Vigilancia comunitaria en Jamaica garantiza paz
La comunidad de Grants Pen, un barrio de chabolas en Kingston, Jamaica, logró reducir el número de homicidios de 11, en 2004, para tres, entre mayo de 2005 y fin de 2006. La divulgación del índice, menor que la media nacional, dejó eufórica a la comunidad de casi siete mil habitantes, que conmemoró su “año de paz”. La iniciativa se copiará en otras cinco comunidades jamaicanas.
Entre los mayores problemas de Grants Pen estaban las pandillas en conflicto y la truculencia policial, que llevaron al descrédito de la población las fuerzas de la Ley. “No había más confianza en la policía”, cuenta Norman Heywood, superintendente encargado de la implantación de la vigilancia comunitaria en Jamaica. “Nuestro objetivo era rescatarla.”
El primer paso fue el desarrollo, por el departamento de Heywood, de un diagnóstico del local. A seguir, se inició un trabajo de sensibilización con la policía y la comunidad, para mejorar el diálogo entre las partes y divulgar el concepto y la filosofía de la vigilancia comunitaria.
El proceso de cambio se consolidó con la inauguración, en 2005, del Centro de Vigilancia Comunitaria, cuando la comunidad pasó a tener acceso a una gama de servicios, como mediación y resolución de conflictos, programas educacionales, capacitación para el trabajo y orientación para la formación de microempresas sostenibles, además de un club para jóvenes.
“Es importante subrayar el empeño de la policía en cambiar de una posición paramilitar para una actitud dirigida a la inteligencia y la prestación de servicios a la comunidad, así como la disposición de los moradores en cooperar con la policía y organizarse en grupos estructurados, trabajando en alianza con ONGs y órganos de gobierno”, observa Heywood.
Para Sharene Mackenzie, especialista del Programa de Fortalecimiento Comunitario del Proyecto Grants Pen, financiado por la US Aid (la agencia para el desarrollo internacional de los EE.UU.), el proyecto de vigilancia comunitaria amplía el papel de la policía de simple ejecutora de la Ley a prestadora de servicios comunitarios. “El proyecto incluye la comunidad como aliada de la policía en la solución de problemas, ofreciendo recursos necesarios como la capacitación para la resolución de mediación y conflictos e intervención en casos de violencia doméstica”, ejemplifica Sharene.
Alianzas para enfoque conjunto
Los esfuerzos hechos en la comunidad de Grand Pen recibieron el apoyo del segmento privado, ONGs, moradores y también del gobierno jamaicano. Joyce Hewett, de la ONG Women Inc., que participó intensamente del proyecto, cuenta que las armas circulaban de forma abierta por la comunidad y el narcotráfico era explícito. “Se secuestraban y violaban a mujeres, y asesinaban a supuestos informantes”, describe.
El contacto con facciones en guerra y con miembros de pandillas se hizo por medio de la organización ecuménica Pastores de la Fraternidad, que reúne a líderes católicos, bautistas, pentecostales y adventistas, entre otros de diferentes denominaciones.
La oferta de actividades deportivas también fue una forma de penetrar en los territorios de las pandillas. “Organizamos torneos, como netball femenino y fútbol y baloncesto para hombres”, cuenta Joyce.
De la investigación a la práctica
El proyecto de vigilancia comunitaria de Grants Pen nació de una investigación llevada a cabo en 2001 por el Foro Ejecutivo de Investigación de la Policía, de los EE.UU., que indicó el modelo adoptado. La Cámara de Comercio Americana (Amcham) entonces hizo un lobby para costear la implementación del proyecto.
Otras cinco comunidades de Jamaica van a adoptar el modelo, entre ellas dos con más de 20 mil habitantes.
Para saber más:
Niños y jóvenes en violencia armada organizada
ONGs del Caribe lanzan coalizión contra la violencia armada
En otros sitios:
The Jamaica Constabulary Force Website
Ni Guerra ni Paz - capítulo sobre Jamaica de la investigación mundial








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