Lecciones ‘glocales’ sobre jóvenes y violencia
Puede ser un adolescente que a los 13 años de edad obtiene su primer revólver y se tatúa el símbolo de una mara en su frente. O puede ser un joven que abandonó la escuela hace varios años y hoy defiende un territorio contra la facción rival en el tráfico de drogas, en la favela Maré, de Río de Janeiro. Niños y adolescentes de países tan distantes como Brasil, El Salvador, Estados Unidos , Suráfrica, Jamaica, Ecuador, Filipinas Honduras, Irlanda del Norte, Nigeria y Colombia, comparten desde muy pequeños un grave problema: crecen en un ambiente violento que amenaza sus vidas, limita sus oportunidades de desarrollo personal y que muchas veces, los absorbe dentro de sus estructuras .
Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud, cada año mueren en el mundo cerca de 740 mil personas, víctimas de un arma de fuego. De ese total, 490 mil muertes ocurren en áreas que no están en guerra declarada; los jóvenes son las víctimas y victimarios más frecuentes de esa violencia.
Organizaciones de diferentes países se unieron hace 10 años para crear el concepto COAV (Children and Youth in Armed Violence), que reúne las experiencias de niños y jóvenes que viven inmersos en la violencia de grupos narcotraficantes, de delincuencia o de pandillaje en esos países.
Como resultado del compartir de estas experiencias, una de las organizaciones integrantes del COAV, Viva Rio, acaba de presentar un informe recopilando buenas prácticas en el tratamiento del. Se trata de una colección de 55 experiencias sobre cómo han lidiado desde diversos ángulos las personas, los gobiernos locales, las comunidades y las organizaciones de la sociedad civil con el problema de la violencia armada que afecta a los niños y los jóvenes en cientos de ciudades alrededor del mundo.
El informe fue lanzado en la sede de Viva Rio en Río de Janeiro, en un evento que reunió a varios expertos en el tema que han dedicado su vida a trabajar por y con los niños y jóvenes en estos ambientes amenazadores.
“En conclusión, a problemas similares les surgen soluciones similares y en la mayoría de los casos exitosos, estas soluciones huyen del tratamiento tradicional, es decir, el mero enfrentamiento represivo. Por tanto, vemos que estamos ante un fenómeno “glocal”; global porque está presente en todas partes y porque las redes de tráfico de armas, personas o drogas están integradas a nivel global; y local, porque cada comunidad tiene su contexto específico”, explicó Rodolfo Noronha, autor de la “Guía de buenas prácticas relacionadas con COAV”.
Simplemente jóvenes
Leriana Figueiredo (foto) es la actual coordinadora de proyectos del Instituto Reacción, una organización sin ánimo de lucro que trabaja en comunidades de baja renta en Río de Janeiro con el objetivo de promover el desarrollo humano y la inclusión social a partir de la práctica del yudo y de acciones educativas complementarias.
Para Leriana una de las principales lecciones aprendidas a lo largo de su vasta experiencia es que los jóvenes, vinculados o no con la violencia, son antes que nada jóvenes y así deben ser vistos. “Creo que es muy importante no re-victimizarlos. Es decir, cuando un joven entra en el proyecto, debe ser tratado como tal, de modo que pueda dejar de lado lo que sea que haga parte de su vida allá afuera. Este es un espacio seguro, en el que el joven puede hacer su práctica tranquilo y en el que no tiene que preocuparse por nada más”, explica.
El Instituto Reacción fue creado por el medallista olímpico de yudo, Flávio Canto en 2003 y hoy atiende a 1.000 niños y jóvenes de las favelas Ciudad de Dios, Pequeña Cruzada, Rocinha y Tubiacanga. La idea es utilizar el deporte como instrumento de atracción de los jóvenes, aprovechando el poder seductor que éste ejerce sobre la juventud para desarrollar competencias sociales, cognitivas, productivas y personales. De ahí la importancia de la des-estigmatización desde el propio interior del proyecto.
Un territorio neutral y nuevos héroes
Otra organización que es una fuente de buenas prácticas en Río de Janeiro y en Londres, ciudades en las que actúa de manera casi igual, es Lucha por la paz, o Fight for Peace, que utiliza el boxeo y las artes marciales, combinadas con educación y desarrollo personal, para promover el potencial de los jóvenes en comunidades que padecen crimen y violencia.
Con 10 años en el ring, Lucha por la paz se ha consolidado como un verdadero espacio de paz dentro de un área con altos índices de violencia, bajo la influencia de tres facciones criminales del narcotráfico y las milicias urbanas de Río: el complejo de favelas de Maré.
Juliana Tibau, (foto) coordinadora de la organización fundada por el boxeador profesional Luke Dowdney -que comenzó a construir esta gran entidad con apenas 10 alumnos de boxeo- explica que la presencia de estos grupos en posesión de armamento pesado divide el territorio, limitando la libre circulación de las personas. En medio de estas limitaciones, Lucha por la paz se yergue como un espacio abierto a todos, sin excepción.
“Aparte de los programas deportivos y educativos que están en funcionamiento, hemos comenzado un nuevo proyecto que se llama Maré Unida y que surgió de las dificultades que tienen muchos de nuestros alumnos para poder venir de otras comunidades de Maré hacia Nueva Holanda, donde se encuentra la sede principal de Lucha por la Paz. Para tener una idea de la gravedad de la situación, si un joven que pertenece a un área dominada por una facción rival a la que domina Nueva Holanda quiere venir al proyecto, tiene que salir de Maré, tomar la autopista Avenida Brasil y volver a entrar por otra vía”, explica Juliana.
De allí surgió la idea, arriesgada pero valiosa, de empezar a establecer puentes entre diversas comunidades de Maré. El proceso es lento, pues se trata de abordar a cada una de las comunidades, las iglesias, las asociaciones de moradores para ganar su apoyo. De esta forma, se permite la apertura de polos de Lucha por la Paz en distintas comunidades y también, la circulación de los alumnos entre unas y otras áreas del sector.
El punto a favor, explica Juliana, es que Lucha por la paz ha obtenido tal confianza y apoyo de parte de la población y que todo el mundo respeta el espacio de la organización como un terreno neutral en el que no entran armas, no hay confrontación armada y la única pelea que se permite es en el ring de boxeo.
Además de esta neutralidad como gran patrimonio para actuar en la región, Juliana destaca la creación de nuevos héroes para los niños y jóvenes que crecen bajo la admiración a las armas del “dueño” del barrio, pues es la figura de poder más inmediata. “Entre nuestros graduados tenemos a Roberto Custódio, campeón nacional de boxeo y miembro del equipo brasileño de boxeo, entonces, imagínense los niños allá en Maré, viendo pelear en el ring a ese gran modelo para imitar”, dice Juliana emocionada.
Escuelas, territorio en disputa
Desde una realidad distante, pero similar, Iván Darío Ramírez (foto) trajo un testimonio de alerta. Sin desconocer los esfuerzos del gobierno municipal que comenzaron en los años 90 para mejorar la infraestructura de las comunidades más desfavorecidas con las famosas bibliotecas comunitarias y parques lúdicos, Iván Darío subrayó que hoy en día las estadísticas ilustran una situación preocupante: actualmente, según cifras del Instituto de Medicina Legal, cada día es asesinado un niño en la ciudad, mientras que en 2000, cuando la tasa de homicidios de la ciudad era tan grave que había alcanzado los 167 homicidios por cada 100 mil habitantes, un niño era asesinado cada 4.8 días.
Iván Darío es el coordinador del Observatorio Niñez en Conflicto Armado y Violencia Armada Organizada, de la Corporación Paz y Democracia, de Medellín, y en su presentación llamó la atención para el recrudecimiento de la violencia que afecta a los niños y jóvenes, no sólo en términos de asesinatos, sino también en lo que se refiere a su desarrollo personal.
“Hemos detectado que en esa lógica de disputa de territorios entre facciones u organizaciones criminales que dominan espacios urbanos de Medellín han sido incluidas las escuelas; éstas se han convertido también en territorios en disputa con intimidación con armas de fuego hacia profesores y alumnos; tráfico de drogas y armas y con prostitución de menores”, alerta Iván Darío.
Según explica el sociólogo, hay una gran dificultad de ejercer el trabajo de defensor de derechos humanos debido a las amenazas directas anónimas, pero también a la falta de espacios de interlocución con las autoridades. Recordó además, que en los últimos 18 meses, cinco jóvenes músicos de hip hop y rap de la Comuna 13 han sido asesinados.
Por eso, Iván Darío y su grupo de trabajo vienen trabajando en una iniciativa para declarar las escuelas territorios de paz, para lo cual están trabajando en una alianza con el Comité Internacional de la Cruz Roja, reconocido mundialmente por actuar con absoluta neutralidad en áreas en guerra y con conflictos armados, aplicando las normas del Derecho Internacional Humanitario.
Cómo lidiar con el poder paralelo
Uno de los primeros obstáculos a enfrentar en cualquier intervención de esta naturaleza es el poder paralelo al estado que controla el territorio en cuestión. ¿Qué hacer? ¿Se debe hablar con los traficantes y pedir su permiso? ¿Por el contrario, se les debe ignorar? ¿Una pandilla debe dar su autorización para la apertura de un proyecto?
Son todas cuestiones espinosas pero fundamentales. Juliana Tibau, por su parte explica que la estrategia que ha utilizado Lucha por la paz ha sido la seducción del apoyo de la comunidad. “Cuando queremos entrar en un territorio, hablamos con las asociaciones de moradores, con las iglesias, con la gente. Esto suele ser suficiente para obtener acceso. Nosotros no hablamos directamente con los narcotraficantes. No es fácil, hemos tenido algunos problemas, por ejemplo, una vez recibí una amenaza a través de una asociación de moradores y me querían obligar a hablar con el “dueño”, simplemente nos retiramos del espacio. Luego, buscamos otra asociación y comenzamos todo de nuevo. Si tenemos a la comunidad de nuestro lado, las cosas funcionan a pesar de ese poder paralelo. Nosotros lo que hacemos es comunicar muy claramente que nuestro objetivo es ofrecer oportunidades el joven, sea de una facción o de otra”, explica.
Osmar Vargas (foto), coordinador de articulación y redes sociales de Viva Comunidad, la mejor estrategia es la agenda abierta con toda la comunidad. “Lo primero que hacemos es crear un vínculo, establecer unas reglas muy claras, un protocolo de entrada. Reunimos a toda la comunidad en un encuentro abierto en el que están todos los representantes de las iglesias, asociaciones de moradores, escuelas, etcétera. Se sobreentiende que si el encuentro es abierto a todos, deben haber en el grupo enviados de los grupos armados. Explicamos con total claridad en qué consiste el proyecto y ese diálogo franco en el que se tratan todos los temas nos ofrece una mayor seguridad y viabilidad al proyecto”, dice Osmar.
Lecciones COAV
*Según varios expertos que trabajan en situaciones COAV, es importante, replicar las experiencias exitosas en otros lugares. Hacer una transferencia del conocimiento, como ocurrirá por ejemplo entre Lucha por la Paz y organizaciones de cinco países en septiembre y octubre de 2011. La apertura de Fight for Peace en Londres es prueba de la viabilidad de esta replicación. “El proyecto en Londres es casi exacto al de Río, a pesar de la diferencia de los contextos sociales. Cuando oímos hablar un joven de Londres, nos sorprende lo parecido que son sus pensamientos , problemas y expectativas a las de un joven en Maré”, dice Juliana.
* Algunos programas cometen el error de condicionar el apoyo a que los jóvenes hagan parte de la escuela. La experiencia ha enseñado que son esos jóvenes desvinculados de la escuela los que necesitan atención prioritaria.
* Otra conclusión es que las leyes sobre protección de niños y jóvenes frente a la violencia son buenas, pero la práctica no las refleja. El Estatuto del Niño y el Adolescente en Brasil, es un ejemplo, pues gran parte está aún en el papel. “Un ejemplo son los Consejos Tutelares… En teoría debería haber uno por cada 100 mil habitantes y en el caso del Consejo Tutelar de Ramos, por ejemplo, atiende a 800 mil habitantes”.
* Es fundamental trabajar en la auto sustentabilidad de los proyectos. Ejemplo de ello son grupos culturales como Son Batá, de la Comuna 13, que ya sobrevive de los conciertos que ofrece. Otro ejemplo es la marca de ropa Luta, que Lucha por la paz acaba de crear.
*Para todos los participantes quedó claro que no es la ONG o el proyecto quien van a solucionar la situación. Se debe buscar la integración del trabajo del gobierno local, las demás instituciones de la comunidad y las ONGs.
* Los proyectos no deben asumir taras del Estado, por ejemplo, educación formal. “Nuestro programa de educación es para jóvenes desvinculados del sistema educativo formal, para aquellos que nunca más serán recibidos en la escuela”, explica Juliana Tibau, de Lucha por la Paz.
*La transparencia en el diálogo con la comunidad es fundamental para ganar el apoyo de todos y evitar problemas con los agentes del poder paralelo que controla un determinado territorio.
* No desistir: las experiencias prueban que los jóvenes pueden tender a abandonar el proyecto. Una figura fundamental en muchas iniciativas es el tutor, aquella persona que está pendiente de buscar la joven y atraerlo de nuevo hacia el proyecto.
Más información:
“Guía de buenas prácticas relacionadas con COAV” (Formato PDF)
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