DDR: cómo acabar con la máquina de guerra
En países tan distantes unos de los otros, como Colombia, Afganistán e Islas Salomón, hombres, mujeres y niños combatientes entregan sus armas. Esos soldados esparcidos por 12 países de Asia, África y América Central, que dan la espalda a la guerra no están simplemente desertando: se les está llevando a un proceso dibujado para suministrarles una nueva vida integrada a la sociedad y librar sus países del conflicto armado.
Con es patrocinio de las Naciones Unidas o bajo la observación de la Organización de los Estados Americanos (OEA), desde su primera implementación en 1980, los programas de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR), aún se conocen poco por el público en general y los primeros análisis sobre su impacto y lecciones todavía se están divulgando.
“Se estima que sólo en 2006 más de 1,2 millón de personas se beneficiaron en programas de DDR, con un coste de aproximadamente US$ 2 millones - un promedio de inversiones de US$ 1.500 por persona para programas que duran, en media, tres años y medio", afirma Daniel Luz, consultor de la organización Save the Children de Suecia, y miembro de la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada (Clave). Luz subraya también que los costos de los programas de DDR son un enorme reto para las naciones en desarrollo.
Los programas de DDR involucran desarme de combatientes así como la adopción de medidas de gestión y control de armas. Los combatientes son desmovilizados e incentivados a dejar los grupos combatientes a que pertenecen y asumir funciones en la sociedad civil. Ello significa entregar las armas, recibir educación con relación a sus derechos civiles, apoyo psicológico para superar traumas, capacitación profesional y hacerse en capaces para empezar una nueva vida lejos de la violencia armada.

"El DDR se concibió como una herramienta a ser aplicada en situaciones de posconflicto y su objetivo es contribuir a la seguridad, recuperar la confianza en ambos lados, promover la prevención de la violencia, la reconciliación y liberar recursos humanos y financieros para el desarrollo social", explica Rebeca Pérez Mellado (foto), coordinadora internacional del programa Niños y Adolescentes en Envolvimiento con la Violencia Armada (COAV), del Viva Rio.
“El DDR permite la desmilitarización de grupos opuestos o de otros grupos como fuerzas paramilitares. No significa solamente el desarme de oposición – aunque tengan una causa legítima, los ex combatientes tienen que reintegrarse a la sociedad. Y eso ocurre durante un proceso mayor de construcción de la paz. Necesita incluir la reforma militar y de la policía, especialmente cuando existen violaciones de los derechos humanos”, añade Rebeca.
Desmovilización a servicio del desarrollo
El manual con las directrices establecidas por las Naciones Unidas para la implementación de programas de DDR tienen solamente un año, pero el hecho es que la realidad local se impone y no existen dos programas iguales.
“Los procedimientos varían mucho. En algunos casos, se movilizan grupos de personas simultáneamente, en otros eso puede hacerse individualmente. En casi todos los lugares, el DDR se adapta a la realidad local. En Colombia, por ejemplo, bajo la observación de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el DDR se está aplicando en las fuerzas paramilitares y existe la expectativa de que se extienda al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc)”, afirma Rebeca.
“Haití es un excelente ejemplo de cómo los programas de DDR son forzados a adaptarse a las realidades locales. Para empezar, no es una situación de conflicto armado convencional, los grupos armados no están bien definidos, no existen uniformes ni una jerarquía claramente representada. En 2006, el Consejo de Seguridad de ONU reconoció que se tenía que replantea el DDR”, afirma Eduarda Passarelli, investigadora de operaciones de paz de Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-RJ).
Turistas de DDR
De alguna forma, los programas de DDR contribuyen al desarrollo social en lo que se refiere a los combatientes que están listos para desistir de la violencia y desean entregar sus armas en búsqueda de formas alternativas de supervivencia, cree Augusta Muchai (foto), del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) en Nairobi, en Kenia. "Aquéllos que están en esa categoría, quizás entre el 30% y el 40% de ellos, pueden utilizar el DDR de una forma positiva y en beneficio de sus familias. Existen muchos casos de éxito de DDR en las regiones de África Central y Oeste”, cuenta.
La investigadora alerta, no obstante, que los programas de DDR tienen, “por otra parte, una continuidad de violencia": “como algunos combatientes se trasladan de un área de conflicto a otra, ellos acaban convirtiéndose en “turistas de DDR". Y ello no es bueno ya que la mayoría sólo piensa en sus necesidades inmediatas, sin hacer la proyección de una vida estable y regular a largo plazo”, explica Augusta Muchai.
Ya Daniel Luz añade que la mayoría de las evaluaciones de programas de DDR se hicieron con base en casos individuales. “Lo que tenemos hasta ahora son únicamente lecciones aprendidas. Las acciones de desarme y desmovilización, idealmente, deben durar algunos meses, mientras las acciones de reinserción y reintegración llevan cerca dos años, sin contar que siempre existen contratiempos que amplían ese período hacia tres años y medio en media", cuenta.
Combatientes fantasmas
Los obstáculos para el DDR incluyen estimaciones exageradas sobre el número de combatientes debido a la planificación ineficiente, como en el caso de Afganistán, o la existencia de combatientes-fantasmas que adhieren al programa sólo para recibir los beneficios, como ocurrió en Camboya y en la República Democrática de Congo.
Líderes que no cooperan también retrasan las operaciones de desarme y presionan los combatientes en contra de la desmovilización. Y aún existe el problema de la desaparición de niños cuando no se les reconoce a los niños soldados, como en Sierra Leona.
“Hace falta pensar en la cuestión de la justicia a través de la reconciliación. En Colombia, por ejemplo, defensores de derechos humanos han criticado la Ley de Justicia y Paz porque genera impunidad. Ello nos deja la tarea de descubrir hasta dónde es posible manejar la reconciliación, sin la cual la paz es imposible, y cómo tratar con la impunidad”, afirma Rebeca Pérez.
Militarización en lugar de aproximación
“Otro problema de los programas de DDR, que conspira contra el desarrollo, es concentrar esfuerzos sobre algunos individuos acusados de envolvimiento en violencia armada, además del hecho de que los líderes de grupos armados manipulan los programas en beneficio propio", alerta Augusta Muchai.
“Se les da mucha atención a los combatientes del sexo masculino, a algunas mujeres y niños, lo que desvía la atención de lo que debería ser el foco principal, que son comunidades enteras afectadas por la violencia. Eso es contraproducente y perjudica el desarrollo", añade.
Parte del problema, indica Augusta, es que los programas se dibujan en lugares distantes de la zona de conflicto. “En la mayoría de los casos, el DDR se desarrolla por especialistas extranjeros y el conocimiento y la información locales se ignoran o comprometen", completa.
Augusta afirma, todavía, que “un modelo desarrollado en una universidad europea no es únicamente irreal, sino que acostumbra fallar tras su aplicación en una situación real. Hace falta considerar factores culturales, lingüísticos, sociales y de adaptación en el desarrollo de programas de DDR.”
"El desarrollo debe basarse en una aproximación con la comunidad, ya que quienes viven la realidad africana sabe qué sería más eficiente para solucionar determinadas circunstancias”, defiende Augusta.
EEUU y Japón son los mayores financiadores
La mayoría de los programas de DDR se financia por el Banco Mundial y, entre los países, el mayor financiador es Japón. “No tenemos los datos sobre financiamiento de la mayoría de los programas de DDR. Además, hay retrasos y aumento de número de beneficiarios, lo que hace difícil llegar a cualquier conclusión definitiva”, dice Daniel Luz.
De acuerdo con Daniel Luz, el Banco Mundial lideró las inversiones en programas de DDR en el año de 2005 en 12 países, sobre todo en la República Democrática de Congo (US$ 200 millones), seguido por la Unión Europea, con US$ 100 millones. Entre los países que invierten individualmente en programas de DDR, Japón va primero de la lista, habiendo invertido US$ 200 millones, sobre todo en Afganistán y en Filipinas; mientras EEUU gastaron aproximadamente US$ 113 millones, en ocho países.
Mientras la fórmula de los tres pasos llega a tres décadas de existencia, Augusta Muchai es enfática sobre qué es necesario para el éxito del DDR. “Hay tres cosas sin las cuales los programas de DDR no funcionan: un enfoque holístico –la violencia no afecta únicamente a los ex combatientes, sino a toda la comunidad-; un plan abarcador e inclusivo; y, finalmente, consideraciones culturales locales y de comportamiento deben llevarse en consideración en la planificación del proceso."
Para saber más:
Impresiones de una desmovilización, parte 1: el grupo
Marianna Olinger
En otros sitios:
Sobre el Programa de DDR de las Naciones Unidas (en inglés)
Análisis de los programas de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR) en curso durante 2005
Daniel Luz, Vicenç Fisas, Albert Caramés








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