Nadie te fuerza a hacer algo que no quieres hacer

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Recuerdo cuando era solo un niño creciendo en una de las comunas de Medellín, donde contaba con una familia humilde que no tenía un trabajo muy apropiado para los gastos que necesitaba la casa, donde había que pagar un arriendo, alimentación, servicios etc. Éramos muy carentes de dinero, mi madre tenía que trabajar y a la vez le tocaba también ser padre, yo salía de la escuela y observaba en la cotidianidad de una esquina un parche, o combo como lo llaman hoy en día, viendo tanto consumo aterrador de drogas. Y no solo esto, si no viendo como llegaban estas personas de delinquir y no se les daba nada contar sin pena a ser escuchados por los niños, vecinos, no respetaban la comunidad…

Transcurrían los años y yo iba creciendo,  por ser cercano a estos infractores de la justicia me empezaron a tener un poco de confianza, me utilizaban para  transportar armas, se las guardaba sin que mi pobre madre sospechara, y sin darme cuenta de la situación que  me esperaba más adelante. Fue a los trece años de mi vida cuando se me ocurrió la idea de consumir drogas y portar mi propia arma  para protegerme y esa solo era una disculpa.

Cuando comencé mi adicción a las drogas empecé con el perico (cocaína), esto me producía tanta ansiedad que luego siguió el cigarrillo, después la marihuana y las pepas (pastillas). Era tanta mi adicción que ya empezaba a hacerme falta la plata para sostener este vicio, fue allí cuando me enredé la vida con las amistades que me ofrecían unas alternativas no comunes y de mal ejemplo, que ellos lo llamaban camellar (consiste en el robo de objetos, o acciones no validas), luego no me conformaba con estos pesos y comencé a robar a las personas que con mucho esfuerzo trabajaban para llevar un sustento a su familia o que se yo.

Paso el tiempo y ya no me gustaba este tipo de hurto si no un poco mas de adrenalina y seguí con el robo de automotores y ahora era con revolver que lo conseguíamos con el mas influyente de el parche. Pero esto no era gratis.  Este sujeto nos prestaba sus armas pero a cambio nos pedía un porcentaje de lo adquirido en estos robos, y yo ya pertenecía a un combo donde éramos una banda de ladrones y donde  había que probar finura cuando otro combo se metía con cualquiera de los compañeros de esquina; aquí se reconocía quien era quien.

Ya teníamos  fama en el barrio y la comunidad nos tenia identificados como transportadores del terror y por eso llegaban trabajos extras, que solíamos hacer  como era el cobro de dineros a individuos que eran morosos, también teníamos influencia con algunos de los que se creen dueños de las calles o los llamados patrones o jefes, nos daban sectores para cobrar vacunas pero su nombre verdadero es extorsionar.  Va pasando el tiempo y sin darme cuenta resulte en medio de este conflicto porque me toco la época de los famosos paramilitares: un grupo de patrones del delito donde lo único que hacen es utilizar cuanto joven se les atraviese para convertirlos en asesinos a sueldo y lo peor, uno lo valida.

Participe de  muchos delitos atroces como homicidios, hurtos, extorsiones, entre muchos más que no podría ni nombrar, y en esto se me iba la vida. Fue entonces cuando conocí la cárcel, estuve allí varias veces pagando  condenas por hurto agravado y calificado con porte ilegal de armas, fueron los momentos más horribles de mi  vida donde me toco soportar el hambre porque la comida era espantosa, humillaciones porque aquí en Colombia en la cárcel se sobrevive siempre y cuando tengas dinero, o rebuscársela para que te respeten y poder sobrevivir. Por mi terquedad no entendía las lecciones que la vida me estaba dando y por eso volvía de nuevo a este lugar. La última vez aalí con la esperanza de empezar de nuevo y de no volver ya que allí viví el abandono de muchos amigos, la novia, mi familia y  varios del parche perdieron sus vidas en ese mundo.

Al querer buscar otras posibilidades llegue a un barrio y allí me encontré de nuevo con ese mundo de oscuridades y de sombras fue una lucha constante con querer cambiar pero lo que me proponían constantemente no permitía cumplir mi promesa. Sin pensar encontré el afecto y construí una familia con una mujer que vivía también en ese mundo del cual yo quería salir, pero de nuevo me enredé…

Esta vez era distribuidor de estupefacientes y el que manejaba el sector. Mi adicción a las drogas aumentaba cada vez mas y mi figura físicamente se iba deteriorando, sin contar con las relaciones  con las que te comprometías cada vez más, con los enemigos ocultos, las armas, los problemas, los enfrentamientos, los allanamientos constantes de la Policía y la fiscalía, o las negociaciones con la policía por dinero y con el que llevara la vuelta en Medellín para poder trabajar y todo lo que esto implicaba por ser el de mayor poder.

La esperanza…

Por momentos me miraba al espejo y después de mis locuras reflexionaba como mi vida se hundía cada vez más. Pero la vida de nuevo me daba la señal que muchas veces pedí para salir de todo esto,  a raíz de un problema muy grave tuve que irme del barrio.

En esos momentos no conté con la ayuda de nadie y menos con la de mis amigos y mi nueva familia, no sabía qué hacer ni a donde ir, entonces me acorde de una chica que hacia parte de un proceso de convivencia ya que esta realizó muchas veces trabajo con los jóvenes que estaban en mi sector y se reunían  para mejorar la convivencia. Yo era más bien alejado pero les colaboraba cuando podía. Esta hermosa mujer respondió a mi llamado y me brindó lo que necesite en el momento, después de ese día todo cambio, mi cercanía con ella y lo que había hecho por mi me permitió conocer otro mundo, este si real y  supe que sí se podía transformar de verdad mi vida gracias a el afecto y al Amor volví a creer en la vida.

Conocí entonces el proceso de la entidad en la que ella trabaja y me aceptaron sin importarles mi pasado y por el contrario me brindaron el afecto para seguir mirando que sí se puede salir de ese mundo oscuro, basta con tener quien te apoye y tus deseos de salir adelante y de cambiar y transformar la  realidad. Gracias a la vida por haberme presentado esta salida, esta fue la que me permitió salir y ver un mundo en el que yo no pensé estar. Hoy me encuentro aprendiendo y mejorando mi proyecto de vida, deje todo atrás, las drogas, las amistades y todo lo que absorbió mi vida,  mi apariencia física cambio totalmente y socialmente soy mirado con otros ojos, los amigos del pasado casi ni me reconocen y el acercamiento de nuevo a mi madre hoy  me permite  mirarme de nuevo a los ojos con orgullo de ver el hombre que hoy soy y que puedo servir de referente para mis hijos y para otros jóvenes que no ven posibilidades de transformar sus vidas. Es un proceso del que se debe tener mucha perseverancia y entrega para no decaer en los momentos de dificultad que se puedan presentar, pero que con el apoyo y el Amor su camino es más llevadero.

Reflexión…

Bien es cierto que nadie  te obliga a hacer nada que  no desees, pero el entorno y tus amistades tiene mucho que ver en tu vida, para las acciones que vas a realizar…

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