Violencia juvenil en aumento

Entrevista realizada en alianza por el portal Comundiade Segura y el Fórum Brasileiro de Segurança Pública

ENTREVISTA / Ignácio Cano

Cano_peq.jpgCiudades intermediarias en el interior de Brasil presentan los índices más altos de mortalidad entre jóvenes y el Nordeste es la región con mayores tasas de violencia letal de acuerdo con el Mapa de la Violencia 1011 “Los jóvenes de Brasil”, lanzado por el Instituto Sangari.

De acuerdo con el estudio, los homicidios son la principal causa de muerte de jóvenes entre 15 y 24 años. En la última década, este tipo de crimen fue responsable por casi 40% de las muertes de jóvenes en Brasil, mientras en la población adulta, el índice quedó cercad de 2%.

Los datos fueron confirmados por el Índice de Homicidios de Adolescentes, producido en 2010 por el Observatorio de Favelas, en alianza con el Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad Estadual de Río de Janeiro, la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República y Unicef.

En esta entrevista con Ignacio Cano, del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad Estadual de Río de Janeiro (Uerj), interpreta los resultados de las investigaciones. El experto alerta que el riesgo de muerte de los adolescentes es mayor que el de la población en general y explica que la pobreza y la baja calidad de la educación están asociadas a la violencia letal. Según Cano, la violencia debe ser combatida con la inserción social de la población más pobre y con políticas de control de armas y de seguridad pública volcadas hacia la reducción de los homicidios. Cano discute además la implantación de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) en Río y la producción y divulgación de datos sobre Seguridad Pública en Brasil.

De acuerdo con el Mapa de la Violencia 2011, mientras la tasa de moralidad total de la población brasilera cayó, la de los jóvenes subió impulsada por los homicidios. En la población no joven, 2% de las muertes son por homicidio. Entre los jóvenes ese porcentaje es de 40%. ¿Estamos frente un genocidio de jóvenes?

Genocidio no es la palabra más adecuada, pero ciertamente estamos frente a una situación de crisis muy grave que tiene impactos terribles para la juventud y la sociedad desde los puntos de vista demográfico, económico y político. Como las personas mueren jóvenes, hay impactos en la pirámide demográfica, en la generación de renta de las familias, en las mujeres que no encuentran compañeros. Es una tragedia que terminamos naturalizando pero que no deberíamos naturalizar. Tenemos que movilizarnos para considerar que esa es una circunstancia excepcional que no puede continuar.

¿Cómo se explica semejante aumento en el número de homicidios de jóvenes en el país en los últimos años?

En realidad, está cayendo la mortalidad de los otros grupos, por lo que el aumento es más relativo que absoluto. Mientras en otros grupos está disminuyendo la violencia, entre los jóvenes continúa en niveles muy altos. Hicimos una investigación sobre mortalidad de adolescentes y vimos exactamente eso: en términos relativos, el riesgo entre adolescentes crece en relación al riesgo que enfrenta el resto de la población.

Según el Mapa, en algunos estados de Brasil, más de la mitad de las muertes de jóvenes fue provocada por homicidio mientras que en otros estados la tasa es más bien baja. Por ejemplo, en el estado de Alagoas hay 125 homicidios por cada 100 mil jóvenes y en el estado de Sao Paulo hay 25 por 100 mil. ¿A qué le atribuye usted esta diferencia?

La evolución en Brasil se agravó claramente en el Nordeste, sobre todo en Alagoas y Bahía, donde las capitales Maceió y Salvador están conquistando los primeros lugares en violencia. Recife y Vitória continúan en un nivel alto mientras capitales del sudeste del país están disminuyendo la violencia. Sao Paulo ha mejorado mucho desde 2001 a la fecha. Río cayó un poco y viene cayendo más.

Está claro que las regiones más urbanizadas e industrializadas están pudiendo mejorar mientras en el nordeste está empeorando. En términos demográficos, eso es bueno para Brasil porque como la mayor parte de la población está en el sudeste, significa que las tasas globales cayeron. También es positivo en el sentido de que las regiones más urbanizadas y con mayores políticas públicas acaban logrando un resultado un poco mejor. Pero es muy grave en el caso del nordeste así como la violencia en el interior del país.

¿Cómo explica el proceso de interiorización de la violencia?

Un fenómeno que observamos tanto en el Mapa de la Violencia como en el Índice de Homicidios de Adolescentes es que los municipios de porte intermediario en el interior del país están en una situación muy grave, muchas veces más grave que el de las capitales. Los municipios del interior no tienen la misma evolución positiva que las metrópolis. No hay tanta política públcia y crecimiento económico.

Hicimos un estudio el año pasado sobre los factores que tienen más relación con el Índice de Homicidios de Adolescentes en cada municipio y descubrimos que los tres factores más poderosos son que la población no sea grande; la pobreza, específicamente la renta media de los más pobres pues tiene más impacto elevar la renta de los más pobres que elevar la renta media y la calidad de la educación.

¿Es un hecho que además de ser los que más mueren, los jóvenes son los que más matan?

Los tatos sobre quien mata son mucho más frágiles que los datos sobre quien muere. Tenemos mucha información sobre las víctimas y poca sobre los autores porque los que son procesados por estos crímenes son apenas una parte. Más de 92% de los homicidios en Río, por ejemplo, no resultan en castigos para los culpados. Es una muestra muy selectiva y no sabemos si es real, pero todos los indicadores apuntan que de hecho las poblaciones jóvenes son las protagonistas de la violencia como autores y como víctimas.

¿Qué falta en las políticas públicas de seguridad y de juventud para disminuir estas tasas?

Las políticas preventivas son las de siempre: control de armas, que en Brasil avanzó bastante, pero además tenemos mucho camino que recorrer; mejorar la calidad de la educación; mejorar la renta de los sectores más pobres de la población y su inserción social; mejorar la transparencia en la policía y mejorar la política de seguridad pública priorizando el tema de homicidios.

Históricamente las políticas públicas prestaron más atención a crímenes contra la propiedad, secuestros y otros. SE necesitan políticas de reducción de la letalidad, con metas y mejoras en la investigación de los crímenes. En general n tenemos una política pública que priorice el homicidio, pero éste afecta al total de la población. Las únicas políticas existentes en este sentido son el Pacto por la Vida, en Pernambuco; el ‘Permanece Vivo’, en Minas Gerais y ahora en Río de cierta forma las Unidades de Policía Pacificadora, UPP.

¿Las UPP pueden llevar a la reducción de homicidios de jóvenes?

Con certeza, aunque en áreas muy concretas. El impacto es puntual, pero lo que esperamos es que a mediano plazo las UPP se expandan y generen un efecto sistémico, cambiando la cultura policial que está enfocada en la confrontación  y también la cultura del crimen, que en Río es extremadamente violenta y que consiste en una disputa de territorio.
Con la ocupación policial, no habrá disputa por territorios y los índices de violencia caerán. El narcotráfico funcionará con funciona en la mayoría de los países del mundo, sin AR’15 y sin control de la población, disminuyendo drásticamente el nivel de violencia asociada a ese crimen.

¿Cómo ve la seguridad pública en Río hoy, con miras al mundial de fútbol y las olimpiadas que se acercan?

Vivimos un momento de expectativa. Lo que acontezca en los próximos tres a cinco años va a determinar el futuro de la ciudad y del estado. Es una oportunidad histórica que no podemos dejar escapar, pero para eso necesitamos continuar avanzando en la reducción de los homicidios, en la expansión de las UPP, en la mejora de los salarios de los policías, en el fortalecimiento de las corredurías y en la realización de metas.

El hecho de haber incorporado los autos de resistencias (muertes causadas por policías a personas que se resistían al arresto) dentro del conteo de muertes violentas, ya es un paso adelante, pero necesitamos más que eso. Necesitamos metas de reducción de la letalidad policial y claro, tenemos que avanzar en la inclusión social de la población más pobre y en la lucha contra la corrupción. En los próximos cinco años vamos a decidir si seremos una ciudad con niveles de violencia razonables o si vamos a continuar siendo famosos por la violencia, además de la belleza.

Volviendo al Mapa de la Violencia, otro dato relevante es que de cada tres jóvenes asesinados, dos son negros. ¿Por qué ocurre esto?

La investigación del año pasado sobre el Índice de Homicidios de Adolescentes mostró que los lugares donde hay más riesgos para los adolescentes es donde el desequilibrio entre sexos, razas y medios es mayor. O sea, el riesgo que corren los hombres es mucho mayor que el que corren las mujeres; el riesgo que corren los negros es mayor que el que corren los blancos y el riesgo de morir por arma de fuego es mayor que otros riesgos.

Hay una concentración de los homicidios y de los perfiles de las víctimas en determinados lugares. El riesgo es mucho mayor en áreas donde la población negra es predominantemente, como las periferias urbanas, donde el principal perfil de las víctimas es joven, de sexto masculino, negro, con baja escolaridad. Este perfil está concentrado justamente en áreas donde la violencia es muy intensa. En términos demográficos, el peso de las poblaciones metropolitas es aún mucho mayor.

¿Qué es el Índice de Homicidios de Adolescentes y cuál es su importancia?

Es un índice que pretende presentar de una forma más gráfica el fenómeno de homicidios de adolescentes: de cada mil jóvenes que cumplen 12 años, cuántos morirán por homicidio antes de cumplir los 19 años. El índice da una idea longitudinal, ayudando a estimar el número de muertes a lo largo del tiempo. Es otra forma de contabilizar los homicidios de adolescentes y de destacar la gravedad del problema, que muchas veces es ignorado.

¿Cómo está la producción de datos sobre violencia en Brasil?

Mejorando, pero aún muy atrás de lo que se necesita. Es preciso tener más datos de mejor cualidad con mayor transparencia. Los datos aún demoran mucho en salir, son considerados sigilosos y cuando hay riesgo de repercusión negativa el poder público los niega. El dato acaba siendo un instrumento político de favorecimiento, de negociación. Esto tiene que acabar, un país democrático no puede usar el dato como mecanismo de intercambio de negociación  política. El dato es pagado por los impuestos de la gente y por tanto, le pertenece al público.

¿Hay algún modelo a imitar?

En algunos datos hay una legislación específica que obliga la divulgación de los datos, pero no hay una ley general en Brasil que obligue a que todo dato no sigiloso sea publicado en internet. El modelo debería ser el del área de la Salud. Los datos demoran en salir, pero cuando salen, son completos. Hoy tenemos todos los datos de mortalidad de 1999 a 2008 en internet. Este es el modelo que queremos para la seguridad pública.

Mais informações:

Mapa da Violência 2011 (Portugués)

Índice de Homicídios de Adolescentes (IHA) 2010 (arquivo PDF)  (Portugués)

Consulta ao IHA no site do Programa de redução da Violência Letal contra Adolescentes (Portugués)

 

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