Las verdaderas armas de destrucción en masa

Las armas de fuego pequeñas y livianas son responsables por la muerte de 600 mil personas todos los años en el mundo. Eso las convierte en verdaderas armas de destrucción en masa.

Según el Small Arms Survey, de Ginebra, se estima que existan cerca de 639 millones de armas pequeñas en circulación en 110 países, que representan la mitad de la población mundial. De esas, apenas 37,8% pertenecen a las Fuerzas Armadas, 2,8% a las policías, y la enorme proporción de 59,2% están en las manos de la población civil.

A diferencia de las drogas, producidas y comercializadas ilegalmente, las armas son legalmente producidas y, en una determinada etapa, ingresan en el mercado clandestino. Por eso, para controlar el comercio ilegal es necesario antes controlar el mercado legal.

Para tener éxito, cualquier política de control de armas debe actuar sobre cuatro áreas específicas: el control de la oferta, la reducción de la demanda, la administración de los stocks y la destrucción de los excedentes.

La temática del control de armas es polémica y el combate al desvío de las armas del mercado legal para el ilegal depende de la voluntad política. La centralización, la informatización y la convergencia de las informaciones provenientes de los diversos órganos de seguridad son fundamentales para un efectivo control de los stocks y de la circulación de las armas pequeñas y livianas.

En los países pobres o en desarrollo, el intercambio de informaciones es precario por falta de estructura y tradición. En los países ricos, hasta hace una década, las armas de fuego eran tratadas como un producto cualquiera, sin exigir mayores cuidados y controles.

En América Latina, el pasado reciente de regímenes autoritarios en la mayoría de los países dificulta el control de armas pequeñas y livianas. En muchos países el tema está bajo comando exclusivo de los militares, sin la participación de la policía y de la sociedad civil, a través de ONGs especializadas, como recomienda la ONU. Mientras tanto, ya se diseñan iniciativas de cooperación regional, principalmente entre los países del Mercosur.

Solución depende de integración

El flujo de armas de fuego transciende las fronteras estaduales y nacionales, y el control de ese flujo exige acciones integradas en todos los niveles: municipal, estadual, nacional, regional e internacional.

Iniciativas en diversos países, y acuerdos regionales e internacionales, han obtenido éxito en la disminución de la cantidad de armas de fuego en circulación. Países como Brasil, Japón, Reino Unido, Canadá, Australia y África del Sur implementaron leyes rígidas de control de armas.

Acuerdos regionales, como, por ejemplo, entre los países del Mercosur, permitirán armonizar la legislación dentro de una región, dificultando actividades como el tráfico de armas en las fronteras, una vez que no basta avanzar en el control en un país, si las armas continúan a ser traficadas en países vecinos. La necesidad de convergir las leyes de control de armas es cada vez más evidente, y leyes como el Estatuto del Desarme en Brasil han servido de inspiración para otros países de la región.

Existen también esfuerzos en el sentido de crear un Tratado Global sobre el Comercio de Armas. En 2001, la ONU realizó la primera conferencia global sobre el tema de las armas pequeñas, que llevó a la creación del Programa de Acción (PoA), que visa la prevención, el combate y la erradicación del comercio ilícito de armas pequeñas y livianas en todos sus aspectos. Entre las recomendaciones del PoA están la reglamentación de las actividades de los intermediarios (brokers) y la marcación de las armas para facilitar el rastreo.

Las organizaciones civiles necesitan presionar los gobiernos a adoptar un instrumento legal para regular las transferencias de armas entre países, que contemple también las transferencias de armas entre gobiernos y actores no estatales, además de la marcación de municiones para hacer más eficaz el combate al tráfico ilícito de estos productos.