Cuando llegó a Haití hace cinco meses para implantar en el país el proyecto Gingando por la Paz, el contramestre de capoeira Saudade tenía dificultad de dialogar con los niños que serían sus alumnos. Ellos no lo miraban a los ojos y peleaban por cualquier cosa. Hoy, capoeiristas, no se comportan más así.
“Percibo un cambio muy grande de comportamiento. Vemos menos discusiones, sentimos que los niños están siendo más amigos unos de otros y más compañeros. Cuidan más de su espacio y fortalecieron la noción de grupo y de familia”, dice Saudade.
El profesor cuenta que los niños en Haití son muy violentos y tienen una carencia muy grande. Además de eso, por haber sido muy reprimidas desde pequeñas, no saben dialogar. “En la escuela, por lo que oímos decir, aún se usan mecanismos de educación muy rígidos como correazos. Entonces, el niño no puede exteriorizar sus emociones y después, no puede trabajarlas. Utilizamos la capoeira para que ellos puedan entrar en contacto con sus emociones y dominarlas. La agresividad es una constante en el ser humano. Es necesario canalizarla de una forma positiva y eso es lo que hacemos en el proyecto”, explica.
De acuerdo con Saudade, el abordaje pedagógico es el diferencial del trabajo. Los educadores utilizan la capoeira como herramienta para estimular el desarrollo social y humano de los niños y jóvenes, para que puedan descubrir sus potenciales y vencer sus limitaciones. Con la absorción de nuevos valores y de su propio reconocimiento como persona, ellos se preparan para ser protagonistas de su propia historia.
“En la roda de capoeira la persona juega con otra persona, pero en realidad está lidiando es consigo misma –sus impulsos, sus limitaciones, sus miedos sus inseguridades-. El alumno pasa a percibirse como individuo y a ver que hay varios caminos para realizarse como ser humano”, explica. Saudade agrega que la capoeira enseña que no se debe ver solo hacia el frente, ni desistir al primer obstáculo que aparece.
“Basta dar una gingada para cambiar el punto de vista y visualizar otros frentes, con un universo de alternativas. Un chico cuyo único sueño es ser jugador famoso de fútbol tiene grandes posibilidades de acabar frustrado”, observa.
El proyecto comenzó con 15 alumnos, la mayoría de ellos niños habitantes de la calle y huérfanos que hacían parte de grupos callejeros atendidos por el proyecto social conducido por Viva Rio en Haití y que ofrece escuela y atención médica a los menores.
Hoy, gracias al boca a boca de los propios niños, Gingando pela Paz ya atiende a 70 niños y jóvenes de ambos sexos y otros 30 ya están inscritos para una nueva clase.
Al inicio, para lidiar con los niños, Saudade tuvo el apoyo de un traductor que aprendió portugués con el Ejército brasileño. Ahora ya se entienden en creole y en francés, y los niños hablan un poquito de portugués.
“La capoeira es la mayor embajadora de la lengua portuguesa en el mundo, incluso más que la música porque la relación con la capoeira es necesariamente de vivencia”, reflexiona. En Haití, Saudade ha tenido ayuda de otros capoeiristas, inclusive mujeres.
En el momento, cuenta con la colaboración de un instructor y de un monitor pero el objetivo es ampliar los cuadros para que el proyecto pueda tener grupos también en el norte y en el sur del país.
Para el contramestre, la presencia de la figura del educador es fundamental porque en Haití muchos niños permanecen todo el día en la calle y terminan enganchándose en los grupos callejeros de jóvenes, en busca de una forma de afirmación. En ese contexto, los educadores de capoeira pasan a ser un referencial de hombre y de padre, que muchas veces no está en sus vidas.
“La capoeira ofrece familia, una figura masculina esencial y la auto-afirmación porque el niño pasa a ser un capoeirista y esto tiene un significado muy importante, pues el ahora es algo, ahora tiene con qué identificarse y se siente parte de ello”, agrega.
El contramestre destaca el papel de la mujer capoeirista en el proyecto. “La figura femenina es importantísima porque dentro de una cultura machista una mujer con voz activa y participación inspira una ruptura de valores y hace que tengan otra visión de la mujer”, sugiere.
Calificación de los educadores
La calificación de los educadores brasileños es otro objetivo importante del proyecto. Ellos ganan experiencia y estatus profesional después de un período en el exterior. Saudade da como ejemplo el pernambucano Ligeirinho, que después de trabajar en el proyecto en Haití, va a volver a Recife para replicar la metodología en proyectos sociales.
“Queremos llevar un contingente de capoeiristas para intercambios. Quien trabaja en el exterior y vuelve, fortalece su imagen en su comunidad y se convierte en una referencia”, afirma Saudade.
Él mismo es un caso de éxito de la alianza entre la capoeira y proyectos sociales. Nativo del municipio de San Gonzalo, en Río de Janeiro, a los 21 años estaba en situación de riesgo, sin educación básica y por tanto, sin empleo. Fue ahí cuando participó como capoeirista del concurso Jóvenes en Zimbaue, representando a Viva Río y al Consejo Mundial de Iglesias. Saudade pasó a trabajar como voluntario de Viva Río, hizo un intercambio en Alemania con el programa Lucha por la Paz y participó de encuentros internacionales en África, España e Irlanda del Norte.
En 2003 creó el proyecto Gingando por la Paz, que tuvo una participación importante en la campaña de desarme realizada en Río de Janeiro. “Conseguimos el apoyo de 53 mesures y reunimos más de 700 personas en la Caminada Gingando por la Paz. La capoeira también es una gran herramienta para la movilización y la consientización popular”, concluye.
Fotos: archivo personal








Comentarios
Proyecto capoeira deporte - parte
Hola, soy Luciana de Argentina, interesada en la defensa de los derechos de los niños. Hace 7 años que gormo parte del Grupo Internacional de Capoeira Topazio y también he elaboraod un proyecto de inclusion social paa niños de sectores vulnerables.
Me quería poner en contacto con el Contramestre Saudade.
Gracias
axe!
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