Alternativas para combatir la violencia armada

La violencia armada es un obstáculo real para el desarrollo. Cuesta vidas, deja víctimas incapacitadas económicamente, drena recursos públicos, frena a la ciudadanía e impide el desarrollo. Esta certeza alcanzada en el ámbito de las Organizaciones que interactúan con los gobiernos en las Naciones Unidas, culminó en la firma de la Declaración de Ginebra sobre Violencia Armada y Desarrollo, conocida como AV&D (por su sigla en inglés, que tiene hoy día 110 países signatarios.
Este fue el tema de un seminario internacional realizado en Río de Janeiro el 8 y 9 de noviembre y que reunió organizaciones de la sociedad civil de América Latina y El Caribe, que actúan en el combate a la violencia. Invitados a participar en el creación de una comunidad de prácticas sobre violencia armada y desarrollo, los especialistas procuraron sintetizar años de práctica respondiendo a las preguntas: qué funciona, qué no funciona y qué hace falta en el trabajo que realizan.
"La Declaración de Ginebra pide a los gobiernos que traten con urgencia la necesidad de progresar en el combate a la violencia mientras las piezas clave de los tratados globales no avanzan, como es el caso del Tratado Global de Armas, conocido como ATT", expresó Robert Muggah, investigador de la organización suiza Small Arms Survey.
Robert abrió el seminario citando índices de violencia armada que castina al mundo y a América Latina en particular. "La violencia armada producida fuera de los conflictos bélicos cuesta 490 mil muertes por año en el planeta y se estima que cuesta entre 95 y 163 billones de dólares al año", explicó Robert.
Según el investigador, a pesar de constado que no hay relación de causa y efecto entre miseria y violencia, es verdad que los países con mayor desigualdad económica suelen tener índices de violencia más altos.
Además de las simples intenciones, la Declaración de Ginebra tiene una meta concreta. "En 2015 los signatarios de la carta pretenden realizar una reducción mesurable de la violencia armada y alcanzar mejorías concretas en seguridad humana. Esto significa controlar la oferta y la demanda de armas", aseguró Robert.
De acuerdo con Ilona Szabo, de la Agencia de Cooperación Social Igarapé, una de las organizadoras del encuentro, América Latina tiene altísimos índices de violencia armada con tasas de homicidio por arma de fuego que exceden los esenarios de guerra pero por otro lado, es un semillero de iniciativas de prevención de la violencia.
"Aquí la sociedad civil ha tomado en sus propias manos la tarea de avanzar en la promoción de la paz a través de la prevención de la violencia y el combate a la exclusión social, dos agentes que paralizan el desarrollo", subrayó Ilona.
Prácticas basadas en evidencia no son novedad
Según Ilona, la Declaración de Ginebra encuentra territorio fértil en América Latina, donde ya hay un consenso sobre cómo intervenir en la reducción de la violencia. "Ya sabemos que necesitamos actuar en conjunto a través de cooperación mutua y de forma multidisciplinar", resume.
La paz, por tanto, no es apenas un asunto de gobiernos. Prueba de esto la dieron los mismos invitados del encuentro: representantes de gobiernos, de la policía, de las organizaciones de la sociedad civil, de la Academia. "Antes actúabamos como actores antagónicos, ahora hemos evolucionado. La única falla que no hemos logrado superar todavía es la de conseguir una participación activa de la iniciativa privada, que hace mucho alarde pero que aún no se hace presente", puntualiza Ilona.
La experta también recordó que la región ya ha acumulado un conocimiento importante en buenas prácticas y hoy la idea de que estas intervenciones deban basarse en evidencias no es ninguna novedad. "Es momento de refinar los modelos, mejorar la escala de los proyectos, trabajar en conjunto de una manera más eficaz. Necesitamos crear indicadores de prevención, desarrolla indicadores agregados que no se resuman a datos numéricos", resumió.
Varias violencias
Una cuestión crucial en la reducción de la violencia es entender que es un sustantivo plural. Laura Carrera, del Centro Nacional de Prevención del Delito, de México, mostró como su país es un ejemplo claro que desafía simplificaciones.
El país vive una crisis de seguridad pero exhibe una tasa de homicidios de 12 por cada 100 mil habitantes, más baja que las de Brasil y Colombia, por ejemplo. La violencia, según la investigadora, se concentra en regiones y camadas específicas de la población.
"No se puede hablar de 'la violencia' sino de 'las violencias'. La historia de la ciudad, políticas de inmigración, infraestructura social, identidades de los grupos inmigrantes, tenemos varios orígenes en juego", dijo Laura.
La experta apuntó que hay lugares donde la creación de empleos no dio resultado, y otros en los que el financiamiento para políticas de seguridad miraban el crimen organizado mientras era la violencia doméstica que sacrificaba efectivamente la población.
Laura mencionó el aislamiento social como un factor que favorece la violencia y que a su vez es un obstáculo para el desarrollo. Es común que la territorialización de la desigualdad termine por aislar y crear áreas de vulnerabilidad. Eso genera ciudadanos que no conocen la ciudad en que viven, que no tienen acceso a servicios, que se ven presos de conflictos que limitan su potencial económico y político.
Dieciocho armas valen una vida
El papel de las armas tiene aún aspectos sorprendentes. Los titulares de los periódicos notifican escenarios que a veces se distancian de las estadística. Donde se imagina que los homicidios acontecen en batallas remotas entre policías y traficantes, en realidad, según Alice Ribeiro, coordinadora de control de armas del Instituto Sou da Paz, de São Paulo, la mayorái de las personas matan y mueren a escasos kilómetros de sus casas.
"Por cada dieciocho armas entregadas, una vida es salvada", aseguró. En Brasil, investigadores de la ONG Viva Rio comprobaron que era un error imaginar que las armas que más mataban eran extranjeras, pues la mayoría son armas producidas en Brasil, vendidas al mercado negro en la frontera con Paraguay e ingresadas de nuevo como contrabando para un mercado criminal.
En Costa Rica el discurso oficial supone que las armas fueran heredadas de conflictos pasados lo que oculta el influjo actual de armas pesadas, ilegales y extrangejras, según explicó Ana Yancy Espinoza, de la Fundación Árias.
Júlio Purcena, investigador de Viva Rio, resaltó el papel crucial de la investigación sobre armas en Brasil, seguid ade iniciativas de entrega voluntaria de armas. "Si no cerramos la llave, las armas continúan en circulación", dijo.
Policía capacitada para tratar adolescentes
Un tema central de la discusión es la relación entre la policía y los jóvenes. Daniel Llaury Linares, de la Policía Nacional del Perú defiende una propuesta poco común, no apenas para un destacamento, sino para todo el cuerpo de policía.
"Es una falla enorme que no tengamos el instrumental teórico y práctico para lidiar con adolescentes. Necesitamos conocer el comportamiento, el pensamiento de los adolescentes y desarrollar estrategias efectivas de abordaje", dijo Linares.
"No son pocos los hombres que escogen la profesión por haber sufrido directa o indirectamente la violencia, no raramente por policías", aseguró y dijo que un paso en esa dirección también significa un ahorro importante. "Mantener un joven infractor en la prisión cuesta 400 dólares al año. En regímenes abiertos, el valor cae para 100 dólares anuales y toda la comunidad gana; la familia, el joven, las instituciones", subrayó.
Felipe Andrés Fernandez Soto, de la iniciativa Estación Esperanza, de Chile, describió como el trabajo con la policía puede hacer que ella no se defina puramente por el poder de esposar a un detenido. En su proyecto, una iniciativa de la alcaldía, los policías de turno encaminan a los jóvenes en conflicto con la ley no hacia las delegaciones de policía sino para una organización de la sociedad civil que procura rescatar al joven, recuperando sus vínculos sociales.
"La primera cosa que hacemos es devolver el joven a su hogar, averiguar si está corriendo riesgo de ser expulsado de la escuela. Proveemos apoyo para evitar la evasión escolar, la violencia intrafamiliar, el abuso de drogas y le ofrecemos atención. Actuamos como una red de seguridad", describió Soto. Para él, la seguridad no significa crear un cordón de aislamiento que proteja a la sociedad de jóvenes ociosos sino, al contrario, de dar al joven el respaldo necesario para que él no caiga en la marginalidad.
Iniciativas como el Instituto Reacción o Lucha por la Paz, ambos radicados en Río de Janeiro, ofrecen actividades deportivas asociadas a la educación en ciudadanía para jóvenes que viven en áreas de riesgo, también mostraron elementos fuertes que funcionan en la prevención de la violencia.
La prevención es la llave
El consenso entre los especialistas es que la prevención es la llave de combate a la violencia y a los efectos nefastos para el desarrollo social. La prevención, según Ilona Szabo, de Igarapé, significa reforzar las estructuras de funcionamiento del estado. Ella citó como ejemplo el programa brasileño Escuelas del Mañana, que ofrece educación de calidad en áreas de riesgo y resaltó el apoyo a las familias y a la primera infancia.
Ana Yancy, de la Fundación Árias, cree que la prevención debe ir más lejos que apenas ofrecer atención a los jóvenes. "Necesitamos tener cuidado con los términos y conceptos que usamos; no podemos nombrar un proyecto, por ejemplo, 'prevención de pandillas' si en el nombre reforzamos justamente lo que queremos evitar. La prevención significa reformular las relaciones de forma que sirvan para trazar nuevos caminos que pasen lejos de las soluciones pobres promovidas por la violencia", dijo.
Por su parte, Iván Darío Ramírez, de la organización colombiana Paz y Democracia, manifestó preocupación con un elemento nuevo: la cuestión del aprendizaje de la cultura de la violencia. Su organización, establecida en Medellín, una ciudad que tuvo una notable caída en los índices de homicidio pero que actualmente vive la amenaza de un recrudecimiento de la violencia armada.
Ramírez observó que hoy hay una generación nueva que cresció dentro de la violencia. "Ellos no tienen otro punto de referencia y hoy la violencia se está manifestando en las escuelas, que se han convertido en territorio en disputa entre pandillas, lo que era impensable durante el auge de la tasa de homicidios en los años 90", explicó.
Ramírez concluyó al subrayar que la inversión de recursos en las comunidades es necesaria pero no suficiente para solucionar los problemas de violencia. "Lo que funciona es mantener parcerías a largo plazo, si eso no se da, no hay posibilidad de promover un cambio en la sociedad", concluyó.
Como actividad de cierre del seminario, los asistentes participaron en el "Taller de Medios Comunidad Segura”, ofrecido Mayra Jucá, coordinadora de comunicaciones de Viva Rio.
En él se discutieron estrategias de comunicación para que las organizaciones que trabajan en este campo puedan divulgar de forma más efectiva su trabajo y hacer de la comunicación otra forma de crear conciencia social hacia la importancia de este trabajo. Así mismo, se discutieron los temas de la próxima revista virtual Comunidad Segura, que reunirá la experiencia de los 22 participantes del seminario a través de proyectos sobre reducción de violencia armada en el continente.







