Comunidades aprueban policía pacificadora
Un estudio realizado a partir de las denuncias telefónicas recibidas a lo largo de la implantación de las Unidades de Policía Pacificadora en favelas antes controladas por narcotraficantes armados en Río de Janeiro, muestran mejorías en la relación entre habitantes y policía y una reapropiación del espacio público de la favela por parte de la comunidad.
Aunque las UPPs apenas han sido instauradas en 11 de las 900 favelas de la ciudad, ya se puede ver que los pobladores, antes desconfiados de la policía por sus actuaciones relámpago y con frecuencia violentas, ahora son un aliado a la hora de denunciar a los delincuentes.
Esta es una de las conclusiones del informe realizado con la información del programa Disque Denuncia, un mecanismo de recepción de denuncias anónimas creado en 1995 para estimular la ayuda de la población y disminuir los niveles de criminalidad, así como los de impunidad.
Aunque el estudio se hizo para evaluar la aceptación en las favelas hacia las UPPs uno de los hallazgos importantes es la imagen positiva que los moradores de estas áreas tienen del conocido Batallón de Operaciones Especiales, Bope, una fuerza élite de operaciones conocida por su combatividad contra el tráfico de drogas en la ciudad.
Según el mismo informe, durante el proceso de pacificación de estos barrios, los habitantes llamaban para pedir la permanencia del Bope.
De acuerdo con el superintendente del Disque Denuncia, Zeca Borges (foto), las denuncias telefónicas anónimas mostraron que, al inicio de las ocupaciones los habitantes tenían más confianza en la presencia del Bope que en las anunciadas UPPs, pues no sabían de qué se trataban estas unidades y temían que hubiese abusos y violencia.
“El habitante de favela no ve el Bope como éste es retratado en la película Tropa de Elite. Lo ve más como protector y no como agresor”, explica Borges al desmontar un mito urbano. Agrega además que con la instauración de las UPPs, las comunidades fueron descubriendo que la policía ya no se comportaba como lo hacia anteriormente.
Antes de la llegada de las UPPs, dice Borges, las personas vivían entre dos miedos: el miedo a los traficantes y el miedo a la policía. Una vez pasado el período de tensión inicial, “se sorprendieron con que la policía estuviera preparada para actuar de otra forma”, dice al referirse al miedo de los habitantes frente a eventuales episodios de abuso policial.
Según Borges, aunque haya habido eventuales excesos de uso de la fuerza como en la favela Ciudad de Dios, donde aún hay tensión y focos de tráfico de drogas, hay pocas denuncias de abuso policial en la hoja de vida de las Unidades de Policía Pacificadora.
Al explicar esos posibles roces, Borges dice que “las quejas muestran justamente que el policía está ejerciendo su deber de mantener el orden, lo que a veces es comprendido como interferencia en el derecho de libre circulación del ciudadano”, explica.
Un ejemplo proporcionado por Borges es el sonido alto de los bailes funk, fiestas populares realizadas en las favelas en las que imperan los altos decibeles y la algarabía hasta la madrugada: la represión de este comportamiento por parte de la policía es vista por los jóvenes como una arbitrariedad, “pero existen leyes contra el ruido y los mismos vecinos se quejan”, justifica Borges.
La investigación, cuyo título es “Héroes anónimos: UPPs, la visión de la favela”, se basó en 1.859 denuncias referentes a las favelas de Jardim Batam, Chapéu Mangueira, Babilônia, Cidade de Deus y Dona Marta, durante el período de un año anterior a la implantación de las UPPs hasta marzo de 2010.
De acuerdo con Borges, las denuncias relacionadas con las UPPs instaladas después del cierre de la investigación (Providencia, Cantagalo y los diferentes morros de Tijuca) son similares a las estudiadas.
El informe concluye que a través de su denuncia espontánea, sea preventiva o reactiva, los habitantes de las favelas manifestaron sus preocupaciones, miedos, clamores y desconfianzas, “pero siempre revelando su voluntad firme y decidida de apoyar las acciones adoptadas por las autoridades contra el dominio del tráfico en sus comunidades”.
Para efectos del análisis fueron considerados tres momentos: el período de un año antes de la implantación de la UPP; el período de implantación de la UPP –tres meses antes y tres meses después de la implantación oficial de cada unidad) y el período posterior a la implantación, hasta febrero de 2010. Todas las denuncias y llamadas registradas bajo la modalidad de “atención” fueron leídas y sus contenidos evaluados.
El informe fue dividido en cinco partes: la primera identifica un análisis general de las denuncias y las demás corresponden específicamente a cada una de las favelas destacadas para la investigación.
Ayuda de la población en tiempo real

De acuerdo con el Disque Denuncia, la población participó activamente del proceso de pacificación. “Tan pronto como el Bope iniciaba sus operaciones, se percibía el incremento de las denuncias, la preocupación de los habitantes en brindar al Disque Denuncia información sobre movimiento de narcotraficantes y sus rutas de fuga, sus escondites y los lugares de almacenamiento de drogas.
Las denuncias extrapolaban el territorio de la pacificación y provenían de los lugares hacia los cuales los traficantes habían huido y donde comenzaban a reproducir desmanes y tentativas de control de los habitantes.
El Disque Denuncia produjo 100 mil volantes para apoyar las UPPs y estimular las denuncias anónimas. Un equipo del Núcleo de Análisis fue designado para apoyar el trabajo policial, monitoreando las denuncias y produciendo conocimiento a través de investigaciones e informes. El objetivo: identificar los hábitos, las rutas, los arsenales y el movimiento de los narcotraficantes. En tiempo real, la información que llegaba de la población pasó a ser transmitida directamente a la policía.
Denuncias de otro tenor
De acuerdo con el informe, en el caso de las áreas pacificadas, las denuncias han sido tanto reactivas (comunican hechos ya consumados) como preventivas (buscan impedir que un crimen ocurra). En el período anterior a la implantación de las UPPs, las denuncias tenían carácter predominantemente reactivo, reportando la violencia y el terror provocado por los narcotraficantes armados, que realizaban tiroteos entre grupos rivales y expulsaban y extorsionaban moradores del barrio.
Los denunciantes daban información sobre la localización de los principales traficantes, los arsenales y los cementerios clandestinos, así como de los puntos de venta de drogas. Según el informe, en el caso del área conocida como Jardim Batam, dominada por una milicia, las denuncias igualmente reflejaban la tiranía, sensación de miedo y percepción de inseguridad de la población. Las denuncias evidenciaban que los milicianos amenazaban a los habitantes para garantizar el pago de tasas sobre los servicios básicos que controlaban. Otras denuncias comunes eran corrupción y violencia policial.
Tras la implantación de las UPPs, las denuncias se redujeron y desde entonces se mantienen constantes. Según la investigación, las llamadas hoy reflejan otro tipo de cuestiones: demanda de servicios públicos, conflictos interpersonales, mantenimiento de bienes públicos y establecimiento de una relación confiable con la policía. “El conjunto de la población de Río, inclusive la que ocupa el entorno de las favelas, ha apoyado y requerido la pacificación en sus regiones”, afirma el documento.

Atención a las necesidades locales
Las UPPs cambiaron el perfil de las denuncias oriundas de comunidades, antes dominadas por narcotraficantes. Según el Disque Denuncia, no hay más información sobre uso ostensivo de armamento y el tráfico de sustancias ilegales es esporádico y ya no es realizado por grupos de narcotraficantes en puntos fijos.
No hubo, según el informe, denuncias sobre corrupción o violencia policial en ninguna de las UPPs en el período estudiado. “Las nuevas denuncias manifiestan el fin de la invisibilidad de la comunidad y de sus integrantes, que han pasado a ocupar el espacio público y a apropiarse de la favela. Sus necesidades, sus relaciones interpersonales, se tornaron centro de las denuncias: excesos de ruido, obstrucción de vías públicas deben ser regulados. En este momento, el abismo entre la favela y los servicios públicos es superado por la aproximación con el Estado”, apunta el informe.
Disque Denuncia es un servicio del Instituto Brasileño de Combate al Crimen, IBCC, y del MovRio en alianza con la Secretaría de Seguridad del Estado de Río de Janiero. El servicio se sustenta con el patrocinio de empresas y utiliza la estructura cedida por la Secretaria de Seguridad, en tanto que periódicos y canales de televisión divulgan el servicio de manera gratuita.
Además de recibir llamadas anónimas y encaminar las denuncias a los órganos responsables, el Disque Denuncia también se dedica al análisis criminal, produciendo informes temáticos con base en su banco de datos, que ya tiene más de 1,5 millones de registros de actividades criminales en Río.
“No tenemos un policía en cada esquina, pero tenemos un ciudadano en cada esquina”, resume Zeca Borges. Hasta el 15 de septiembre, el servicio está invirtiendo en la campaña contra los globos de papel, uno de los cuales causó recientemente el incendio de uno de los morros de la ciudad devastando un área verde.
Click aquí para leer el informe completo. (En formato PDF - Portugués).
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