiva colaboración de Dreyfus -, resultaron en la reducción del 18% en las muertes por arma de fuego en los últimos 5 años en Brasil. ¿Cómo aceptar la desaparición prematura de quien evitó la muerte de más de 6 mil brasileños? Por eso lloramos la muerte de Pablo Dreyfus y de Ana Carolina.

Uno de los homenajes que podemos hacerle a Pablo es dar continuidad a su obra en pro de la paz y solidaridad, de entre ellas la de seguir con la publicación de En la Mira. Sus habituales asesores, Júlio César Purcena y Natasha de Moura, están dispuestos a no dejar que esa iniciativa muera, y cuentan con la colaboración de los que hasta aquí contribuimos con ese importante, y único, canal de información y análisis sobre la situación del control de armas y municiones en América Latina y Caribe.

 

Antônio Rangel Bandeira, Viva Rio

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