35 segundos
RELATO/Daniela Berkovitch
Daniela Berkovitch coordina desde hace dos años los proyectos de desarrollo social de la ONG brasileña Viva Rio en Haití. En la última foto que envió a Río de Janeiro antes del terremoto, aparece rodeada de árboles listos a ser plantados, como parte del programa Bel Air Verde, una campaña que promueve una mayor arborización para ese barrio de la capital haitiana.
Bel Air caminaba hacia la paz cuando el terremoto sacudió a Puerto Príncipe, afectando a todos por igual: ricos, pobres, niños, viejos, haitianos y visitantes. Entre ellos estaba está brasileña audaz, que trabajó como auxiliar de un equipo de antropología forense en Bosnia y que conoce Haití hace años pues ya había sido observadora internacional de drechos humanos para la ONU y la OEA entre 1993 y 1996 en ese país. "Muchos de mis colegas murieron en este terremoto", dice.
Al momento del desastre, Daniela estaba en su casa en lo alto de una colina del barrio de clase media alta Petion Ville donde vive con sus dos hijas. Su ex marido y padre de las niñas intentaba evacuarla desde Perú, donde reside y su actual compañero también buscaba la manera de ayudarla desde Miami, donde se encontraba de viaje.
En este relato íntimo y sincero, Daniela agradece la suerte de haber estado en una casa que resistió la violencia del terremoto y narra su experiencia durante las primeras horas posteriores a esos segundos interminables en que la tierra tembló y sacudió una vez más la historia de Haití.
35 minutos
“Ese día recibimos a los dentistas canadienses en Kay Nou, la sede de Viva Rio en Puerto Príncipe. Estábamos súper entusiasmadas Rosiane y yo con las perspectivas: 500 consultas médicas con adultos y niños en una semana, incluyendo cirugía estética. Los canadienses visitaron Kay Nou y les encantó. Quedamos de ver juntos el tema del financiamiento y volverían en junio antes de las vacaciones escolares.
Yo tenía una gripa horrible. Eestornudando y tosiendo sin parar, resolví pasar a buscar el hemograma que me había hecho en la víspera. En la clínica vi que el examen indicaba infección, probablemente sinusitis. Esperé dos horas al médico y nada. Decidí dejar mi teléfono y el resultado con la secretaria, y fui a mi casa para descansar y firmar los más de 600 recibos de pago de los salarios de los equipos de limpieza que trabajan para el proyecto de RVC, Reducción de Violencia Comunitaria de la Minustah (Misión de Estabilización de la ONU en Haití).
Subiendo por Canapé Vert en dirección hacia Petion Ville, me crucé con mi amiga de muchos años Andrea Loi, chilena, que bajaba en dirección opuesta, camino hacia la reunión con Hedi Annabi y Luis Carlos Da Costa –líderes de la misión de la ONU en Haití- y la delegación china con quien tenía un encuentro en el edificio Christopher que alojaba la sede de la ONU y que cayó horas después matando a todos los participantes de esa reunión. Andrea, con sus lindos mechones rubios, conducía hablando al teléfono y sonriendo. Sé que ella estaba muy feliz ese día.
En casa, firmando recibos y tomando sopa, el médico me llama diciendo que debería volver al día siguiente para hacer una radiografía de los senos nasales y ser medicada. No hubo tiempo de firmar más de 50 recibos pues ya era hora de buscar a las niñas en la escuela, que salían a las 16:15. Al entrar al carro me pidieron como siempre que fuéramos a comer una pizza y un helado al restaurante Fior di Latte. “Negativo, mamá se siente muy mal y Maite tiene que estudiar”. Dicho y hecho. Al llegar a casa tomé un baño caliente, me puse la piyama, las medias (es invierno en Haití y mi casa queda en lo alto de la montaña), me recosté y me quedé conversando con Maite mientras Sofía se bañaba, ayudada por Kedna, nuestra querida y cariñosa niñera.
Primer milagro
Un poco antes de las 17:00 sentí todo temblar y no entendí que no era la inquieta de Maite ni mi cabeza que ya estaba girando por culpa de la congestión. Segundos después Maite había saltado de la cama y me preguntaba, ¿mamá, qué es eso? Yo ya había tenido una experiencia muy leve en Lima y supe que era un fuerte temblor de tierra. Nos levantamos, jalé a Maite hacia el marco de la puerta y grité llamando a Sofía. Kedna sale corriendo del baño con Sofía toda mojada y desnuda en los brazos, que lloraba desesperadamente gritando: ¿Mami, quién está haciendo eso? ¡Mándalo parar! ¡Mándalo parar!
Pánico. La sensación era de estar surfeando en una balsa durante un maremoto, o de estar en la mano de un gigante que mece la mano. Realmente, es indescriptible la sensación. El piso se mecía en todas las direcciones, fuerte… Teníamos que agarrarnos del marco para no caernos. Y las niñas gritaban. Kedna para mi desespero estaba pálida. Yo decía: calma, va a parar, va a parar.
Dicen que fueron 35 segundos. Parecieron interminables.
Todo estaba en el piso, las claraboyas cayeron y una de ellas destrozó un vaso de agua en el piso. Loza por todos lados. Todo en el piso, todos los productos del baño y de la cocina, gavetas, puertas de armarios abiertas. La casa al revés, pero nosotras sin un rasguño… Bajé al primer piso con las niñas intentando pensar cuál era el mejor lugar para estar en caso de una réplica. Llamé a mi compañero Piero, que había viajado el domingo a Miami, anunciando ingenuamente que habíamos pasado por un temblor. Él acababa de ser informado de que se trataba de un terremoto de 7 grados y me aconsejó quedarme con las niñas en la terraza.
Me vestí, me puse zapatos y preparé un bolso con los pasaportes. Le dije a Maite que se quedara vestida y calzada como estaba. Kedna calzó y vistió a Sofía.
Ahí llegó el segundo. Fuerte también, 5 grados. Estábamos del lado de afuera y vimos olas en el agua de la piscina. Santa casa… Sofía pegada a mí temblando también. No recuerdo ya cuánto tiempo después vino el tercero. Escuché después que fueron tres en total. Maite entró en la casa y agarró todo lo que pudo: papel, lápiz de color, computador. Chocolate. Los temblores menores persistían, recordándonos, asustándonos. Para ir al baño tenía que dejar a Sofía en los brazos de Kedna. Todos nos preguntábamos cuánto tiempo más, ¿será que acabó?
Piero y yo hablamos una vez más y después… nada. Adiós comunicación. Intenté llamara a los colegas del trabajo, amigos, sin éxito. La noche fue cayendo. Joscelin, joven casero, llegó a casa llorando y trayendo pésimas noticias. Su escuela había caído y él logró saltar del balcón del segundo piso, dejando sobre los escombros compañeros de clase, probablemente muertos.
El lujoso supermercado Caribbean había caído. Pedí que en un primer momento no se acercara a las niñas, pues Sofía continuaba temblando. Se quedó lejos, llorando en un rincón, en estado de shock. Esas serían mis primeras impresiones venidas del lado de afuera. Nada funcionaba. Internet, TV, radio, teléfonos. Más tarde, el hijo de Madame Ariette –quien trabaja en nuestra casa- llegó diciendo que la casa de ellos estaba en el piso y que la situación era catastrófica. Llevó un tiempo hasta que logramos calmarla. Temblor. Temblor. Temblor. Quedamos todos del lado de afuera de la casa, callados, esperando, sintiendo. De repente entró una llamada de Rubem, director de Viva Río. ‘Donde estás’, etcétera. La gente de Kay Pacot –el área en que viven los brasileños- está bien, con acceso a skype pero no hay comunicación telefónica. Rubem habló de su intención de viajar a Haití y me pidió que intentara ir a Kay Nou en la mañana para ver como estaba la situación.
Sofía se adormeció en una silla a las 22:00 con la impresión de que el piso era piso de nuevo. Entramos todos. Las niñas se acostaron conmigo en mi cuarto y se durmieron relativamente rápido. Yo vigilando el sueño de ellas, una pierna estirada en la cama y otra en el piso. Para sentir. A media noche, de nuevo, temblor fuerte. Salí al balcón y vi la silueta de Joscelin, callado, los ojos abiertos. ¿Joscelin? Pregunté… ¿Pás de nouveau, nést-ce pas? Oui madame.
En eso llega madame Ariette con una manta en la mano. Ponemos colchones pequeños afuera, cargué a Sofía y llamé a Maite que me siguió hasta la terraza. Nos acostamos, Sofía de ojos abiertos, plácida, sintiendo. Cielo estrellado. ¿Buena señal? Me quede mirando en dirección hacia la piscina, el reflejo del agua en la pared, intermitente. Cada vez que el suelo temblaba, el reflejo azul del agua aparecía estampado en la pared. A las dos de la mañana timbra el teléfono. Señal de vida exterior. Una voz paulista preguntando por André (Dávila, hijo de Rubem e parte del equipo de Viva Rio en Haití). Me dio rabia y pregunté si él sabía que eran las dos de la mañana y que todo podría haber acabado allá afuera. Discúlpeme, nos gustaría entrevistarla. Dije lo que sabía, casi nada. La escuela de Joscelin cayó, Caribbean Supermarket cayó. Teléfonos no funcional, mejor dicho, si funcionan para entrevistadores paulistas.. Y así cuando colgué, transcurrió la noche, con aquellos reflejos azules intermitentes en la pared.
Cuando amaneció, me levanté e intenté buscar una voz en el teléfono. Nada. Televisión, nada. Internet, nada. Otra llamada de São Paulo para entrevista. Dije, si pero si llaman a mi mamá y le avisan que estamos bien. Negué conversación en vivo con ella y la llamada calló.
Segundo milagro:
Más tarde, timbra de nuevo el teléfono: Melanie desesperada, preguntando primero por mí y en seguida, anunciando que su casa se había desmoronado y que ella, Bob y Bimba, su marido he hijo, habían pasado la noche en un campo de fútbol. Melanie es coordinadora de formación de músicos y lídres comunitarios y Bob Montinard coordinador de seguridad de Viva Rio, programa que adelantó los acuerdos de paz entre jóvenes de Bel Air. Bob con la pierna rota y ella con la cabeza quebrada. Vénganos a buscar, por favor. Pasé un tiempo más tratando de calmar a Sofía que lloraba pidiendo que yo no saliera: todo ya pasó, ahora es hora de ayudar a los amigos.
Pedí a Joscelin que me acompañara. No sabía cómo estarían las cosas allá afuera. Durante la bajada, primeras imágenes, centenas de personas caminando desubicadas por las calles, edificios en Petion Ville, entre ellos el que abriga la embajada de Brasil, completamente rajados, partidos, a punto de caer. Gente y más gente andando. Más abajo los primeros signos de desmoronamiento y debajo de Canapé Vert, la tragedia. La vista del techo rojo que cubría lo que restó de la casa de Melanie que quedaba encima del morro. Era sólo techo estrellado contra el piso. Nada debajo. Preguntamos por el campo de fútbol. Joscelin bajó para buscarlos acompañado de un colega que encontramos en el camino.
Me quede dentro de carro y recibí una llamada de Fachinio que me tranquilizó diciendo que todos los colegas estaban bien, que tenía acceso libre a skype y que estaban contemplando la idea de ira Kay Nou. Habían escuchado que había más de 5.000 personas adentro. Acordamos que sería mejor coordinar con el Brabat (batallón brasileño) antes de entrar. André agarró el teléfono y me dio la lista de edificios caídos: la iglesia de Perpetuel Secours, gran símbolo para Bel Air, Palacio Nacional, Catedral, Penitenciaria Nacional, Montana, Caribbean. El primero en llegar cerca del carro fue Bimba en los brazos de una vecina, con moquitos verdes colgando de la nariz, asustado. En seguida Bob cargado por otros y Melanie atrás, con un trapo ensangrentado enrollado en la cabeza, llorando. Vamos para la casa, cualquier hospital estaría totalmente sobrecargado con la cantidad d víctimas. Subiendo de nuevo por Canapé Vert, en dirección a casa, pasamos por la casa de Lula, hijo de Bob en un matrimonio anterior.
Melanie se desata a llorar desesperadamente diciendo, Lula… Lula… la casa totalmente destruida. Bob mudo en el asiento de atrás. En la vera de la calle personas intentado sacar algo debajo de los escombros. Personas subiendo, bajando. Y sorprendentemente algunas sonrisas.
En casa, Maite y Sofía esperan recién bañadas instrucciones mías para una posible salida. Ofrezco toalla y ropa para que Melanie pueda bañarse. Ella se mira en el espejo por un segundo y prevé llorando una cara desfigurada. Su principal herida iba de la cabeza hasta la nariz, un rombo dejando el hueso visible. Bob acostado en la cama, imposible quedarse en pie. Bimba inquieto en los brazos de Madame. Desubicada, comienzo a buscar en casa material de primeros auxilios. No tenía prácticamente nada. Un poco de gasa, mertiolate. Cuando finalmente Melanie temblando de frío se acuesta en la cama, llegó la hora de hacer una curación. Comienzo con pedacitos de gasa por los lados. El cabello estaba completamente pegado a al herida. Corto las puntas y empiezo a limpiar por los bordes hasta darme cuenta de que sería imposible. Algunos puntos de la herida parecían ya infectados y claramente necesita sutura. Kedna, necesitamos urgentemente un médico. Salimos las dos a tocar las puertas de los vecinos. Un dentista estaba en la terraza de su casa con cara de desolación. Explico el caso y él activa el personal, agua oxigenada, gasa. Su mujer dice que el epicentro fue Puerto Príncipe, pero que el terremoto se sintió hasta Washington D.C.
Tercer milagro
Volvemos a casa seguidos de un séquito. El dentista mira a Melanie y dice que ella necesita urgentemente una inyección de antibióticos. Llama a una prima médica. A esa altura yo había logrado hablar de nuevo con Piero que me avisa que SOS internacional pasaría a rescatarnos. Milagro, la médica llega con el estetoscopio colgado al cuello compitiendo en cansancio con la profundidad de las ojeras. Había pasado la noche en el hospital prestando primeros auxilios. Dan algunas órdenes, piden línea para sutura de la casa del dentista. No es ideal, pero es lo que tenemos. Se encierran en el cuarto. Con inyección anestésica cosen y hacen curativos a Melanie e inmovilizan a Bob con dos pedazos de madera encontrados en e patio. Madame Ariette y Kedna se ocupan de Bimba que llora desesperadamente lejos de los padres Maite improvisa un pañal con una tela absorbente que había sobrado del entrenamiento de nuestro perro Chocolate, para que aprendiera a hacer pipí en el lugar indicado. Cosas de Miami.
La médica me deja receta de antibióticos urgente. Llamo al coronel Alan, de relaciones públicas del Brabat. Explico la necesidad de ayuda para entrar en Kay Nou y hablo de los antibióticos. Ele dice, Daniela esto es un caos. No podemos hacer nada. Tenemos 1.000 hombres en la calle. La situación es caótica y prepárese porque esta tarde están previendo otro terremoto fuerte.
La casa vuelve a temblar. Decidimos quedarnos todos afuera. Bob no tendría tiempo de correr con la pierna como está. En ese momento mi blackberry volvió a funcionar. Un portal a la humanidad! Logre conectarme por MSN y recibir e-mails. Comencé escribiendo a todos que estábamos bien. Intercambié mensajes con Piero viendo el tema de la evacuación. Con Rubem organizando la ayuda con los noruegos.
El seguro SOS Internacional vendría a buscarnos... Coordinaciones también fueron hechas con la embajada francesa para que Melanie pudiera ser evacuada con su familia. Una maravilla la posibilidad de comunicarse. Madame preparó unos macarrones. Bob dormía sedado. Sofía inapetente, repitiendo que no quería dormir de nuevo afuera. Que no quería dormir en Haití. ¿Cuándo vendrían a buscarnos?
Ya a las seis de la tarde, se cortó la comunicación de nuevo. Nos quedamos conversando afuera hasta os oscurecer, intentando mantener la calma. Colchones afuera. Nos acostamos temprano viendo las estrellas y sintiendo la tierra floja.
La mañana siguiente, ¡seamos prácticos! Bimba no puede continuar usando pañal de perro. Esperé a que fueran las 7 de la mañana y bajé con Joscelin que sabía de un mercado abierto. Compré pañales, leche en polvo, galletas y latas. Pregunta idiota: recibe tarjeta de crédito? Tenía poco dinero y pensando en la evacuación. Antes de volver a la casa fuimos a buscar al mecánico de Bob para que fuera a buscar su carro que había quedado abajo en Canapé Vert, corriendo riesgo de robo.
En casa, con el mecánico decidimos que Melanie debería bajar con ellos para buscar ayuda. Su curación necesitaba cambio y no se veía bien. Horas después volvieron trayendo también el carro de Bob. Ella triunfante pues además de la llave, había logrado recuperar los pasaportes debajo de los escombros.
Contentos y sin creer más en ningún rescate, resolvimos almorzar en grande. Pedí que sacaran la última carne que quedaba y prepararan un buen arroz con fríjol que nadie es de hierro. Maite para allá y para acá con la bandeja en la mano, trajo hasta cerveza. Ya que no vamos a ningún lugar, ninguna línea telefónica funciona, ya que Bimba tiene pañales y leche, comamos. En eso Piero llama y dice: Dani, nadie va a poder ir a buscarte. Lo mejor que puedes hacer es conducir hasta la base Argentina y buscar ser evacuada desde ahí. Terminamos de comer, juntamos trapos y pañales y cargamos a Bob hasta el carrro. Maite triste porque no quería dejar a Chocolate. Madame, Joscelin y Kedna aprensivos. Yo pensando, no hay de otra, toca probar suerte.
Cuarto milagro
Escogí el camino menos afectado según las pocas noticias que tuvimos. La Route des Frères. Quería evitar que las niñas vieran lo que vi el día anterior. Aún así, las imágenes eran de caos. Un tránsito infernal, confusión, millones de peatones, carros aplastados debajo de edificios, cadáveres estirados a la orilla del camino, que unos días después serian lanzados y quemados en fosas comunes. Yo intentando atraer la atención de las niñas para los puntos más banales del camino. ¿Conocen esa fruta? Es deliciosa, está lleno de nubes el cielo hoy. Maite haciendo los chistes de siempre, combatiendo su propio nerviosismo. Melanie rezando, Bimba durmiendo. Entra una llamada del padre de las niñas. Hay un avión de la Fuerza Aérea Peruana esperándolas. ‘Trae las niñas a Lima’.
Una hora después llegamos a la Base Militar Argentina. Caos. Intento seguir las instrucciones de Piero, buscando a la gente de SOS Internacional pero es imposible encontrarlos. Nos indican un gran hangar donde médicos voluntarios dominicanos atendían las urgencias. Para ser evacuado era necesario registrarse y recibir los primeros auxilios. Nos estacionamos, las niñas y Bob se quedan dentro del carro. Un médico dominicano comienza a cambiar la venda de Melanie pero el dolor es insoportable. Dentro del hangar, escenas de terror. Personas siendo amputadas, bolsas con cuerpos insinuando bultos de los que no tuvieron suerte, niños y adultos llorando. Melanie se levanta y dice: yo voy a cambiar el vendaje hoy pero en Francia y sale caminando por la base buscando los representantes de la embajada francesa. Pido al médico entonces que mire la pierna de Bob. Inmovilizan la pierna de Bob aconsejando cirugía urgente. Vamos para Santo Domingo, dice el médico. Como si fuera tan fácil. Entra un mensaje de Piero que ya había hablado con mi ex marido: el avión peruano está esperándolos en la pista. Corre, tiene que despegar mientras haya luz.
Dejo a Bob con las niñas y salgo corriendo en busca de algún oficial peruano. Sólo encontraba chileno, brasileño, nepalés. Llamo desesperada, probando suerte, a Antonio, amigo peruano que tenía buenas relaciones con el ejército. ‘Te voy a buscar Daniela, estoy cerca de la base’. Finalmente un oficial chileno me lleva hasta el pabellón peruano para hablar con el Comandante. Aprovecho para preguntar sobre la funcionaria de la ONU, su compatriota llamada Andrea Loi. Me responde con una mirada fría. No hay esperanzas. Ella estaba en la reunión con Annabi, Da Costa, con delegación chilena. Todos muertos.
Ya en el pabellón peruano, otra ciudadana peruana empleada de la Minustah explica al comandante que su casa se había desmoronado y que habían autorizado su partida. Le informo al comandante que había un avión presidencial peruano y que mis hijas y yo estábamos en la lista de pasajeros para ser evacuados. Él delga la misión a un soldado. Vamos corriendo hasta el carro donde encuentro a las niñas, solas, con instrucciones de Melanie de que no abrieran el carro a nadie, rojas de calor, mirándome indignadas. Entramos al carro con la otra peruana y en la entrada de la base, nos esperaba Antonio. Al sentir su abrazo me desmoroné. Él también era cercano a Andrea. Me dejo llevar por su abrazo y dejo salir un llanto que estaba guardado desde el primer día. Pero me contengo después porque a Maite no le gusta ni que yo baile ni que llore”.
Traducción: Andrea Domínguez
Foto: Archivo particular





