Menos armas, menos muertes
Por Graciela Bittencourt y Shelley de Botton
El asesinato de 12 adolescentes en una escuela de la periferia de Río de Janeiro puso sobre la mesa un tema esencial para el mantenimiento de la seguridad y el combate a la violencia urbana: el control de armas de fuego. Brasil tiene una de las leyes más rígidas del mundo en ese sentido, que ha sido tomada como modelo para legislaciones de otros países. Aprobado en 2003, el Estatuto de Desarme establece una serie de restricciones a la compra y porte de armas por parte de los ciudadanos. Si la ley se cumpliera, Río no estaría hoy lamentando una de las mayores tragedias de su historia.
En la mañana del jueves 7 de abril, Wellington de Oliveira, de 23 años, entró en la Escuela Municipal Tasso da Silveira, en Realengo, suburbio de la periferia de Río de Janeiro, y protagonizó una masacre nunca antes vista en Brasil: 12 adolescentes fueron asesinados y otras 12 personas quedaron heridas por la acción de este joven.
Oliveira usó dos revólveres, uno calibre .32 robado hace 18 años a un civil, y otro calibre .38, cuyo número de identificación está raspado (lo que dificulta el rastreo de su origen). Además, el asesino llevaba más de 120 proyectiles.
De luto por cuenta de esta tragedia, Viva Rio insiste en la necesidad de un mayor control de las armas en circulación en el país, por parte del Estado. El Estatuto de Desarme, ley federal que reglamenta el registro, porte y comercialización de armas de fuego y munición, que entró en vigor en 2003, establece 15 requisitos para que alguien pueda comprar un arma.
Sin embargo, según Antonio Rangel Bandeira, coordinador del Programa de Control de Armas de Viva Rio, estas exigencias no son puestas en práctica. “La ley en Brasil es muy buena, pero no se cumple. El acceso a un arma es fácil y los almacenes de armas no son debidamente controlados por las autoridades competentes”, explica.
En opinión del coronel Ubiratan Angelo, coordinador del Programa de Seguridad Humana de Viva Rio y excomandante general de la Policía Militar de Río de Janeiro, la tragedia no podría haber sido evitada por la acción de la policía o por la restricción de acceso a la escuela. Sin embargo, el hecho sí tendrá repercusiones en la seguridad pública, reconoce Angelo.
“La escuela, especialmente la escuela pública, es un espacio democrático y comunitario. El nudo del problema reside en el control de armas y municiones en las manos de civiles. Lo acontecido refuerza la necesidad de la campaña de desarme”, asegura el ex policía.
El investigador del Programa de Control de Armas de Viva Rio, Júlio César Purcena agrega que “esta masacre muestra, de forma muy trágica y dura, que nuestro problema con las armas de fuego tiene mucho más que ver con cuestiones de control interno que externo. Esto es algo en lo que venimos insistiendo desde hace tiempo. Espero que a partir de ahora el debate ‘fusil-frontera’ sea por lo menos compartido con el debate ‘revolver-control interno’”, dice Purcena.
Brasil es campeón en números absolutos en muertes por armas de fuego: en los últimos años, el país presentó una tasa media de 20 muertes por arma de fuego, por cada cien mil habitantes. De esas muertas, 90% son homicidios, de acuerdo con datos de Datasus.
Según investigación realizada por Viva Rio en colaboración con el Ministerio de Justicia, existen hoy en circulación en Brasil cerca de 16 millones de armas de fuego, de las cuales 7,6 millones son ilegales. De este total, cerca de 14 millones están en manos de civiles, según investigación de Viva Rio realizada a partir de fuentes oficiales.
Los calibres .38 y .32 en el estado de Río representan el 5,7% del total de armas en manos de civiles en Brasil, 40% de las cuales son ilegales. De las armas aprehendidas en el estado, 75,3% son armas cortas (revólveres y pistolas) y 79,6% son de uso permitido. Los calibres .38 y .32 –precisamente las armas usadas por el asesino de Realengo- representan 52%. Casi 70% de las armas que circulan en el país son de fabricación nacional, lo que refuerza la necesidad del control interno previsto en el Estatuto de Desarme.
Los datos son de la División de Fiscalización de Armas y Explosivos (DFAE) de la Policía Civil de Río de Janeiro.
El ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, anunció la realización de una nueva campaña por el desarme en Brasil, esta vez de carácter permanente y que será realizada siempre en el mes de julio. Una Caravana Nacional por el Desarme va a recorrer varias capitales del país para movilizar líderes y pobladores en general.
Entre junio de 2004 y octubre de 2005, la Campaña Nacional de Desarme recogió cerca de 500 mil armas de fuego. Según el informe “Vidas salvadas; el impacto del desarme en Brasil”, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, la disminución del número de armas en circulación en Brasil después de la campaña hizo que más de cinco mil vidas fueran salvadas, una reducción de 15,2% en número de muertes por armas de fuego en 2004 en relación al año anterior.
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