Jóvenes entran al narcotráfico para lograr aceptación social
En tiempos de crisis económica, el tráfico de drogas ya no da a sus “funcionarios” el retorno financiero de otras épocas. Siendo así ¿por qué niños y jóvenes en Río de Janeiro continúan vinculándose al crimen organizado?
La respuesta está en el acceso al poder y al sexo que el narcotráfico les ofrece, según la investigación “Meninos de Río: jóvenes, violencia armada y policía en las favelas cariocas”, promovida por UNICEF y coordinada por la investigadora Silvia Ramos, del Centro de Estudios de Criminalidad y Ciudadanía, Cesec, de la Universidad Candido Mendes.
El estudio busca actualizar y profundizar el conocimiento sobre las dinámicas de atracción, mantenimiento y salida de los jóvenes en la violencia armada y hacer recomendaciones a la oficina de UNICEF en Río de Janeiro para subsidiar acciones contra dicha violencia.
La investigación encuentra en las llamadas “Marías fusil” –como se les conoce popularmente a las jóvenes que se sienten atraídas por hombres con armas- una fuerte explicación a la fascinación que los grupos ilegales y las armas ejercen sobre niños, adolescentes y jóvenes. Cuestionados sobre por qué entran en el narcotráfico, los jóvenes respondieron que era por la sensación de poder y el acceso a mujeres.
“Un chico dijo que un arma llama la atención y que a las mujeres les gusta un hombre armado. Otro explicó que se trata del poder que el arma representa”, afirma Silvia en el informe. Las jóvenes, por su parte, también dijeron que relacionarse con traficantes les proporciona una “sensación de poder”. La investigación fue realizada entre mayo y noviembre de 2008 con jóvenes habitantes de favelas de la ciudad de Río de Janeiro. Hacen parte de la pesquisa estudiantes universitarios, extraficantes, traficantes, milicianos, madres de jóvenes envueltos en actividades criminales, líderes comunitarios y culturales y técnicos de organizaciones de la sociedad civil.
En total, 104 personas participaron formalmente de la investigación cualitativa, lo que resultó en aproximadamente 400 páginas de transcripciones y diarios de campo. Siete grupos focales reunieron 87 jóvenes, técnicos y madres. Dieciséis líderes y personajes fueron entrevistados y consultados. Adicionalmente, una investigación cuantitativa fue realizada con la participación de 14 jóvenes que entrevistaron 241chicos y chicas de entre 14 y 29 años en la Zona Oeste de la ciudad.
Crisis del narcomenudeo
El estudio identificó que, entre los principales cambios ocurridos en la dinámica del tráfico de drogas en los últimos años, está la reducción de los rendimientos obtenidos por la venta de las drogas. Un extraficante, actualmente en silla de ruedas, resumió la situación económica de ese comercio ilegal de la siguiente manera: “con certeza, yo trabajando en el semáforo gano más dinero que el vagabundo que trabaja en el morro (vendiendo droga). Y no sólo los más jovencitos, estoy hablando del gerente (el jefe del narcotráfico del morro)”.
La crisis del menudeo se debe en parte al hecho de que los compradores de clase media dejaron de ir a las favelas a causa de la violencia de los mismos traficantes y de la policía. Otra razón sería el ingreso de drogas sintéticas en el mercado, especialmente el éxtasis, todas ellas importadas o por lo menos proporcionadas al consumidor sin pasar por las favelas.
Según la investigación, el imperio de la cocaína, otrora una droga altamente rentable para el mercado ilegal y consumida por la clase media, habría acabado debido a la intervención de la policía, sea en operaciones de confrontación o a través de extorsiones. Otro aspecto adicional es la llegada del crack a las favelas, el cual sería más compatible con el pequeño poder adquisitivo de los consumidores de la propia localidad, aunque menos rentable para quien vende.
Con la crisis económica mundial, afirma el estudio, los expendios de droga en las favelas, o ‘bocas de humo’ como se les llama en Brasil, pasaron a ser puntos de referencia no sólo para la venta de drogas sino para otras actividades criminales que dependen de las armas, como por ejemplo los robos en la ciudad. “Cuando el narcotráfico ya no da más dinero, o da muy poco, es difícil aceptar que la perspectiva financiera sea más fuerte para explorar su todavía enorme capacidad de atracción sobre algunos”, afirma Silvia Ramos.
"Marías-fusil"
Así es como el sexo entra en esta historia. Según la investigadora, el tema de la sexualidad se impuso en la pesquisa, aunque no estaba contemplada en el derrotero inicial. “La información más repetida, confirmada, explicada y reasegurada –y aún así sorprendente y oscura- es la supremacía de las armas para atraer mujeres, chicas lindas de la favela, de fuera de la favela y hasta de otra clase social. Las llamadas ‘Marías fusil” estarían siempre presentes en la vida de la ‘boca de humo’, especialmente durante los bailes funk (bailes populares con música parecida al reguetón) y muchas veces fueron definidas como la mayor razón para explicar la fascinación que los grupos ilegales y las armas ejercen sobre niños, adolescentes y jóvenes”, explica.
El informe dice que el baile funk ofrece el momento para que jóvenes que viven en la favela y no hacen parte del mundo del narcotráfico puedan convivir con aquellos que lo están. Así se comparte un poco de la cultura del narcotráfico, cantando las mismas canciones (como los “prohibidos del funk”, que son el equivalente a los “corridos prohibidos” en México y Colombia) y presenciando el desfile de las armas.
La declaración de la madre de un adolescente que está cumpliendo una pena alternativa argumenta que “el chico no tiene nada… no tiene dónde caer muerto, pero ¿sabe cuántas mujeres tiene? Cuántas quiera tener. Dependiendo del arma, más mujeres tendrá”.
El fenómeno es confirmado por un técnico del proyecto en favela. “Ya no existe esa gran remuneración. Claro, logran comprar un par de tenis, pero no acumulan mucho más que eso. Lo que logran hoy es la atención de las chicas y ellas quedan locas con el arma y la cadena de oro”.
Disputas interpersonales
En el informe, Silvia observa que ningún estudio indicó aún cuáles son exactamente las principales dinámicas generadoras de violencia letal entre jóvenes pobres y negros, habitantes de favelas y de los barrios pobres de la Región Metropolitana de Río de Janeiro. Pero el uso frecuente de armas de fuego es una fuerte indicación de que las muertes se asocian directa o indirectamente a los grupos armados ilegales que dominan áreas de la ciudad y que se oponen a otros grupos armados y/o a la policía.
Por otro lado, no se conoce la proporción de muertes que afectan a los participantes directos de estos grupos (traficantes, milicianos, policías) ni los indirectos (amigos, familiares, cónyuges, usuarios de drogas) o los contingentes (colegas, vecinos, habitantes de barrios próximos, personas presentes en un asalto de bus, peatones en un avía de la ciudad durante un tiroteo, involucrados en una pelea en una fiesta, etc.).
Según Silvia, no se conocen las dinámicas generadoras de letalidad ni siquiera bajo el rubro “ muertes del narcotráfico”.
“El impacto de un tiroteo en una guerra de facciones o en una confrontación con la policía tiende a hacernos olvidar las incontables muertes efectuadas dentro de los grupos armados por ajustes de cuentas o diversas razones inherentes a su actividad y también por disputas amorosas y familiares, por riñas y conflictos banales que encuentran desenlace fatal en la omnipresencia de las armas y de una cultura masculina agresiva y explosiva”, expresa.
La investigadora dice que la división clásica entre violencia interpersonal (entre personas que se conocen, y que no tiene que ver con fines lucrativos) y la violencia colectiva (o crimen organizado) no tiene vigencia. “En la práctica, lo que observamos es que parte importante de la violencia letal ocurrida en el contexto del llamado tráfico de drogas es el resultado de conflictos y disputas interpersonales. Las fronteras entre naturalezas criminales en el contexto de alta letalidad de jóvenes en favelas, se encuentran indefinidas”, dice.
Unos salen, otros…
Los investigadores preguntaron en todos los grupos focales y en las entrevistas por qué algunos jóvenes entran a los grupos armados ilegales que dominan las favelas y otros no. Después de consideraciones genéricas sobre las razones que contribuyen a que los adolescentes busquen el camino del crimen, inmediatamente se seguían historias que contradecían esas razones. “Está claro que en muchos casos los adolescentes entran al narcotráfico o a las milicias en busca de dinero, trabajo, escape de familias violentas o de padres alcohólicos o por otros motivos socioeconómicos clásicos. Pero es importante percibir que en muchos casos las trayectorias de vida no corresponden a esas razones más obvias y frecuentes”, observa Silva.
Según ella es importante tener en mente que el atractivo económico que el crimen puede ejercer no es el motivo más decisivo o por lo menos ya no es el más decisivo como lo fue en la época de las grandes remuneraciones, lo que obliga a reconocer el límite de los proyectos para jóvenes de favelas que basan su existencia en la oferta de ayuda financiera, como las becas de estudio.
Varios técnicos mencionaron que precisan negociar día a día el mantenimiento de ciertos chicos en proyectos que ofrecen algún dinero, pero no ofrecen algo que algunos tal vez busquen al entrar al narcotráfico; procurando hacer una lista de situaciones y condiciones que más llevan a los jóvenes a entrar al crimen organizado, además de la necesidad financiera y el deseo de visibilidad, las razones más frecuentes surgidas en los grupos focales y entrevistas fueron: haber vivido una injusticia (por parte e la policía, en la escuela, de parte de los amigos o de otros jóvenes); tener alguien de la familia involucrado en el tráfico, tener una familia desestructurada o ausente y no tener perspectiva de futuro.
La investigadora afirma que cada una de esas razones debería ser vista con detenimiento. Realmente, la familia parece ser un punto clave en las historias de entrada en ese mundo, pero también y principalmente, en las historias de salida de los jóvenes de los grupos armados ilegales. “Oímos muchas historias en que, exactamente por venir de una familia en que el padre o el hermano se había ido para el narcotráfico, todo había sido hecho para prevenir que ese joven entrase también. O sea, lo que parecía ser el veneno reveló ser el antídoto”, explica.
Las milicias también seducen
La investigación verificó que los grupos de milicianos también pueden ser atractivas fuentes de renta y empleo para los jóvenes, lo que contraría la idea de que las milicias no emplean jóvenes y que están formadas apenas por personas más viejas profesionales de policía. De acuerdo con la investigación, la crisis del tráfico y la consecuente reducción de ganancias ilegales, hicieron que algunos policías resolviesen obtener lucro controlando directamente territorios y no más indirectamente, extorsionando traficantes que controlaban territorios. Las declaraciones mostraron que aún luego de la conclusión de la Comisión Parlamentaria Investigativa de las Milicias, que identificó jefes, lugares y modos de operar de esos grupos, ellos no sólo continúan fuertes sino que parecen estar más estructurados que antes.
“Las milicias hoy pasan a tener estructura y autonomía suficiente para sobrevivir y prosperar aún con importantes líderes en la prisión. Todas las políticas de reducción de la violencia letal y las políticas enfocadas en jóvenes de favelas y barrios populares, tendrán que tener en cuenta que los grupos de milicias no son sólo una realidad presente, generadora de letalidad en grados inconmensurables, sino que probablemente persistirán en los próximos años”, afirma el informe.
La parcela de la policía
En relación a las historias de injusticias que deflagran la decisión de jóvenes de asociarse a grupos armados locales, muchas están ligadas a una acción arbitraria de la policía que implicó alguna humillación. En los siete meses que duro el estudio, los investigadores oyeron innumerables casos de actuación vergonzosa de policías.
“No se trata sólo de los más de mil muertos por las fuerzas policiales año tras año, de las evidencias de corrupción generalizada en muchas áreas y de la proliferación de las milicias bajo los ojos complacientes de comandantes y jefes de policía. Se trata de una cultura policial arraigada que naturaliza el irrespeto a todos los moradores de áreas pobres de la ciudad, banaliza la brutalidad y de cierta forma justifica cada día el fracaso propio a través de la lógica de la guerra contra el crimen organizado”, afirma Silvia.
Para ella la policía es por lo menos parcialmente responsable por esa tragedia, pero esto no impide comprender que la policía también sea parte fundamental de la solución, ya que se hace necesaria para el control de los territorios dominados por traficantes y milicianos y para la disminución de la presencia de armas y municiones en esos lugares.
Esa desocupación, según Silvia, sólo será exitosa si es realizada por policías honestos y respetuosos en relación a los moradores de las favelas. Ella también destaca la importancia de la retoma del debate sobre el desarme. “No se trata de operación policial, sino de establecer policiamento comunitario permanente, en cantidad suficiente, supervisado por oficiales superiores que deben encontrarse en las favelas (y no dentro de los batallones) y controlado por los medios, por organizaciones locales y por los moradores”, recomienda.
Otras acciones necesarias para reducir la letalidad provocada por la participación de adolescentes en grupos armados son la mejoría de las escuelas, la creación de empleos, la ampliación de alternativas profesionales, el programa de bolsas e iniciativas culturales para fortalecer la imagen del joven de favela. Pero Silvia enfatiza el papel de la policía: “acciones sociales, culturales y presión política sobre gobernantes, por sí solos no son capaces de eliminar las armas y reducir la violencia letal. En ningún lugar y menos aún en Río de Janeiro. Es en la policía, por lo tanto, que parte de nuestras energías tienen que concentrarse en los próximos años”.
El estudio fue dedicado a la memoria de la investigadora Ana Carolina Rodrigues da Silva Dreyfus, de Viva Rio, quien trabajó en la investigación y falleció a los 28 años de edad en el desastre del vuelo de Air France que cayó al Atlántico en mayo de 2009.
Foto de portada: Nando Dias para Viva Favela
Traducción: Andrea Domínguez
Descarte el texto completo de la investigación:
Relatório da pesquisa "Meninos do Rio: jovens, violência armada e polícia nas favelas cariocas" (En portugués)








Comentarios
Enviar un comentario nuevo