A quemarropa

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Pablo Dreyfus entrevista al secretario de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro sobre la compra de nuevo armamento para las Policías del Estado de Río de Janeiro.

La garantía del Estado de derecho está relacionada, en gran parte, con la proporcionalidad y la legalidad del uso de la fuerza letal por la policía. Una condición necesaria para garantizar el uso moderado y proporcional de la fuerza letal es que la policía esté debidamente equipada y entrenada para sus misiones específicas. Desgraciadamente, durante mucho tiempo ésta no ha sido la situación en el Estado de Río de Janeiro, donde, debido a la escalada de violencia entre facciones criminales, la policía utiliza desde finales de los años 90 fusiles FAL y M-16 como arma larga reglamentaria, tanto para actividades especiales como para vigilancia urbana. Para revertir esta situación, en mayo de 2008, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Río de Janeiro anunció la compra de 1.500 carabinas CT-30 Taurus, calibre .30 M1, de las cuales 1000 se distribuirán para la Policía Militar para tareas de vigilancia urbana y 500 serán empleadas por la policía civil como arma larga para llevar en las patrullas motorizadas en los vehículos.

En esta entrevista, José Mariano Beltrame, Secretario de Seguridad Pública del Estado de Río de Janeiro, explica los motivos y las ventajas de ese nuevo armamento y describe las orientaciones  políticas y doctrinarias que orientan la compra.

¿Cuál fue la razón de la compra de las carabinas CT-30 por la Secretaría de Seguridad Pública de Río de Janeiro?

El motivo de la compra de las carabinas es, primeramente, que nosotros encontramos que en el patrimonio hay armas, como el fusil, que tienen una potencialidad letal demasiado grande. Esto no significa que la policía no tenga que usarlas. Creo que hay situaciones y ocasiones en que nosotros podemos usar el fusil, podemos usar la carabina, o eventualmente también podemos usar equipo no-letal también recientemente incorporado. En este sentido, es dar opciones al policía para que él tenga, dentro de las posibilidades, la condición de adaptar el arma a la actividad que va a desarrollar y enfrentar.

De esta decisión resulta una serie de otras cosas. Por ejemplo, sobre esta cuestión de balas perdidas el nuevo armamento, va a proporcionar una mejor identificación del arma incluso por el tipo de herida que provoca y que no es la misma que la de un fusil. Una bala de un fusil tiene un recorrido de 2 km, y  puede alcanzar dos, tres personas cuando se fragmenta. Tenemos una incidencia de personas heridas que se registran en los hospitales como herida de arma de fuego, pero, en realidad, son fragmentos de bala perdida. Es el Estado que tiene su obligación de hacer su parte en el sentido de adaptar su servicio a la comunidad. Esta compra es un intento de  marcar un rumbo Estado en en esa dirección . El criminal no tiene esa preocupación. Él no se preocupa con el tipo de arma que usa.

No quiere saber si usa fusil en cualquier lugar de Río de Janeiro. La policía, como Estado, tiene que actuar cada vez más con racionalidad y con adecuación a las circunstancias.

¿Se trata entonces de una adecuación del tipo de arma para el tipo de misión?

Exactamente.

¿En qué situación y  que unidades utilizarán las carabinas?

Principalmente en las áreas donde tenemos que hacer patrullaje motorizado  y que no sean áreas con posibilidad de enfrentamiento armado con el crimen organizado. Fatalmente,  en las áreas con ese tipo de peligro  la incidencia del uso de fusil es muy alta.

¿La carabina sería el arma de cañón largo que estaría en los vehículos?

Si es para  patrullaje, sí. La carabina es un arma que tiene una menor apariencia agresiva. Y nosotros estamos invirtiendo mucho en  el patrullaje en motocicleta de a cuatro motocicletas con un hombre armado en la grupa. a. Estamos estudiando la posibilidad de armar  al efectivo que va en la grupa con la nueva carabina.En principio la vigilancia en motocicleta no  será desarrollada en las áreas más violentas.

Soñando con los ojos abiertos, ¿usted llega a vislumbrar el momento en que esas comunidades en las que hoy existen grupos criminales fuertemente armados tendrán una presencia permanente del Estado que garantiza su seguridad y sus derechos?

Tenemos la obligación de pensar así y ésta es una situación muy compleja, porque está implantada desde hace décadas. Tenemos que actuar, en el sentido contrario, con la misma fuerza que ese proceso se ha implantado, y cuando hablo en fuerza, hablo de políticas públicas.  Necesitamos políticas públicas. Tengo la convicción de que no  acabaré con la violencia, sólo con el cambio de armamento de la policía, pero es un paso necesario.  La necesidad es urgente de que vengan políticas públicas que preserven la vida de esas personas. Hoy la población de esas comunidades sólo conoce el brazo armado del Estado. Sin embargo, entre otras cosas.  También necesitan una escuela para los niños de las 9 de la mañana a las cinco de la tarde. Para reducir la violencia también hace falta mejorar la calidad de vida. El camino son obras, como las del PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento)  y  como el Pronasci (Programa Nacional de Seguridad Pública con Ciudadanía). Ése debe ser el norte.

* Pablo Dreyfus es editor jefe de En la Mira

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