Violencia del narcotráfico es peor en algunos países
ENTREVISTA / Francisco Thoumi
¿Por qué hay países productores de drogas ilícitas que no tienen los mismos niveles de violencia que otros? El economista colombiano Francisco Thoumi ha estudiado el fenómeno del narcotráfico y su relación con la violencia y no tiene miedo de ‘meter el dedo en la llaga’ al responder esta pregunta.
Thoumi crítica abiertamente la actual política mundial de drogas por considerarla totalmente ineficiente, pero se rehúsa a usar el argumento de que la violencia en Colombia es “culpa” de condiciones externas. Para él, la responsabilidad de la sociedad colombiana frente a la violencia que la atormenta es ineludible.
Doctorado en economía, Francisco Thoumi ha trabajado para California State University, George Washington University, el Banco Interamericano, el Banco mundial y como jefe del Departamento de Planeación Nacional de Colombia. Entre 1999 y 2000 fue coordinador de investigaciones para la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, como parte del programa global contra el lavado de dinero.
En conversación con Comunidade Segura, el investigador, profesor y consultor hoy radicado en Miami, explica los factores que contribuyen a la violencia en países como Colombia, México y Brasil, y toma el ejemplo colombiano para ilustrar el origen del problema y algunas posibles salidas.
¿Cómo se explica la violencia del narcotráfico en Colombia?
En Colombia hay un individualismo moral profundo, hace falta un sentido de comunidad. Es una sociedad en la que cada uno se preocupa por sí mismo y el efecto de los actos sobre el otro, no importan. Es una especie de “no pertenezco a esto, a mi qué me importa”. Cuando una sociedad tiene este tipo de rasgo, es muy vulnerable al crimen organizado.
Hay un incumplimiento de las leyes, porque cada uno busca su propio bienestar. Existe un conflicto entre la norma legal y la norma de los grupos sociales. O sea, la ley no refleja a la sociedad y cuando en un país se incumple la ley y hay una especie de aceptación frente a este hecho, el país se vuelve muy vulnerable al crimen organizado. Colombia tiene que establecer el imperio de la ley, para ello, primero tiene que reformar la ley para que ésta refleje a la sociedad.
¿A qué se refiere con que las leyes en Colombia no reflejan a la sociedad?
Existe un dicho en Colombia: “hecha la ley, hecha la trampa”. Está arraigada la práctica de desviarse de lo que dice la ley para buscar un beneficio particular. En parte esto se debe a que las constituciones en Colombia y la ley en la colonia, están inspiradas en intentos de ‘civilizar a salvajes’. Históricamente lo que se ha buscado es aplicar una ley que no coincide con la cultura, una ley impuesta, importada que no coincide con las normas sociales y tampoco con la moral individual. Para que una ley funcione debe reflejar los valores de la sociedad: la prohibición del alcohol es una ley supremamente exitosa… pero en países musulmanes, donde la cultura tiene todo que ver con esa prohibición.
¿Qué habría que hacer en Colombia para superar esa incompatibilidad entre el papel y la realidad?
En primer lugar, preguntarnos qué somos y dependiendo de lo que somos, ver qué tipo de sociedad es viable que construyamos. Hace falta un gran debate nacional. Y hace falta sobre todo reconocer el problema. Una vez que sea aceptado, se puede establecer un diálogo nacional, pues no habrá ningún académico que pueda proponer la fórmula mágica. El cambio social y cultural tiene que provenir de la sociedad misma, de una aceptación de que sí hay un conflicto entre normas y que la sociedad debe llegar a un acuerdo sobre qué normas se deben respetar.
¿Esta incongruencia empeora si el país, además, tiene que poner en práctica una norma internacional como la actual política de drogas, de cuyo diseño no participó?
Sí. Si yo simplemente tomo una legislación sobre drogas, por ejemplo sobre lavado de dinero, diseñada por el grupo jurídico más importante de Naciones Unidas y la transplanto, como ocurre con todo transplante el cuerpo va a generar anticuerpos para sacarlo. Entonces, el transplante tiene que hacerse en las condiciones necesarias para que sea bien recibido por el organismo. Lo mismo ocurre a nivel social: cualquier tipo de legislación necesita un previo acuerdo social: identificar el cuerpo, las características del cuerpo y si se necesita un transplante de riñón, buscar el riñón adecuado para que no haya incompatibilidad.
¿Qué puede hacer la gente a nivel individual para acabar con una cultura de violencia?
Las soluciones tienen que salir de la misma sociedad y para ello tienes que empezar por tener respeto por el otro. Debes aceptar al otro como un ser humano igual. Esto tiene que hacer Colombia por ejemplo con las Farc. Pero cuando tú divides el mundo entre terroristas y víctimas, entre buenos y malos, la única solución es el garrote. Ese es el mismo drama entre Israel y los palestinos, entre EEUU y el terrosismo fundamentalista. Donde hay una deshumanización, no hay paz.
¿Y en un nivel más amplio, como puede motivarse esa transformación política?
Hay iniciativas interesantes, como la del Partido Verde (de los exalcaldes de Bogotá y Medellín), aunque todavía son muy incipientes. De todos modos, Antanas Mockus ha hecho un trabajo importante en el sentido de armonizar moral, norma y ley. El grupo de Sergio Fajardo tiene una agenda muy organizada pero el Partido Verde –del que ambos hacen parte- todavía no está consolidado.
De todos modos, ¿no cree que parte de la violencia derivada del narcotráfico tiene que ver con el hecho de que es ilegal internacionalmente?
¿Por qué cuando Nixon y luego Reagan declaran la ‘guerra a las drogas’ los colombianos nos matamos por eso mientras que los bolivianos no se matan por eso y los peruanos no se matan por eso? El mundo puede ser injusto, puede que haya factores externos perjudiciales pero hay factores internos que no están bien. Los líderes deben intentar hacer algo a ese respecto y lo primero es reconocerlo. De lo contrario viviremos en el autoengaño: en la medida en que nos justifiquemos diciendo “es que los gringos desgraciados se benefician por las drogas y hasta que ellos no cambien nosotros no podemos hacer nada", entonces realmente no haremos nada y no cambiará nada.
¿Qué similitudes ve con el caso mexicano en cuanto a las causas de la violencia y a las posibles soluciones también?
Hay semejanzas grandes entre Colombia y México: son países en los que hubo un mestizaje rápido; se rompió precipitadamente el control social que tenían sociedades indígenas. En el norte del país siempre hubo un problema muy grande de falta de presencia y control del estado y por eso fue tan fácil que Estados Unidos se tomara esa zona (incluso porque había apoyo interno de algunas de esas regiones para pasar a ser de EEUU). No había forma de que México pudiera realmente tener control efectivo sobre California, Nevada y Nuevo México. Algo similar le pasó a Colombia con Panamá. Entonces, ambos países nacen con grandes problemas de control estatal del territorio.
¿Y en cuanto a la violencia?
Entre 1910 y 1917 hay guerra en México y un poco después de eso comienza la violencia en Colombia. Ambos estados no pueden controlar todo su territorio e imponer la ley. En México la solución fue el PRI, un partido de Estado, y en Colombia la solución fue el Frente Nacional, que no se llamó partido de estado pero que fue una alternancia en el poder de los dos partidos de estado, de la misma forma como se reparte un botín.
¿Y cuáles son las particularidades del caso mexicano?
A través del PRI el estado institucionaliza la corrupción como forma de financiación. Este es un caldo de cultivo par el crimen organizado, que terminó siendo casi una franquicia del Estado, a través del PRI. México lleva exportando drogas a EEUU más de 120 años, entonces la droga lleva mucho más tiempo allá que en Colombia. Pero sólo cuando cayó el PRI y cayeron los controles que éste tenía, aumentó el control del negocio del narcotráfico.
El crimen organizado y su relación con la política en México es mucho más vieja que la que existe en Colombia. Resultado de esto es que hoy día, las fuerzas paramilitares de 'Los Zetas' fueron en su gran mayoría entrenados por el gobierno: son expolicías o exmilitares. Por otro lado, las mafias mexicanas están mucho más diversificadas: no sólo trafican drogas, sino también personas, armas y además, no sólo hacia Estados unidos, sino en ambas direcciones.
¿Por qué si ha habido tráfico de drogas por casi un siglo, sólo ahora vemos semejantes niveles de violencia?
En México la actual violencia en gran parte se debe a lucha por el mercado interno. Se alega que es una reacción a la confrontación de Calderón a los carteles, pero la lucha entre ellos no se explica sino es por una lucha por mercados internos y por territorios. Se ha dicho que están luchando por rutas para meter drogas a Estados Unidos; es posible que eso sea parte del problema, pero también creo que hay un mercado interno grande.
¿Qué rasgos de la idiosincrasia mexicana hacen vulnerable a la violencia a esa sociedad?
Hay algo en el ethos mexicano que puede estar alimentándola: esa necesidad de ser el número uno. No hay respeto por la persona pero si por la posición de la persona tiene, hay que tener poder, estar arriba porque cuando caes, dejas de ser. Estoy estudiando además el culto a la muerte. Ya hay toda una literatura sobre la “santa muerte”: fiestas a la muerte, santos de la muerte. Es algo que todavía hay que investigar mucho para entenderlo.
¿Por qué cree la problemática de Río de Janeiro ha tomado proporciones similares a las de Medellín?
Son zonas urbanas donde no hay control del estado. La policía no ha podido entrar (ahora ha comenzado a hacerlo con el programa de pacificación de algunas favelas). La situación de Medellín es diferente, en el sentido de que no existe la connotación racial que hay en Río y además, en Río el crimen organizado se maneja desde la cárcel. Eso es distinto, pero la situación en Medellín se debe a que después de extraditar a una cantidad de narcotraficantes, siguió una pelea por la sucesión en el control del negocio y en ese proceso de selección, hay que mostrar quién es el más fuerte. De ahí ese resurgir de la violencia. En México hay algo de eso: lo que importa es ser el número uno, demostrar la fuerza.
Pero el fenómeno de la droga no es un asunto newtoniano. No hay una serie de factores a, b, c y como consecuencia, tenemos un resultado determinado. En realidad, el fenómeno funciona más como la biología: hay algunos cuerpos con defensas bajas o muy vulnerables pero, no todos los vulnerables terminan enfermos. En ese sentido, no hay una única solución, si quieres protegerte, debes levantar las defensas, ver esas vulnerabilidades. Si quieres evitar este problema social, tienes que combatir las vulnerabilidades del país.
Foto: Marcia Farias








Comentarios
Enviar un comentario nuevo