La mayor fuerza reconstructora de Haití: juventud

ENTREVISTA/Robert Muggah

robert_muggah.jpgPalabras fuertes pueden ser usadas para describir la historia reciente de Haití: revolución, pobreza, desastres naturales, pandillas, dictadores. Sin embargo, para Robert Muggah, director de investigaciones de la organización Small Arms Survey, con sede en Suiza, muchas de estas ideas sobre Haití son prejuiciosas deben ser revisadas.

Con la presión de reconstruir el país después del terremoto y antes de que nuevas amenazas se vuelvan realidad con las lluvias que se aproximan, surge la oportunidad para hacer ese cambio. Muggah, especialista en armas pequeñas y livianas, consultor para el desarrollo y director del SecDev Group de Canadá, comenzó su investigación sobre Haití deshaciendo lo que parecía obvio: “Haití no vive una situación de posconflicto. Su situación se parece más a un caso de no guerra/no paz”, aclara Muggah al resaltar que después de un período de confrontación, la violencia entre pandillas había disminuido llegando a niveles menores a los de América Latina.

“Los informes sobre violencia anteriores al terremoto eran exagerados. Las pandillas haitianas, por ejemplo, son mucho más complejas de lo que parece y son muy mal comprendidas”, explica el experto. “Los jóvenes haitianos fueron estigmatizados”, dice Muggah al recordar que 70% de la población del país tiene menos de 30 años de edad. Agrega que en comunidades carentes como Carrefour o Bel Air en la capital del país, algunos de esos grupos de jóvenes se involucraron en trabajos sociales e iniciativas comunitarias que no pueden pasar desapercibidas.

En su opinión, la Misión de la ONU en el país, conocida como MINUSTAH, y la policía haitiana tuvieron un papel importante en la garantía de la seguridad pero recuerda que se trata de fuerzas cuyas acciones se basan en un conflicto creado por extranjeros y que generaron los fundamentos institucionales que el país caribeño tiene en la actualidad.

En entrevista con Comunidad Segura, Robert Muggah habló sobre la importancia de las iniciativas de desarrollo social en Haití y defendió la idea de crear un cuerpo nacional cívico formado por 700 mil haitianos, entre hombres y mujeres.

¿Como describiría la situación de seguridad en Haití hoy?

Pienso que las dinámicas de la violencia armada en Haití son frecuentemente mal presentadas por los medios extranjeros e incluso por especialistas en seguridad. A pesar de ser frágil y de estar afectado por una violencia crónica, Haití nunca fue presa de un conflicto armado. Nunca existieron partidos con aspiraciones políticas claramente decididas a tomar control del aparato estatal.
Nunca hubo batallas o confrontaciones entre fuerzas estatales y no estatales.
Por el contrario, ha habido diversos grupos (unos más armados que otros) con objetivos antagónicos que han amenazado las instituciones y funciones del estado haitiano. Por eso Haití no puede ser clasificado como una situación de posconflicto.

Pero Haití es conocido por su violencia urbana...

Sí, entre 2003 y 2007, Puerto Príncipe y otras ciudades grandes enfrentaron una situación de violencia generalizada principalmente en áreas urbanas, pobres y periféricas como Cité Soleil, Bel Air, Martissant, Carrefour, entre otros barrios. Entre los causantes de esa violencia estaban elementos de las fuerzas estatales de seguridad, incluyendo exsoldados y paramilitares. También, miembros de pandillas y militantes políticos que participaban en actos violentos, además de delincuentes comunes. Debemos enfatizar, sin embargo, que los niveles de violencia siempre estuvieron iguales o menores que los del promedio de los demás países del Caribe y de América Latina.

El año 2004 marcó un cambio en las relaciones de Haití con la comunidad internacional, ¿cómo ocurrió esto?

Lo que ocurrió de 2004 en adelante fue la imposición de los términos conflicto y posconflicto por la comunidad internacional, con todas sus implicaciones. El desembarque de una misión de estabilización y de observadores internacionales, el desarrollo de un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU para realizar el desarme, la desmovilización y reintegración (DDR) en 2004 y la creación de una Comisión Nacional de DDR, garantizaron que esas acciones fueran realizadas en una base institucional. Mientras el DDR abría el camino a la seguridad de la comunidad y a programas de reducción de la violencia, la noción de que Haití estaba en medio de una guerra persistía.
Viendo el lado positivo, la situación de seguridad parece haber mejorado considerablemente a partir de 2006, con el regreso de Préval y una intervención más agresiva de la MINUSTAH.

¿Cómo reaccionaron los haitianos a las amenazas contra su seguridad?

Los informes sobre violencia antes y después del terremoto de enero fueron exagerados. A pesar de haber señales de reorganización de algunas pandillas, el relativo orden y estabilidad en las semanas posteriores al terremoto sugieren una notable resiliencia por parte de la población haitiana. Hemos visto en los medios relatos sobre la formación de redes de solidaridad  entre asociaciones e individuaos. También es impresionante, dadas las circunstancias, que la MINUSTAH y algunos elementos de la policía haitiana (cerca de nueve mil hombres, 9% de los cuales murieron en el terremoto) fueran rápidamente conducidos al trabajo de nuevo.

La imagen que se tiene de Haití es la de un país afectado por la violencia y las pandillas ¿esto es cierto?

Que Haití viene siendo descrito como un país seriamente afectado por bandas criminales, es verdad, pero las características y morfología social de las pandillas en Haití son mucho más complejas. En 2009 existían pandillas, pero lo que era llamado ‘pandilla’ eran en la mayoría de los casos grupos de jóvenes ligados a una compleja red social formada por líderes políticos, sociales y religiosos. Con cerca de 70% de la población con menos de 30 años de edad, no es de extrañar que los hombres jóvenes fuesen progresivamente estigmatizado.

¿Y cómo son vistos estos grupos por la población local?

Como en otras situaciones en América Latina y el Caribe, la respuesta a las pandillas en Haití tiene la tendencia a ser agresiva y represora. Después del terremoto, comentaristas internacionales comenzaron a atribuir el caos y los actos de banalismo a miembros y líderes de pandillas. Existe una preocupación creciente por parte de actores internacionales de que lo que comenzó como un fin de violencia se pueda transformar en una creciente.

¿Qué debería tener en cuenta la comunidad internacional en la próxima fase de operaciones en Haití?

La ONU y la comunidad internacional deben aprender las lecciones del pasado. Por lo menos, deben reconocer que esas pandillas son, en realidad, grupos diferenciados y expandidos por la ciudad. Una minoría se encarga de la seguridad de la elite; en Cité Soleil las pandillas están ostensiblemente ligadas al crimen y en Bel Air, esos grupos fueron movilizados en torno a fines políticos.

Paradójicamente, la violencia de las pandillas parece haber retrocedido antes del terremoto. Un nuevo presidente tomó posesión después de una elección democrática y exitosa. René Préval buscó claramente dejar atrás la represión violenta y las violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado. La marea de cambios hizo que algunas pandillas que tenían motivaciones políticas se desmantelaran. La tasa de homicidios hasta a  14 por cada cien mil habitantes, lo que corresponde a un tercio de las tasas de Kingston en Jamaica o de Río de Janeiro, en Brasil.

¿Puede explicar la idea de un cuerpo cívico nacional formado por jóvenes?

El terremoto del 12 de enero creó una catástrofe monumental, que exige soluciones monumentales. La idea de un cuerpo cívico formado por jóvenes, principalmente mujeres, no es nueva. El gobierno haitiano llegó a discutir la cuestión hace algunos años. La USAID (agencia estadounidense de cooperación para el desarrollo) entre otras organizaciones, sugirieron esta posibilidad en los años 70 pero fue considerada muy radical y avanzada en su momento. Bob Maguire y yo reactivamos la idea que parece tener alguna resonancia en los círculos multilaterales y bilaterales.

¿Pero por qué jóvenes?

Existen muchas razones que justifican este tipo de organización. Cualquiera que trabaje en Haití sabe que los jóvenes son una fuente de creatividad, talento y potencial. Ellos pueden tener un papel central en la recuperación y reconstrucción del país. Está claro que estos jóvenes son carentes de oportunidades pero Haití tiene un ambiente legal propicio a la formación de cuerpos cívicos. El artículo 52 de la Constitución de Haití compromete a los ciudadanos en el servicio nacional. La formación de una fuerza nacional integrada por 700 mil jóvenes es una posibilidad. Esto representa menos del 10% de la población. Claro que un proyecto como estos tienen que comenzar con un proyecto piloto, reclutando una cantidad pequeña de jóvenes y requiere una enorme inversión. Pero se puede hacer.

¿Pagar un salario a esos jóvenes sería una manera de llevar ayuda al país?

Un cuerpo de servicio cívico sería una forma ventajosa de transferir capital para aquellos que más necesitan de dinero ahora. Como ocurrió en el caso de programa norteamericano New Deal, del Work Progress Administration (WPA) y del Civilian Conservation Corps (CCC), los salarios pagados a miembros de cuerpos cívicos inyectarán liquidez inmediata a las economías locales y estimularán su recuperación.

Un cuerpo cívico va a traer de vuelta la fe en las instituciones públicas haitianas. En las últimas décadas, el Estado proveyó pocos servicios a los haitianos, particularmente fuera de la capital. Sin embargo, oficiales predatorios, pandillas e intermediadiores sombríos frecuentemente llenaban ese espacio. Un cuerpo cívico nacional, vestido con los colores de Haití, puede mostrar que el gobierno es serio y que quiere renovar el contrato social.

¿Hay experimentos anteriores en ese sentido?

En términos de coordinación y desarrollo, un programa nacional puede inspirarse en las inestimables experiencias del pasado o en los esfuerzos del momento para movilizar a la juventud haitiana, incluyendo el trabajo de la ONG brasileña Viva Rio, responsable de la creación de brigadas de jóvenes en las favelas haitianas. Antes del terremoto, Viva Rio y la fuerza de paz brasileña en la ONU formaron a centenas de jóvenes haitianos, inclusive exintegrantes de pandillas. Ese abordaje puede ser mejorado, tanto en áreas urbanas como rurales. En todo el mundo existen ejemplos exitosos de movilización social para reconstruir países. Un cuerpo cívico en Haití puede convertirse en uno más de esos buenos ejemplos. Muchos países que ya están ayudando a Haití como los que forman la Unión Europea, Brasil, Estados  Unidos, Canadá, Cuba e India tienen basta experiencia en movilización de programas juveniles con efectos positivos. Ellos pueden dar consejos y apoyo al gobierno haitiano que será la autoridad en control del programa nacional de reconstrucción.

Algunos comentaron que ‘no hay nada que reconstruir’ dada la magnitud de la destrucción. Los sismólogos han sugerido incluso cambiar la capital para el norte del país, a un área más segura. ¿Qué tan factible es esto desde el punto de vista de los haitianos?

Es cierto que Haití pasó por un desastre sin precedentes. El centro político –Palacio Nacional, ministerios, gabinete del alcalde- y gran parte de la infraestructura oficial colapsó. Virtualmente, todas las escuelas privadas y públicas, los hospitales, clínicas y centros comunitarios fueron destruidos. Auque haya esfuerzos iniciales para limpiar los escombros y recomenzar los mercados informales, los contornos de Puerto Príncipe y de su periferia fueron profundamente afectados. Además de esto, con una estimativa de 200 mil o más muertos (desde los más ricos hasta los más pobres) la sociedad sufrió un trauma colectivo muy fuerte. Algunas personas –ministros haitianos por ejemplo- ya dijeron que el país no comenzará de cero, sino de bajo cero.
Pero no debemos limitar nuestro entendimiento de la actual situación de Haití a la infraestructura física y a las instituciones públicas y privadas solamente. Auque haya turbulencia política en el país desde su independencia en 1804, debilitadas condiciones económicas y grandes desastres naturales, los haitianos han demostrado una resiliencia notable y también gran capacidad de reconstrucción. Ellos fueron los primeros en responder y reconstruir y estas historias circulan ampliamente. Tiene redes sociales de contactos extraordinarias, incluyendo los emigrantes de la diáspora, que envían más de US$1 billón al país anualmente.

Las fuerzas de paz haitianas fueron descritas, antes del terremoto, como un laboratorio de cooperación latinoamericanas entre fuerzas de seguridad. La expresión viene a colación nuevamente después del desastre. ¿Esta fuerza es útil de algún modo?
 
La idea de que las operaciones de paz y la estabilización en Haití son un experimento para probar la capacidad de los militares brasileños y latinoamericanas, en general es un poco exagerada. Es verdad que los donadores latinoamericanos estaban desempeñando un papel importante en la MUNUSTAH e intervenciones relacionadas con el bienestar social, antes del terremoto. Pero la idea de describir esta cooperación en términos puramente instrumentales parece bien simplista. Hay varias razones por las cuales esos países están involucrados, las cuales varían desde un interés geopolítico propio al puro impulso humanitario.

Vale la pena destacar que existen algunos actores sociales que describieron como experimentales esas intervenciones en Haití, pero concientemente. Estados Unidos, por ejemplo, apoyó la iniciativa de estabilización haitiana en Cité Soleil desde 2007 inyectando US$20 millones. El objetivo fue promover el policiamiento comunitario, los proyectos de impacto a corto plazo y la restauración de la fuerza de la ley. En este caso, por tanto, Cité Soleil fue descrita por algunos como un “territorio de prueba” para las fuerzas americanas aplicaran en lugares como Afganistán o Irak.

¿Por qué Haití no debe tener su propio ejército?

El papel del ejército haitiano es muy controversial. Fue creado por Estados Unidos durante su ocupación en Haití, desde 1915 a 1934. Siempre tuvo lazos históricos con Estados Unidos pero fue durante los años de gobierno de Papa Doc y de su hijo Baby Doc, que el ejército rápidamente se politizó y corrompió. Es difícil superar los daños causados por el ejército en varios sectores de la sociedad, desde los intelectuales liberales hasta las camadas pobres y rurales. Debido al legado de terror dejado por él en las clases media y baja, el ejército fue obviamente la primera institución a ser desmantelada por el expresidente Aristide. En realidad, existe un debate importante sobre el papel de las fuerzas armadas en Haití pero está extremadamente politizado. Así exista desde los años 90 un programa de desarme, desmovilización y reintegración (DDR) apoyado por Estados Unidos, muchos oficiales se niegan a aceptar que el ejército dejó de ser una institución legal.

Es importante recordar que un buen número de integrantes de la “extinta” fuerza armada (FADH) se destacó en el grupo que contribuyó a sacar al expresidente Aristide del poder, en 2004. Una de las razones por las cuales el segundo programa de DDR fue propuesto en 2005 fue la amenaza clara que los ex soldados haitianos representaban en aquella época.

Traducción: Andrea Domínguez

 

 

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