El sabor amargo de la reconciliación incompleta

ENTREVISTA/Adèle Kirsten

Desde el 11 de mayo, una ola de violencia xenófoba mató a 50 personas y exilió cerca de 70 mil en Sudáfrica. Los ataques, que empezaron en una township (barrio donde vivían los negros durante el período de apartheid) de Johannesburgo, se esparcieron por otras ciudades del país. Según la Cruz Roja, la violencia hizo que 36 mil personas regresaran a Mozambique y cerca de 1.900 a Malawi.

 
“Esta crisis estuvo causada por un proceso incompleto de reconciliación”, afirma Adèle Kirsten, activista que lidera el Centro para el Estudio de la Violencia y de la Reconciliación en África (CSVR).  “Las personas están insatisfechas con sus condiciones, ellas no se sienten beneficiadas por la democracia."  Para Adèle, es necesario que la sociedad civil participe de la evaluación del trabajo gubernamental.

 
¿Cómo el CSVR actúa con relación a la crisis de violencia xenófoba en Sudáfrica?

 
La crisis en sí está relacionada a una cuestión de reconciliación.  Para mí, parte de lo que ocurre en Sudáfrica es síntoma de un proceso incompleto de reconciliación, una transición incompleta de un sistema represivo para una democracia constitucional.  Una de las probables razones de la crisis es el hecho de que muchos sudafricanos que viven en áreas más pobres no han tenido acceso a los beneficios prometidos por la democracia: no consiguieron empleos, no tienen acceso a agua canalizada, a vivienda...
 

Nuestro trabajo consiste en coordinar trabajos de asistencia psicológica y humanitaria.  Ayudamos a las personas a convivir con el trauma y a entender lo que les ha ocurrido, así pueden recuperar su equilibrio.
 

Con relación a los agresores, ¿hay alguna intervención?
 

Hay muchas organizaciones locales que ayudan a minimizar tensiones y prevenir nuevos ataques.  Es importante trabajar con las comunidades y ofrecer a las víctimas lo que necesitan.  No interesa quiénes son los perpetradores, sino trabajar con la comunidad como un todo. 
 

Es un proceso lento y cuyos resultados son de largo plazo.  Las personas están insatisfechas con su condición, son personas pobres, que creen que los extranjeros les están tomando sus empleos.  No existe prueba de que eso sea verdad, pero no podemos ignorar esa sensación.
 

¿Cómo es la relación entre el CSVR y el gobierno?
 

El CSVR es completamente independiente, pero trabajamos con el gobierno cuando es apropiado y fundamental. En esta cuestión (violencia xenófoba) nos comprometemos en trabajar con ellos, pero existen dificultades para hacerlo: el gobierno llevó dos semanas para dar una respuesta, están en una posición defensiva; las relaciones entre gobierno y agencias de la ONU y la sociedad civil están un poco tensas ahora.
 

¿Cuál es el papel del CSVR en la cuestión de la violencia de Sudáfrica?
 

Intentamos entender por qué el crimen es tan violento en Sudáfrica, cómo la sociedad recuerda y entiende su pasado y las violaciones a los derechos humanos, cómo las personas relatan y se encuentran con sus historias a través de los talleres de memoria.  Miramos para donde están los vestigios de las violaciones de derechos humanos, dónde ocurrieron desapariciones de niños.
 

¿Es posible simplemente tomar un nuevo camino?, ¿olvidar el pasado?
 

Trabajar con memoria es trabajar con accountability y con impunidad.  Trabajamos con otros países, por ejemplo, Perú.  Si no tratamos con el pasado y nos reconciliamos con él, si no entendemos qué ocurrió y por qué, abrimos espacio a que un profundo resentimiento se instaure.
 

Eso significa reconocer que las víctimas pueden convertirse en perpetradores.  Está relacionado a interrumpir el ciclo de violencia.  Se crea una nueva forma de ayudar.  Para mí, la explosión de xenofobia durante las últimas semanas representa una situación de tensión.
 

Entonces,  ¿tratar con la violencia pasada no sería una cuestión de olvidar ni de perdonar?
 

El concepto de la Comisión de Paz y Reconciliación (parte del proceso de transición del apartheid) pasó mensajes con fuerte influencia religiosa y moral, y el mensaje era de perdón –y tuvo su valor en la época-, pero los ejemplos enseñan que son procesos separados. 
 

No existe una fórmula exacta, tipo "esto funciona, esto no".  En Ruanda, por ejemplo, el proceso tuvo un foco más local, ellos tuvieron un ombudsman local, donde las personas podían participar, fue muy interesante.  Existen ejemplos similares en Guatemala y en Argentina.  Aquí el proceso fue mucho más formal.
 

¿Cómo fue su experiencia en la organización Gun Free South Africa (Sudáfrica Libre de Armas)?
 

Lo interesante es que en toda esa crisis hubo poca violencia armada.  Nosotros (Sudáfrica y Brasil) todavía somos las naciones con los índices de homicidios con arma de fuego más altos.  Pero el trabajo todavía no ha terminado y espero trabajar más con control de armas.
 

“Deje el miedo de afuera” era el lema de la campaña Zonas Libres de Armas.  Pero ¿cómo lograrlo?
 

Esas palabras estaban en un cartel difundido ya a finales del proceso que estuvo basado en un contrato social.  Nosotros realizamos talleres para empezar una discusión sobre el significado de seguridad, de la seguridad pública y del papel de la comunidad. El proceso empezó con un diálogo y estableció una relación de confianza.  Eso no quiere decir que las personas no estaban asustadas, pero, por lo menos, conocían unas a las otras.
 

¿Cómo la comunidad se involucró en ese tipo de trabajo?
 

Los encuentros eran, en la mayoría de las veces, con personas legas.  La reunión inicial se hacía solamente con personas de la comunidad y, eventualmente, ellos se sentían a gusto para invitar otros grupos se les pareciese necesario.  Si se sintiesen inseguros, por ejemplo, a respecto de personas de fuera entrando en sus comunidades libres de armas, podían llamar a la policía.
 

¿Cuál sería el papel de la sociedad civil en la prevención de la violencia?
 

Es un papel crítico y debe realizarse en alianza con distintas organizaciones, incluyendo el gobierno.
 

¿Y esa combinación es eficiente?
 

Nosotros todavía no hemos alcanzado los resultados que deberíamos.  Todavía no dimos el paso atrás para ver si funciona.  Necesitamos realizar más investigaciones y recoger datos sobre qué previne la violencia.  Uso con frecuencia el ejemplo de Lula por la Paz que trabaja con la resiliencia y busca los factores que ayudan a los jóvenes a no entrar para el crimen.
 

Es hora de cambiar la cuestión al revés, de hablar de lo que es positivo.  La sociedad civil debería trabajar más en la evaluación de sus propios procesos y ese es un proyecto a largo plazo.  Tendemos a buscar soluciones rápidas y ello es comprensible porque existen altos niveles de violencia en ambas sociedades (brasileña y sudafricana).

Para saber más:

Sudáfrica: una revolución a camino 

La paz en un ring de boxeo

Un primer paso para la protección de niños en la violencia armada

En otros sitios:

Centro para el Estudio de la Violencia y de la Reconciliación en Sudáfrica (en inglés)

Fleeing S Africa unrest (Galería de fotos de la BBC, en inglés)

Fight for Peace, create champions (reportaje de la BBC, en inglés) 

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