Una lección de dos ciudades para reducir el crimen
Altas inversiones en equipos y capacitación policial, buena articulación entre autoridades políticas y la policía, participación de la comunidad en los programas de seguridad y focos locales de acción. Esos son algunos puntos en común entre las experiencias de éxito sobre control de la criminalidad en Bogotá (Colombia) y Belo Horizonte (Brasil), ciudades donde, en los últimos dos años, hubo reducción significativa de la violencia. Los dos cases fueron presentados en el último día del I Encuentro del Foro de Seguridad Pública, realizado de 25 a 27 de abril, en el hotel Ouro Minas, en Belo Horizonte.
De 2005 a 2006, la capital de Colombia se hizo 11% más segura: todos los delitos fueron reducidos, a excepción de las lesiones comunes, lo que se explica por la propia reducción de los homicidios, que cayeron 21% - de 1144 para 899.
El caso de Bogotá fue presentado por el general Luiz Alberto Gomez, ex comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá y director de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional de Colombia. Gomez explicó a la organización de la policía en su país, completamente diferente de la brasileña. Allá, la policía es nacional, pero los jefes de policía son los alcaldes. “La buena relación del alcalde con la policía es fundamental”, destacó.
De acuerdo con el general, para inhibir el crimen, es necesario que la seguridad sea perceptible: los faroles del coche deben quedarse encendidos, cameras de vídeo monitorean la ciudad, policías entran en los ómnibus y saludan a las personas, mientras otros, en motocicletas, hacen rondas por la ciudad. Según el general, acciones como estas, aliadas a pactos de seguridad de la policía con sectores de la sociedad, como taxistas y firmas de seguridad privada y de automotores, ayudan a desarticular el crimen.
Otro punto destacado por Gomez es el fortalecimiento de la policía comunitaria y la capacitación de sus agentes: 1500 policiales comunitarios estudian antropología social y derechos humanos y 485 policiales civiles se perfeccionan en el análisis de escenarios y pruebas de crímenes.
En infraestructura, la policía de Bogotá también fue bien equipada: más de US$ 14 millones fueron invertidos en la compra de 306 vehículos con ordenadores de bordo, y el sistema electrónico que concentra y procesa los datos costó más US$ 1,6 millón.
Paralelamente, la policía promueve programas como servicio social obligatorio en las escuelas, que funciona en 120 colegios y recluta más de 10 mil alumnos, actividades culturales, recreación y campañas educativas sobre drogas y sexo, entre otras. En relación a las pandillas, la solución encontrada fue destinar sus integrantes al servicio militar. “Con la ayuda de la sociedad, identificamos 193 pandillas con 1240 integrantes”, contó Gomez.
En Belo Horizonte, la “gobernación colectivizada”
Tras un pico de violencia en 2004, en 2006 la capital del estado de Minas Gerais, Belo Horizonte, vio los índices de homicidio volver a lo que eran antes. La mejora se dio gracias a una metodología denominada Integración y Gestión en Seguridad Pública (Igesp), aliada a la implementación de programas de prevención de la violencia.
El trabajo en red es la principal estrategia de la Secretaría de Defensa Social de Minas Gerais. Las policías civil y militar, el Cuerpo de Bomberos, la Defensoría Pública, el Poder Judiciario, el Ministerio Público y otras instituciones componen el Sistema Integrado de Defensa Social (Sids).
“Este colegiado integrado se reúne semanalmente con la sociedad civil, formando una gobernación colectivizada”, explicó el delegado general de la Policía Civil Jésus Trindade Barreto Júnior. Resaltó, sin embargo, que la sociedad civil todavía está desorganizada.
Barreto Júnior explicó que el Sids divide Belo Horizonte en tres niveles geográficos: una Región Integrada de Seguridad Pública (Risp), que reúne el Comando de Policiamiento de la Capital y el 1º Departamento de Policía, cubriendo toda la ciudad; seis Áreas de Coordinación Integrada de Seguridad Pública (Acisps), que une a los batallones y a las comisarías de secciones; y 17 Áreas Integradas de Seguridad Pública (Aisps), que junta compañías y distritos policiales.
“El alma de la historia es la metodología Igesp. Cada Risp de Minas Gerais tiene un Igesp. Son 16 en todo el estado”, afirmó el delegado, que es doctorando por el Centro de Estudios en Criminalidad y Seguridad Pública de la Universidad Federal de Minas Gerais (Crisp/UFMG), entidad académica colaboradora del gobierno en la elaboración de políticas públicas de seguridad.
Para el consultor en seguridad pública Marcos Rolim, integrante de la mesa, Minas tiene algo que los otros estados no tienen: una aproximación del saber académico a la actividad policial. “El Crisp rompe el aislamiento de las universidades, mientras que las policías militar y civil están abiertas al saber teórico. Están construyendo una experiencia colectivamente”, dijo Rolim.
El especialista también elogió a Bogotá por la continuidad del proceso de establecimiento de la seguridad pública: “la experiencia está en curso hace más de 20 años, aunque bajo cinco gobiernos municipales de partidos diferentes durante ese período. En Brasil, cada gobernante quiere empezar del cero, desconstruir para reconstruir”, criticó. Lamentó también que la solución que los gobiernos encuentran para crímenes siempre acaba siendo la misma: más policía, más prisiones y leyes más rigorosas.
Al reclamar de la falta de monitoreo y evaluación de las políticas públicas, Rolim cuestionó la eficacia del Proerd, el programa nacional de combate a las drogas, ampliamente aplicado en el país. “El Informe Sherman, elaborado en los Estados Unidos, mostró que charlas contra el consumo de drogas no funcionan”, afirmó, causando sonora reacción en la platea, formada principalmente por oficiales de policía - algunos de ellos promotores del Proerd.
En el hotel, policiales e investigadores de diversos estados intercambiaron experiencias y tarjetas de visita.
Para saber más:
En otros sitios:
Foro de Seguridad Pública (Brasil)







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