Jóvenes en la mesa del debate sobre drogas

Por Aram Barra*

Aram_Barra_antena.jpgActualmente cohabitamos el planeta un poco más de 1.2 mil millones de jóvenes. Es decir, aproximadamente el 18% de la población total del globo tenemos entre 15 y 24 años.  En América Latina representamos alrededor del 18% de la población total.  Y aunque no queda ninguna duda de la importancia estadística que jugamos en la región, ello no necesariamente se traduce en una inclusión de nuestras opiniones políticas en la agenda pública.

Hoy en América Latina hace falta dirigir políticas hacia la educación y la integración misma de las personas jóvenes a la sociedad, con perspectiva de género incluida. Crear espacios de recreación pública y canalizar las expresiones artístico-culturales de cada grupo identitario. Los jóvenes hemos sido recluidos a la noche, a los bares, a los antros, a las fiestas. En el día, los adultos reinan y nos dicen qué hacer y cómo hacerlo.

Por ejemplo, por cada Casa o Centro Cultural en la Ciudad de México hay 14.5 centros nocturnos.  Si bien en la industria del divertimento nocturno los jóvenes encontramos un nicho para nuestra libertad, ello se encuentra en los espacios privados a donde no todos tienen acceso. Coadyuvando de esta manera a la fragmentación social e identitaria juvenil.

¿Cómo influye la política de drogas en todo esto? Recordemos que las y los jóvenes usamos drogas por muchas razones. Ya sea para divertirnos, para encajar, por supervivencia, por tradición, para ocultar el hambre, el trauma o para hacer frente y aliviar el dolor.  El concepto de la prevención se pierde en los muchos jóvenes que ya utilizan drogas, además de que los espacios de interacción que nos provee la sociedad son propicios para comenzar a utilizarlas. Así, decirnos u obligarnos a dejarlas no sirve en la medida en la que nuestras circunstancias de vida permanezcan iguales.

Las políticas tradicionales y en particular la política de drogas no responden a las realidad de los jóvenes latinoamericanos, no modifica los problemas estructurales de nuestras sociedades. Observemos que el 21% de los jóvenes en la región no estudian ni trabajan mientras que el 33% sólo trabaja.   El 54% sólo terminaron la secundaria, el 41% viven en la pobreza y el 23% en la pobreza extrema.  Sin educación, sin trabajo, sin servicios comprehensivos de salud o espacios adecuados para expresarnos, las drogas hayan un espacio natural para proliferar y crecer su popularidad.

En la medida en la que la política pública no responda a las necesidades de participación política que las y los jóvenes tenemos, seguiremos viendo rupturas y desgarres del tejido social, vandalismo y violencia. Así. continuará creciendo el tipo de drogas accesibles, así como su uso irracional e inconsciente como una escapatoria a la realidad. También en esa medida se continuará rompiendo el diálogo intergeneracional y observaremos un crecimiento en la apatía o negación a la participación.

Los jóvenes debemos tener una participación significativa en la vida política de los gobiernos latinoamericanos porque somos los mejores para describir nuestra propia situación de vida. Porque somos sujetos de derechos y garantías y porque se nos debe permitir escoger lo que es mejor para nosotros mismos de acuerdo a nuestra propia experiencia. Al final, nadie mas que el individuo mismo puede decidir qué entra en su cuerpo y lo que hace de su vida, ello aplica a los jóvenes también.

En este sentido, es muy importante que demandemos a los gobiernos y a nuestras sociedades, apoyados en los organismos regionales e internacionales, que las políticas sobre drogas sigan recomendaciones específicas para jóvenes y tener en consideración los cuatro principios rectores de la Convención sobre los Derechos del Niño:

1. No discriminación: Hay que eliminar las barreras relacionadas con la edad que requieren el consentimiento de los padres o deniegan confidencialidad a los menores de edad. Hace falta eliminar las restricciones de edad para acceso a servicios de reducción de daños tales como la sustitución de jeringuillas y el tratamiento con opiáceos.  Es eminente ofrecer servicios de salud reproductiva a las y los jóvenes, especialmente los jóvenes usuarios de drogas.

2. Prioridad en el interés de jóvenes y niños: Todas las políticas de drogas se deben adherir a normas internacionales de derechos humanos. Esto garantiza que las políticas sobre drogas tengan en consideración a los más vulnerables y necesitados de apoyo como los jóvenes usuarios de sustancias y en situación de calle.

3. La vida, supervivencia y desarrollo: Enfrentar la realidad a base de educación honesta y completa sobre drogas y servicios de prevención y de bajo umbral. Los servicios orientados a los jóvenes, el acceso a la educación y los servicios de salud, son todos componentes esenciales de una política efectiva de drogas que tiene por objeto garantizar un mejoramiento en la salud de las y los jóvenes que consumen drogas. Aún más, impulsar que la evidencia basada en la edad adecuada para el tratamiento farmacológico sea una prioridad por sobre la detención, el encarcelamiento o la rehabilitación forzada.

4. Participación: Los países deben dejar participar significativamente a las y los jóvenes más afectados en la política de drogas y los programas de desarrollo, de aplicación y de evaluación en todos los niveles. Los jóvenes usuarios de drogas, los jóvenes que viven con VIH y en general los jóvenes latinoamericanos, no debemos perder nuestro derecho a la participación. Ello es nuestro derecho a ser incluidos en las decisiones que afectan nuestras vidas.

En toda América latina, las personas jóvenes somos actores preponderantes para la transformación económica, política y social. Pero la agenda se debe construir en conjunto, fomentando la participación ciudadana y la ética. Hablemos de nuestros problemas y de nuestras preocupaciones: de nuestra salud sexual y reproductiva, de nuestra experiencia con las drogas, de la violencia y discriminación que sufrimos, de nuestra urgente necesidad de educación y empleo digno.

* Aram Barra es mexicano, tiene 23 años y desde hace diez es activista de los derechos de los jovenes. Representa a las organizaciones Espolea y Youth R.I.S.E. en su pais.

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