Estigmatizar a los jóvenes es evadir la responsabilidad
ENTREVISTA / Isabel Aguilar
Cuesta más. Se demora más. Pero también dura más. La prevención de la violencia juvenil, a través iniciativas sociales integrales, requiere mayores esfuerzos por parte de la sociedad pero ha demostrado ser mucho más efectiva que las políticas represoras de mano dura, a la hora de lidiar con maras y pandillas en Centroamérica.
Pero además de ser más eficientes, las políticas sociales enfocadas en la prevención de la violencia son más justas. Para Isabel Aguilar, coordinadora regional del programa Políticas Públicas para Prevenir la Violencia Juvenil en Centroamérica, Poljuve, “es inadmisible que no veamos, como conjunto social, que si uno solo de nuestros hijos está fallando es porque nosotros, como adultos, hemos fallado primero. En tal sentido, no es responsable que las políticas manoduristas se ensañen contra el más débil. Hemos permitido su debilidad y luego, no hemos sido capaces de encontrar a los verdaderos culpables de la violencia”, explica.
Para Aguilar, la estigmatización de los jóvenes es la forma como la sociedad evade su responsabilidad frente a la violencia juvenil. “¿De qué estamos hablando, de que las y los jóvenes carguen con el peso de una violencia que debería imputarse a otros actores menos vulnerables o más poderosos? ¿De una sociedad a la que le resulta más sencillo seguir estigmatizando a sus jóvenes, puesto que estos son más indefensos y, al final de cuentas, alguien tiene que cargar con las responsabilidades de los crímenes que se cometen?”, cuestiona Aguilar.
Poljuve, un programa de la organización Interpeace asociada a Naciones Unidas y que trabaja en la construcción de paz duradera en sociedades con conflictos internos, actualmente está trabajando en Centroamérica para solucionar lo que considera el mayor obstáculo en la solución de la violencia juvenil: la ausencia de políticas públicas explícitas para abordar el tema de las pandillas y las maras desde perspectivas preventivas. “No basta solo ayudar a que un joven en riesgo o ex privado de libertad consiga un empleo. También es preciso que reciba ayuda psicológica, apoyo para continuar sus estudios, que sea acogido por su comunidad, entre otras cosas”, explica la experta.
Trabajo, educación, cultura, recreación, deporte: un trabajo con jóvenes realmente eficiente para prevenir la violencia debe tomar en cuenta estos temas, de manera integral y sostenible, tal como lo dice Isabel. “Y desde el punto de vista de los procedimientos, la labor con los jóvenes debe basarse en metodologías participativas en las cuales sean las y los jóvenes los verdaderos protagonistas del cambio y, lo que es más importante aún, las y los tomadores de decisión acerca de lo que quieren hacer y ser”.
Desde Guatemala, Isabel Aguilar habló con Comunidade Segura sobre maras, pandillas, responsabilidad social y soluciones a la violencia juvenil en Centroamérica.
¿A qué se debe el aumento de las maras y pandillas?
No es del todo claro que haya existido un aumento de las maras y las pandillas en los últimos dos años. El hecho de que hayan aumentado las muertes violentas no es un indicador per se del auge de las maras y las pandillas. Es difícil determinar con exactitud si el número de miembros de las maras y las pandillas ha crecido, dado que las estimaciones al respecto nunca han sido claras. Se desconocen tanto cifras confiables como metodologías válidas para establecer con mayores certezas cuál es el número de jóvenes involucrados en maras y pandillas.
¿De qué datos se dispone actualmente?
De acuerdo con uno de los estudios de mayor difusión producido por USAID en 2006, se estima que en Guatemala existen aproximadamente unos 14,000 miembros que integran las conocidas Mara Salvatrucha (MS-13) y la Mara 18. Otro estudio de 2004 del Equipo de Reflexión e Investigación, ERIC, indica que el número total aproximado de pandilleros en la región estaría entre 50 mil y 100 mil. Tales estimaciones ponen en un extremo a Honduras con la mayor cantidad de pandilleros, con cifras que llegan a los 35 mil jóvenes enrolados activamente, mientras que en el otro extremo se encuentran Nicaragua, Costa Rica y Panamá con menos de 5 mil pandilleros en cada país. Sin embargo, el estudio dice que en países como Honduras y Guatemala, el número de mareros sigue en aumento. Según un informe presentado ante el Banco Interamericano de Desarrollo, “(…) se calcula que Estados Unidos tiene alrededor de 730.000 miembros en cerca de 21.000 pandillas con una tasa de crecimiento acelerada. Y en Centroamérica se ha estimado que en los países con fuerte presencia de maras existen en promedio 30.000 jóvenes pertenecientes a estas (sic) y más de 50.000 jóvenes en riesgo llamados “simpatizantes”, ya que, aunque aún no pertenecen a estos grupos, presentan una alta probabilidad de ingresar.” Específicamente para el caso guatemalteco, PRODEN sugiere la existencia de 330 grupos mareros en la capital en 1995 y grupos mareros en 10 departamentos fuera de la capital. Finalmente, según las estadísticas más recientes de la Alianza para la Prevención del Delito (APREDE), se estima que en Guatemala hay 165 mil adolescentes pertenecientes a las pandillas juveniles, de acuerdo con lo reportado por Prensa Libre en octubre de 2005.
¿Y qué estimativos hay desde el sector oficial?
Según el Consejo Nacional de la Juventud (CONJUVE), “entre el 4 y el 7 % de la juventud guatemalteca pertenece a las llamadas pandillas juveniles, lo cual se traduce en una cifra de entre 170 mil y 250 mil jóvenes. Por su parte, los presidentes del Istmo, (sic) declararon que del total de deportados de EE.UU. durante el 2004, (sic) 114 mil personas pertenecían a las pandillas (INCEP, 2005)." Recientemente, las mismas autoridades que lidian con el fenómeno en Guatemala señalan que en el país no hay sino unos 14 ó 15 mil pandilleros. En Honduras, por su parte, las cifras han tenido una tendencia al decremento, sobre todo como consecuencia de la extrema estigmatización de que han sido víctimas las y los jóvenes pandilleros, lo que ha llevado a severas acciones de limpieza social y, a la postre, los ha obligado a adoptar otras formas de “sobrevivencia” en el mundo pandilleril (por ejemplo, ya no se hacen tatuajes). Lo que vale la pena resaltar es que asistimos al auge de nuevas formas de asociación juvenil con tendencias agresivas, más allá de la MS y la M-18. Este es el caso de la BKS en Guatemala, o las barras bravas en Honduras.
Los medios masivos con frecuencia relacionan el aumento de la violencia en las ciudades de Guatemala, El Salvador y Honduras con el aumento de las pandillas. ¿Ustedes están de acuerdo?
Definitivamente no estamos de acuerdo con esta afirmación. Basta un dato: en reciente presentación pública, el Instituto Universitario de Opinión Pública de El Salvador, mencionaba que, de acuerdo con cifras oficiales de la Policía Nacional Civil de dicho país, de cada 100 homicidios cometidos entre agosto y diciembre de 2009, solamente 11 podían ser atribuidos a las pandillas. A esto cabe sumar que en el país hay un 98% de impunidad (de cada 100 delitos, solamente 2 se investigan y la cifra de los que llegan a esclarecerse y culminan en sentencias judiciales es aún mucho menor). Entonces, ¿de qué estamos hablando? ¿De una sociedad a la que le conviene más que las y los jóvenes carguen con el peso de una violencia que debería imputarse a otros actores menos vulnerables o más poderosos? ¿De una sociedad a la que resulta más sencillo seguir vulnerabilizando y/o estigmatizando a sus jóvenes, puesto que estos son más indefensos y, al final de cuentas, alguien tiene que cargar con las responsabilidades de todos los crímenes que se cometen? Cabe preguntarse, en todo caso, a quién conviene que las y los jóvenes aparezcan en los medios como los culpables inveterados de la mayoría de la violencia que se comete.
¿Cómo responder a la estigmatización de los jóvenes en Centroamérica?
La lucha contra la estigmatización pasa por el establecimiento de estrategias planteadas desde una perspectiva integral, holística, humanizadora. Requiere un cambio de mentalidades acostumbradas a privilegiar la cultura adultocéntrica, dando paso al establecimiento de espacios intergeneracionales de búsqueda y construcción colectiva. Entre ellos, los espacios de diálogo, de encuentro, de creación de entendimientos entre las diversidades, entre las cuales se encuentra la diversidad etaria.
¿Cómo podría mejorar la cobertura periodística?
En cuanto al fenómeno de las maras y las pandillas, es preciso que los medios de comunicación se informen aún más acerca del rol que desempeñan en la creación de figuras heroicas en los jóvenes, figuras que, debido a su imaginario calcado en la cultura de la violencia, se vuelven figuras, en realidad “anti heroicas”. Esto nutre su ego, alimenta sus fantasías de grandeza y contribuye a reproducir el ciclo perverso de la violencia que tanto daño está haciendo en la actualidad.
Es preciso que los medios de comunicación cobren mayor conciencia acerca de la necesidad de manejar información más veraz acerca de la participación objetiva o no, de las y los jóvenes en la comisión de actos delictivos. No se puede manejar la noticia de manera que parezca, de entrada, que las y los jóvenes son quienes están detrás de todas las muertes violentas y de otra clase de delitos que están siendo perpetrados en nuestros países. Es importante, por el contrario, que se incentive, aun desde la noticia, una mayor y más pronta investigación criminal, así como más eficiencia y eficacia desde el sistema jurídico-penal. Asimismo, es imprescindible que se evidencien otros posibles actores que estén detrás de la violencia, como los agentes del crimen organizado, o las bandas que realizan acciones de limpieza social.
También, es preciso que se cuente con mayor información no solo sobre los efectos de la violencia, sino, especialmente, sobre sus causas que son, de manera fundamental, estas sociedades con profundas desigualdades (económicas, sociales, étnicas, de género, etc.) y calcadas en modelos marginalizantes de violencia estructural.
Algunos mandatarios han hablado de vínculos crecientes entre pandillas y maras con el crimen organizado. ¿Cómo ha modificado esto la estructura de las pandillas?
No se ha establecido con mayores certezas el vínculo exacto (sus magnitudes, dinámicas, tipos, etc.) entre el crimen organizado y las pandillas. A algunos de los miembros de estas últimas se les relaciona con actividades del crimen organizado como el sicariato y el narcomenudeo. En todo caso, Poljuve y las instituciones con las que se trabaja se encuentran, en la actualidad, realizando investigaciones con mayor nivel de profundidad, para esclarecer estos temas desde perspectivas más objetivas.
¿Cuál es el estado actual de las políticas públicas de Guatemala, Honduras y El Salvador para abordar el tema de las pandillas y las maras?
El mayor problema actualmente es que no existen políticas públicas explícitas para abordar el tema de las pandillas y las maras desde perspectivas preventivas. Lo que hay son acciones punitivas, represivas y que adolecen de una visión holística sobre la problemática. Estas políticas buscan resolver las consecuencias del problema, sin atender sus causas que son, como puede colegirse, causas múltiples, complejas y profundamente arraigadas en la historia social de nuestros países, en las opciones de desarrollo que hasta la fecha las distintas élites han preconizado.
Ha habido, en Honduras y El Salvador (en este último país, sobre todo durante los Gobiernos anteriores), tendencias explícitas hacia las políticas “manoduristas”, que se basan justamente en una visión efectista de la problemática y que, después de ser implementadas, han mostrado su fracaso rotundo como mecanismo para disminuir los índices de violencia.
¿Cómo evalúan ustedes esas políticas? ¿Cuál es la propuesta de Poljuve?
Desde el punto de vista eminentemente pragmático, las consideramos defectuosas porque van a contrapelo de la realidad, no miran su propio fracaso ni toman en cuenta el dato empírico o estadístico, que claramente indica que no disminuyen la violencia. Sólo generan más violencia porque hacen que las maras y las pandillas se replieguen para volverse a plegar, para volver a accionar con estrategias más sutiles pero igualmente nocivas, pues no transforman la situación. Pero lo que es quizás más grave, esconden el verdadero origen de la violencia en sus manifestaciones directas, lo cual es sumamente arriesgado porque entonces corremos el riesgo de perpetuar tal violencia.
Desde una perspectiva puesta en el acontecer político, consideramos que a menudo las acciones de mano dura representan una manera fácil y engañosa de proyectar, rápidamente, ante la ciudadanía votante, la idea de que se está trabajando a favor de la seguridad pública. Muchas veces, entonces, acciones inmediatas que responden al manodurismo se han usado como meros ofrecimientos y trampolines electorales, colocando una especie de cortina de humo que no permite a la población considerar que la solución del problema de la violencia es integral y depende de múltiples y diversas acciones. Es como ofrecer soluciones simples e improvisadas frente a problemas complejos, de origen arraigado.
¿En qué consiste el enfoque de transformación de conflictos y cómo lo están implementando ustedes en Centroamérica?
Es difícil resumir en qué consiste el enfoque de transformación de conflictos y conflictividades en pocas palabras. Básicamente, se trata de privilegiar el tratamiento de las relaciones entre grupos, sectores e individuos confrontados. Bajo este enfoque, no solo se miran los conflictos en sí, o sus consecuencias, sino también se abordan las relaciones de quienes son portadores de dichos conflictos. Esto lleva más tiempo, mayores recursos, requiere construcción de confianzas… No obstante, permite que se resuelva determinada disputa concreta, pero además facilita que en el futuro, relaciones más armónicas, reconciliadas o mejores, minimicen efectos nocivos de futuros conflictos y/o estén dispuestas a abordarlos de maneras más constructivas (vía el diálogo, la negociación, etc.). Las relaciones, una vez transformadas, generan recursos humanos más favorables a la paz.
¿Cuál es el alcance a largo plazo de estos procesos?
Dado que Interpeace es una organización por entero volcada a la construcción de la paz en sociedades desgarradas por el conflicto, en Poljuve no buscamos la resolución de conflictos, sino su transformación. Abrimos espacios de diálogo entre todos los actores/sectores confrontados o contrapuestos con relación con la problemática de las maras y las pandillas y la generación de violencia, con miras a fortalecer dichas relaciones para que juntos, los diversos actores/sectores, generen propuestas de política pública en materia de prevención de la violencia asociada con juventudes. Esperamos que dichas relaciones, una vez mejoradas, establecidas o re-establecidas, estén más dispuestas a resolver conflictividades y conflictos específicos futuros, en el marco de la problemática de la violencia asociada con juventudes.
¿En qué está trabajando actualmente Interpeace?
En este momento nos encontramos a punto de presentar nuestras primeras propuestas de política pública en materia de prevención de la violencia asociada con jóvenes en Guatemala y El Salvador. En Honduras, debido al golpe de Estado acaecido en junio de 2009, no pudimos abrir los espacios de diálogo necesarios para que dichas propuestas fuesen realmente representativas de los distintos sectores sociales. Y es que nuestros espacios de diálogo son multisectoriales e incluyen a actores de la sociedad civil y del Estado, incluyendo organizaciones de jóvenes y del sector privado.
Más allá de ello, hemos obtenido resultados altamente satisfactorios porque hemos comprendido mejor una problemática sumamente cambiante, volátil, dinámica; también hemos ayudado a que otros la comprendan mejor. De alguna manera, hemos contribuido a generar condiciones para que en toda Centroamérica se releve el tema de la prevención. Hay todavía mucho por hacer, pero hemos dado pasos e importantes.
¿En qué consiste la investigación participativa que ustedes realizan?
El diálogo que generamos nos produce insumos para la investigación que hacemos y viceversa: la investigación la hacemos para que nuestros espacios de diálogo sean más informados. De esta manera, quienes participan en el diálogo son artífices de la agenda temática y, a la vez, cuentan con insumos (ideas, información relevante, conocimiento de nuevas teorías) para que sus decisiones sean técnicamente sustentadas, además de viables y políticamente legitimadas.
¿Cómo es la facilitación de espacios de diálogo?
Abrimos los espacios y procuramos que éstos sean incluyentes, representativos y altamente participativos. Los diversos actores y sectores involucrados de una u otra forma con la problemática de la violencia asociada con juventudes son invitados a participar y su voz y opiniones forman parte fundamental de la búsqueda de consensos sobre las propuestas a presentar. El diálogo es un diálogo público imparcial. Interpeace funge únicamente como facilitador imparcial y catalizador de la dinámica.
¿Cómo se hace la promoción de redes sociales?
Nuestro trabajo de promoción de redes sociales se da de manera natural pues nuestros espacios de diálogo favorecen el establecimiento de esta clase de vínculos, tendentes a la conformación de redes sociales. No obstante, en nuestro campo de acción existen otras estrategias más intencionadas para coadyuvar a la creación de estas redes: la intermediación, la socialización de propuestas, el lobby y el cabildeo. Apoyamos algunas iniciativas de organizaciones juveniles que quieren organizarse y favorecemos que los propios actores de nuestros procesos se reúnan para ir generando un capital social a favor de los jóvenes. De hecho, la II Fase del Proyecto se basa en el fortalecimiento de estas redes y su potencial dinamizador.
¿Basada en su experiencia, qué tipo de trabajo con jóvenes es realmente eficiente a la hora de prevenir la violencia y qué trabajo realmente, no funciona?
Las acciones más eficientes en materia de prevención son amplias y de carácter social. Se vinculan con conceptos como desarrollo integral y seguridad humana. En efecto, en un sentido abarcador, la denominada prevención primaria es la más efectiva y oportuna. La prevención a nivel secundario y terciario implica mayores recursos y retos. Las tres son, sin embargo, absolutamente necesarias.
A pesar de este enfoque global y macro desde el cual debiéramos partir como sociedades, reconocemos que a corto plazo es necesario y urgente acotar radios de acción. Por eso estimamos importante todas aquellas acciones de prevención de la violencia que se basen en enfoques integrales y con visión de proceso, no de proyecto. Al decir integral, decimos, por ejemplo, que no basta solo ayudar a que un joven en riesgo o ex privado de libertad consiga un empleo. También es preciso que reciba ayuda psicológica, que cuente con apoyo para continuar sus estudios, que sea acogido de maneras más benévolas por su comunidad, entre otros. Al decir visión de proceso, no de proyecto, nos referimos a la búsqueda de cambios reales y sostenibles, no sólo porque determinado proyecto nos pide entregar x o y resultados cuantitativos. La prevención implica que se generen estrategias que puedan ser sostenibles en el tiempo.
Por lo demás, hemos visto que existen temas fundamentales para la prevención: trabajo, educación, arte y cultura, recreación (deporte). Un trabajo con jóvenes realmente eficiente para prevenir la violencia debe tomar en cuenta estos temas, de manera integral. Asimismo, desde un punto de vista procesal o procedimental, debe basarse en metodologías participativas en las cuales sean las y los jóvenes los verdaderos protagonistas del cambio y, lo que es más importante aún, las y los tomadores de decisión acerca de lo que quieren hacer y ser.
Foto de portada: Marco Nicoletti
Fotos interiores: Sandra Sebastián








Comentarios
Cuando los jóvenes
Cuando los jóvenes no tienen nada que ver, naturalmente forman pandillas y participar en actividades ilegales. Darles los deportes! Dales un propósito! Enséñeles que cuando complate "esto", recibirán "que ". Si los jóvenes no tienen expectativas que no se puede esperar que ellos hagan lo que les dicen.
R @ pago de la deuda
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