El poder de las milicias en Río de Janeiro
Texto producido por el acuerdo entre el portal Comunidade Segura y el Fórum Brasileiro de Segurança Pública
ENTREVISTA / Paulo Storani
Paulo Storani, ex subcomandante del cuerpo élite de la policía militar de Río de Janeiro, Batallón de Operaciones Especiales, Bope, es uno de los policías que inspiraron la construcción del personaje principal de la película Tropa de Elite, cuya segunda versión acaba de estrenarse en Brasil.
Al igual que el personaje de ficción -“Capitán Roberto Nascimento”, representado por el actor Wagner Moura en la famosa película- Paulo Storani está siempre ocupado y aprovechando al límite toda su energía, aunque hoy, retirado de la vida policial, la aprovecha para estimular a la gente en conferencias de motivación que dicta para grupos de empresas e inclusive, de equipos de fútbol.
Con una maestría en Antropología Social de la Universidad Federal Fluminense, UFF, Storani ha sido profesor de los cursos de postgrado en Seguridad Pública de la Universidad Federal de Río de Janeiro, la Universidad Estácio de Sá y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO.
Fue Secretario de Seguridad del municipio de São Gonçalo, vecino de Río de Janeiro, asesor de la Secretaria Rio 2007 para los Juegos Panamericanos y director de recursos humanos de la Guardia Municipal de Río de Janeiro.
Por toda esta experiencia con seguridad pública, conoce profundamente la realidad de Río de Janeiro y ha sentido en carne propia la violencia del narcotráfico, al que combatió durante los casi cinco años en que perteneció al Bope.
Hoy, lejos de la confrontación diaria en las calles, Storani observa la situación desde la vida civil y concuerda con que el narcotráfico no es la única amenaza a la seguridad de Río de Janeiro.
Tal como lo muestra la película Tropa de Elite 2, las organizaciones de poder paralelo formadas por policías, expolicias, bomberos, agentes penitenciarios e integrantes de las fuerzas armadas representan un enorme desafío a la seguridad pública de Río de Janeiro. “Utilizando prácticas de extorsión, los milicianos imponen su voluntad sobre los habitantes de las comunidades donde se instalan y llegan a tener un control semejante al del narcotráfico en otras regiones”, afirma.
De acuerdo con un reporte hecho por la Delegación de Represión a las Acciones Criminales e Investigaciones Especiales, Draco, de la Policía Civil, de 250 comunidades mapeadas en la ciudad de Río de Janeiro, más de 100 están bajo control de las milicias.
Por otro lado, según la Policía Civil, más de 20% de la población carioca –es decir 1,2 millones de personas en la ciudad- vive en favelas dominadas por traficantes de drogas (vea el mapa de la distribución de las organizaciones criminales en las comunidades de Río).
En ambos casos, se trata de regímenes sostenidos a partir del miedo de los habitantes hacia quienes tienen posesión del territorio, y que utilizan por igual métodos sanguinarios para perpetuar su dominio.
¿Cómo surgió el concepto de milicia?
Surgió cuando la comunidad se rebeló contra el narcotráfico que se había implantado en su territorio. Estamos hablando de los años 1992 y 1993 cuando fueron construidos conjuntos habitacionales populares en la zona oeste de Río de Janeiro y parte de las casas fueron ocupadas por policías, bomberos, agentes penitenciarios y policías civiles. Cuando el narcotráfico comenzó a buscar ese espacio para implantarse, esos policías se unieron a otros servidores públicos y crearon un patrullamiento local para evitar la ocupación de aquel espacio por parte de los traficantes (este fenómeno fue lo que el exalcalde Cesar Maia llamó ‘autodefensas comunitarias’).
En la media en que fueron estructurándose, estas milicias vieron la necesidad de obtener recursos para mantener su actividad y comenzaron por explotar determinadas actividades comerciales en la comunidad, como cobrar por la seguridad o por el cilindro de gas para cocinar y eso fue evolucionado hasta convertirse en una piratería de todo tipo de servicios (luz, teléfono, Internet, televisión por cable), control de transporte alternativo (vans y mototaxis informales), etcétera.
¿Cómo fue que eso llegó al punto en el que se encuentra hoy?
Los grupos comenzaron a cobrar esas tasas para estructurarse. Solo que debido a la dimensión de las comunidades en términos de población, terminaron recaudando muchos recursos y esto les dio mucho poder. Esos grupos acabaron interviniendo en las relaciones sociales de la comunidad y estableciendo un patrón y eso es una forma de imposición.
El cobro de cualquier tasa es una forma de extorsión, o mínimo, una coerción legal, lo cual también es delito. Las milicias comenzaron a imponer su voluntad y a tener control similar al que los narcotraficantes tienen en otras áreas.
La película Tropa de Elite 2 da a entender que la acción de la policía de ‘limpiar’ las favelas cariocas del dominio del narcotráfico contribuyó a la instalación de las milicias. ¿Cree que así fue realmente o las milicias ya estaban presentes en algunas comunidades hace más tiempo?
No hubo esa intención, fue tal vez un principio de oportunidad pero no hubo relación directa. La acción de la policía para expulsar a los traficantes y el hecho de que las milicias se instalaran no es una regla. La movilización de policías para invadir determinadas favelas y tomar el poder del narcotráfico –si ellos no eran ya habitantes del lugar- comenzó cinco o seis años atrás.
¿El Estado no se dio cuenta del movimiento de milicianos antes?
El Estado inicialmente, y el poder público de una manera general, vieron eso como un beneficio porque partieron del presupuesto de que eran moradores, policías y bomberos que estaban movilizándose para proteger la propia comunidad. Entonces, algunos grupos políticos inclusive apoyaron este tipo de acción, a veces dando soporte en términos de discurso y otras veces, ejerciendo influencia política. Como ya fue probado por la CPI de las Milicias (Comisión Parlamentaria de Investigación) ya hemos tenido algunos políticos presos porque no sólo apoyaron verbalmente a las milicias sino que recibían dinero de ellas para financiar sus campañas y los centros comunitarios que se convirtieron en corrales electorales.
¿En cuáles comunidades la milicia está presente hoy en Río?
En las áreas conocidas como Zona Oeste y Zona Norte. Entre cerca de 40 comunidades mapeadas por la Poilicía Civil, apenas un no está dominada por las milicias. En la Zona Norte por lo menos 16 comunidades están bajo el poder de los milicianos. En toda la Zona Oeste, de acuerdo con el informe, más de 70 comunidades están dominadas por las milicias.
¿Ese es un movimiento típico de Río o también ocurre en otros estados?
Hay noticias de que en otros estados existían movimientos semejantes, pero tal vez no en el mismo modelo de las milicias aquí de Río de Janeiro. Pero están comenzando a surgir principalmente en el Nordeste de Brasil.
¿Por qué las Unidades de Policía Pacificadora, UPPs, hasta ahora sólo han sido implantadas en comunidades que están bajo poder del narcotráfico y no de las milicias?
En realidad, hay una UPP que está presente en una comunidad en la que había milicia que es la de Batan, en la Zona Oeste. Pero no podemos creer que fue como consecuencia de una planeación de la Secretaría de Seguridad. En la época hubo un episodio en que tres reporteros de un periódico de Río fueron secuestrados y torturados por milicianos, lo que puede llevar a entender que habría sido una respuesta del poder público a ese crimen.
¿Existe la posibilidad de instalar UPPs en comunidades dominadas por los milicianos?
Según la Secretaría de Seguridad Pública, sí. Pero lo que vemos es que por la forma como están siendo ocupadas determinadas comunidades, son aquellas de la Zona Sur, o próximas a la Zona Sur (donde viven las personas de clases sociales más altas) que son consideradas como comunidades clave dentro del contexto de planeación para la Copa del Mundo y para las Olimpíadas.
Las milicias están casi totalmente instaladas en la Zona Norte y en la Zona Oeste. Si esto ocurriera, con total certeza sería por algún hecho determinando o por presión de la opinión pública. Sólo así el gobierno ocuparía una comunidad dominada por las milicias.
¿Cuando el Estado ocupa una comunidad antes dominada por el narcotráfico o la milicia, puede ocurrir que otro grupo intente entrar para asumir el control?
Claro que sí. Y es muy importante que no ocurra, como de hecho ocurrió cuando la Policía Civil capturó varios milicianos en un área de la Zona Norte de Río y hubo una confrontación entre los milicianos remanentes y la facción criminal que dominaba anteriormente la región. O sea, ya existía una situación irregular instalada y cuando hubo la intervención policial, que era necesaria, la misma tendría que haber sido complementada con una ocupación por el poder público.
Intervenir, debilitar una facción criminal, sea una milicia o cualquier otro grupo y retirarse, significa permitir que haya conflicto en ese espacio y esto aumenta el resigo para quienes viven en esa región. Entonces, estas intervenciones tienen que realizarse con mucha planeación para no generar conflictos graves.
Existe la creencia de que la población acepta a las milicias con tal de liberarse de los narcotraficantes. ¿Qué opina?
Creo que eso ocurrió inicialmente, cuando la población vecina de las comunidades que vivían bajo el yugo de la violencia perpetrada por narcotraficantes vieron en esa condición un cambio favorable, que era la ocupación de la milicia y la salida de los narcotraficantes.
Con la milicia ocupando el territorio no hay confrontación, a no ser que el narcotráfico esté intentando recuperar el lugar. Hasta ahora no he visto intercambio de tiros entre milicianos y policías, o policías invadiendo comunidades ocupadas por milicianos. Entonces, la ocupación de milicias disminuye la confrontación y lo que la gente quiere es paz, pero acaban teniendo que pagar un precio por eso.
Pero las milicias tienen prácticas tan o mas violentas que los narcotraficantes…
En la medida en que se tiene el dominio de la región y se quiere implantar el poder, se echa mano del terror como forma de implantar el miedo y controlar a la gente. Basta ver la forma violenta como los grupos de milicianos tratan a personas que denuncian sus actividades o que se manifiestan contrarias a su dominio.
En una entrevista reciente en este portal, el investigador Luiz Antonio Machado alertó sobre el peligro de que las UPPs sean utilizadas para ejercer control social en las comunidades, ¿está de acuerdo?
Si consideramos que el policiamiento de proximidad, que es el modelo de policía comunitaria utilizado en las UPPs, donde el policía convive con la comunidad y las informaciones van a llegar hasta los policías muchas veces para que ellos tomen providencia, si creemos que eso es una forma de control social, entonces sí estoy de acuerdo. Pero si el control social en que los policías son orientados a monitorear a la vida de las personas, para intervenir en determinadas situaciones, si eso fuera una orientación institucional, creo no creo que vaya a haber control social.
Traducción: Andrea Domínguez
Mapa de la distribución de las organizaciones criminales en las comunidades de Río (Portugués)
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