Mi vida en la calle y en la Mara
Gustavo Cifuentes Castellanos (el MISH), APREDE
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Mi nombre es Gustavo Cifuentes Castellanos y en la calle me pusieron MISH (sinónimo de gato), quisiera comenzar relatando mi historia desde el final, soy maestro y soy coordinador de proyectos en APREDE, además trabajo como director del programa reinserción social del Ministerio de Cultura y Deportes del Gobierno de Guatemala. Previo a esto, me encontraba purgando una condena de 30 años de prisión y fue en la cárcel donde tuve la oportunidad de estudiar y graduarme de maestro de educación primaria es por eso que divido mi vida en dos etapas.
Voy a contarles mi vida en la calle: soy hijo de un militar guatemalteco, en la época de mi niñez, Guatemala se encontraba en guerra civil. Los militares tenían mucho poder y una buena condición económica por lo que puedo decir que no provengo de un hogar pobre, mi madre tiene como tres títulos universitarios por lo que puedo decir que tampoco existía ignorancia; sin embargo mi papa era transferido de un pueblo a otro y a donde él era transferido encontraba mujeres y esto provoco que cuando el regresaba a casa ya no apreciaba a mi mama y los problemas y las discusiones eran más frecuentes hasta llegar a los golpes, pero aun así mi papa era muy cariñoso y un buen papá, creo que no era buen esposo, pero si un buen padre. Un día ellos hablaron de divorcio y me preguntaron con quien elegía quedarme, en ese entonces tenía nueve años, ante esa pregunta y ese dilema me dio por escapar a los problemas familiares, busque un bus y me subí al mismo sin rumbo fijo o determinado, solo quería huir, el bus me llevo a la ciudad de Guatemala. Soy del municipio de Momostenango del Departamento de Totonicapán, en el occidente del país, está a 5 horas del camino de la ciudad capital, al encontrarme en la terminal de buses tuve el deseo de regresarme a mi casa, allí me di cuenta que estaba perdido, camine sin rumbo hasta que un grupo de niños de la calle me ofrecieron ayuda y me quitaron la ropa, creo que es el día que he sentido más miedo en mi vida. En ese momento otros niños, a los cuales vi con mucha desconfianza y temor, se me acercaron, pero ellos me regalaron una pantaloneta y me ofrecieron pegamento de zapatos para no sentir frío, miedo y mucho menos hambre. Al inhalar dicho pegamento sentí que perdía la razón, quise atravesarme una calle y un carro estuvo a punto de atropellarme, esto hizo que vecinos del lugar llamaran a la policía y me condujeran a un hospicio, lugar donde tuve la oportunidad de conocer otros niños, entre ellos niños que vivían en la calle, quienes me invitaron a escapar de este lugar. Luego me enseñaron a sobrevivir en la calle, a conseguir comida y dinero para comprar drogas. Una regla importante para subsistir en la calle era que siempre tenía que estar sucio para poder vender lastima y así poder conseguir y solventar mis necesidades esto se convirtió en un ciclo vicioso donde entraba y escapaba del hospicio. Es aquí donde cambia el escenario y empiezo a entrar a las cárceles de menores correccionales. Entrada mi adolescencia, edad donde comienza la atracción por el sexo opuesto, me di cuenta que andar sucio y consumiendo las drogas que yo usaba me alejaba de las muchachas y logre conocer a otro tipo de jóvenes, los cuales siempre vestían bien, usaban ropa de marca, eran respetados por la gente común y atractivos para las muchachas de su edad, además dentro de ellos podía identificar que había cariño y mucha solidaridad y pensé que era la vida que yo quería. Busque la forma de involucrarme a una de las maras en ese momento, la más grande de Guatemala, la 18 calle. En ese momento los rituales de iniciación fueron un reto de orgullo, yo era de los más pequeños del grupo y me tenían algún tipo de consideraciones; de tal manera que a los 16 años yo era el jefe de este grupo. Mi vida siempre estuvo muy ligada con la cárcel ya que la última vez que estuve frente a un juez, me leyó mi historial y me hizo el recuento y me di cuenta que tenia 72 ingresos a la cárcel y que en la cárcel yo había estudiado panadería, electricidad, serigrafía, y un montón de cursos pero nunca había pasado por mi mente el cambiar de vida. Aprendí a manipular mi historia y presentarles cuadros sociales a mi conveniencia, pero siempre había permanecido por muy poco tiempo, (45 días), el tiempo más largo que estuve en prisión fueron 3 meses.
Pocos años después, por intentar robar una cámara de video, la persona a la que le intente robar, era enfermo de diabetes y falleció por la impresión, este fue el último delito que me llevo a la cárcel por lo cual me sentenciaron a 30 años de prisión. Mi vida en la cárcel estuvo ligada a mi mara durante un largo período, hasta que me fui dando cuenta como poco a poco se iba alejando de mí y como en realidad estaba solo, que el discurso de la mara “que estábamos unidos hasta la muerte” eran mentiras. Al principio recibía visitas constantes, casi todas las semanas, pero poco a poco las visitas eran más distantes y sólo cuando algún miembro de la mara llegaba preso, yo era el referente de apoyo pero, cuando salían nunca se acordaban de regresar de visita. Me di cuenta nuevamente que estaba solo.
En la cárcel había pocas oportunidades de trabajo y por no tener visita, solicite el empleo para la venta de papel sanitario, el que se utilizaba cuando las esposas llegaban a visita y tenían intimidad. Identifique que las señoras iban acompañadas de sus hijos, y un día le propuse a una de ellas que yo podía cuidar a su niño en lo que ella estaba en la intimidad con su esposo, ella me ofreció la cantidad de Q5.00 por cuidarlo, luego se acerca otra señora preguntándome si era mi hijo, yo le explique que me pagaban por el cuidado, me pidió que le cuidara a sus dos niños, y fue así como en 15 días aproximadamente me solicitaron que cuidara a 500 niños. Yo tenía el conocimiento que adentro habían 2 personas privadas de libertad que anteriormente trabajaban de payasos. Les ofrecí trabajar con estos niños, hasta un día una agencia internacional se intereso en el proyecto y a cambio nombraron un abogado para revisión de mi caso.
Un 24 de diciembre había preparado una cena para compartir con mis compañeros y fue para mí una sorpresa cuando los guardias me dijeron que el director de la cárcel quería hablar conmigo, llegue donde el director me notifico que había llagado una orden de libertad y que tenía que irme en ese momento, le dije que me permitiera quedarme esa noche pero me dijo que no podía porque era delito desacatar una orden del juzgado. Le rogué para que no me sacaran ya que después de 7 años no conocía a nadie en la calle y no tenía a donde ir.
Nuevamente sentí tanto miedo como la primera vez que afronte la calle, bueno ese día casi me dejaron mis maletas en la calle, me dijo que todas la personas que él había conocido en el presidio, hubieran dado cualquier cosa porque le dieran la oportunidad de salir libres y que a mí que me estaban dando la oportunidad era malagradecido. Luego me dijo que las personas como yo siempre regresaban y me notifico que mi libertad era para hacer servicios a la comunidad. Ese día salí caminando sin rumbo y con mucho miedo, cuando yo estuve en la cárcel había tenido la oportunidad de conocer al licenciado Emilio Goubaud, era una persona que ayudaba mucho a las personas que estaban metidos en maras y siempre hablaba de cambios de actitud, cosa que para mí, no era conveniente que se acercaran a él. Eran vistos como cobardes y yo en especial tenía el concepto de que yo no podía hablar con el porqué, era una muestra de debilidad. Alguna vez me pareció interesante lo que él decía pero trataba de alejarme lo más posible y ese día cuando yo empecé a caminar fuera de la cárcel fue para mí sorprendente que él me alcanzara en el camino y me invitara a pasar la navidad en su casa y realmente fue un choque darme cuenta que había en su mesa un lugar para mí y además un regalo y un abrazo, como si fuera parte de esa linda familia que no me miraban con desconfianza sino con cariño. Nunca me había imaginado lo bien que es pasar una noche en familia desde ese momento el Licenciado Emilio Goubaud me enseño que había otras formas de vivir, que el cariño no se compra con violencia que lo que se arrebata no es de uno y que la "MARA" no es el único referente familiar que existe.........
Yo pienso que es uno de los mejores momentos pero que como todo lo bueno pronto terminaría, pero no fue así el día siguiente. María que es la esposa del licenciado me preparo chilaquilas y me dijo que las había hecho para mí, la verdad que sentía que no merecía tanto. Luego mi primer día de empleo fue en los bomberos y comenzó nuevamente ratos muy difíciles me miraban como si fuera un animal raro me tenían un plato especial porque creían que podían contagiarse de alguna enfermedad que yo hubiera adquirido en la cárcel en la primer oportunidad me cambiaron de trabajo y fui a un parque hacer jardinería estuve haciéndolo durante un periodo de tres meses. Luego existía la posibilidad de hacer un trabajo de conserjería en uno de los centros correccionales donde yo había estado muchas veces y fue bueno porque cuando yo llegue a trabajar muchos de los jóvenes que estaban presos en este lugar eran de la calle 18 y habían oído hablar de mí y oían historias muchas de ellas no eran ciertas pero yo no lo desmentía porque miraba que me miraban con admiración. Un día sentí la necesidad de hablar con ellos sobre la vida a la que le estaban apostando funcionarios de este lugar vieron que muchos jóvenes se identificaban con lo que yo decía y me ofrecieron trabajar como instructor de educación física y era relativo porque era un nombre bonito. Mi trabajo era poner a los jóvenes hacer castigos físicos y siempre tenía como alumnos a los más malcriados, pero siento que era una buena posibilidad de sentirme útil y ayudar. Luego se fueron dando cuenta que yo de tantas veces de estar en la cárcel sabía mucho de leyes y me propusieron trabajo como procurador y asesoraba legalmente y acompañaba estrategia de defensa legal. Esto fue por un periodo de 6 años. Un día el director salió de vacaciones y me toco ser director interino y cuando hable con los jóvenes les conté que un día yo había estado preso allí y que en ese momento yo estaba de director. Luego Emilio fundó la asociación para la prevención del delito y me ofreció empleo de educador, otra gran experiencia. Las maras evolucionaban y cada vez se visibilizaban más y muchos de mis alumnos murieron tratando de cambiar de vida. Tuve la oportunidad de trabajar con jóvenes ya no solo de la dieciocho sino con jóvenes de la mara salva trucha, en conjunto con los funcionarios de APREDE. Fuimos creando metodologías que respondían a las necesidades de los jóvenes que estaban en pandillas.
Un día, haciendo un trabajo en una comunidad con la policía y jóvenes de la 18 mataron a uno de mis pocos amigos de la infancia que en ese momento trabajaba como asistente de Emilio, identificamos la posibilidad de trabajar en espacios seguros. Estas experiencias me han dejado grandes aprendizajes y por el momento soy una persona que goza de tener una linda familia, recupere a mi madre, a mi esposa y tengo tres hijas lindas, que me llenan de satisfacción con sus muestras de unidad, solidaridad e inteligencia, su excelencia educativa y su preocupación por los indigentes y niños de la calle.
Todos los días trabajo en lo que más me gusta y sé que lo que les cuento puede servir para trasmitir un mensaje de esperanza a todos los chavos que están en problemas y que tienen temor de dar ese paso de esperanza: atravesar ese puente que divide lo correcto de lo incorrecto. De pedirle a Dios todos los días, la oportunidad de ayudar y no permitir que le haga daño a nadie.
En este artículo se ha respetado la forma de expresarse del joven protagonista de la historia.








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