Vida después de la prisión
ENTREVISTA / John Hagedorn
El profesor de Criminología, Ley y Justicia de la Universidad de Illinois, en Chicago, John Hagedorn, estudia a las pandillas y bandas juveniles desde hace 20 años. Hagedorn es autor de ‘Un mundo de pandillas” y coeditor de un libro pionero sobre el papel de las mujeres y los niños en estos grupos, llamado “Pandillas femeninas en Estados Unidos”. También mantiene el site Gangresearh.com sobre el tema.
Actualmente, Hagerdorn estudia la influencia de las pandillas en comunidades afectadas por la recesión económica y dice que las pandillas que controlan las prisiones y ahora también tienen fuerza en las comunidades. En entrevista exclusiva con Comunidad Segura, habló acerca de cómo la nueva tendencia a reducir el tamaño de las prisiones para delincuentes adultos, se hizo famosa en California y cómo podría afectar a los integrantes de las pandillas.
“¿Cuando y para qué los soltaremos?” se pregunta Hagedorn, quien piensa que aunque los miembros de las pandillas sean liberados prematuramente, escapando de la influencia de las pandillas en la prisión, los expresidiarios tendrán pocas oportunidades de hallar un empleo formal, en un mercado ya es escaso para aquellos que no tienen un histórico criminal.
Haegedorn apunta hacia las dificulta extra que enfrentan los criminales adultos que son liberados luego de cumplir largas condenas, en edad avanzada, y quienes probablemente presentan un uso significativo de drogas.
Para el experto, el retorno a la vida común después de la prisión puede estar ligado justamente a las organizaciones de las cuales las autoridades pretendían que los delincuentes salieran.
“Cuando vuelven a comunidades económicamente débiles, los egresados del sistema carcelario y ex integrantes de pandillas, fatalmente volverán a sus antiguas redes y pandillas, las cuales se hacen cada vez más fuertes”, dice.
En opinión de Hagedorn, las pandillas hoy están haciéndose más poderosas en las comunidades, apoderándose de bandas menores por medio del control del tráfico de drogas. “Como individuo, es mejor no volver a la comunidad de la que el individuo vino inicialmente”, opina.
“Las pandillas sin embargo, perdieron lo que acostumbraban dar a sus comunidades 40 años atrás: cohesión basada en raíces comunes y un código de ética alternativo”, explica Hagedorn para quien la perspectiva actual es de las peores. “Las pandillas hoy se resumen a drogas y violencia y los jóvenes no tienen la menor idea de la historia de las pandillas a las que pertenecen”.
¿Cómo afectan las nuevas propuestas de reducción del tamaño de las prisiones a las pandillas y a sus miembros?
En California las pandillas controlaron el sistema de prisiones durante décadas y es improbable que esto cambie con las propuestas que han surgido. Hubo algún cambio pero negativo: pandillas como la mafia mexicana, presentes en los presidios, se extendieron por las comunidades y esto es un cambio en la forma como ellos ejercen su influencia. Es lo opuesto de lo que acostumbraba ocurrir cuando las pandillas de las comunidades penetraban las prisiones.
Estas bandas no sólo dominan las prisiones sino que son fuerzas poderosas en las calles y en el mercado de tráfico de drogas. Las pandillas de la calle están siendo engullidas por varias pandillas oriundas de los presidios, en consecuencia, las pandillas todavía representan una fuerza muy poderosa dentro del sistema penitenciario, y este tipo de cambio que viene siendo implantado, a mi modo de ver, no va a afectar de hecho a las pandillas.
Las medidas de restricción a la libertad de los detenidos dentro de las cárceles fueron reforzadas a lo largo de los últimos años. Con menos libertad incluso tras las rejas ¿las pandillas no fueron controladas?
Los agentes de las prisiones dirán que sí. Pero al preguntar a los detenidos, se tiene una visión diferente. Voy a contar una historia que aconteció en Chicago. Yo estaba andando dentro de una prisión que ya atravesaba esta política de restricción de libertad interna hacía nueve meses. El agente carcelario me decía que en aquel momento, eran ellos quienes controlaban la prisión. Y entonces los detenidos me dijeron “pregúntele a este agente si s cierto que ellos controlan la prisión ¿por qué es que cuando un nuevo preso llega, él tiene que comprar su celda a las pandillas?”.
Las pandillas controlan las celdas en California, si usted no hace parte de una de ellas y tiene que escoger una celda para quedarse, esto cuesta dinero. No veo como esta política de restringir la libertad de los presos y otras medidas de seguridad pueden quebrar la influencia que las pandillas ejercen en las prisiones.
¿Las nuevas medias que proponen una reducción del número de personas en las prisiones pueden ayudar a reducir el crimen?
Cuando los presos afectados por las nuevas medidas no son miembros de pandillas pesadas, esto funciona: cuanto menos personas en la prisión, mejor. Tenemos muchos presos actualmente, toda media que ayude a reducir estos números, a soltar personas antes, serán un beneficio.
Por otro lado, cuando se suelta a alguien antes del fin de la pena, es necesario saber para qué se está liberando a esa persona. Tenemos por ejemplo el escenario de altas tasas de desempleo de la comunidad de White Fence, en Los Angeles en que existía una pandilla propia e independiente, pero que ahora es controlada por la mafia mexicana.
Si una persona quiere trabajar ahí, tiene que pedir autorización a la pandilla porque el área ofrece pocos empleos y esta mafia controla el tráfico de drogas. En las actuales circunstancias del país, es difícil prever en qué regiones las pandillas serán alcanzadas cuando los presos sean liberados.
Es decir, el acto de soltar estos presos tiene que estar asociado a programas de estimulo de empleo…
Es claro que los empleos no están sobrando en Estados Unidos y éste es uno de los temas de mi investigación: esta no es una política razonable, pero individualmente está claro que si usted no vuelve a su comunidad, tiende a ser más exitoso. Pensemos un poco: si alguien hace parte de una banda y es encarcelado, cuando vuelve a su comunidad y no encuentra empleo, las redes de las cuales hacía parte todavía estarán allí. Ahora, en caso de que la persona opte por ir para otro lugar, tendrá más dificultad para quebrar esa barrera inicial y probablemente procurará otra cosa. Quedó muy claro en los primeros estudios que hice que los miembros de pandillas que salen del sistema penitenciario y que no vuelven a sus comunidades de origen, tenían menos chances de ir presos de nuevo. No es algo que yo recomiende como política, pero pensando individualmente, lo consideraría.
Entrar nuevamente en la comunidad no estaría basado, por lo tanto, en la identidad, el origen… ¿sería una nueva vida?
La salida de la cárcel tendría un nuevo tipo de identidad, pero definido tal vez, por el trabajo, por la iglesia o la religión. Más que volver a un lugar donde hay múltiples identidades, pero una de ellas es la de pandilla. Hay una red de personas que las pandillas siempre están enganchando. Ellos pueden no pagar bien, pero siempre hay algo qué hacer, por eso quienes salen de la cárcel pueden encajar.
¿Cuál es el tema de su actual pesquisa?
Una parte está dedicada a detectar lo que acontece a las personotas después de salir de prisión. En Chicago, por ejemplo, las redes son mucho más fuertes que en Milwakee. Si una persona deja la prisión y vuelve para Landale, puede encontrar cosas nuevas, romper con los ex colegas, pero ellos todavía estarán allí. Si es integrante de una pandilla y vuelve a las calles, encontrará a las pandillas saliendo, lidiando con personas, usando drogas. Si la persona no tiene nada más que hacer, eventualmente se encajará en el esquema, porque son sus amigos. Si va a otro lugar, sin embargo, necesitará buscar alternativas pues las respuestas no estarán allí.
¿El tratamiento para las drogas es ofrecido a los exconvictos cuando retornan a la vida civil?
Las drogas están muy presentes dentro de las prisiones y los presos no necesitan librarse de ellas mientras están dentro del sistema carcelario. Pero cuando salen, no hay empleos y ellos ya tienen una cierta edad, esto es un factor de depresión. Existen algunos programas que ofrecen este tipo de tratamiento, pero no son muchos. Parece que la respuesta está en las calles, no en las instituciones. Cuando se mira para atrás, se percibe que hubo una época en que las pandillas hacían parte de movimientos sociales que tenían alguna fuerza, que ofrecían empleos, no solo en sus contratos el Estados sino también proveyendo una moral alternativa, un código de ética. Existía esperanza en el sentido de que las personas podían realmente confiar unas en otras, podían lidiar unas con las otras de manera directa. Hoy, esa esperanza ya no existe.
El quid del asunto es crear un sentido de vida en comunidad (este es el motivo de los programas de reinserción social tienen a ser burocráticos y no efectivos). Es cuando existe una demanda en las calles por tratamiento y las personas asumirán la responsabilidad por ellas mismas. Pero no existen muchas señales en ese sentido.
¿Qué quiere decir con introducir un sentido de vida en comunidad?
Me refiero fundamentalmente a movimientos sociales y a si ellos van a incluir las calles. Si esto va a significar la creación de empleos y la organización contra la brutalidad de la policía y contra la especulación inmobiliaria que encarece barrios, causando éxodo de moradores. Pero el hecho es que esto no es algo que puede ser transmitido de arriba para abajo, eso realmente tiene que venir de las calles.
¿Administración Obama está ayudando?
La situación política no es buena, todos los tipos de manifestación pública que demandan un apoyo de las comunidades son fuertemente repudiados por las comunidades negras, que no quieren contrariar la administración de Obama. Los latinoamericanos tienen menos problemas en este sentido, ellos se han manifestado contra las leyes de inmigración y hasta se han asociado a policías blancos.
Traducción: Andrea Domínguez








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