Cilindros bomba, armas usadas por FARC en Colombia

Los cilindros bomba, que enlutaron la ceremonia de asunción del Presidente colombiano Álvaro Uribe, son unos artefactos de elementos básicos que pueden hacerse de forma casera, usados desde hace tres años por la guerrilla de las FARC, pese a estar internacionalmente prohibidos.

El cilindro bomba consta de un cilindro de gas casero de 40 libras repleto de explosivos y metralla, que se introduce en otro de mayor tamaño dotado de un mecanismo propulsor, y normalmente ubicado sobre un vehículo que actúa como plataforma.

Según expertos en balística, debido a lo rudimentario de su elaboración, quien dispara el artefacto no tiene certeza alguna de su alcance y mucho menos del punto donde hará blanco.

"Al disparar un mortero, que es un arma convencional, se manejan una serie de elementos de balística y de cálculo matemático, que permiten tener una aproximación a un blanco, pero con todo eso nunca el disparo es preciso", según un experto militar.

El informante agregó que "si eso pasa con un mortero, la situación con un cilindro bomba es totalmente caótica, no se puede de manera alguna calcular el área donde caerá, y mucho menos un blanco preciso".

Por esta razón, cuando la guerrilla usa cilindros-bomba para copar una población, el saldo de víctimas es mayor entre los civiles, puesto que los artefactos pocas veces alcanzan los cuartelillos de policía, pero sí las viviendas.

Tanto las Fuerzas Militares colombianas como autoridades civiles han denunciado ante los organismos internacionales y de Derecho Internacional Humanitario (DIH) la utilización de los cilindros bomba contra la población civil.

La organización Human Rights Watch (HRW) llamó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a abandonar el uso de estas armas porque el mismo "constituye una grave violación del derecho internacional humanitario".

En contadas ocasiones esta arma ha sido utilizada también por el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En mayo pasado, un cilindro bomba atribuido a las FARC explotó en la iglesia de Bojayá, donde sus habitantes se refugiaban de los combates entre esa guerrilla y los paramilitares, provocando la muerte de 119 civiles e hiriendo a unas 100.