Ventana discreta

pablo_interior.jpgCada foto tomada por los jóvenes de Ciudad Oculta, al suroeste de Buenos Aires, abre un agujero en el muro que separa a este barrio del resto de la ciudad desde 1978, cuando la dictadura decidió esconder la pobreza de la llamada ‘Villa 15’ detrás de una pared.

A través de esos ‘agujeros’ fotográficos, la ciudad visible espía a la ciudad oculta y la ciudad escondida se revela ante la Buenos Aires conocida. El uso de la fotografía y del video entre niños y jóvenes como herramienta de inclusión social ya hace parte de un buen número de iniciativas que han llegado a barrios marginales de varias ciudades latinoamericanas.

No importa si es Ciudad Oculta, en Buenos Aires; Altos de Cazucá, en Bogotá; Santa Marta, en Río de Janeiro o Cidade de Deus, en Sete Lagoas (estado de Minas Gerais), el resultado ha sido siempre la costura de ciertos espacios en ciudades fracturadas por la desigualdad social.

Por otro lado, contar su propia historia, en lugar de ver pasivamente como sujetos externos a la comunidad relatan la vida en ella, es una experiencia de reivindicación y reconstrucción de la autoestima de niños y jóvenes habitantes de favelas, comunas, chabolas, villas o cualquiera que sea el nombre que estigmatiza áreas pobres de las metrópolis caóticas.

La villa desde adentro

Eugenio Alfonso aprendió a tomar fotos en un taller en Ciudad Oculta hace siete años. Allí también aprendió que la fotografía era más que reproducir una imagen. “Yo pensaba que la fotografía era para cubrir eventos sociales: sacar fotos de cumpleaños, de reuniones, de fiestas… No sabía que una foto puede decir lo que sientes; que es un lenguaje, una forma de comunicación”.

La primera imagen que Eugenio tomó de su entorno le demostró todo eso: “Es una niña que está vestida de blanco y un perro blanco cruza sobre una zanja, a la entrada de Ciudad Oculta… Parece la imagen de una princesa de un cuento de hadas”, recuerda.

Hoy Eugenio trabaja como fotógrafo y también enseña su profesión a otros jóvenes del barrio. “Mucha gente no conoce la vida en una villa, y hay mucha discriminación hacia los villeros, entonces, la fotografía y las exposiciones que hemos hecho con el trabajo de los chicos es un gran logro y ha tenido un impacto, social y artístico grande. La gente nos ha respetado mucho como artistas, ese valor es un orgullo para todos nosotros”, celebra.

raquel-jimenez-01.jpgMiriam Prioti es una de las directoras de la organización argentina ph15, que implementó los talleres en Ciudad Oculta, tras el pedido de un grupo de adolescentes de ese barrio que quería aprender fotografía. Para ella, lo más importante es el espacio de convivencia que se crea para los jóvenes.

“Los chicos ingresan al taller sin tener demasiados espacios de participación ni interlocutores válidos para dialogar de sus problemas. El curso es un lugar de participación y  diálogo de la problemática diaria del barrio. Además, con el tiempo, logran articular el trabajo en equipo en un ambiente respetuoso y solidario, donde se aprende a hacer una critica respetuosa hacia los otros”, explica.

Otro ángulo de la favela

Cruzando la frontera hacia el norte, la antropóloga Clarice Libânio hace parte de una experiencia similar, a través del programa “Favela é isso aí”, de Belo Horizonte, en el estado brasileño de Minas Gerais. La organización surgió a finales del 2004 con el lanzamiento de la Guía Cultural de Villas y Favelas de Belo Horizonte, una investigación realizada por Clarice que identificó y registró 740 grupos culturales y siete mil artistas en las 226 villas, favelas y conjuntos habitacionales de la capital del estado de Minas Gerais.

“A partir del estudio, discutimos como el arte y la cultura son instrumentalizadas en las favelas como medio de mejorar la autoestima de aquellos que se envuelven en este tipo de proyectos; se crean nuevas formas de socialización y convivencia grupal y se amplia la participación política por vías no tradicionales. Además, se accede a bienes y servicios de la ciudad”, explica.

“Favela é isso aí” realiza talleres de vídeo-documental y animación desde hace cinco años, y más recientemente, ha introducido talleres de fotografía. “El resultado que hemos observado es una gran satisfacción no sólo de los jóvenes involucrados en los talleres, sino de toda la comunidad al verse retratada de manera tan respetuosa, tan valorizada, tan bonita”, dice Clarice.

En cuanto a la respuesta de la comunidad fuera del barrio, Clarice también destaca la admiración de encontrar tantos aspectos interesantes en lugares que desde fuera son siempre pensados como ‘pobres y violentos’. “El resto de la ciudad se admira de encontrar tanto talento y tantos artistas en la favela. El resultado de todo el proceso es una nueva mirada hacia la periferia y también una nueva relación entre “el asfalto y el morro”; una mirada menos prejuiciosa y más compartida”.
 
curtafavela_03.jpgTambién en Brasil, la iniciativa Curta Favela, de la organización Viva Rio, ha despertado en los jóvenes de las favelas de Río de Janeiro la certeza de que con pocos recursos –un simple celular- se puede hacer pequeñas películas, que resultan grandes obras de estéticas.

“Curta Favela va a las comunidades y le enseña a los niños y jóvenes –incluso a los mayores que quieran participar porque no queremos ser excluyentes- las técnicas y el conocimiento para realizar un corto de principio a fin y con los elementos que la gente tiene a la mano: celulares. Después les mostramos cómo hacerlo circular en un circuito abierto en Internet, para que sus cortos tengan difusión y puedan ser vistos por todo el mundo”, explica el fotógrafo Wálter Mesquita, creador de la iniciativa.

Para Wálter, una de las mayores satisfacciones ha sido ver la respuesta de los niños y su inmensa capacidad y creatividad. Uno de los cortos creados por los chicos fue “Vida de perro”, que narra la vida en la favela desde la perspectiva de un perro callejero. La estrella de la película es Bóris, un rottweiler adorado por los niños de la comunidad que acostumbra pasear sólo por las calles de la favela Santa Marta y al que los niños le colgaron la cámara para tener el punto de vista del perro.

Otra de las iniciativas reunió niños de diferentes favelas que habían tomado el taller para que juntos produjeran en un día un corto a partir de una idea proporcionada por Wálter: un cementerio de pájaros que existe en la localidad de Paquetá, en Río de Janeiro. “Lo único que yo les di fue ese punto de partida; desde ese momento ellos hicieron todo: el guión, la producción, la actuación, las imágenes, todo. Al final, salió una historia muy interesante, pero además del resultado estético, fue un ejercicio de convivencia en el que niños que viven en comunidades enemistadas entre sí se aproximaron, se conocieron y encontraron aspectos en común”, declara Wálter.

Wilson-10-anos.jpgDisparando cámaras en Bogotá

Tal vez uno de los programas pioneros en este campo sea Disparando Cámaras por la Paz, DCP, ideado en 2002 por el fotógrafo norteamericano Alex Fatal, quien empezó a dar clases de fotografía a niños del barrio Altos de Cazucá, un barrio periférico de Bogotá formado en su mayoría por desplazados por la violencia que han llegado desde áreas rurales a la capital colombiana durante las pasadas cuatro décadas.

En ese entonces, las fotos en blanco y negro tomadas por niños de entre 9 y 15 a partir de temas como la memoria, el futuro o el miedo, afectó la mirada que hasta entonces tenía el resto de la ciudad hacia ese barrio. Acostumbrados a leer noticias sobre inseguridad, los bogotanos abrieron una puerta a la identificación con los niños, que arrojaron una mirada desprevenida sobre el día a día de su comunidad: tomaron fotos de sus hermanos jugando, de sus padres teniendo una discusión, del maestro de la escuela, de los perros del barrio, de las montañas, de las casas.

“Los impactos son difíciles de medir pero yo sí creo que el trabajo ha sido un apoyo a la comunidad en términos de crear y proyectar su propia imagen, en vez de que personas externas, profesionales de medios, se encarguen de esto. Sus imágenes han recorrido hasta la sala principal de las Naciones Unidas y también han sido colgadas en el exterior de las casas del barrio. Creo que el proyecto desarrolló una sensibilidad al poder de la imagen y el sentido de que es posible utilizarla como herramienta, no importa que puesto tengas en la sociedad”, dice Alex.

Elver-jose.jpgAnte la escasez de recursos, se utilizaron cámaras estenopeicas para hacer las imágenes. “Es lo más básico en la fotografía, una caja (o cilindro) oscuro y listo. Cuando teníamos presupuesto bajo, utilizábamos cámaras de lata, es decir, la fotografía es sumamente democrática en el sentido de que todos pueden acceder a ella”.

Las fotos de los niños de Altos de Cazucá ahora hacen parte de la memoria de la ciudad. Ningún otro reportero, ningún otro fotógrafo podría haber narrado esas historias de la forma artística y sumamente original como lo hicieron los niños. Citando a Roland Barthes, Álex dice que lo que hace que la fotografía documental pase de ser un documento a ser un arte es la relación afectiva que se puede plasmar entre el fotógrafo y lo fotografiado. “Por eso, los niños y jóvenes de DCP por lo general han sido fotógrafos tan exitosos: llevan miradas frescas y energéticas a sujetos con quienes tienen relaciones fuertes”.

Más información:

Ph15

Favela é isso aí

Viva Favela

Blog Curta Favela

Disparando Cámaras por la Paz

Fotoativa

Light Stalkers

Laberinto de miradas (Colectivo de fotógrafos)

Sub (Colectivo de fotógrafos)

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
CAPTCHA
This question is for testing whether you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.