Guatemala: Sí a la vida. No a la violencia

sergio_limatu_edit.jpgA los 14 años de edad, Sergio Limatu (en la foto, a la esquierda) fue testigo del asesinato de un compañero de clase. “Estaba frente a una iglesia con unos colegas y pasó una chica tocándole el hombro a un amigo. La joven le dijo: ‘Si tu no vas a ser para mí, no vas a ser de nadie’. Dos minutos después pasaron dos jóvenes que le dispararon. Tomó cuatro impactos de bala que lo mataron”, relata.  Se presume que la chica andaba con pandilleros y que quería que fuese su novia. Hijo único de madre soltera, el adolescente sólo pensaba en jugar el fútbol.

Sergio dice que ver compañeros de clase morir y portar armas de fuego era parte de su rutina cuando frecuentaba institutos de educación media en Guatemala.  “Cuando éramos chavales al salir nos encontrábamos con pandilleros que nos esperaban para asaltarnos. A veces a la ida y también al regreso. Entonces nos organizamos para pelear contra ellos, de momento con los puños, hasta que un compañero llevó un arma y quería reclamar justicia. Decía que si ellos tenían un arma, entonces ellos también deberían portar una”.

El joven, hoy con 20 años, cuenta que tras el asesinato de su amigo todos querían venganza. Pero al ver el arma en las manos de su compañero se dio cuenta que no podía luchar contra la violencia con más violencia. “Si quiero un buen futuro tengo que hacer algo”, se dijo a si mismo. Fue así como decidió ser voluntario en el programa Escuela Seguras del Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible (Iepades).

“Escuelas Seguras” es un programa orientado hacia los estudiantes de educación media cuyo objetivo es cambiar la cultura de violencia que se vive en Guatemala. En el país mueren actualmente más de 5.000 personas al año y los heridos sobrepasan esta cifra. Más del 80% de estas muertes son ocasionadas con armas de fuego y la mayoría de víctimas son jóvenes que no han completado los 25 años de edad .

“La juventud posee una gran fuerza, deseos de participación e inclusión”, dice Carmen Rosa de León-Escribano, directora de Iepades. A través del eje de juventud y niñez por la paz, la organización no gubernamental da a conocer a niños, niñas y jóvenes el impacto de la violencia armada y forma multiplicadores/as de la paz entre los propios estudiantes con capacitaciones especializadas sobre el tema. “Se trabaja a partir del arte, deporte y charlas en las cuales todos participan y todos aprenden”, señala.

cartaz_iepades_edit.jpgFue así como Sergio tuvo su primer contacto con una alternativa que le pareció mucho más interesante que empuñar un arma para defenderse. “Iepades llegó al instituto donde dieron charlas sobre prevención de la violencia armada. Empecé en el 2007 como voluntario y el año pasado me contrataron como facilitador, siempre dando las charlas sobre prevención de la violencia en los institutos”, cuenta.

Distribuido en tres áreas geográficas estratégicas (urbana, fronteras y una comunidad indígena), el programa recluta unos 100 jóvenes al año que se vuelven multiplicadores de la paz. Su misión es replicar el tema de la prevención de la violencia armada en sus espacios, como la escuela, el hogar, las colonias, los barrios y sus iglesias. Todo hecho de manera voluntaria. “La idea es derrocar la cultura del ‘adultocentrismo’, pues un joven escucha y se entusiasma más a participar viendo a otro joven hablar”, dice Carmen.

Asimismo se capacitan policías y maestros dentro del componente formativo y se trata de mejorar las instalaciones con cámaras y patrullas próximas a los institutos para crear un entorno más seguro para los jóvenes.

Arma de fuego = dolor + sufrimiento

En una de las charlas, Sergio pregunta a un grupo de alumnos de 13 a 14 años: “¿Para qué sirve un arma de fuego?” Ellos responden: “para matar”. Sergio cuenta como ser testigo de la muerte de su compañero lo impulsó a tomar acciones como esta. “Así como hay cientos de jóvenes que ofrecen armas tiene que haber jóvenes que ofrezcan una alternativa. Yo ofrezco una opción de futuro, y también de presente. Les digo: un arma de fuego no te da nada de bueno, apenas puede resultar en dolor y sufrimiento”.

“Lo cierto es que muchos de nosotros ya hicimos de la violencia parte de nuestras vidas”, observa Sergio. “Cuando hay una persona baleada, todos corren, sin importar la edad. Pero no para ayudar, sino para ver cuantas balas le han perforado el cuerpo”, lamenta.

alunos_iepades_edit.jpg“¿Cuanto vale la vida de uno?” La clase se queda en silencio. La respuesta no parece venir tan fácil cuanto en la pregunta anterior. “La vida de uno no tiene precio”, dice. Y completa: “La vida que me dieron mis padres no tiene precio. Pero viene un delincuente y dice: ‘Tu vida para mi vale 2 quetzales’. Porque con una simple bala te la quita”.

En Guatemala el porcentaje de armas registradas por mujeres no alcanza el 2%, sin embargo alrededor de 500 mujeres fallecieron en el 2008 víctimas de las armas de fuego. En el 2009 las cifras continuaron en aumento. “Yo no tendría confianza en tomar un arma de fuego. No es cuestión de valor o cobardía, simplemente estoy racionando para tener un mejor presente”, dice otro niño.

Tras tres años impartiendo charlas, Sergio considera que ha habido un gran avance porque hoy muchos jóvenes llegan a su casa y dicen que la violencia es mala, que un arma de fuego no ofrece nada de bueno. Ni siquiera las de juguete.

Hoy con su trabajo, el joven intenta evitar que casos como el de su amigo se repitan. Su deseo es impulsar una cultura de la no violencia. “Una muerte violenta no puede ser vista como algo normal. El amor a la vida se ha perdido. No nos podemos olvidar que es algo que tenemos que valorar”, dice Sergio.

El multiplicador comenta que en Guatemala quitar la vida a alguien no sobrepasa los 200 quetzales (unos 25 dólares estadounidenses). “Nuestra sociedad considera las armas una necesidad. Es como si fuese un celular. La falsa ilusión de brindarte tu propia seguridad”, lamenta.

En el país circulan alrededor de 400.000 armas legalmente registradas. De estas se reportan más de 1.500 armas robadas al año. No es de se extrañar que alrededor del 70% de armas que se involucran en delitos sean ilegales .

“No creo que un niño nace violento, es una mentalidad que se va adquiriendo”, opina Sergio. “No podemos retornarles la inocencia pero si podemos hacer que tengan conciencia de ellos mismos. Que piensen antes de actuar. Que con un arma de fuego le pueden quitar la vida a un familiar. O a ellos mismos. Todos tenemos sueños y nadie tiene derecho de quitárnoslos. De decir: tú no puedes soñar”, completa.

Medidas legales

debate_iepades.jpgEn un esfuerzo por controlar mejor esta situación, el 29 de abril de 2009 entró en vigor la nueva Ley de Armas y Municiones (Decreto 15-2009) que ha dado pasos importantes, aunque todavía quede mucho por hacer.

Entre los principales avances de la ley están las restricciones a la compra de armamento bélico. Antes se podía comprar hasta 500 municiones al día, hoy en día se redujo a 250 al mes. Se incluyó también la obligatoriedad de marcar las armas con la leyenda “GUA”, en los casos de importación de armas, así como en el momento en que se decrete que las armas serán utilizadas por las fuerzas de seguridad del Estado. Tampoco se puede portar el arma de forma visible, de lo contrario se comete la falta de portación ostentosa. Asimismo, un joven menor de 25 años no puede más portar armas de fuego. Es ilegal y puede ser detenido.

“Nosotros queremos que la gente se entere de lo que está pasando”, apunta Sergio. “Muchas veces se violan los derechos y no se reclama por no estar conciente de ellos.  El gobierno atribuye la mayoría de los crímenes a las maras, por ejemplo, pero no pasan de delincuencia común. En lugar de apoyar políticas de mano dura se debe exigir mayor seguridad, mejor educación y más trabajo”, señala.
Si a la vida. No a la violencia.

El 12 de marzo último Sergio participó en un evento en el cual 1.500 armas fueron destruidas. A su lado estaban jóvenes, niños y niñas que ahora le dicen no a las armas. “Acá en Guatemala hay la mentalidad que para estar seguro es necesario portar un arma de fuego. Pero no es así. Porque un arma de fuego pone en riesgo la vida de uno y la de todos aquellos que a están a su alrededor”, subraya.

Un niño presente al evento le pregunta si un arma por más pequeña que sea puede quitar una vida. Sergio le responde que puede quitar trece. El niño reflexiona en silencio y hace un gesto de rechazo. Sergio le toma la mano y le dice: “No te preocupes. Estamos acá para cambiar esto”. El niño sonríe y Sergio concluye: “Si queremos cambiar nuestro país tenemos que hacerlo nosotros”.

Iepades tiene casi dos décadas trabajando en Guatemala por la construcción de la paz y la justicia social. La ONG trabaja con las comunidades y las municipalidades en la gestión local de la seguridad para que sea hecho desde una perspectiva democrática y para atender a las víctimas y a los derechos de las víctimas.

En otros sítios:

www.iepades.org

Documentos relacionados:

Decreto 15-2009

Balance de Iepades sobre la nueva ley de armas de Guatemala

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