Por un mundo desarmado

Las armas de fuego no tienen fecha de validez; atraviesan décadas sin perder su potencial ofensivo y su tendencia es sobrevivir a su dueño. Causantes de la muerte de cerca de 35 mil personas al año, el uso de armas de fuego en Brasil forma un nudo explosivo que sin embargo, puede ser desatado. El Seminario Internacional sobre Desarme, realizado los días 21 y 22 de octubre en Brasilia, discutió buenas prácticas internacionales de entrega voluntaria de armas por parte de civiles en campañas de larga duración y presentó casos relevantes de América Latina, África y Europa.
Foto: "Árbol de la vida" hecho por artistas de Mozambique con partes de armas de fuego entregadas en la campaña de desarme.
El evento, que marcó la adopción de la campaña permanente de entrega voluntaria de armas como política de Estado en Brasil, contó con la presencia de autoridades brasileñas del Ministerio de Justicia, la Secretaría Nacional de Seguridad Pública y la Red Desarma Brasil. Durante la Campaña de Desarme en Brasil fueron entregadas cerca de 500 mil armas voluntariamente entre 2004 y 2005, y legalizadas otras 600 mil armas irregulares.
Además de implementar el Estatuto de Desarme, la campaña salvó vidas. El resultado de esta iniciativa fue la reducción en 11% de la tasa de homicidios por arma de fuego el año siguiente a la entrada en vigor de la ley. Así mismo, la campaña generó un mayor conocimiento sobre el papel de las armas en la seguridad pública entre la población civil.
“No somos un país pacífico”, dijo el secretario Nacional de Seguridad Pública, Ricardo Balestreri, durante la ceremonia de apertura del seminario. “Nuestros índices de violencia nos ubican entre los cinco países más violentos del mundo. El ciudadano necesita entender que, a pesar de que los titulares de los diarios estén tomados por la confrontación entre la policía y el narcotráfico y sus armas pesadas aumentando la sensación de inseguridad, no es el crimen organizado lo que amenaza al ciudadano. Ochenta por ciento de las muertes por arma de fuego se dan en crímenes interpersonales”, explicó.
Foto: Balestreri habla al lado de Antonio Rangel Bandeira
Antonio Rangel Bandeira, coordinador del Proyecto de Control de Armas de Viva Rio, que organizó el seminario junto con el Ministerio de Justicia y la Red Desarma Brasil, describió la ganancia real que resultó de las campañas de recolección de armas y de la aprobación del Estatuto de Desarme que reguló la pose de armas en Brasil. “Hubo una reducción en el número total de armas en circulación en Brasil, pasamos de 17 a 16 millones de armas. La gran mayoría de estas armas está en manos de ciudadanos de bien. Cincuenta y dos por ciento de las armas, está en manos de hombres de bien, sólo cuatro millones de armas están en manos de criminales”, explicó Rangel.
El sociólogo recordó que la presencia de un arma en casa es una amenaza a la seguridad y no una garantía de la misma. “Las armas compradas legalmente acaban volviéndose contra sus dueños durante asaltos y, al ser robadas, hacen que el ciudadano de bien contribuya involuntariamente a armar a los criminales”, explicó.
Rangel citó el caso de dos famosos presentadores del Jornal Nacional, los periodistas y esposos William Bonner y Fátima Bernardes que fueron asaltados de madrugada dentro de su casa con una pistola que había sido robada de la residencia de un militar.
Según Darío Kosovski, coordinador de la campaña de recolección de armas en Argentina, las campañas de entrega voluntaria de armas están asociadas a una madurez del sector de seguridad pública y a una mayor regulación y control sobre las armas de fuego en la sociedad. La población argentina entregó más de 100 mil armas en 2009, proporcionalmente, tantas como las entregadas en la campaña brasileña.“Al recibir las armas de la población, el gobierno se hace depositario de la confianza de la gente y está llamado a celar la calidad de la seguridad pública”, afirmó Kosovski.
En Angola, el gobierno busca trabajar con la sociedad civil
La entrega de armas de fuego por la población está asociada a un voto de confianza en la paz sin el cual, la entrega no tendría la posibilidad de ser duradera. Dos países africanos que lideraron importantes campañas de desarme civil fueron representados en el encuentro. El general Paulo de Almeida, subcomandante de la Policía de Angola y coordinador de la Comisión Técnica de Desarme, vino a Brasil a exponer los resultados de la campaña angolana de desarme que completó su segundo año y que ya fue renovada por otros dos años.
“Tuvimos un período terrible de tragedia durante años y años en los cuales la población fue armada para la defensa de la nación. Cuando finalmente los conflictos cesaron, 70% del país estaba destruido, ciudades, puentes, autopistas”, recuerda Almeida. “Nuestra gran preocupación son las armas de guerra en manos de civiles, ahora estas armas tienen que ser devueltas a las fuerzas de la ley”, completó.
Foto: General Almeida
El general describió una campana capilar que comienza en el consejo que responde directamente al presidente representado por el Ministro del Interior, y pasa por las autoridades de las provincias, ciudades y llega a las aldeas. El comité va a las casas de los angolanos a recoger armas, de hecho el general resaltó que prácticamente no hay familia en Angola que no haya sufrido los efectos del conflicto armado.
De 2008 a la fecha, 77.585 armas fueron recogidas en el país, además de 42 mil cargadores, más de 320 mil municiones, 126 mil explosivos y 49 escondites fueron desactivados. Estos números crecen cuando se suman a las armas recogidas de los desmovilizados en el ámbito de acuerdos de paz, llegando a más de 300 mil armas”, resumió.
El general asistió al seminario en Brasilia no sólo para compartir su experiencia sino en busca de soluciones. “Nuestra campaña es de estado, pero aún no logramos involucrar a la sociedad civil. Es una contradicción pero los más pobres responden más puntualmente que las clases media y alta, que se sienten menos inseguras”, contó.
El general además mencionó su preocupación por la falta de apoyo de los medios en su país, que cobran caro en sus espacios para anuncios y que propaga una cultura de violencia. Angola actualmente está desarrollando un trabajo junto con Brasil para informatización de su policía e implantación de sistemas de análisis y control de armas, pero aún no hay datos sobre el número estimado de armas en la población.
Papel decisivo de las mujeres: el ejemplo de Mozambique
“Nuestra campaña comenzó realmente cuando, durante una discusión sobre la reconstrucción después de la guerra, una señora hizo una pregunta clave: ‘¿qué vamos a hacer con todas estas armas?’ Tuvimos que encontrar una respuesta”, dijo el religioso Titos J. Macie, del Consejo Cristiano de Mozambique. La entidad representa 22 denominaciones protestantes y dos asociaciones bíblicas, responsable del programa de Transformación de Armas en Azadones, TAA, fundado el año siguiente al del retorno a las elecciones pluripartidistas en el país, en 1994.
Foto: campaña dinamita armas en Mozambique
En sus 15 años de existencia la TAA recogió más de un millón de artefactos de guerra, incluyendo munición. Macie resaltó un punto común de todas las campañas de desarme presentadas en el seminario: el papel de la mujer como fuerza motriz del proceso.
Al contrario del ejemplo angolano, en la campaña “Cambie su arma por un azadón”, la iniciativa parte de la sociedad civil y busca trabajar en conjunto con órganos del gobierno. La campaña se basa en el fuerte incentivo para que la población adopte una cultura de paz. “El proceso es el del convencimiento, del incentivo de comenzar una nueva vida”, dijo Macie.
Según Macie, la población solo adhiere a la campaña de desarme cuando tiene fe en que el conflicto terminó. “Hubo varios acuerdos de paz frustrados que llevaron a períodos aún más desastrosos de guerra. Durante las treguas, siempre se estipuló la necesidad del desarme, pero fue sólo cuando la paz se firmó que la población comenzó a abandonar las armas. A veces, abandonaban las armas literalmente al borde de los caminos, así de grande era el deseo de dejar atrás la violencia”, recuerda el religioso.
Foto: intercambio de armas por techos de zinc en Mozambique
“Nuestro incentivo es cambiar armas no por dinero, que es conveniente pero esto puede simplemente alimentar un mercado de armas. Nosotros cambiamos armas por azadones, máquinas de costura, techos de zinc. Lo que queremos ofrecer es una nueva vida”, explicó Macie.
El religioso describió la campana de desarme como un proceso de desarmar conciencias y promover la educación cívica. Parte del proceso es no preguntar por el pasado de las armas y concentrarse en el futuro. “Ofrecemos a las personas la oportunidad de recomenzar. A veces andamos varios días seguidos en el bosque, conducidos por un exguerrillero hasta escondites de armas de guerra, que a pesar de enterradas se encuentran en perfecto estado”, explicó Macie.
Humor y crítica al apego masculino a las armas
Al presentar las campañas brasileñas, Rangel Bandeira enfatizó el espíritu provocador de las campañas en los medios, que cuestionaron la cultura del arma y la masculinidad, y el fuerte engranaje de los medios con la campaña de las organizaciones de la sociedad civil que abrieron puestos de reconocimiento de armas en iglesias y en ONGs en todo el territorio nacional.
“Nosotros cuestionamos la cultura machista que ve en el arma de fuego la expresión de virilidad. El buen humor y la apelación a las mujeres hecho en los anuncios de la campaña brasileña en 2004 fue bien recibido por la población. Nuestro mensaje es que quien tiene un arma en casa se vuelve más vulnerable y puede terminar por armas a los bandidos. El mensaje es serio, pero el bueno humor es contagioso y nuestra osadía fue recompensada”, dice Rangel.
Según él, hasta entonces el modelo de estrategias de comunicación era resaltar el miedo, el riesgo y la tragedia como en el caso de la campaña de salud pública contra el Sida, en Europa.
Imagen de la campaña brasileña, por Washington Olivetto, basada en obra de Miguel Paiva.
Brasil: en 2011, cómo llegar a la periferia
La pieza clave para el éxito de la campaña en Brasil fue la inutilización del arma de fuego en el acto de entrega. “No sólo es un gran incentivo para el ciudadano saber que su arma no va a ser desviada ni reutilizada sino que este hecho contribuyó a garantizar la seguridad en los puestos de entrega de armas”, explicó Rangel. Las armas entregadas fueron inutilizadas para ser posteriormente destruidas por el Ejército, único órgano autorizado para destruir armas según la legislación brasileña.
Actos simbólicos, como marchas a favor de la paz, ceremonias ecuménicas y demostraciones de destrucción de armas recogidas también fueron resaltadas en los medios de comunicación masivos. “La red Globo llevó nuestra discusión al horario de mayor audiencia al insertarla dentro de una novela. El autor de la novela Mujeres Apasionadas nos permitió escribir diálogos que problematizaban los lugares de las armas en la vida de los brasileños. Hoy eso es motivo de estudios académicos en Brasil y el exterior”, recordó Rangel.
Sin embargo, hay desafíos para la renovación de la campaña de desarme en el futuro. “Tuvimos gran respuesta de las mujeres que se preocupan por sacar las armas de sus hogares. Pero tuvimos menos respuesta de jóvenes de sexo masculino cuando traían armas, generalmente decían que estaban siendo presionados por la familia para entregarlas. Otro desafío es llegar a los jóvenes de las periferias y moradores de favelas”, dijo Rangel.
La prensa se rinde a los resultados en Argentina
“Sería una irresponsabilidad pedir a un joven habitante de favela que entregue su arma sin ofrecerle una garantía de su seguridad a cambio”, explica Darío Kosovki. “Eran tantas armas llegando a nuestros puestos de entrega que tuvimos que limitar la cuota de entra a 10 armas por persona al día, para que las filas andaran”, dice Kosovski.
Las armas eran entregadas anónimamente y destruidas en frente del ciudadano. Aquellos que preferían abrir mano del anonimato, lo hacían firmando un término de compromiso y ganaban un diploma de participación en la campaña.
Argentina, como Brasil, ofreció un valor en dinero como compensación por cada arma entregada. Pero, al contrario de lo que se hizo en Brasil, donde el ciudadano precisaba un documento, los argentinos recibieron cheques con valores correspondientes a la indemnización por cada arma o munición entregadas. Estos cheques podían ser depositados sin la presentación de ningún documento de identidad.
“Nos preocupamos por preservar la privacidad de los que entregaron armas, llegamos a evitar incuso fotos de las filas en los puestos de entrega y pedimos a la prensa que no gravase el proceso. La relación con la prensa no fue fácil, al inicio mostraron gran escepticismo pero el éxito de la campaña fue tal que nuestros resultados garantizaron un amplio cubrimiento mediático”, recordó.
Kosovski atribuyó parte del éxito de la campaña a la agilidad del proceso. “La población estaba acostumbrada a la morosidad de los órganos públicos y a la simplicidad y rapidez del proceso de entrega, la destrucción del arma y la compensación fueron un estímulo más”, dijo..
"Vida sagrada y Desarme": índices de violencia caen en Bogotá
El cambio de mentalidad y la concientización por la paz fue un tema importante en el relato sobre la campaña de desarme en Bogotá, Colombia, ofrecido por Juan Pablo Hernández, del proyecto Vida Sagrada y Desarme. El programa fue realizado en colaboración con la Alcaldía de Bogotá y recogió 6.731 armas de fuego, 99 mil municiones y 683 explosivos, en 17 campañas realizadas entre 1996 y 2009.
El período de las campañas concluyó a un notable descenso en la tasa de homicidios en Bogotá: de más de 60 homicidios por 100 mil habitantes se pasó a 39 por cien mil habitantes en 2009. La campaña lideró jornadas pedagógicas de desarme, llevando mensajes de paz a las calles, escuelas y prisiones, desarrollando un material informativo y lúdico para diseminar la práctica de la paz en la población. Un aspecto fuerte de la campaña fue convocar a artistas plásticos que transformaron armas de fuego en armas blancas y en obras de arte celebrando la paz.

Imagen: Material didáctico, campaña de Bogotá
Otras fotos: Comunidade Segura.
Traducción: Andrea Domínguez








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