Defectos y virtudes de la policía pacificadora de Río

ENTREVISTA / Luiz Antonio Machado da Silva

Luiz_antonio_machado.jpgAunque los medios han destacado las virtudes de las Unidades de Policía Pacificadora, UPP, instaladas en algunas de las áreas de mayor violencia en Río de Janeiro, hay quienes desconfían de que el programa genere la migración del crimen hacia otras áreas o que aumente el control autoritario de la policía sobre los segmentos más pobres de la sociedad. Según algunas voces críticas, las UPP podrían ser una mera reformulación de una política de seguridad históricamente truculenta.

Ni tan optimista como los medios, ni tan escéptico como los críticos se declara el sociólogo Luiz Antonio Machado da Silva, profesor del Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro, Iuperj, y profesor asociado de la Universidad Federal de Río de Janeiro, UFRJ, para quien el fenómeno debe ser analizado desde cierta distancia.

Machado considera que la innovación sí podría llevar a una reversión parcial de la brutalidad policial que caracteriza los intentos de mantener el orden público, desde que el debate en torno a ella sea calificado y extensivo a todas las áreas involucradas y siempre que los agentes policiales tengan una buena formación. En esta entrevista con Comunidad Segura, el experto analiza los posibles beneficios y riesgos de las UPP.

¿La instalación de las UPP puede causar una migración del crimen hacia otros lugares y provocar cambios en los tipos de crímenes cometidos?

Es posible. Medir de una forma estadísticamente fidedigna las causas de esta redistribución del crimen es muy difícil y será siempre objeto de mucha discusión técnica. Pero ha habido rumores al respecto. Las mismas autoridades han lanzado alertas públicas para que los criminales abandonen los lugares donde serán implantadas las nuevas UPPs antes de que comiencen los trabajos para crearlas. Es como si las autoridades reconocieran que pretenden simplemente desplazar las actividades criminales. Por otro lado, no quiero asumir una actitud cínica, pero creo que el mismo desplazamiento del crimen violento a regiones menos visibles socialmente y más lejos de los grandes medios puede ser un factor positivo para despejar el ambiente y favorecer una discusión más serena sobre las políticas de mantenimiento del orden público, de modo que se incluya a las clases populares en este debate.

¿El aumento de la percepción de seguridad en las regiones violentas ahora pacificadas ayuda a reducir de hecho la violencia en la ciudad como un todo?

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Puede haber un desahogo en las relaciones sociales, tanto en las propias localidades como en la ciudad como un todo. Actualmente, el miedo dificulta profundamente el debate organizado y abierto de los problemas públicos y cuando la discusión finalmente se realiza, contamina su contenido. El miedo ha sido un pésimo consejero: se ven amenazas potenciales a la integridad física y patrimonial por todos lados y en todas las interacciones. Esto genera una espiral de demandas por más represión y un movimiento generalizado de autoaislamiento de las clases acomodadas, dejando “ensanduchadas” a las clases populares.

En éstas, el miedo no es solo del crimen violento sino además de la policía que ha cumplido las demandas de más represión y confinamiento de los pobres. Si las UPP logran por lo menos mejorar el control del crimen violento con una represión más comedida, puede abrirse espacio para un debate político más democrático que lleve a la sociedad a interesarse en la discusión de una política de seguridad menos fundamentada en ideas de guerra.

¿Qué aspectos considera virtuosos en el proyecto de las UPP?

El proyecto es muy reciente y las UPP todavía no están estabilizadas así que es prematuro hacer una evaluación definitiva. Pero si estas unidades llegan a funcionar, podría haber un cambio en la cultura policial, que en la actualidad desconfía de las buenas intenciones de los pobres y que es arbitraria y violenta. Esto dependerá del éxito en la formación democrática de los nuevos policías que están siendo incorporados para actuar en las UPP. Si los reclamos de los habitantes son escuchados, lo que no será fácil de lograr, podrán contribuir mucho al proceso, y ello será al mismo tiempo consecuencia de la buena formación de los agentes y un importante refuerzo para ella.

¿Cuáles son los puntos débiles del proyecto de las UPP?

Hay riesgos y muy serios. El control de la intimidad de las personas en las localidades donde están instaladas las UPP es enorme, mucho más de lo que sería deseable e incuso admisible en una sociedad abierta y moderna como la nuestra. Quienes oyeron hablar de los Parques Proletarios (conjuntos de madera construidos durante el gobierno de Vargas como lugares de paso entre las favelas y las residencias populares definitivas que serían construidas) han comentado la semejanza entre el control ejercido por las UPP y el ejercido por la administración de los Parques Proletarios, que creó y hacía cumplir un reglamento draconiano. Esto ya está generando muchas fricciones entre pobladores y policía, así como arrestos por supuesto desacato a la autoridad. Esa es una dificultad crucial en el proceso de estabilización del programa de las UPP, que será decisiva para las intenciones de afianzar la vida local en uno de los puntos centrales de la filosofía de las UPP, la llamada “policía de proximidad”.

¿Este afianzamiento en la policía de proximidad puede amenazar la democracia?

Tal vez el problema esencial para una implantación virtuosa de las UPP sea político. Este programa está siendo pensado e implementado en un momento en que están muy debilitadas las asociaciones de moradores que fueron una fuerza política de base de la población urbana con mucha representatividad. Ocurre que el mismo éxito de as UPP juntamente con su proximidad de los demás órganos de gobierno de prestación de servicios y protección social ha reorientado hacia las UPP buena parte de los pedidos, reclamos y expectativas de la población. Esta tendencia, que por ahora es incipiente, me parece el principal peligro que ronda su implantación. La “policialización” de la política de base sería echar tierra sobre el proceso de democratización y expansión de la ciudadanía en la base de la sociedad urbana.

¿Podría explicar mejor ese debilitamiento de las organizaciones locales?

Las asociaciones de moradores vienen sufriendo la desconfianza –indebida pero muy generalizada- de que serían conniventes con los criminales que viven en sus localidades, y por lo tanto, de que serían defensores de intereses oscuros. Por eso, sus reivindicaciones no son oídas lo que evidentemente reduce su legitimidad interna. Ésta, a su vez, también se ve amenazada por la necesidad de negociar su autonomía frente a las bandas criminales, o por lo menos, evitarlos ya que enfrentarse a ellos es suicidio. Como reconocimiento de las demandas locales por órganos públicos es muy limitado, los líderes se ven obligados a hacer acuerdos con las propias agencias estatales y o con ONGs sobre las cuales poseen poco o ningún control.

¿Al regular el cotidiano local, las UPP pueden ser consideradas un instrumento de control cultural y político de las camadas populares?

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Legalmente, lo que se llama “poder de policía” (la dimensión represiva del mantenimiento del orden público) incluye el uso de la fuerza –pero de la “fuerza comedida” regulada y limitada jurídica, administrativa y políticamente. Esta es la diferencia básica entre la policía y las fuerzas armadas. El fundamento de una política de seguridad que envuelve la propuesta de creación de una policía pacificadora opera como una comprensión de las relaciones sociales que, aún sin esta intención, deforma la legalidad del funcionamiento del poder de policía militarizando las ideas sobre la práctica policial. Sólo puede haber una agencia pacificadora donde no hay paz, de modo que tenemos, en el origen del programa de las UPPs, un presupuesto de guerra urbana.

¿Y por qué no podemos llamar la situación actual de guerra?

¿Cuál sería el enemigo, ya que es indiscutible que no se trata de una guerra civil ni de una guerrea entre nuestro país y algún otro estado nacional? Este otro, que no es apenas diferente de nosotros es sí un verdadero enemigo que desestabiliza la paz cotidiana y nos atemoriza, corresponde a nuestros bárbaros internos.  Como consecuencia, está implícita en la propuesta de una policía pacificadora una doble necesidad: primero, someter y apartar a los bárbaros por la fuerza; segundo, y al mismo tiempo, convertirlos a la civilización, esto es, a nuestros propios valores, intereses y padrones de sociabilidad.

En un artículo publicado en el periódico O Globo el 20 de marzo de 2010, usted dice que en la práctica las UPP refuerzan la dualidad de la ciudad. ¿Podría explicar por qué?

Nunca nadie habló de la necesidad de una UPP en Ipanema. Las UPP son una propuesta de política de seguridad pública específica para las áreas de la ciudad que pueden ser reunidas bajo el nombre de territorios de la pobreza, cuyo ejemplo más típico son las favelas, pues en la opinión de quien propone la política de seguridad, son estas las que necesitan una policía pacificadora. Las otras regiones de la ciudad son vistas como pacíficas y ya cuentan con policía normal. No estoy sugiriendo que la dualidad es intencional. SE trata en realidad de lo que se acostumbra llamar resultados no intencionales de la acción: se hace algo objetivando un resultado, pero al alcanzarse el objetivo o no, se producen muchas otras consecuencias que no fueron previstas.

¿Podría dar ejemplo de los pequeños cambios que serían más eficaces en la disminución de la violencia?

Tanto las virtudes como los defectos de las UPP son indicaciones de tendencias relativas a pequeños cambios cotidianos que pueden profundizar o deshacer las  márgenes geográficas y sociales de la ciudad. Los medios han sido excesivamente entusiastas en cuanto a las virtudes de las UPP y yo creo que esto es peligroso y nocivo para el propio éxito del programa. Con mucho menos visibilidad pública de lo que la defensa de las UPP también ha habido una completa negación de sus posibilidades en cuanto una política de seguridad menos truculenta, como si se tratase de la reproducción intocada de la arbitrariedad y de la violencia policial que tradicionalmente se abate sobre el mundo popular.

En mi evaluación, no queda duda de que se trata de la continuidad de una orientación general que penaliza grandes contingentes de las clases populares; sin embargo, al mismo tiempo puede representar una reversión parcial de la brutalidad que caracteriza las tentativas de mantenimiento del orden público. En síntesis: hay innovación en el programa pero cuál será su dirección va a depender de la extensión, calidad y de la naturaleza de los participantes del debate en torno de ella.

Trasducción: Andrea Domínguez

 

 

 

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