Residencias en lugar de prisiones
ENTREVISTA/Mark Steward

En vez de una celda, un cuarto; en lugar de un centro de detención, una residencia. Nada de gritos, sólo consejería. Si un joven detenido se vuelve agresivo, los otros se encargan de prevenir la violencia con técnicas aprendidas ahí mismo.
El sistema de Justicia Juvenil del estado de Missouri, en Estados Unidos, que adoptó un modelo de detención alternativo para jóvenes infractores, llama la atención por los resultados: hizo desaparecer la violencia típica de los centros de detención y cortó significativamente los índices de reincidencia.
“No creemos que obtener la obediencia sea un objetivo válido”, afirma Mark Stweard, director del Instituto de Servicios a los Jóvenes de Missouri, una ONG dedicada a la reforma de la Justicia Juvenil. Conocido como arquitecto do “Modelo Missouri”, Steward fue director de la División de Servicios a los Jóvenes durante 17 años y considera que “necesitamos ayudar a los jóvenes detenidos para que ellos mismos escojan cambiar su comportamiento”. Y la elección principal, según dice, es salir de la criminalidad. El sistema de detención de Missouri redujo la reincidencia de jóvenes a 9% mientras que estados como Florida, Maryland y Louisiana tuvieron respectivamente 29%, 30% y 45% de reincidencia, según datos de 2008.
El modelo Missouri recibe jóvenes detenidos en residencias decoradas como un hogar, en grupos pequeños de 10 jóvenes en promedio, con dos supervisores adultos. Las residencias quedan cerca de las comunidades de origen de los jóvenes y los funcionarios son entrenados para escuchar. El énfasis es en la educación y en la terapia de grupo. “Todo joven desea aceptación, por más que lo disfrace y nosotros intentamos entrar en contacto con su motivación”, dice Steward. “Los jóvenes necesitan saber que nos preocupamos por ellos”.
Steward comenzó a trabajar con Justicia Juvenil hace 30 años en un centro de detención para 600 jóvenes al interior del estado de Missouri. Desde entonces, el modelo de Missouri provocó un cambio profundo que inspira iniciativas semejantes en todos los Estados Unidos.
En esta entrevista exclusiva para Comunidade Segura, Steward describe el cambio conceptual que llevó a ese nuevo modelo de Justicia Juvenil: “ellos no son jóvenes problemáticos, son jóvenes con problemas”.
¿Cómo comenzó todo esto?
Cuando salí de la escuela, el estado de Missouri tenía un sistema de detención juvenil muy malo. Se trataba de un gran establecimiento que comprendía entre 600 y 700 jóvenes de ambos sexos. Era un lugar horrible y bastante violento. Algunos de los jueces de la época escribieron sobre ese centro de detención en los años 60, y los legisladores, después de leer todo lo que fue publicado sobre asesinatos, abusos sexuales y suicidios que ocurrían allí dentro decidieron que necesitaban intentar un abordaje diferente para trabajar con esos jóvenes. Se abrió entonces un nuevo centro, y yo participé del primer grupo de consejeros que fueron contratados.
En ese nuevo centro, comenzamos a emplear modelos terapéuticos, en oposición a la manera antigua de tratar esos jóvenes, lo que se parecía más a una prisión. Gran parte de los centros de detención aún hoy operan de esa forma y es muy parecida con el encarcelamiento: jóvenes uniformados que viven en celdas. No va más allá de un umbral excesivamente correctivo y en ocasiones casi brutal.
Comenzamos a trabajar con grupos de 70 jóvenes, haciendo terapia de grupo, en un tipo de ambiente diferente. Por ejemplo, yo tomaba grupos pequeños, salía con ellos para gastar dinero, los llevaba al cine, ellos jugaban con el balón y hacían diversas cosas que nunca habían hecho. Luego descubrimos que, cuanto más hacíamos ese tipo de actividades, mejor funcionaba todo.
Fue la gestación del modelo de Missouri…
El modelo creció gradualmente durante los 20 años siguientes. El Estado continuó abriendo más y más establecimientos basados en ese modelo. Luego de esa época, fui invitado a controlar todo el sistema de detención estadual. En aquella época, el programa era bueno pero no disponíamos de financiamiento o entrenadores entonces comenzamos a trabajar activamente para recaudar más fondos y mejorar el programa. Fue durante esas dos décadas, especialmente en los años 80, que las cosas mejoraron. Entonces, ya en la década de los 90 y a partir de 2000, realmente perfeccionamos el programa y hoy es un sistema completamente diferente.
¿Tuvo dificultades para convencer a otros de adoptar este nuevo modelo?
Fue un proceso de cambio gradual. Miembros de los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, percibieron que los jóvenes estaban respondiendo a este nuevo sistema. Previnimos que 90% de esos jóvenes volvieran a la prisión, por lo tanto, las estadísticas de reincidencia están a nuestro favor. Esto convenció inclusive a las personas más conservadoras que creen que muchos de esos jóvenes pueden ser peligrosos.
¿El modelo prevé un abordaje diferente para disciplinar?
No pensamos que obtener la obediencia de un joven sea un objetivo válido. Lidiamos con las cuestiones, intentamos entender cosas del tipo “qué haces tú para ofender otras personas”, “qué tipo de impacto tiene esto en tu propia vida”. Para hacer que los jóvenes entiendan, para que logremos penetrar en sus corazones y mentes, para que entendamos como ellos podrían lastimar otras personas y entonces, intentamos emprender cambios: “cómo cambiar tu vida”.
Cuando la gente dice: “nosotros no queremos que ellos sean bien tratados porque son jóvenes malos, hicieron cosas horrorosas…” nosotros respondemos a esas críticas con otra pregunta: ¿qué quiere usted que pase cuando estos jóvenes salgan del centro de detención? ¿Quiere que ellos continúen robando, matando y violando o prefiere que ellos salgan y que sean exitosos, trabajen, tengan familia y accedan a una vida mejor?
¿Qué impacto ha tenido ese modelo más allá de las fronteras de Missouri?
Está siendo utilizado hoy en todo el país, de este a oeste. Fue implementado en la capital, Washington D.C., en New Orleáns, en Louisiana, California, México…. Es una forma de lidiar con esos jóvenes a la cuál ellos responden positivamente. También hemos recibido visitas de Rusia, Japón y países europeos y latinoamericanos para conocer el modelo.
¿No tiene miedo de jóvenes violentos?
La gran verdad es que existen menores verdaderamente peligrosos, que al salir a la calle pueden lastimarte, pueden herir al equipo de la casa de detención que los cuida. Incluso cuando yo era consejero intentaron atacarme. En nuestro programa intentamos dar poder a esos chicos para que sean responsables de ayudar a otros jóvenes… Todos nosotros, el equipo y los jóvenes, trabajamos movidos por el objetivo de ayudar unos a otros. Si un joven está irritado, loco o violento, los propios jóvenes intervienen.
¿Y funciona?
Desde que comenzamos este programa, no hemos tenido un solo caso de suicidio y hemos tenido una incidencia muy baja de violencia, tanto en términos de equipo como de jóvenes heridos, lo que muestra que realmente le modelo funciona. El programa envuelve en gran parte, jóvenes de pandillas. Nosotros creemos en nuestro equipo, entrenado. Además de eso, gran parte del éxito del programa reside en que los jóvenes mismos participen, se involucren para controlar la violencia.
¿Cómo ve a los jóvenes involucrados con crimen y violencia?
Lo más importante es que no vemos esos jóvenes como problemáticos sino como jóvenes con problemas. Esto hace una gran diferencia. Ellos saben que tenemos cariño por ellos y que intentamos ayudarlos y cuando salen de aquí, saben que hicimos todo lo que podíamos para ayudarlos a ir hacia adelante y tener una vida mejor. Desarrollamos con ellos una relación verdadera, un lazo se crea realmente. Luego, si uno de esos jóvenes intenta atacar a otro joven o a alguien del equipo aquí mismo, los otros adolescentes van a movilizarse y se van a encargar de pararlo. Es casi una mentalidad reversa de las pandillas. Esto significa que el ambiente también es importante.
¿Por eso fueron abolidas las celdas?
Realmente no tenemos celdas, aunque en algunos lugares como Washington por ejemplo, los menores duermen en cuartos privados, pero no se parecen en nada a una celda. En otros estados, los menores viven en dormitorios abiertos y pueden trabajar juntos. Esto hace una enorme diferencia en la forma como se organiza un ambiente: si le echamos el menor a los leones, en un lugar inmundo donde las personas le gritan, el nunca creerá que queremos lo mejor para él. Cuando llegan aquí, se encuentran con un equipo que rápidamente se muestra dispuesto a ayudar y con niños con los cuales probablemente convivían en la calle, que dicen unos a otros: te acuerdas cuando estábamos en las calles, eras parte de pandillas… ahora no somos más, las cosas cambiaron. No vamos a tolerar ese tipo de violencia aquí dentro.
¿Cuál fue el mayor desafío para convertir en política pública una experiencia que funcionó dentro de una institución?
Acredito que el mayor desafío es cambiar la mentalidad y las actitudes del equipo de trabajo y de los políticos. Todos los políticos dirán que es necesario ser duro con el crimen, ellos creen en eso, es lo que sus electores quieren oír. Pero después de innumerables investigaciones, lo que descubrimos es que la opinión pública siente eso al respecto de criminales adultos. Sin embargo, la población casi siempre apoya la rehabilitación para jóvenes.
¿Cómo es entrenado el equipo?
No queremos que el equipo tenga un abordaje de poder en su relación con los jóvenes como si fueran policías y como si los menores estuvieran del lado equivocado. En este modelo, se le exige mucho al equipo pero por otro lado, se involucra de una manera positiva y su papel se vuelve el de un hermano o hermana mayor, un tío o una tía. Es muy gratificante para ellos ver los menores llegar hechos un verdadero desorden y salir agradecidos. Gran parte del equipo quiere sentirse bien por ayudar a alguien, más que por tirar a alguien al infierno.
¿Existe un espacio importante en el modelo de Missouri para el entrenamiento de abuso de drogas?
Definitivamente sí. LA gran mayoría si no todos, llega al centro de detención juvenil ya habiendo usado drogas, inclusive drogas bien pesadas.
¿Las drogas están ligadas directamente al crimen?
En muchos casos, ellos cometían crímenes para conseguir dinero para comprar drogas, o estaban alterados cuando cometieron los crímenes. Esa es una correlación directa. Nuestros presidios están llenos de gente involucrada con crímenes relacionados a las drogas. Nuestro programa consiste en lidiar con esos jóvenes en términos de conscientizarlos sobre como mantenerse apartados de las pandillas y del mundo de las drogas, qué pueden hacer y de qué manera pueden divertirse cuando salen de ese universo. Somos realistas sobre el uso de drogas: sabemos que al salir de aquí ellos irán a fiestas donde podrán beber y fumar. Pero todo gira en torno al tema de hacer buenas elecciones.
¿Cree que la expedición de leyes que permitan el uso de drogas podría reducir el número de jóvenes detenidos?
En un sistema como el de Missouri, la primera vez en que un joven es detenido por usar marihuana o algo parecido, raramente es enviado al sistema de detención juvenil. Recibe consejos, son colocados bajo observación y hay un sinnúmero de soluciones. Cuando de hecho entran en el sistema de detención es porque le problema ya evolucionó a una escala mucho más significativa. Luego, una intervención precoz y el tratamiento contra la dependencia de drogas son muy importantes, pero es mejor un abordaje de uso de drogas antes de eso, en las escuelas, por ejemplo.
¿Cuándo sintió usted que las cosas habían cambiado?
Cuando comenzamos a experimentar ese abordaje nos enviaron algunos de los menores más difíciles. Se trataba de una prueba. Cuando iniciamos, aprendimos mucho con errores y aciertos pero descubrimos que estábamos lidiando con niños más endurecidos, difíciles y desobedientes.
Estos adolescentes vivieron años y años en las calles, lo que los torna de cierta manera, sospechosos y lleva tiempo crear confianza. Los niños que vienen de pandillas y aquellos muy inteligentes, comenzarán a fingir esa confianza. Generalmente, los otros niños son honestos unos con otros y se ayudan en lo que tiene que ver con la vida después de los centros de detención.
La verdad es que una vez que uno cambia el ambiente punitivo por un lugar de apoyo, los jóvenes lo perciben. Ellos se dan cuenta de que se trata de un lugar seguro donde pueden obtener ayuda para problemas serios y reales. Ellos cuentan que sufrieron serios abusos tanto físicos, como sexuales y emocionales.
¿Cuánto tiempo se quedan estos jóvenes en los centros de rehabilitación?
La mayoría de los jóvenes se queda en torno de siete u ocho meses. Los jóvenes que cometieron crímenes más serios pueden quedarse en nuestros centros residenciales por uno o dos años (no llamamos a estos lugares centros de detención sino centros residenciales donde estos jóvenes viven juntos). Sin embargo, jóvenes que están siendo juzgados, que cometieron crímenes muy serios intentamos mantenerlos hasta que cumplen los 21 años.





