Derechos humanos, primero

La aridez de los discursos diplomáticos que suele dominar las reuniones de la Comisión de Estupefacientes en Viena fue interrumpida este año por unos cuantos brotes verdes, entre ellos, el tono menos impositivo de la delegación estadounidense y la firma de dos importantes documentos: uno sobre la importancia de que las políticas de drogas se desarrollen en concordancia con la declaración universal de los derechos humanos y el otro sobre el acceso universal a la prevención y cuidado de VIH/Sida.
Representantes de organizaciones no gubernamentales entrevistados por Comunidad Segura, que asistieron a la sesión número 53 de la Comisión de Estupefacientes (CND por su sigla en inglés), están de acuerdo en que a pesar de mantener el modelo prohibicionista, la Comisión empieza a experimentar cambios, que se manifiestan tanto en una mayor transparencia de los debates y en lo que tiene que ver con el tratamiento a los usuarios de drogas.
Kasia Malinowska, directora del Programa Global de Política de Drogas de Open Society Institute, uno de los mayores promotores de una reforma en política de drogas mundial, ha sido testigo de los avances a pasos de tortuga que ha venido experimentando la Comisión de Estupefacientes en los últimos cinco años.
“Asistí por primera vez en 2003 a una reunión de la CND. En ese entonces, se asemejaba más a una sociedad secreta: un pequeño grupo de gente discutiendo asuntos que afectaban a millones de personas sin mucha vigilancia desde fuera. Algunas de las declaraciones presentadas por ciertos Estados eran realmente escandalosas y no puedo ni imaginar que éstas palabras fueran repetidas en frente de los medios o de la sociedad civil una vez las delegaciones estaban de regreso en sus países”, explica.
Para la activista, los responsables de que haber ‘civilizado’ estas reuniones y de haberlas abierto al público son las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil en general que no ha dejado de presionar para acceder a la información de lo que allí se dice. “Pienso que el aire de sociedad secreta que tenía la CND se ha ido disolviendo a medida de que la información de lo que se dice allí es conocido en los países de origen de las delegaciones. Ahora, la gente tiene la oportunidad de saber lo que su gobierno dice gracias a blogs y otras formas de comunicación comprometidas con la sociedad civil”, puntualiza Malinowska.
Entre estos blogs está CNDblog alimentado por la Asociación Internacional para la Reducción de Daños (IHRA por su sigla en inglés) y el Consorcio Internacional de políticas de drogas, ambas con sede en el Reino Unido (IDPC). En este blog fueron publicados los acontecimientos, declaraciones y debates ocurridos durante los cinco días del encuentro en marzo.
Menos intimidación, más negociación
Además de la accesibilidad a la información de lo que ocurre en la CND, otro de los aspectos más comentados fue el cambio de actitud de Estados Unidos que a través de su delegación, planteó un debate más abierto y menos impositivo. “Estados Unidos tuvo un tono menos intimidatorio y sus discursos enfatizaron la importancia de la reducción de la demanda”, reconoció Mike Trace, director del Programa de Política de Drogas de la Beckley Foundation y del IDPC.
Allan Clear, director de la Coalición de Reducción de Daños de Nueva York, también resaltó el tenor de las declaraciones de la delegación norteamericana. En su blog para The Hufftington Post, Clear destacó la actuación del director de la Oficina de la Política Nacional de Control de Drogas (ONDCP por su sigla en inglés) Tom McLellan, quien reconoció algo que hasta hace poco parecía imposible oír en palabras de un funcionario del gobierno estadounidense: que no todo uso de drogas es problemático y que hay distintos grados de uso de las mismas y de problemas generados por las drogas.
“En contraste con la retórica bélica que usualmente propaga la delegación de EEUU, McLellan habló de la adicción como una enfermedad. Claro que me habría gustado oírle decir que no todo uso de drogas es una enfermedad... Pero créanme: es un gran día cuando la ONDCP se mueve del paradigma de criminalización y del encarcelamiento masivo propios de la guerra a las drogas, hacia el modelo de salud pública”, escribió Clear desde Viena.
Malinowska también resaltó la actuación de McLellan: “él fue firme al expresar que el tratamiento basado en evidencias, incluyendo la terapia de sustitución, debe estar disponible ampliamente. El fuerte liderazgo de EEUU en este tema, y el hecho de que ese país recientemente levantó la prohibición federal para el intercambio de jeringas, significa que esto podría traducirse en cambios reales a nivel internacional. Sin embargo, el termino “reducción de daños” todavía es observado como controversial por el alianza entre Estados Unidos, Japón y Rusia, que todavía se mantiene”, puntualizó.
Cambios en el papel
En cuanto a cambios que quedaron consignados en el papel, se pueden citar dos documentos de la CND que implican importantes avances en materia de política de drogas. El primero de ellos, según lo resalta Damon Barrett de la Asociación Internacional de Reducción de Daños, es la más importante declaración de la ONU en defensa de los derechos humanos en la aplicación de cualquier política de drogas.
El documento “Control de drogas, prevención del crimen y justicia criminal: una perspectiva de derechos humanos” establece que “mientras que la drogadicción, el crimen organizado y el terrorismo minan los derechos humanos, las respuestas a estos problemas solo pueden ser efectivas cuando respetan y restauran los derechos de aquellos que son más vulnerables, al tratar a estos acusados de ofensas criminales de una manera justa, transparente y humana”.
Barret destaca que en pasadas reuniones de la CND había sido muy difícil incorporar el lenguaje de derechos humanos a las discusiones, pero que este año, hubo un avance importante en este sentido, no sólo a través de esta declaración sino con la mayor apretura de Estados Unidos frente a ese tema.
Por otro lado, se expidió una resolución sobre acceso universal a prevención, tratamiento y acceso de medicamentos para manejo de HIV/Sida. De acuerdo con ONUSIDA, el acceso universal permitirá que 6.7 millones de personas reciban tratamiento antiretroviral, que se eviten, 2.6 millones de nuevas infecciones y que 1.3 millones de visas sean salvadas. El problema, claro está, es que no todos los estados llevarán a la práctica la resolución de acceso universal, por ejemplo en lo que tiene que ver con suministro de jeringas entre usuarios de drogas para prevenir nuevos contagios del virus.
Unas puertas se abren, otras se cierran
Pero mientras Estados Unidos parece abrirse al debate, uno de sus más fuertes aliados en esta mesa de debates parece cerrarse más. Rusia, a través su director del Servicio Federal de Control de Drogas, Víctor Ivanonv, desconoció la evidencia científica que respalda la efectividad de la terapia de sustitución con metadona para usuarios de heroína. Una pequeña luz, sin embargo, quedó encendida cuando Ivanov dijo que su gobierno no descartaba experimentar la terapia de sustitución a nivel regional.
Otro de los aspectos en los que países como Rusia y Japón se mantuvieron inamovibles fue en el ataque al suministro de drogas como base fundamental de la estrategia contra el problema. Rusia, particularmente, defendió enfáticamente la aplicación de guerra contra las drogas en Afganistán a la manera como se ha hecho en los países Andinos cultivadores de coca y productores de cocaína.
Esto, a pesar de que India advirtió que 90% de la producción de opio del mundo se realiza en su vecindario a pesar de los esfuerzos de represión del tráfico de drogas realizado por ese gobierno. Tanto Mike Trace como Kasia Malinowska recocieron que esta evidencia presentada por India no tuvo impacto en la plenaria. “Generalmente, la reacción a declaraciones frecuentes como ésta, sobre la ineficiencia de la política represiva, es pedir más y mayor represión”, dijo Trace.
Así las cosas, y pese a los avances alcanzados desde el punto de vista de los usuarios, la manera de lidiar con la producción y con los efectos sociales de la guerra contra las drogas (crimen organizado y violencia principalmente en las ciudades de países productores y de tránsito de drogas) parece esquiva.
“Está más que claro que el comercio de drogas implica un enorme desafío a la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos, especialmente en países productores y de tránsito de las drogas. Pero con demasiada frecuencia, esto se usa para justificar el status quo. La amenaza justifica los medios actuales. Pero la amenaza que implica el comercio de drogas es mayormente una creación del actual sistema de control de drogas. La oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito reconoce esto. Muchos saben que se requiere una reforma internacional del sistema y un abordaje pragmático empieza con evaluar abiertamente el actual régimen, y considerando todas las opciones de políticas que puedan alcanzar mejores resultados en términos de seguridad, desarrollo y derechos humanos”, puntualiza Damon Barret.
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