Milicias: del poder informal al poder formal
El año que viene es electoral y si no Río de Janeiro no quiere tener criminales en el poder legislativo local es necesario actuar ya. Ese fue el principal mensaje que quedó del debate sobre milicias en el seminario Crimen Organizado, realizado en el auditorio de la Escuela de Magistratura del Estado de Rio de Janeiro.
El evento se realizó el 14 de mayo, exactamente un año después de que un equipo del periódico O Dia fuera secuestrado y torturado por milicianos de la favela de Batan, en Realengo, Zona Oeste de Río. El crimen es considerado una referencia porque, desde que ocurrió, la sociedad empezó a ver a las milicias como algo intolerable y no como un ‘mal menor’ en comparación con el tráfico de drogas.
Con esto, las autoridades comenzaron a dar más atención al problema que hace por lo menos cinco años aflige a las comunidades de todo el Estado. En 2006, cinco integrantes de milicias fueron detenidos; en 2007, 24 y en 2008, fueron 78 los capturados.
El diputado estadual Marcelo Freixo (foto), quien presidio la CPI (Comisión Parlamentaria de Investigación) de las Milicias de la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro en 2008, defendió la articulación entre los poderes para contener el avance del crimen organizado. “Las milicias son el resultado de la nefasta relación entre crimen, policía y política. Es lo más organizado que tienen los criminales. Es el crimen organizado operando la maquina del Estado”, aseguró.
Para el diputado, el control de esos grupos es siempre ejercido por algún agente público de seguridad. Como las milicias se fortalecen por dentro del estado, las posibilidades de operar la maquina es mucho mayor si el miliciano es un jefe político, concentrando el poder económico y el político.
Según definición del director del Departamento de Políticas, Programas y Proyectos de la Secretaría Nacional de Seguridad Pública (Senasp), Guaracy Mingardi, durante otro encuentro que discutió el crimen organizado en Río en Agosto de 2008, lo que diferencia una organización criminal de una cuadrilla es el vínculo con el aparato del Estado. “Ese vínculo puede darse a través de prácticas de corrupción o de influencia”, explicó. Eso colocaría a las milicias en el rol del crimen organizado.
Para el sociólogo Ignacio Cano, del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, Uerj, a milicia se caracteriza por la reunión de cinco elementos: el control del territorio por un grupo armado irregular; el carácter coactivo de la seguridad privada; el objetivo del lucro individual de los componentes; el discurso de legitimación y la participación de elementos del Estado.
Los dos últimos puntos, según el investigador, son los que diferencian las milicias de otros grupos armados. Son ellos los que legitimarían la actuación de la milicia frente a la comunidad y al poder público. “La guerra contra el poder paralelo ya no existe, si es el propio poder público el que domina la región”, explicó.
Variedades criminales
El jefe de reportajes de O Dia, João Antônio Barros, explicó que las milicias reproducen la forma de organización del juego del ‘bicho’ (lotería ilegal) y de la mafia –dos otras formas de crimen organizado-, cobrando tasas de protección a los moradores, impuestos sobre bienes y servicios de la comunidad y controlando los servicios públicos, en especial el aparato policial a través del soborno. Según él, la milicia en Río recauda cerca de 50 millones de reales por año.
El periodista contó que durante tres meses, O Dia investigó a 43 personas ligadas a las milicias (foto de la página del dossier sobre milicias publicada en el periódico). “Algunos llevan vida de reyes, viven en mansiones o en apartamentos frente al mar y ganan hasta 80 mil reales por mes. Además, concentran poderes con negocios de parientes y amigos”, describe. Barros da como ejemplo un sargento reformado de la PM que recibe de la corporación 2 mil reales por mes, pero acumula un patrimonio de 6 millones de reales.
Barros habló sobre el papel de la prensa en el combate al crimen y dijo que “la prensa es la única válvula de escape de las comunidades, porque trae una mirada sobre lo que acontece allá. Tenemos la obligación de ir a esos lugares, porque si paramos, el crimen organizado va apoderarse de todo”, aseveró.
Según él, la milicia se volvió una fábrica de dinero que lotea una región, levanta predios y alquila aparta-estudios. Otro negocio rentable es el control del transporte a través de la corrupción del sector público. “Las vans facturan más que el ‘bicho’ hoy día” dice, y agrega que si la milicia avanza más, se tomará el sector público por completo y se enraizará en todos los sectores de la sociedad.
El esquema criminal, de acuerdo con Barros, incluye amenazas, muertes, enriquecimiento ilícito, lavado de dinero (a través de casas loteras y de la venta de títulos al portador, entre otras formas) y finalmente, infiltración en la política, “con la fuerza del voto de cabestro”. Para él, el papel de los medios como parte del engranaje de la sociedad es sacar a la luz lo que no fue detectado por la policía y por el poder judicial y exigir acciones de las autoridades.
Semejanzas con el tráfico
El sociólogo Ignácio Cano (foto) explicó que en contextos de ausencia del Estado, las milicias se legitiman a través del control social, presentándose como alternativa al caos y al crimen. Según él, entre un cuarto y un quinto de la población de Río vive hoy bajo tiranía.
“La vida de las personas en las comunidades pobres está desprovista de los derechos civiles más básicos. En lugares con altos niveles de corrupción y control armado territorial, hay una alta posibilidad de que surja el fenómeno”, dijo. Agregó que el policía miliciano publicita su papel para afirmar su función y que la resistencia de la comunidad a la milicia es menor que al tráfico por estar conformada por policías.
Cano coordinó el primer estudio académico sobre milicias, hecho con base en informaciones del programa Disque-Denuncia (un número de atención inmediata a denuncias sobre crímenes) entrevistas con personas de comunidades y grupos focales. Según la investigación de la Uerj, a pesar de haber “etiquetas” diferentes en cada localidad dominada, existen algunos puntos en común como la extorsión a cambio de seguridad. “La milicia controla servicios como el gas, el agua, el transporte y la vivienda. Entre más milicia hay, más servicios son dominados. Es un mercado que no obedece a las leyes del mercado”, definió el sociólogo.
El experto lanzó una hipótesis sobre el surgimiento de las milicias: funcionarios públicos corruptos y armados percibieron que más valía dominar todo de una vez que continuar recibiendo propinas del tráfico, que tuviera pérdidas económicas. En entrevista al boletín Búsqueda Avanzada, la investigadora Jacqueline Muniz afirma que el fenómeno de las milicias no es de hoy y se manifiesta cuando se tienen estructuras estatales frágiles. “En ese caso, se tiene la apropiación privada de la función pública de proveer seguridad por parte de grupos de poder articulados con agentes del estado, es decir, los policías”, concluye. “Ese problema no nace necesariamente con el apoyo de políticos, pero para sobrevivir depende de representación política”.
Ambiciones políticas
Y Cano lo confirma: después de la voracidad económica, vienen las ambiciones políticas. Si el objetivo es tener control absoluto sobre el territorio, los derechos electorales también son invadidos.
El experto resaltó que un cargo público político da acceso a fondos públicos, facilitando el asistencialismo. Además de eso, garantiza inmunidad parlamentaria y confiere más visibilidad al miliciano. Por otro lado, la elección no siempre es un buen negocio para el miliciano. Si se vuelve muy famoso o visible, aumenta su vulnerabilidad y su carrera se acorta: termina preso o muerto.
Al lanzarse como candidatos, los milicianos se presentan a la comunidad como aquel que traerá los servicios y las obras necesarias. Incrédulos del poder político, las personas se ilusionan con la promesa de beneficios inmediatos.
La reacción, entre tanto, es mayor porque la elección de milicianos vuelve formal la dominación informal. Cano recordó que en las últimas elecciones fueron prohibidos celulares en algunos lugares para evitar que las personas fueran obligadas a fotografiar su propio voto.
"¿Qué hacer contra ese cáncer difícil de vencer? Investigación criminal, con una fuerza conformada especialmente y recuperación de los espacios, con ocupación a través de acción policial y presencia permanente de vigilancia policial para proteger a los habitantes", afirmó.
Para él, no se debe crear la ilusión de que el problema se resuelve con prisiones. “Es necesario atacar el brazo económico de las milicias, que hoy dominan más de 200 localidades y están en expansión, aun con la captura de los líderes”.
Según el diputado, las ganancias con el transporte alternativo en Rio das Pedras, en la Zona Oeste de Río, es de 170 mil reales por día. Una solución sería reglamentar toda la flota de transporte alternativo, ya que un tercio de ella no está reglamentada.
Freixo habló sobre el trabajo de la CPI, que contó con la ayuda de la Policía Civil y de promotores, además de la misma población, a través del Disque-Milicia, un número creado para denuncias anónimas. Fueron más de 1.500 denuncias en pocos meses de trabajo. Para el diputado, uno de los grandes errores de los milicianos fue haberse candidatizado, en vez de sólo apoyar otros políticos pues así quedaron más en evidencia.
"El año para enfrentar las milicias es 2009, porque 2010 es año de elecciones. Los mecanismos de resistencia tienen que ser hecho ahora, con los tres poderes juntos. Es posible enfrentar las milicias, pero eso depende de la voluntad y coraje políticos", afirmó.
Foto de la portada: favela Rio das Pedras, Zona Oeste de Río (Proyecto Olho Verde/Divulgación).
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