La criminalidad no ha migrado entre favelas cariocas

ENTREVISTA / Coronel Robson Rodrigues

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Uno de los temores de los habitantes de Río de Janeiro con relación al proceso de pacificación que se adelanta en las favelas antes dominadas por traficantes armados desde hace dos años es la migración del crimen hacia otras áreas de la ciudad.

El nuevo comandante de las Unidades de Policía Pacificadora, UPPs, que se vienen implantando en estos lugares asegura que los ciudadanos pueden estar tranquilos. Al frente de la importante estrategia de seguridad, el coronel Robson Rodrigues, dice que aunque los criminales pueden haber migrado la criminalidad no lo ha hecho, lo que se comprueba con la caída de las estadísticas sobre criminalidad en todo el estado.

Según el Instituto de Seguridad Pública del estado de Río de Janeiro, el primer semestre de este año hubo una reducción porcentual de 20% en los homicidios, en comparación al mismo período de 2009; la taza es de 15 muertos por cada 100 mil habitantes, es decir, el menor índice mensual registrado desde 1991.

En entrevista exclusiva con Comunidad Segura, el coronel afirma que al quitarles el territorio a los narcotraficantes, éstos pierden su estructura aunque se muden hacia otras regiones y no pueden llevar consigo la red de apoyo que dominaban bajo influencia de  las armas.

El comandante explica que con la ruptura de la lógica de la violencia marcada por las armas de fuego, los patrones de criminalidad cambiaron completamente. “Con la presencia robusta de agentes y de la Unidad de Policía Pacificadora no hay criminalidad violenta”, asegura.

El paso siguiente, según el coronel Rodrigues, es estimular la restitución de un orden político y social ciudadano en los territorios ocupados. En ese sentido, cuenta con la experiencia de haber sido coordinador de los Consejos Comunitarios del Instituto de Seguridad Pública de Río de Janeiro (ISP/RJ).

A los 47 años de edad y con 25 de trayectoria en la Policía Militar, el coronel Rodrigues es graduado en derecho y maestrado en antropología. Se ha destacado bajo la gestión del actual comandante general de ese cuerpo, el coronel Mario Sérgio de Brito Duarte, como comandante del Batallón de Choque para la ocupación de favelas junto con el Batallón de Operaciones Especiales (Bope).

Además, estuvo a cargo de la coordinación de Análisis Criminal con la misión de implantar la estructura y la cultura de la recolección y sistematización de datos criminales y administrativos en la Policía Militar, para respaldar la planeación de políticas públicas de seguridad.

Ahora asume el liderazgo de la Policía Pacificadora, principal política de seguridad del estado.

¿Los traficantes están moviéndose de unas favelas a otras?

No tengo ningún indicio, ninguna investigación que pueda apuntar hacia eso. Esto sólo sería posible si le pusieramos un GPS a cada uno de ellos. Lo que puedo probar es que el crimen no migra, porque los números en todo el estado han caído. Esto muestra que el traficante perdió su estructura, lo que comprueba una hipótesis que ya teníamos, que es la de que el territorio es lo que hace posible la creación de las redes criminales del narcotráfico, el cual a su vez propicia la adquisición de armamento y violencia. El criminal puede hasta haber migrado –no tengo como constatarlo- pero la criminalidad no migró, no aumentó. Él no lleva consigo la red de influencia.

¿El objetivo de las UPPs es acabar con la violencia armada o cohibir a los narcotraficantes también?

El objetivo es quitarle el territorio al narcotráfico, ofrecer seguridad para que a estas zonas les pueda ser restituido un orden político y social y promover la inclusión de esas personas. La criminalidad, como fenómeno social, no acaba. Pero sí puede ser controlado y reducido a niveles tolerables por la sociedad.

Claro que hoy, con la presencia significativa de la policía y de la Unidad Pacificadora, no hay criminalidad violenta (en los lugares donde fueron implantadas UPPs). Puede haber esporádicamente un crimen u otro, pero estamos contando con la ayuda de una red solidaria de protección ciudadana y de información que nos ayuda a arrestar a las personas sin los enfrentamientos que había en el pasado. Es esto lo que se destaca. Antiguamente nos quedábamos poniendo pañitos de agua tibia.

¿Por qué la venta de drogas continua en favelas con la presencia de UPPs, como lo muestra la foto de los traficantes en Ciudad de Dios, publicada recientemente en el periódico O Globo?

La venta de drogas puede ocurrir en cualquier lugar. Lo que pasa es que los patrones cambiaron. Decir que acabó el tráfico de drogas sería completamente utópico. El programa no prevé eso, no es el objetivo. Pero ese delito ocurrió sin la presencia de un arma de fuego, que era la gran marca de los traficantes y que les daba el poder a los traficantes en ese lugar.

La criminalidad que está ocurriendo hoy nos indica algo que es el objetivo de la UPP: quebrar la lógica de la violencia, quitar la marca de poder del narcotráfico, como es el arma de fuego y el armamento pesado.

La favela Ciudad de Dios hoy tiene indicadores de homicidio de ciudades del primer mundo. Las imágenes que usted menciona fueron hechas en mayo por policías para una investigación, con el objetivo de capturar toda una red, como ocurrió hace poco tiempo cuando 30 personas ligadas al narcotráfico fueron arrestadas sin ningún tiro ni enfrentamiento. Es un trabajo de inteligencia, infelizmente, esas imágenes se filtraron por alguna inconsecuencia.

¿Los complejos de Alemán, de Maré y Rocinha (los conjuntos de favelas más grandes) tendrán UPPs?

Hace parte del proyecto. Estamos aprendiendo cada día y con cada ocupación nueva. Son ensayos y errores con los cuales vamos construyendo un know how para poder llegar a los grandes complejos (de favelas). Hay toda una logística y una parte administrativa que, por ser nueva, estamos en continuo perfeccionamiento. Vamos mejorando las tácticas y las estrategias para hacerlo mejor y disminuir los riesgos.

Esos lugares vienen siendo mapeados por la inteligencia y hay un plan trazado, que vamos alimentando con más información para que lleguemos muy bien preparados. La Secretaria de Seguridad está al mando de esa planeación, con inteligencia y tecnología de información para disminuir muchos los riesgos, no sólo para los policías, sino principalmente para los civiles. Cuanto menos enfrentamiento, mejor.

¿Cuáles son los próximos pasos del programa de las UPP?

Hasta fin de año tenemos el plan de implantar más de 15 Unidades de Policía Pacificadora en Río. La próxima es la de Andaraí, donde ya están el Bope y el Batallón de Choque, que van a dar paso luego para que entre la UPP.

Algunos sociólogos  y líderes comunitarios afirman que las UPP instauraron “estados policiales” en las favelas, transformándolas en “prisiones sociales”, ¿cómo ve usted estas críticas?

Me doy cuenta de eso. Es un programa nuevo. Necesitamos aceptar esto en la práctica, debemos intentar interferir cada vez menos. Esto es una construcción progresiva, un proceso. Hay una intervención militar, sí, en un primer momento cuando llegan el Bope y el Batallón de Choque. Después vienen las UPPs y ese punto de equilibrio tiene que alcanzarse en la práctica.

Nuestra idea es que la policía se retire lo más rápidamente posible del escenario. Cuanto más esa relación de confianza y esos valores de ciudadanía sean introyectados, menos será necesaria la policía y más va a disminuir el número de efectivos y la duración de la intervención. Está mal que la policía transforme aquello en un estado policial.

¿Entonces cuál es el nuevo papel del policía?

La idea es que el mismo policía, con la práctica y su sensibilidad pueda percibir y él mismo introyectar esa confianza mutua. Esa práctica positiva de relación legítima y civilizada entre policía y ciudadano va a crear una nueva ciudadanía y la policía va a ser apenas inductora de la participación democrática ciudadana, identificando factores de movilización, estimulando la práctica ciudadana con la creación de Consejos Comunitarios y la elección de representantes, que pueden ser o no de asociación de moradores, para pluralizar ese proceso. Cuanto más robusta esa relación de confianza, menos policía, menos fuerza es preciso hacer.

¿Cómo lidia la Policía Militar con los desvíos de conducta denunciados por la población?

Realmente, son desvíos. No solo el desvío administrativo sino cualquier delito practicado por un policía son un desvío, y no una regla. La idea es que la propia legitimidad del programa pueda crear una red de control social informal, que abiertos los canales con las comunidades, la conducta policial sea colocada ahí frente a frente, cara a cara en presencia del capitán. La aproximación hace que las personas tengan más posibilidades de denunciar al policía que se desvíe del patrón de conducta y de filosofía de policía de proximidad. Hemos verificado que esos mecanismos de control social informales son construidos como relación de confianza entre la policía y la comunidad.

¿Y qué se está haciendo en ese sentido?

Hemos buscado mejorar los canales y perfeccionarlos. Vamos a tener una línea directa para eso en el Disque Denuncia (la línea telefónica de denuncias). Estamos estimulando la creación de consejos comunitarios de seguridad dentro de las comunidades, contactando asociaciones de moradores, para que podamos mostrar como es la forma de actuación del policía, como debe actuar y organizar al máximo la sociedad, dando los primeros contornos de una sociedad civil verdaderamente organizada para exigir sus derechos de forma ordenada y también para que las reglas sean definidas de forma clara, para que el ciudadano pueda tener una previsibilidad de la conducta de la policía.

La policía debe mostrarse de una forma previsible y no, como muchas veces ocurre equivocadamente, de forma arrogante, arbitraria y consecuentemente ilegítima, lo que podría crear una separación y destruir cualquier inicio de credibilidad y de construcción de legitimidad y confianza.

La idea es estar presente y cercano para que las personas construyan esos mecanismos de control social informales, que nos van a facilitar el trabajo de corrección. No va a ser necesario tener un servicio muy voluminoso de corrección porque vamos a contar con la comunidad.

¿Los policías que cometen desvíos hoy son castigados?

Sí. Si el capitán detecta algún tipo de insensibilidad comunitaria del policía, si percibe que no asimiló las enseñanzas y no proyectó los valores (de la institución), la orientación es retirarlo, de una forma proactiva, para que sea reciclado y reorientado para prevenir que un desvío o alguna arbitrariedad o conducta equivocada pueda ocurrir.

Foto: Rodiney Barbosa Teixeira/Seseg

Traducción: Andrea Domínguez

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Me gusto la idea de inteligencia para combatir el crimen!

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