Jóvenes aprenden informática en prisión
Desde hace 20 días, el aislamiento absoluto en el que viven los menores recluidos en el Centro Correccional Las Gaviotas de Ciudad de Guatemala se rompe cada mañana cuando dos jóvenes profesores de informática pasan los controles de seguridad para dictar clases de reparación de computadores, diseño gráfico y gestión empresarial. El trabajo es parte de un nuevo programa de resocialización que acaban de iniciar en ese penal UNICEF y el grupo Ceiba, una asociación dedicada a prevenir la drogadicción y formación de pandillas en Guatemala.
Por un par de horas al día, menores de edad acusados de crímenes como homicidio, extorsión, secuestro, narcotráfico y violación hacen un clic y abren ventanas al mundo de la informática, el cual podría ofrecerles la oportunidad de obtener un trabajo lícito y bien remunerado cuando salgan de la cárcel.
Álvaro Cabrera, de 20 años de edad, es uno de los dos profesores que Ceiba ha capacitado y asignado para esta labor. Sus amigos lo siguen llamando "El Perro", un apodo que se quedó con él desde su participación en una pandilla, pero "El Perro" no muerde, sólo ladra conocimientos: es un experto en informática certificado por Microsoft, capacitado en diseño gráfico y padre de un niño de tres años con muchos deseos de compartir todo lo que sabe.
Debido a actos de violencia entre los internos, la prisión está dividida por un muro: de un lado están aquellos que pertenecen a las Maras, o pandillas del crimen organizado, y del otro están recluidos los llamados "paisas", quienes han delinquido sin hacer parte de ningún grupo. También las aulas de informática están divididas así: 10 jóvenes de la llamada Mara 18 toman su curso en un lugar, mientras 10 "paisas" se reúnen en otro espacio para aprender.
El curso en la correccional está inspirado en el éxito que han tenido los Centros Tecnológicos de Ceiba ubicados en comunidades marginales de Guatemala y que ya ha capacitado 1.200 beneficiarios. Cerca de 500 de estos beneficiarios han recibido la instrucción desde cárceles para adultos y los otros 700, en barrios azotados por la precariedad de las condiciones de vida y la violencia de las pandillas.
Luego de un diagnóstico realizado por consultores de Naciones Unidas en el centro de reclusión Las Gaviotas, se llegó a la conclusión de que las condiciones del penal eran muy negativas ya que carecía totalmente de programas de resocialización para los jóvenes, lo que dio origen al proyecto del Centro Tecnológico de Ceiba y UNICEF dentro del penal juvenil. Justo Solórzano, encargado de UNICEF para el Proyecto de Protección para la Niñez en Guatemala, confía plenamente en los efectos positivos de este tipo de iniciativas. "Vamos a hacerle seguimiento a estos 20 jóvenes una vez salgan de la prisión para medir el impacto del programa, pero tenemos indicios alentadores con respecto a la importancia que tienen los programas de resocialización en general: 70% de los jóvenes que son encarcelados en Guatemala y que pasan su condena en la cárcel, reincide pero sólo 2% de los muchachos que cumplen penas alternativas –ya sea en el zoológico, con los bomberos o en el centro de salud- son reincidentes. Este tipo de programas mejoran la autoestima y en el caso de los Centros Tecnológicos, pueden incluso servir para obtener un diploma que será útil en el campo profesional", afirma Solórzano.
"De tú a tú"
Marco Castillo, director del grupo Ceiba, considera que lo más importante de esta iniciativa es que el conocimiento es impartido por personas pertenecientes a las mismas comunidades de los jóvenes reclusos. "Se trata de un efecto multiplicador, de joven a joven; son muchachos que comparten las mismas circunstancias económicas, sociales y familiares y entre los cuales se establece una gran empatía y confianza".
Ingrid Arquezai, de 19 años, es la otra profesora encargada de enseñar el módulo de reparación de equipos en el penal. También ella creció en medio de las dificultades de la comunidad Brisas de San Pedro, pero hoy está a punto de ingresar a la universidad para estudiar profesorado en computación. "A raíz de esta experiencia descubrí lo que me gusta: enseñar. Cuando les doy la clase en el Centro Correccional yo siento que ellos quieren aprender y que también merecen esa oportunidad de aprender que yo tuve".
La receptividad de los jóvenes en el penal ha sido buena. Aunque inicialmente hubo silencio y miradas desconfiadas de su parte, poco a poco se empiezan a desdibujar las fronteras entre alumno y profesor y por un tiempo los muros de la cárcel se convierten en las paredes de una escuela.
"Nosotros no llegamos a imponer nada. Vamos allá de igual a igual con el deseo de compartir lo que hemos aprendido porque sabemos que son conocimientos útiles que verdaderamente les van a servir para salir de allá y tener nuevas oportunidades. Yo por eso les digo a ellos, cuando están indisciplinados que es lindo molestar y reírse, pero es más lindo aprender porque no soy egoísta con lo que sé y entre ellos más aprendan y más rápido avancemos, más cosas les voy a poder enseñar", dice Álvaro.
El grupo de 20 reclusos de Las Gaviotas inició clases hace un mes. En los primeros módulos, están aprendiendo el manejo de los equipos y de los programas básicos de software. Además, cada viernes reciben una clase adicional de gestión empresarial para aplicar los conocimientos en la práctica y diseñar iniciativas empresariales. Aquellos que lo tomen en serio y aprueben los módulos completos, pueden incluso aspirar a continuar con la formación para obtener certificaciones Microsoft o recibir un diploma del Instituto Tecnológico de Monterrey. Además, como parte del programa, Ceiba les ayudaría en la búsqueda de trabajo o ubicándolos en programas de la misma institución.
"Creemos que capacitar a los jóvenes en informática en lugar de hacerlo en trabajos como panadería, zapatería u otros oficios convencionales, es una manera efectiva de reducir la brecha de oportunidades que existe entre jóvenes ricos y pobres, pues este tipo de labor es mejor remunerada y puede competir ante los jóvenes con la oferta que les hace el crimen organizado", puntualiza Castillo.








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