Abajo el muro de la exclusión

moises_marins_protejo_edit.jpgEl Protejo, una iniciativa de rescate de jóvenes en situación de riesgo, da clases de ciudadanía y abre espacios de debate entre jóvenes que habitan en comunidades dominadas por el narcotráfico en ciudades de Brasil.

El Protejo, una de las 24 acciones del Programa Nacional de Seguridad Pública y Ciudadanía (Pronasci), del Ministerio de Justicia, será implementado por la organización Viva Comunidade, en una pequeña comunidad del municipio de Cabo Frío, que creció alrededor de un gran basurero al norte del estado de Río de Janeiro. El Protejo ya ha atendido a mil jóvenes de comunidades de baja renta el suburbio de San Gonzalo y a otros 500 en la región metropolitana de Río, más exactamente en la favela Maré, en la zona norte de la capital fluminense.

Pero, ¿a quién y de qué protege el Protejo? “El Protejo hace inclusión social”, afirma Moisés de Azevedo Marins, habitante de la favela Maré. “Él nos llevó a repensar a qué mundo pertenecemos, ¿a un mundo bajo la tutela del narcotráfico o a un mundo con instituciones públicas que protegen nuestros derechos y deja claro cuáles son nuestros deberes?”, cuestiona el joven que hoy trabaja como auxiliar de oficina. Pero no siempre fue así. Él es uno de los 100 jóvenes en situación de riesgo que participaron del Protejo en la comunidad, entre septiembre de 2009 y abril de 2010. “Fue la primera vez que oímos el lado del Estado, hasta entonces, nosotros sólo sabíamos de los narcotraficantes”, reconoce Marins.

alex_goes_edit.jpgInnovador en sus objetivos, el Protejo busca proveer formación ciudadana, proporcionando elementos que contribuyan a las metas de iniciación profesional y aceleración escolar. “Nuestro objetivo es que los jóvenes beneficiados retornen a la educación formal e ingresen  al mercado de trabajo”, explica Alex Goes, coordinador pedagógico de Viva Comunidad.

El Protejo se destina a áreas con altos índices de vulnerabilidad e inseguridad y es dirigido a jóvenes de 15 a 24 años, que componen el grupo más afectado por la violencia armada en el país.

Antes de aprobar el proyecto, el Ministerio de Justicia usa una evaluación territorial para llegar a los jóvenes más aislados del Estado. “En el territorio encontramos jóvenes que no completaron su educación básica o media o que están cumpliendo una medida socioeducativa, y también hay jóvenes que ya pasaron por el sistema penitenciario porque muchos son mayores de edad”, cuenta Goes.

Protejo abierto a todos

El proyecto es abierto a todos y rompe barreras desde su concepción. “Partimos del principio de que todo joven morador de una comunidad de baja renta es vulnerable. Esta es la puerta de entrada a nuestro segundo precepto, que es el de la integración”, revela Goes.

“Damos prioridad a los que están desfasados en la escuela y para los que tienen problemas con la justica, pero también le damos la oportunidad al joven que está estudiando o al que está ingresando en la universidad. Con esto, estimulamos la integración entre las clases sociales de ese territorio, que es otro factor de confrontación y de extrañeza entre ellas”, analiza Carlos Costa, coordinador general de Juventud y mediador de conflictos de Viva Comunidad.

Según él, Jardim Catarina y Salgueiro, las dos comunidades donde fue implantado el Protejo de Sao Gonzalo, tiene los peores indicadores de violencia de la región, con una tasa de criminalidad que la ubica en el trigésimo lugar en Brasil. Costa coordinó y ejecutó el Protejo en el municipio fluminense.

Cada beneficiario recibe un auxilio de 100 reales (aproximadamente 63 dólares) y tiene que cumplir una carga horaria de aulas teóricas y prácticas. Son 800 horas de formación ciudadana, matemática, portugués e iniciación al mercado de trabajo. Además de esto, participan en actividades culturales y deportivas.

“No todo son aulas teóricas. La institución ejecutora puede hacer su propia programación para esas horas. Por ejemplo, si Viva Comunidade ejecuta el proyecto, puede incluir una clase de formación en derechos humanos, multimedia y documental”, completa Alex Goes.

Como resultado, el valor del financiamiento movilizado por el Protejo varía. En los dos proyectos coordinados y ejecutados por Viva Rio, el costo del proyecto por joven fue de 80 reales (50 dólares) en San Gonzalo, y 115 reales (72 dólares) en la Favela Maré. En el proyecto de la comunidad de Rainha da Sucata, coordinado por la prefectura y ejecutado por Viva Comunidade, el costo por cada joven va a ser el triple.

carlos_costa_edit.jpgCuestionar certezas, derribar muros

Para Carlos Costa, el proyecto promueve un cambio de mentalidad y parte de eso pasa por desconstruir las propias líneas territoriales y de confrontación. Más que eso, separa el peligro real del folclore del narcotráfico. “Cuando estamos en Maré, llegamos en medio de una guerra de facciones: 160 mil habitantes, cuatro facciones criminales, fronteras que las personas no pueden atravesar, un ambiente altamente hostil. Nuestra preocupación era superar la lógica local”, recuerda Costa.

Desde el inicio, el Protejo dividió los jóvenes en grupos que respetaban las divisiones locales, después, promovió la interacción entre los grupos a través de seminarios colectivos organizados y realizados por los propios alumnos e organizó visitas a lugares fuera del territorio, como por ejemplo, comunidades pacificadas en otras áreas de Río.

“La interacción cuestionó certezas y aproximó a los jóvenes, primero a sus pares del otro lado de la frontera, después dio una nueva visión del Estado, incluyendo la policía, el sistema de salud y la escuela”, celebra Costa.

beatriz_pereira_protejo_edi.jpg“Lo que más me gustó del Protejo fue aprender sobre nuestros derechos y deberes. En la comunidad, nosotros sólo tenemos la visión del narcotráfico que intenta comprarnos con ciertos beneficios. El Protejo fue a abrir la puerta hacia un mundo más grande”, cuenta Beatriz Pereira da Silva, habitante de Maré y beneficiaria del proyecto en la comunidad. Hoy, Beatriz es auxiliar de una oficina y planea estudiar administración de empresas.

Según los coordinadores, cada paso involucra una ruptura con la cultura del miedo. Al presentarse la comunidad como brazo del Estado, el Protejo cuestiona la fuerza de los falsos líderes locales, el poder del narcotraficante y el folclore local que cercena la autonomía real de los moradores.

Para Carlos Costa, esto significa cuestionar la valentía del traficante que pone adolescentes de 14 años en la línea del frente con la policía. “Significa mostrar que el policía violento puede ser responsabilizado por sus acciones a través de la justicia. También significa que el adolescente debe sentir la voluntad de buscar condones en el puesto de salud de la comunidad”, explica el
coordinador.

Una vez movilizados los jóvenes, está siempre el problema de la evasión. El Ministerio de Justicia espera 100% de aprovechamiento del programa, pero Alex Goes cuestiona esa metodología. “En San Gonzalo comenzamos con mil jóvenes y terminamos con 635. Dentro de los 265 jóvenes restantes –que el Ministerio de Justicia considera evadidos’ teníamos desde los que abandonaron el proyecto hasta los que retornaron al sistema escolar y se insertaron en el mercado de trabajo”, aclara Goes.

¿Y después?

El Protejo tiene comienzo, desarrollo y fin. “En realidad, cuando el Protejo llega a una comunidad, lo primero que busca es establecer alianzas con entidades locales, iglesias, grupos culturales, asociaciones de moradores.  Nos preocupamos especialmente por rechazar clara y públicamente cualquier ligación con organizaciones criminales. Como resultado, el propio proceso ayuda a encontrar y desarrollar liderazgos locales, inclusive entre los jóvenes. Después de esa inmersión en ciudadanía, la semilla ya queda plantada. Una repetición pierde sentido”, concluye Carlos Costa.

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