Mujeres que hacen la paz cuentan la historia
La paz –dicen– debe enraizarse en la comunidad; las personas deben superar desavenencias y encontrarse frente a frente. Y, aún más importante, construir la paz significa no restringirse únicamente a algunos tipos de violencia, e involucra un proyecto que se entrelace con el futuro de la comunidad. ¿Cómo hacerlo?
Un buen ejemplo viene de una remota y violenta área de Papúa Nueva Guinea. El distrito Kup –en la región de la highlands– es escenario de tres décadas de luchas tribales que casi hicieron cesar la prestación de servicios a la comunidad.
Y también es el hogar de Kup Women for Peace (KWP - Mujeres Kup Por la Paz), que hoy trabaja en muchas frentes, desde el empoderamiento de las mujeres hasta el incentivo a la adopción de un estilo de vida más estable por los jóvenes o incluso la mejora de las condiciones de salud y nutrición; todo con el denominador común de la prevención de la violencia.
“Fue un proceso largo y difícil”, dicen los miembros de KWP, que desde hace ocho años se comprometieron en una lucha por el “cambio de mentalidades y comportamientos”. A través de su trabajo, los hombres y mujeres de KWP quieren que las personas “piensen en el desarrollo en lugar de centrarse en luchas tribales. Nosotros siempre tenemos como objetivo los jóvenes y las comunidades donde hay un alto riesgo de que surjan luchas tribales”.
Ellos también trabajan para el empoderamiento de las mujeres, para que participen en las tomas de decisión y desempeñen roles de liderazgo, colaborando con líderes masculinos. “Todas nuestras actividades involucran a las mujeres, como la vigilancia comunitaria, los consejos comunitarios de justicia, los consejos de salud, etcétera.”.
Ésta es sólo una parte de la historia que empezó cuando cuatro mujeres de tribus en guerra se encontraron en secreto para hablar sobre cómo terminar el conflicto. Comunidad Segura se puso en contacto con KWP con la ayuda de Oxfam. Mary Kini, ejecutiva de la organización, llevó nuestras preguntas a casa, para un área sin electricidad, sin líneas telefónicas o agua canalizada. Las respuestas se escribieron en colaboración con sus colegas Angela Apa, directora, Jerry Kai y Agnes Sil, y esto es lo que nos contaron sobre la construcción de paz en esa región remota y castigada:
¿Cómo ha empezado KWP?
Kup es un subdistrito de la provincia de Simbu, en las regiones montañosas (highlands) de Papúa Nueva Guinea. El pueblo de Kup enfrentaba más de 30 años de violencia tribal. Muchos hombres murieron, a nuestros parientes cercanos se les asesinó, y mujeres y niños vivían con miedo y en desplazamiento continuo. Todos los servicios públicos se habían retirado. Estábamos sufriendo realmente.
Como respuesta, cuatro mujeres de diferentes tribus se encontraron –primero en secreto– para discutir qué podríamos hacer para poner un fin al conflicto y empezar a reconstruir nuestras comunidades. Hicimos una gran marcha en Kup, en 1999. Ésta fue la primera vez, por muchos años, que mujeres de los diferentes lados del conflicto se vieron y trabajaron juntas por causa de la paz. Desde entonces, KWP ha sido una defensora de la paz y del cambio social.
Háblenos un poco sobre los miembros de KWP...
Somos una organización liderada por mujeres, pero tenemos miembros de ambos sexos, además de un amplio apoyo de líderes hombres y miembros de comunidades de toda la región. KWP está constituida por un comité ejecutivo –tres mujeres y un hombre–, un comité de gestión y el colectivo.
Cada miembro del comité de gestión representa un clan de Kup y trabaja en campo para llevar información, despertar la conciencia, movilizar la comunidad y relatar los problemas locales a los coordinadores estructurales, que constituyen el "colectivo".
El colectivo está compuesto por de 12 a 15 personas, y funciona con un equipo de coordinación de cuatro a cinco personas. Participan representantes de cada grupo tribal y ellos trabajan con diferentes componentes estructurales de la organización, como salud –incluso SIDA–, ley y justicia, subsistencia, juventud, grupos femeninos, violencia contra la mujer, iglesia, etc.
¿Qué actividades están involucradas en un día de rutina de trabajo en KWP? ¿Ustedes están esparcidos o concentrados geográficamente?
Nosotros estamos concentrados dentro del subdistrito de Kup, que tiene una población de 24 mil personas, divididas en cinco grupos tribales y cada uno de ellos está compuesto por cinco o seis clanes. A través de los comités de gestión y de los representantes colectivos, KWP está presente en todo el subdistrito.
Las actividades se orientan de acuerdo con los objetivos y estructura de la organización, como mediación, concienciación y capacitación en derechos humanos y violencia contra la mujer, entrenamiento en resoluciones de conflictos, grupos de observación de las tribus, vigilancia comunitaria, incentivo a la subsistencia, entrenamientos en salud y derechos humanos en las escuelas.
¿Cómo usted ve la prevención de la violencia?
Uno de nuestros principales objetivos es reducir la eclosión y escalada de la violencia tribal a través de estrategias de mediación de conflictos y de cambios de mentalidades y comportamientos. Nosotros queremos que sobre todo los hombres comprendan las alternativas a la violencia –tanto en sus casas como en sus comunidades–, y que perciban el valor de la cooperación y de la coexistencia.
Nuestra agenda es mucho más amplia que prevenir o encerrar un conflicto. Estamos intentando tratar con las causas estructurales del conflicto y las relaciones con otros tipos de violencia , como la violencia contra la mujer, interpersonal y el abuso de alcohol.
Las mujeres son fundamentales para KWP. ¿Cómo trabajan la cuestión de género?
Nosotros tenemos grandes problemas con la desigualdad entre géneros y los abusos de derechos humanos. Adoptamos un enfoque integrado para nuestro trabajo de construcción de la paz, de ahí que todo lo que hacemos se dirija al enfrentamiento del desequilibrio de género en nuestra sociedad.
Las mujeres pasan por matrimonios precoces, sufren restricciones en su locomoción, no se incluyen en las estructuras formales de toma de decisiones, cargan el fardo de una pesada carga de trabajo y encima enfrentan la violencia en sus hogares. La ley y los sistemas judiciales, la policía y las cortes exacerban esas desigualdades. Las estructuras tradicionales de liderazgos también están erosionadas y nuevos tipos de líderes están emergiendo -a través del uso de la violencia, intimidación y miedo.
¿Y cómo lo ha recibido la comunidad?
Nosotros dirigimos oficinas, campañas y entrenamientos para generar conciencia sobre la inaceptabilidad de la violencia contra la mujer, para aumentar el respeto y la conciencia hacia los derechos humanos. Percibimos ahora que la violencia se está discutiendo más abiertamente, y hay más conciencia sobre las diferentes formas por las cuales ella tiene impacto sobre los hombres, mujeres y niños –sobre la comunidad como un todo–. La justicia de género y la igualdad son nuestro objetivo, y en todas nuestras actividades, las mujeres están involucradas en la toma de decisión.
¿Cómo se implementó eso en las tribus y hogares de Kup?
Formamos comités de violencia contra la mujer; hoy existen 60 comités en la región. Los comités están allá para tratar con el problema dentro de sus propios grupos tribales. Dirigimos capacitaciones con hombres y mujeres en derechos humanos y orientamos a jóvenes mujeres a ser líderes en el futuro. Estamos haciendo el empoderamiento de las mujeres para que estén en los roles de liderazgo y toma de decisión, en colaboración con líderes hombres.
¿Y cómo los hombres ven esa iniciativa?
Todas las actividades involucran a mujeres, desde la vigilancia comunitaria, los consejos comunitarios de justicia, los consejos de salud etc. En el pasado, los hombres dudaban en tener a mujeres involucradas en actividades que implicaban retirarlas de sus responsabilidades con el hogar. En un espectáculo reciente, las mujeres presentaron un drama sobre cómo ellas estaban confinadas en el hogar y limitadas por los maridos con relación a la locomoción. Muchos de los hombres que estaban presentes reconocían sus errores. Fue una gran revelación para ellos y un gran hecho de las mujeres y de KWP.
El programa de fomento a la subsistencia con jóvenes también generó mucho interés…
Ese programa es parte del enfoque de construcción de paz de KWP. Lo estamos haciendo para que las personas se fijen en el desarrollo en lugar de concentrarse en luchas tribales. Ése es nuestro enfoque. Nosotros siempre tenemos como objetivo los jóvenes –hombres y mujeres- y comunidades donde hay un alto riesgo de que eclosionen luchas tribales”.
De este modo, las personas pueden mantenerse ocupadas y, como resultado, tener menos tiempo para jugar, pelear etc. Todo eso es parte de un proceso de ocho años de cambio de mentalidad y comportamiento. Las actividades de subsistencia solo se han introducido recientemente, cuando las condiciones lo han permitido.
Usted ha mencionado lo importante que fue para las elecciones pacíficas mantener a los jóvenes ocupados…
Específicamente, ocupar a hombres jóvenes con actividades de subsistencia ha ayudado durante las recientes elecciones nacionales. En el pasado, los jóvenes se involucraban en prácticas referentes a las elecciones corruptas y violentas, que llevaron a la violencia tribal en gran escala. Por eso, de verás quisimos motivar y comprometer a los jóvenes, para mantenerlos ocupados durante el período de las elecciones. Ello, combinado con otras actividades, llevó a una elección pacífica.
¿Y quién queda responsable de la realización de las actividades?
Además del gasto inicial, para la compra de diferentes recursos para las actividades de subsistencia, todos los grupos ahora son responsables de sus propias actividades. En algunos casos, un grupo pasa sus excedentes para otros en otras comunidades y grupos tribales, para ayudar a otros jóvenes que están empezando a mantenerse ocupados.
¿Y los resultados?
Nosotros hemos visto un cambio real en el comportamiento y en la actitud de muchos jóvenes. Ellos son capaces de centrarse en un proyecto, su dieta ha mejorado y también vemos cambios físicos. Ha habido una mejora real en su bienestar general y estándar de vida. Los beneficios del programa están llegando también a otras comunidades, que son capaces de comprar los excedentes (como pescados, conejos etc.) y mejorar su propia dieta.
Enfocamos los grupos de alto riesgo, y por ello muchos ya no están involucrados en actividades criminales. En realidad, algunos fueron elegidos como líderes en sus comunidades –ellos son miembros de los consejos comunitarios de justicia. Nosotros hemos visto algunos jóvenes que de hecho se establecen, los hemos visto comprometerse con sus familias y trabajar su tierra para su propio sustento.
¿Pero existen otras actividades dentro del programa orientado a los jóvenes?
El componente de subsistencia es únicamente un aspecto de nuestro programa de construcción de la paz. Se implementó por medio de un largo y difícil proceso de aplicación de diferentes e integradas actividades, que tuvieron un foco subyacente en derechos humanos, y que tenían como objetivo los factores determinantes de la violencia y del conflicto. En todos esos años, nosotros hemos sido capaces de crear condiciones de paz para apoyar la introducción del programa de subsistencia y otras actividades de desarrollo. Esas actividades, a su vez, son una parte integrada de nuestro enfoque, siendo usadas como herramientas para la construcción de la paz y una forma de superar las desavenencias y conflictos.
Traducción: Luisa Lamas
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