La reconstrucción de Haití no ha comenzado todavía
ENTREVISTA / Rubem César Fernandes
Doce meses después de que un terremoto sacudió a Haití y dejó a la capital Puerto Príncipe en ruinas, parecería que nada ha cambiado. En realidad, dice Rubem Cesar Fernandes, director ejecutivo de la organización Viva Rio -que implementa proyectos sociales desde 2004 en la capital haitiana- se han hecho muchas cosas pero éstas son mas acciones de urgencia y no son tan visibles a simple vista.
“Son acciones que no tienen tanta visibilidad pero que tienen impacto y reconocimiento pues contribuyen a mejorar un poco la vida de la población. Sin embargo, no son acciones que consoliden la reconstrucción”, aclara Rubem.
Inmediatamente después del terremoto de 12 de enero de 2010, Kay Nou, la sede de la ONG en Haití, fue transformada en un centro de atención a las víctimas y dio abrigo a 400 familias y algunas acciones que se venían realizando se intensificaron a partir del desastre, como la distribución de agua y la construcción de letrinas.
Además de las cerca de ocho mil personas que fueron socorridas en Kay Nou (‘nuestra casa’ en creole), Viva Rio ofreció asistencia a cerca de 70 campamentos y abrigos.
Para Rubem, el año que pasó puede ser dividido en dos períodos: el primero, inmediato al terremoto, estuvo marcado por el horror de que todo se iba a desmoronar. “En ese período hubo una reacción, una respuesta muy fuerte e impresionante. Una movilización de solidaridad para enfrentar los problemas juntos”, recuerda.
El segundo momento es lo que él califica como la fase de gestión de los grandes proyectos de reconstrucción, que ocurrió después de la movilización y de la donación de la gigantesca cifra de US$ 11 billones, por parte de la comunidad internacional. “Entramos en una fase en que no parece que está aconteciendo nada porque aún están preparándose y negociando los proyectos. Entonces, la fase de la reconstrucción –que es el gran desafío- prácticamente no ha comenzado”.
Un huracán, una epidemia de cólera y una turbulenta elección presidencial se sucedieron tras el sismo e hicieron la situación aún más compleja. Rubem César explica cómo está avanzando el proceso.
¿Cómo están Puerto Príncipe y Haití un año después?
En un primer momento, la gente tenía pánico. Nadie quería dormir debajo de un techo y preferían hacerlo en la calle, incluyéndonos a nosotros en el equipo de viva Rio. La movilización mundial durante esa época fue muy fuerte y ayudó a enfrentar los problemas inmediatos
¿Qué pasó después de esa primera reacción?
Pasados los primeros tres meses, líderes reunidos en Nueva York decidieron donar US$ 11 billones a Haití. Entonces, empezaron los cuestionamientos sobre en manos de quien sería puesto ese dinero. Qué banco iba a recibirlo, cómo sería administrado. Es un dinero que tiene que ser gerenciado por Haití pero no existían las condiciones para confiar en que el gobierno de Haití pudiera usar todo ese dinero, porque no existía la estructura para ello
¿Y ese proceso consumió mucho tiempo?
Hubo que montar una comisión de análisis de proyectos y luego la gestión de proyectos grandes quedó en manos de actores que piensan en términos de décadas, o por lo menos años. Sólo elaborar un proyecto demora un año, pues a pesar de la urgencia de actuar, es necesario convocar a varios consultores y hacer proyectos de impacto ambiental para cualquier intervención o obra que se quiera hacer.
¿Y ese sería el segundo período en el que ahora está el país?
Si. Entramos en una fase en que no parece que estuviera pasando nada. Es impresionante porque aún se están negociando proyectos y la fase de reconstrucción, prácticamente no ha comenzado. La ayuda emergencia aún está allá todo el tiempo. Pero la reconstrucción, que es el gran desafío, no ha ocurrido aún, es una fase muy lenta y aún se está definiendo.
¿Cómo agravó la situación la epidemia de cólera?
Después del terremoto vino el huracán Thomas y luego la epidemia de cólera, que afectó justamente a las comunidades más pobres, a t ravés del contacto o ingestión de agua contaminada. Pero además, vino la confusión de las elecciones, que representan una pérdida pues las anteriores elecciones fueron exitosas y lograron elegir un gobierno de forma legítima, que fue reconocido por la mayoría del pueblo.
Ahora existe una gran incertidumbre sobre si hubo fraude –todos creen que sí- y la participación de la población en las elecciones fue mínima. El mismo presidente René Préval logró montar un esquema electoral que dio a su candidato el segundo lugar, condición necesaria para que el candidato pudiera disputar el segundo turno, burlando a la Organización de Estados Americanos, OEA, que era una de las responsables de la organización de la OEA.
Justamente, cuando la OEA critica el proceso electoral, debería incluir también una autocrítica. No sólo participó en la organización, seguimiento y monitoreo de las elecciones, sino en la producción de los documentos que permitieron que las personas votaran, pero faltaron muchas identificaciones para que la gente pudiera votar y muchos que querían hacerlo, llegaban a los puestos de votación y salían indignados porque no podían hacerlo.
¿Aún se ven muchos escombros en las calles?
Sí, muchos. El número más recientemente divulgado por el diario Le Figaro, es de 800 mil personas en campos de desabrigados, pero es optimista, considero que está por debajo de la realidad. Se hablaba de 1,5 millones de personas en campamentos provisionales. Se están creando algunas alternativas pero éstas representan poco para el volumen del problema. La mayoría de la gente, cuando deja un campamento, es porque no aguanta más: el lugar se va deteriorando, hay barro por todos lados, confusión, mucha gente. Entonces, prefieren volver para el lugar donde vivían y van recomponiendo su espacio. Hay mucha gente en esa situación.
¿Que ha hecho el gobierno haitiano en este período?
El gobierno tiene muchos niveles. Hay reclamos sobre el gobierno pero también sobre Naciones Unidas. El presidente René Prevál es un político “a la antigua”. No es un ejecutivo ni un tomador de decisiones que llega al fin del día contento porque tomó varias decisiones que van a tener efecto. Su trabajo se centra más la negociación de los pactos y las situaciones entre varias fuerzas que están en torno al poder.
La primera cosa que dijo después del terremoto cuando le preguntaron’ y ahora, qué’ fue ‘yo también perdí mi casa’. Y es cierto, el Palacio Presidencial quedó en ruinas y su casa personal también. Hubo mucha frustración de la comunidad internacional pues encontraron en él mucha lentitud.
¿Y los otros niveles de gobierno?
Otros sectores fueron mucho más activos. Por ejemplo, la Dirección Nacional de Agua y Saneamiento, puso a funcionar el grupo de emergencia sobre agua e higiene sanitaria conocido como Cluster Wash. Tuvieron un gran liderazgo. Pero el hecho es que el gobierno también fue destruido por el terremoto, los predios cayeron, las personas murieron y la capacidad que no era mucha, se fragilizó aún más.
¿Cómo fue la actuación de las ONGs internacionales en Haití?
Hay unas buenas y otras malas. Muchos proyectos no son de ONGs sino concebidos por la ONU junto con el gobierno y encomendados a una organización para que los ejecute. Hay muchas cosas absurdas, como unos ampos que se asemejan a la Ciudad de Dios en la década de 1960 en Río de Janeiro: distantes, sin agua, sin transporte, sin trabajo, calientes. Son campos inviables y ese concepto de llevar a la gente para otro lugar y hacer un montón de casas iguales es inhumano. Nosotros sabemos hacer mucho más que eso con relación a soluciones de habitación y urbanización. Ya existe un conocimiento sobre qué hacer y qué no hacer.
¿El dinero donado por la comunidad internacional llegó?
No. Una de las preocupaciones de esas agencias gestoras de dinero internacional es la corrupción. Entonces, las agencias decidieron que cualquier proyecto aprobado tiene que recibir un endoso técnico de una de las tres agencias: Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo o Programa Naciones unidas para el desarrollo. O sea, el dinero existe, los proyectos existen pero para ser ejecutados tiene que ser a través de una de esas agencias que demandan mucho tiempo para procesar el dinero pues necesitan tener un concepto técnico para verificar si el proyecto está bien elaborado y necesitan estudios de impacto ambiental. Para tener una idea, para hacer un estudio de impacto ambiental se demoran mínimo seis meses. Un estdudio técnico demora tres meses y ahí, ya pasó así un año.
¿Entonces, las agencias trabajan en una escala de tiempo diferente de la de las necesidades de la gente?
El abordaje del Banco Mundial sobre Haití es para los próximos 20 años. No piensa en términos de meses, el trabajo de ellos es pensar décadas. Por lo tanto, hay una discrepancia absurda entre la necesidad de reconstrucción y el momento de las instituciones responsables por esa reconstrucción. La escala de emergencia es en ritmo de horas y de días.
Nosotros trabajamos en ese medio campo. Entonces, existe mucha gente como Viva Rio, haciendo cosas todos los días que tienen impacto y reconocimiento y que de alguna forma contribuyen a sostener la situación, pero no consolidan la reconstrucción.
¿En su opinión, cuál es el mayor desafío ahora?
Doce meses después, los escombros están ahí, la gente todavía está en campamentos, no hubo grandes inversiones y los programas siguen iguales. No hay agua, no hay letrinas, entonces parece que nada fue hecho. Pero existen muchas cosa pequeñas, del día a día, pero el trabajo grande, todavía no ha comenzado.








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