Destino tatuado

Fotos: Marco Nicoletti

Interior-vertical.jpgPertenecer. A una pandilla, a una mara, a una barra brava. A lo que sea, pero pertenecer. Esta fue la pulsión que observó en  jóvenes centroamericanos el cineasta Marco Nicoletti, durante la reciente filmación de un documental para la organización no gubernamental Interpeace, que trabaja en la construcción de paz duradera en diferentes lugares en conflicto alrededor del mundo.

El rodaje se centró en los programas de atención a jóvenes de esa región que están en riesgo de ser captados por organizaciones criminales o que ya pertenecen a alguna de ellas y están intentando cambiar de vida. Sin embargo, la salida es infinitamente más estrecha que la entrada.

Al término de la filmación y de vuelta a Francia donde vive, Nicoletti concedió una entrevista a Comunidad Segura y ofreció su visión realista del fenómeno creciente de las maras, las pandillas y las barras bravas en Honduras, El Salvador y Guatemala.

La violencia que emana con mayor crudeza de las maras preocupa de manera creciente a los gobiernos del hemisferio. Las deportaciones continuas de ‘mareros’ desde Estados Unidos hacia El Salvador y las políticas de ‘Mano Dura’ y “Súper Mano Dura’ aplicadas por los gobiernos centroamericanos para reprimir estos grupos sólo han aumentado el problema.

En los últimos años, estas organizaciones no sólo han crecido  en tamaño –se calcula que en la actualidad tienen cerca de 100 mil integrantes- sino que se han conectado con las redes del narcotráfico en México, adquiriendo una nueva dimensión.

Frente a la lente

Esta no es la primera vez que Nicoletti se aproxima a los jóvenes centroamericanos que hacen parte de maras y pandillas. En el documental “Marcados de por vida”, ya había abordado la realidad de quienes pertenecen a estos grupos, cuyo origen se remonta a los año 80 cuando inmigrantes Salvadoreños se agruparon en pandillas en Los Angeles para defenderse de otras pandillas.

Marco-Nicoletti.jpgNi los sociólogos que estudian el fenómeno, ni los psicólogos y trabajadores sociales que se ocupan de los programas para estos jóvenes ni mucho menos los gobiernos entienden completamente el complejo fenómeno y ese es parte fundamental del problema. Nicoletti (Foto) también considera que es difícil de definirlo, pero ofrece algunas luces para tratar de entenderlo.

¿Cómo definiría usted el fenómeno de las maras?

No hay una regla definitiva para definir lo que ocurre. Hay muchas particularidades entre unos grupos y otros y no se pueden todos meter bajo el mismo concepto. Están las maras, que son las más radicales en el sentido de que te piden que cumplas pruebas, como asesinar o cometer un determinado delito, para ser aceptado en ellas. Luego te debes hacer un tatuaje de fidelidad a la mara y salir de ellas es supremamente difícil.

¿Cómo se diferencian las maras de las barras?

Una forma más reciente de agrupación son las barras bravas, devotas de un determinado equipo de fútbol. Son como los hooligangs, dos de ellas son Ultrafiel y Revos. Éste último es fanático de un futbolista argentino y su emblema es el Che Guevara por haber sido un revolucionario. Cuando les pregunté a sus integrantes por qué el Che era un revolucionario, no supieron bien qué decir. Les pregunté entonces ¿qué es un revolucionario? ‘Es cuando uno tiene odio’, me respondieron.

Las maras entran en disputa entre sí y también en confrontación con las barras bravas. En ciertos barrios una barra es dominada por la Mara 18, y en otros barrios la misma barra puede ser dominada por la mara MS13, así que un chico que pertenezca a esa barra, al pasar de un barrio a otro puede ser asesinado por la mara rival así pertenezca a la misma barra. Poco a poco, las maras han ido recuperando su liderazgo al interior de las barras, es decir, tienden a absorberlas.

Los programas que usted estuvo documentando pretenden impedir que los jóvenes se unan a estos grupos o que logren salir de ellos. ¿Cómo se hacen estos procesos?

Hay que entender que el problema de fondo es de búsqueda de identidad. La adolescencia es un período difícil de la vida. Sales de casa y si tus padres no están cerca de ti y solo tienes como modelo a las maras, es difícil no querer ser parecido a tus contemporáneos. Quienes se unen a las barras lo hacen de forma muy rápida: todos van a la cancha, tienen una emoción común y es fácil entrar en esta mentalidad de hacer cosas malas juntos, si la familia no está allí para decirle al adolescente que eso no se hace y que hay cosas mejores, más constructivas.

El programa de prevención atiende a estos jóvenes en riesgo. Interpeace los busca, habla con las familias y con la gente del barrio e intenta instruir a los padres y a la comunidad sobre como tratar a sus hijos. Además, les brinda a los chicos y chicas oportunidades y actividades. Esta parte del programa la filmamos en Hondura donde no sólo hay maras sino también barras bravas en constante confrontación. En Honduras la represión contra las maras fue mucho más brutal. Está el famoso episodio en que un ministro del interior ordenó una requisa exhaustiva a todos los mareros presos para luego entregar las armas encontradas a los criminales comunes quienes en una noche mataron 165 mareros y cometieron crímenes de lesa humanidad como cortar sus cabezas y jugar fútbol con ellas. Todo este es el caldo de cultivo de la situación actual: nuevas barras, más mareros, más violencia.

¿Y cómo aproximarse a un joven que hace parte de una mara, cómo ayudarlo a salir de ella?

Primero intentas penetrar en su ámbito, tratas de que no se marginalice totalmente, que logre recuperar un papel en la sociedad. Esta parte la filmamos en El Salvador en una panadería donde existe espacio para que estos chicos trabajen y ganen su dinero. Pero no es nada sencillo. En El Salvador se aplicaron las llamadas políticas de Mano Dura y Súper Mano Dura que entre muchas otras cosas, mandaba a la cárcel a todo el que tuviera un tatuaje de una mara. Pero volviendo al programa en la panadería, la mayor dificultad es que la misma mara llega a la panadería para buscar a los exmareros y persuadirlos de volver. Si no lo hacen son asesinados por los llamados “sombras negras”, o escuadrones de la muerte. Es decir, no les permiten a estos jóvenes retirarse de la mara, reintegrase a la sociedad así quieran salir de ellas.

Interior-2.jpg¿Qué otras estrategias se han empleado para sacarlos de las maras sin que pierdan la vida?

Cuando van presos y son muy jóvenes, a veces los jueces juveniles les ponen un trabajo social en el que aprendan a hacer un oficio como electricistas, mecánicos, etcétera. Les borran los tatuajes, y esto es algo muy importante porque un tatuaje de estos puede conducirte de nuevo a la cárcel, sin mencionar que es un estigma social que no te permite ir a la escuela o trabajar.

De la barra puedes salir más fácilmente. Por un lado, porque no tienes tatuaje y no te van a discriminar a ti y a tus hijos como ocurre con los mareros (pero lo vecinos te conocen, y saben de tu pertenencia a la barra, entonces siempre hay un riesgo. La dificultad de las maras es que no puedes ni cambiar de barrio porque te matan. Mucho menos pueden salir de Centroamérica porque es muy caro, sólo conozco un caso de un chico que vive en España y hoy trabaja en prevención, pero es un caso raro.

¿Estos grupos juveniles tienen alguna relación con el narcotráfico?

Cada vez están siendo maniobrados por gente que está más arriba y mezclada con la mafia mexicana o que reciben órdenes de delincuentes en cárceles en Estados Unidos. La mafia los utiliza para crear miedo en la población. Éstos son países de tránsito de drogas de Colombia hacia México, sin parar ahí porque no hay mucho dinero para comprarlas, pero sí hacen lavado de dinero allí. El narcotráfico necesita a estos jóvenes soldados para el sicariato, para vender la droga al menudeo, para hacer ruido, desviar la atención y atizar el miedo. Hay un asunto muy importante adicional a todo lo anterior y es la industria del miedo porque hay millones de dólares invertidos en policía privada, armas, cámaras de vigilancia y todo lo que la gente pueda consumir para sentirse más segura.

¿Después de pasar un tiempo cerca de estos jóvenes, cuál es su lectura de por qué se unen a estos grupos sabiendo que van a terminar en la cárcel o muertos?

No soy un experto pero lo que observé es que la situación es diferente a la de Colombia o Brasil, donde hay dinero de la droga. En Centroamérica la gente es muy pobre. Estos chicos no se unen a esos grupos simplemente por ser pandilleros o gángsteres. En Los Angeles o en Río de Janeiro la motivación más fuerte es el dinero por la droga. El las favelas de Río de Janeiro las ganas de dinero son un factor importante: el pobre que vende droga puede ganar plata, comprar una moto, ropa, tener novias, etc. En Guatemala, El Salvador y Honduras lo hacen por una razón de identidad, para definir quienes son a partir de la pertenencia a un grupo.

Tengo muchos ejemplos de ello pero un caso es el del jefe regional de la Mara 18, Cholo Cifuentes, que entrevisté en la cárcel de Guatemala. El chico se fue a la calle a los 8 años porque el padre le pegaba a la madre. Casi todos pregonan un inmenso amor por su mamá y se tatúan frases como ‘perdóname madre por mi vida loca’  o imágenes como la de la virgen de Guadalupe.  Como no pueden estar en una familia funcional, se van a la calle y a  edad muy temprana. La mara se acerca a ellos y les permite pertenecer, les da protección, comida, marihuana (no usan otras drogas o porquerías como el solvente, el crack o el pegante). De cierta forma, la mara les da amor, hay respeto mutuo y se comparten las cosas y la vida. Después empiezan las tareas: matar la persona de la mara contraria y el niño, para lograr este amor que la familia tendría que darle, va y mata por esta razón… Analizando todo esto, el psicólogo Juan Carlos Molinas, que trabaja mucho en las cárceles de Guatemala, dice que de cierta forma, “matan por amor”.

Interior-1.jpg¿Cómo fue acercarse a ellos, qué actitud tuvieron frente a usted y cómo se sintieron al ser filmados?

Ellos tienen mucha desconfianza de los periodistas por lo ocurrido recientemente con Christian Poveda, que hizo un documental con ellos y lo mataron porque según ellos, entregó información a la policía. Ellos son muy desconfiados y en El Salvador es muy difícil acercarse, pero cuando finalmente lo haces con respeto, te respetan porque sienten ese respeto. Es gente que muere muy joven, y por eso les gusta mucho contar sus historias, porque tienen la esperanza de que un día sus vidas van a ser una película en Hollywood. Al ser fotografiados, escuchados, filmados, sienten que su vida tiene valor. Saben que van a morir rápido, en general no pasan de los 23 años, pero los que llegan a los 30 años ven que la vida sigue, puede seguir y entonces no quieren morir.

Muchos periodistas los tratan como animales peligrosos, les hablan mal, se ensañan en discutir cosas chocantes con ellos. En el fondo, estos chicos quieren hablar, quieren aprender y comunicar lo que sienten. Tal vez, puede ser gente simpática. Cuando te acercas a sus historias, ves al otro como el ser humano que es.

Más información:

Jóvenes y violencia armada (Artículos anteriores en Comunidad Segura)

En otros sites:

Interpeace

Marco Nicoletti

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