Establecer la paz en medio del conflicto
Cuando la violencia invadió Kenia después de la elección disputada en diciembre de 2007, los pacifistas cuáqueros entraron en acción mientras el combate continuaba a nuestro alrededor. En la primera semana iniciamos nuestras visitas a los 2000 kikuyus, el grupo étnico objetivo de nuestra área, en un campo de desplazados ubicado en la escuela primaria de nuestra ciudad natal de Lumakanda, en la zona rural del oeste de Kenia.
Sabíamos que ellos necesitaban más que maíz y frijoles donados por la Cruz Roja. Aunque nuestros recursos eran muy limitados, hicimos lo que podíamos. Las cien mantas que teníamos no cubrirían a las 2.400 personas, por eso priorizamos su entrega a niños y ancianos. A los niños más pequeños les dimos arroz, pues no conseguían comer el maíz duro con insecticida sin tener diarrea.
Un proverbio burundiano dice, “un amigo verdadero llega en tiempos de necesidad”, y realmente nuestra presencia fue recibida con gratitud desde el principio. En tiempos de conflicto, el primer paso de la pacificación es visitar a los que han sido afectados por la violencia.
El segundo paso es escuchar las inquietudes de las personas que fueron desplazadas. Hasta febrero, con las reapertura de la escuela, las personas desplazadas internamente se mudaron a un campo mayor en una ciudad llamada Turbo a cerca de 10 km de la comisaría de policía. Eso dificultó nuestras visitas, pero continuamos yendo una vez a la semana.
Después trajimos a 40 consejeros voluntarios cuáqueros para realizar sesiones de escucha con las personas desplazadas internamente. La mayoría de los consejeros era del grupo étnico local de Luhya, que también era uno de los grupos que se había desplazado de Kikuyu, y cada uno de estos consejeros había recibido capacitación previa en actividades de pacificación y capacitación adicional en sesiones de escucha.
El objetivo de las sesiones de escucha era oír las historias de las personas desplazadas, lo que les había sucedido, conocer sus necesidades actuales y prestar atención en sus esperanzas y miedos con relación al futuro. Fuimos las primeras (y creo únicas) personas a escuchar sus historias, dificultades y preocupaciones desde un punto de vista no crítico.
El tercer paso es escuchar a aquellos que perpetraron la violencia y causaron el desplazamiento. Nos dirigimos a las comunidades cuyos residentes habían sido forzados a salir.
Nuevamente condujimos sesiones de escucha que eran mucho más difíciles pues los lugareños que habían promovido la violencia eran a menudo muy hostiles. Escuchamos con paciencia, sin reaccionar ante declaraciones absurdas o llenas de prejuicios. Fuimos acusados, algunas veces, de ser espías del gobierno. Al final, las personas estaban sumamente agradecidas: nunca antes alguien había venido a escuchar su lado de la historia.
El cuarto paso es acompañar a las personas desplazadas internamente que regresan a sus hogares. En junio, el gobierno keniano estaba exigiendo que las personas desplazadas internamente volviesen a sus comunidades de origen, aún cuando no se hubiese intentado la paz o reconciliación. En algunos casos acompañamos a los desplazados internamente mientras regresaban. Una vez, cuando no estábamos presentes, las personas que regresaban fueron recibidas con violencia y tuvieron que volver al campo.
El oficial del gobierno nos llamó para ayudar y el segundo intento fue muy positivo; la comunidad decidió que deberían recibir bien a sus vecinos que retornaban.
El último paso es reunir a los dos lados para curar las heridas en la comunidad de modo que esas heridas no se vuelvan “la causa” de otra ronda de violencia en el futuro.
Con el fin de hacer participar a los jóvenes causantes de la mayor parte de la violencia y daños, organizamos una carrera de bicicletas para los jóvenes que alquilaban sus bicicletas como taxis. Volvimos a reunir las dos comunidades al organizar tres días de los talleres Alternativas para la Violencia que enseñaron a los miembros de varios grupos étnicos la autoafirmación y la de los otros, habilidades de comunicación, cooperación y métodos de resolución de conflictos no violentos.
Iniciamos este programa en 2003 y entrenamos a cerca de 20 facilitadores líderes para el programa. Decidimos centrar nuestro trabajo en los jóvenes que habían perpetrado violencia o que habían sido víctimas de la violencia.
Realizamos más de 150 de estos talleres en comunidades golpeadas duramente en las tres provincias occidentales de Kenia, Nyanza, Western y Rift Valley al norte. Tratamos deliberadamente de obtener un conjunto étnico variado con veinte participantes en cada taller. Y que el grupo fuese equilibrado, con mitad de hombres y mitad de mujeres.
Continuamos con estos talleres en varios pueblos anhelando que cuando ocurriese la siguiente elección u otra crisis, las personas locales pudiesen responder sin violencia. ¿Hemos tenido éxito? No lo sabremos hasta que explote una próxima crisis. Sabemos que necesitamos intervenir dentro de las comunidades violentas lo más rápido posible y trabajar con los dos lados lo más neutralmente posible para atraer la paz, la reconciliación y la cura.
* Coordinador, Iniciativa Africana de los Grandes Lagos de los Equipos de Amigos por la Paz.
Para saber más:
Vigilancia ciudadana en Kenia, un método colaborativo
Lea más:
African Great Lakes Initiative (en inglés)
David Zarembka's Kenya Reports (en inglés)








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