Reglamentar para controlar
“Levante la mano el que usa alguna droga ilegal”. Pocos brazos respondieron al primer llamado del músico Tico Santa Cruz en el encuentro “Contribuciones de la juventud al debate sobre drogas” realizado por O Globo y Viva Rio, en Río de Janeiro. “Ahora levante la mano el que conoce a alguien que usa alguna droga ilegal”. Entonces sí hubo una avalancha de brazos alzados.
“Siempre que voy a alguna escuela o foro para hablar del tema de las drogas me gusta comenzar con estas preguntas, porque es importante sacar la hipocresía de en medio de la discusión. Y siempre que hago estas preguntas ocurre lo mismo: nadie alza el brazo en la primera y todo el mundo lo hace en la segunda. Ahí es cuando yo me pregunto ¿será entonces que ustedes no se conocen entre sí?”. La reflexión desató una ola de carcajadas en el auditorio y dio inicio a este encuentro que pretendía recoger ideas para alimentar el debate sobre la necesidad de una nueva política de drogas en Brasil.
Santa Cruz, reconocido no sólo por su trabajo artístico sino por su activismo social y posturas críticas, dijo claramente que respaldaba la legalización de todas las drogas, y no sólo de la marihuana. “Estoy a favor de la legalización de las drogas de manera general. Creo que dentro de esa legalización tiene que quedar claro que no se trata de un desorden, no se trata de legalizar para que las drogas puedan ser utilizadas por cualquier persona en cualquier lugar, sino al contrario, se trata de crear una legislación que cree reglas, así como existen hoy en día reglas para el uso de alcohol o de otras drogas y de sustancias que son vendidas legalmente”, argumentó.
Del mismo lado
A simple vista, el irreverente rockero no tendría mucho en común con otro de los panelistas, el coronel Jorge da Silva, ex secretario de Derechos Humanos del Estado de Río de Janeiro e integrante de la Comisión Brasileña sobre Drogas y Democracia, CBDD. Sin embargo, es mucho más lo que une a estos dos cariocas que lo que los separa.
“Yo antes no pensaba como pienso hoy –dijo el Coronel- pues como policía aprendí que es inmoral consumir drogas ilícitas. Sin embargo, soy usuario de alcohol y me gusta tomar un vino o una cerveza”. Con ello, el Coronel quiso explicar la inconsistencia entre la prohibición de ciertas drogas y la legalidad de otras, como el alcohol.
“La prohibición del alcohol generó el crimen organizado en Estados Unidos durante los años 30 porque ante la prohibición, varios grupos se armaron para satisfacer la demanda de mucha gente. Para solucionar eso, 10 años después las autoridades norteamericanas legalizaron y regularon el alcohol. Pero esa experiencia no sirvió para que ese país evitara el mismo error otra vez, y criminalizó otras drogas. El resultado: crimen organizado”, explica da Silva.
Para el coronel, doctorado en sociología, no tiene ninguna lógica hablar de descriminalizar el uso y criminalizar la venta. “Eso no entra en mi cabeza, tenemos que descriminalizar todo y regularlo”. Sólo así se podría tener un verdadero control de las drogas que usan las personas, según explica.
Santa Cruz revirtió la premisa de que quienes son usuarios de drogas y defienden la legalización están a favor de los narcotraficantes. “En mi opinión, aquellos que están contra la legalización son los que están favoreciendo a los traficantes de drogas porque son los que quieren que no haya control, que no haya reglas y maneras inteligentes de poder controlar esas sustancias de forma legal. Cuando creemos que prohibiendo resolvemos, estamos equivocados. Yo por ejemplo soy usuario de remedios controlados a través de un psicólogo, y yo no puedo comprar ese remedio si no tengo la receta firmada por mi médico. Por otro lado, si yo quisiera comprar marihuana o cocaína, voy a cualquier esquina y la compro”, dijo Santa Cruz.
Sometimiento social
El sociólogo Renato Cinco, organizador de la Marcha da Maconha, ahondó en las verdaderas causas del prohibicionismo. “Se debe a varios factores: intereses de la corporación medica de tener control de medicamentos, intereses religiosos de iglesias puritanas, e intereses sociales, como utilizar el pretexto del combate a las drogas para estigmatizar y perseguir determinados grupos. Esto es muy macabro pero es así. El fundador de la organización Law Enforcement Against Prohibition Jack Cole, estuvo recientemente en Brasil y una de las cosas que contó es que Estados Unidos encarcela 6,9% de su población negra mientras que sólo encarcela 0,9% de su población blanca. Y muchos otros investigadores de allá explican como la guerra contra las drogas es la criminalizacion de la población negra”, afirmó.
Además, Cinco hizo un paralelo con Brasil y dijo que la prohibición de la marihuana ha estado históricamente vinculada a la persecución de la cultura negra y que de un tiempo para acá, ha adquirido un papel de control social basado en la clase social. “No podemos decir que hoy día sólo los negros son estigmatizados, se trata de la criminalización de la pobreza, a través de la criminaliación de las drogas”, aseguró Cinco.
Por su parte, Sergio Vidal, representante de la Unión Nacional de los Estudiantes ante el Consejo Nacional sobre Políticas de Drogas, CONAD, enfatizó la importancia de derribar la barrera sujetiva que divide las drogas en lícitas e ilícitas, para así lograr desconstruir el modelo prohibicionista.
“Cuando se prohibieron ciertas sustancias se creó una separación artificial y se generó esa idea de drogas legales y otras ilegales, que es una idea falsa sustentada en el pretexto de defender la salud, lo que no ha sucedido. El prohibicionismo compulsivo es una enfermedad de nuestra sociedad, que lo único que ha generado es más violencia urbana y rural”.
Vidal dijo que una muestra de que este paradigma prohibicionista está montado sobre bases falsas fue la declaración del mismo CONAD en mayo pasado de que el gobierno brasileño había amañado datos científicos para argumentar que la marihuana haría mucho más daño del que realmente sugiere la evidencia científica.
De acuerdo con los participantes del encuentro, es importante avanzar a nivel nacional pero también lo es articular el cambio con otros gobiernos pues ningún país puede proceder de manera aislada. “Tampoco e trata de que esto aquí se vuelva una ‘Disneylandia’ para turistas del mundo entero que quieren consumir drogas”, dijo Santa Cruz.
Aunque se reconocieron algunas de las bondades de la Ley de Drogas de 2006, como que por lo menos hace diferencia entre usuario y vendedor, hubo unanimidad en que el defecto más grave de la legislación es que trata por igual a un expendedor de pocas cantidades, al autocultivador de marihuana y al narcotraficante que utiliza el terror para amedrentar a poblaciones enteras. Esto significa que un joven que es capturado por la policía con varios cigarrillos de marihuana para vender puede llevarse la misma condena que un narcotraficante a gran escala, que actúa dentro de organizaciones criminales fuertemente armadas.
Rubem Cesar Fernandes, director de Viva Rio –organización que realiza el secretariado de la Comisión Brasileña sobre Drogas y Democracia-, explicó que es urgente descriminalizar el debate para poder acercarse a los usuarios. “Para ofrecerles tratamiento, hay que acercarse a ellos y para acercarse a ellos, hay que descriminalizar… De otro modo queda muy difícil ofrecer otras alternativas a estas personas”.
Una de las jóvenes que asistieron al debate es la estudiante de Ciencias Sociales Gabriela de Brito. A sus 18 años ya tiene claro que para poder resolver el problema es preciso descriminalizar el debate. “El verdadero cambio solo acontecerá cuando la gente pierda el prejuicio hacia ciertas sustancias, prejuicio implantado por la política de la guerra contra las drogas y comenzar a discutir sobre sus usos, medicinales y recreativos”, explicó la estudiante.








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