Escuelas de pistoleros enseñan jóvenes a volverse sicarios en Colombia

12 de noviembre de 2004 - Cinco municipios del norte del Valle se desangran por la guerra entre mafias del narcotráfico: en Cartago, Roldanillo, Zarzal, <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />La Unión y El Dovio, que sumados no superan los 260 mil habitantes, han muerto 1.100 personas en 21 meses. Y la generación que aún no cumple los 25 años es la que está pagando el costo más alto de la guerra.


Un reportaje especial del diario colombiano El Tiempo expone el resultado del coctel explosivo de narcotráfico, paramilitarismo y bandas delincuenciales que buscan el predominio en 18 municipios (4.736 kilómetros cuadrados), de donde salen 200 toneladas de cocaína al año que generan 400 millones de dólares según la Policía Nacional. De 431 levantamientos de cadáveres en el 2003, se pasó a 572 en lo que va corrido del 2004.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />


"Como nunca en su historia, esta zona está siendo atropellada por la violencia de una forma bárbara”, dice monseñor Luis Madrid Merlano, obispo de Cartago. “Aquí hemos tenido toda clase de muertos sin ningún tipo de reacción. Somos una sociedad que perdió esa capacidad, y la perdió no por indolente sino por miedo".


Escuelas de pistoleros


En Cartago, por ejemplo, las autoridades han establecido que la mayoría de los asesinatos son cometidos por niños y jóvenes que cambiaron las aulas escolares por campos de entrenamiento de pistoleros de los 'narcos', sobre todo después de la crisis cafetera que arrancó en 1999. Escuelas de sicarios se han detectado en las áreas rurales de Ansermanuevo y El Cairo, en Valle, y La Virginia, en Risaralda.


 


Uno de estos casos es el de Daniel, de 9 años, quien llegó a la escuela de sicarios de Cartago por un compañero del colegio. Para conseguir el permiso en su casa, le dijo a la mamá que lo habían contratado en una finca mientras duraba la cosecha.


 


"Empezábamos matando perros en las fincas y así nos iban midiendo", contó Daniel en su testimonio. La 'graduación' como sicario exigía asesinar a una persona cualquiera, la condición era que implicara algún grado de riesgo y exposición. A Daniel le asignaron a un hombre al que siguió por 4 días y a quien mató en el parque principal.


 


Luego de esto, tuvo que asistir al entierro para constatar que nadie lo había visto cometiendo el crimen. Cumplidos estos trámites el niño ya era un sicario profesional.


 


Siete años duró Daniel en este oficio. Una tarde del 2003, hombres armados llegaron a su casa y lo balearon en frente de su mamá. De nada sirvió que la mujer se arrodillara ante el verdugo de su hijo y le suplicara que no lo hiciera. "Mamá, no pida más”, le dijo el propio Daniel. “Aquí no hay nada que hacer".


 


Ese parece ser el destino de todos los niños sicarios. "Duran uno o dos años como guardaespaldas de los 'narcos'”, cuenta un defensor de niños y niñas de Cali. “Allí les pagan 4 o 5 millones de pesos mensuales, pero después los mismos jefes los mandan a matar para guardar sus secretos".


 


Prostitución infantil


 


Mientras el destino de más de un joven es el sicariato, decenas de muchachas terminan ingresando al bajo mundo por una vía distinta. Algunas empiezan como novias de algún 'traqueto', y terminan como mulas o prostitutas en las fincas de la zona o en el exterior.


 


En Cartago existe un sitio llamado Cantarrana, que los viernes por la tarde se convierte en una bolsa de prostitutas donde se organiza y reparte a la mayoría de mujeres que van a servir en fincas del Valle y el Eje Cafetero. Hay también una organización que ofrece chicas por catálogo.


 


En uno de esos catálogos terminó Cindy, una chica de 19 años, novia de un capo mediano de Zarzal que la dejó por otra. Después de volverse prostituta, y cuando ya no quedaba ni siquiera una foto que le recordara a su 'traqueto', el grupo enemigo la fue a buscar a su casa y la fusiló apenas ella abrió la puerta.


 


Estos son algunos ejemplos de los reflejos del conflicto colombiano. Según información del UNICEF en Colombia existen entre 6.000 y 7.000 niños y niñas vinculados a los grupos armados irregulares, en su mayoría entre los 15 y 17 años de edad. Pero las cifras en relación a los niños y niñas afectados por el conflicto de forma indirecta – como en las bandas juveniles de los centros urbanos - aun no han sido contabilizadas.


 


Fuente: El Tiempo, UNICEF Colombia.