Marihuana en el balcón
Diez pies de marihuana crecen en un balcón del barrio Botafogo bajo la vista cómplice del Corcovado, en la zona sur de Río de Janeiro. Entre las agitadas calles de Copacabana, a unas cuantas manzanas de allí, otro mini cultivo cannábico se desarrolla discretamente en un baño de servicio fuera de uso, con ayuda de varias lámparas de sodio. Y al otro lado de la Bahía de Guanabara, en un patio escondido de una casa en Niteroi, seis plantas hembra ofrecen sus flores a un tercer usuario.
Entre los tres cultivos caseros, hay muchas ‘bocas de fumo’ o expendederos de droga esparcidos por la ciudad, que les ofrecen a estos jardineros cannábicos lo que ellos se empeñan en cultivar por sí mismos, amparados en dos argumentos principales: cultivar la marihuana que se van a fumar es una forma de no subsidiar el crimen organizado y sólo teniendo control sobre lo plantado pueden garantizar una mejor calidad de la hierba.
Pedro es el dueño de las plantas en Niteroi. Es abogado y lleva 16 de sus 32 años fumando marihuana. “Realicé mis estudios universitarios normalmente, fumando casi todos los días sin sentirme nunca desmotivado por el hecho de usarla. Hoy en día considero la marihuana como un alimento para mi cuerpo, alma y mente y la uso cuando tengo tiempo libre. Por eso considero la prohibición como una afronta a mi individualidad y la planto en la intimidad de mi casa sin ningún temor: no la vendo ni hago circular mi producción, sé que lo máximo que me puede pasar es enfrentar un proceso criminal como usuario, sin chance de ser condenado a prisión. Sin embargo, soy sigiloso y sólo yo tengo acceso. Mi mayor protección es mi conocimiento jurídico”, dice.
Dueño del cultivo en el baño de Copacabana, Bas trabaja como diseñador gráfico, tiene 34 años y es el creador Growroom, un site dedicado a la defensa de los derechos de los usuarios de marihuana, que nació en 2002 en Brasil para intercambiar información sobre el cultivo casero de marihuana, pero que tras ocho años de ser un semillero virtual de ideas, ha pasado a la acción a través de la campaña por legalización de la marihuana y la defensa de los usuarios.
En este foro que hoy tiene 30 mil usuarios registrados no sólo se habla de cómo cultivar tres o cuatro plantas de marihuana en el baño de una casa, sino que se intercambian ideas sobre los derechos individuales y las libertades personales y se resuelven dudas sobre la marihuana y la salud, la marihuana y la espiritualidad, la marihuana y la sociedad, entre muchas otras cuestiones. Pero además, se acompañan los casos de usuarios perseguidos por la policía.
En Brasil, la Ley de Drogas de 2006 abolió el castigo con pena de prisión para usuarios de drogas ilegales y no prohibió expresamente el cultivo para uso personal, pero tampoco lo reglamentó, dejando un vacío jurídico que frecuentemente lleva a la detención de usuarios y autocultivadores, aunque sea por pocas horas o incluso días.
En ese limbo entra Growroom en acción. “En un cierto momento, el site creció tanto que empezó a asumir el papel de ayudar a las personas y orientarlas. Comenzamos el activismo con diversas acciones pequeñas y en 2007 un grupo de usuarios de Río de Janeiro pudo hacer una ‘Marcha da Maconha’ bien expresiva, defendiendo el uso de la marihuana. Luego hemos acompañado casos de usuarios y personas que tienen unos cuantos pies de marihuana en su casa y que han sido injustamente arrestadas”, explica.
El caso más reciente ocurrió el 9 de febrero pasado con la detención de un músico perteneciente a una Comunidad Rastafari de Salvador, en el estado nordestito de Bahía, en el que se encontraba con 2 pies de marihuana, o ganja según el término preciso que usa su religión para definir esta planta. Con 29 años de edad, el vocalista de la banda Comunión Divina enfrenta cargos por tráfico de drogas, pero cuenta con la asesoría legal del movimiento Growroom y otras organizaciones de derechos humanos.
Remedio en la huerta
Tal vez el caso más sonado de los últimos meses y que podría tener mayores repercusiones a nivel legal sea el del publicista Alexandre Thomaz, de 40 años de edad y quien derrotó un cáncer a punta de quimioterapia y uso de cannabis cultivada por él mismo. De un día para otro, de su escritorio en un periódico en el estado de Río Grande do Sul, Alexandre pasó a una celda bajo el cargo de narcotráfico. La policía invadió su finca en el municipio de Santa Rita donde además de albahaca, perejil, cebollina y laurel, Alexandre cultivaba 10 plantas de cannabis para sustentar su demanda de marihuana.
"Como parte de mi tratamiento comencé a cultivar la tierra en esa pequeña finca que tengo. Del total del área que tenía cultivada, sólo 5% era cannabis. Pero la policía me capturó y me presentó en la televisión como traficante de drogas. Mis padres estaban viendo el noticiero en ese momento y quedaron atónitos. Todos mis compañeros de trabajo estaban sorprendidos y esto casi arruinó mi vida social y profesional. Yo tenía 10 plantas, una cantidad apenas suficiente para abastecer a una persona… Ellos dijeron que yo tenía 20 plantas y además, cogieron mis cuchillos de cocina y se los llevaron como prueba de que yo tenía armas en la casa. Fue un completo atropello”, dice Alexandre, hoy dedicado a una batalla jurídica que planea llevar hasta las últimas consecuencias.
Su abogado Lucio Scarparo, explica que con este caso, todo el movimiento en defensa de los derechos de los usuarios de marihuana espera sentar jurisprudencia. “Queremos que el caso de Alexandre sea el leading case en el tema. Lo más probable es que la justicia le ofrezca a él transacción penal, con lo cuál le impondrían una sanción menor, como tomar un curso sobre los efectos de la marihuana. Él conoce claramente los efectos y consecuencias de su uso y no vamos a aceptar la transacción penal porque entonces perderíamos la oportunidad de llevar el caso hasta el Supremo Tribunal Federal y discutir la cuestión constitucional. Y no sólo eso: vamos a pedir que se le otorgue un permiso para cultivo de su medicina, pues la ley no lo prohíbe, así que cabe la interpretación. Consideramos un atropello a sus derechos fundamentales que Alexandre no pueda cultivar una marihuana de buena calidad que beneficie su salud”, explica Lucio.
Diversas investigaciones alrededor del mundo certifican la aplicabilidad médica de la cannabis y como lo ratifica el médico paulista Elisaldo Carlini –uno de los pocos que en Brasil se atreve a hablar abiertamente del tema- los componente de la planta tienen efectos terapéuticos muy apreciables en el tratamiento de varias dolencias, entre ellas el cáncer. Alexandre argumenta que después de haber perdido mucho peso y energías la cannabis le ayudó a sobrellevar las quimioterapias, abrió su apetito, alivió sus los dolores y atenuó su sufrimiento.
“A medida que la utilizaba, me fui dando cuenta de que remedio no es sólo el que te venden en una farmacia o lo que produce un laboratorio químico, sino que hay otras medicinas naturales, como la cannabis, una planta”, explica Alexandre.
Lucio agrega que en países como Israel, Canadá y Estados Unidos, el estado no sólo no castiga el uso medicinal de cannabis, sino que lo prescribe y le ofrece al paciente el tratamiento. “La constitución brasileña está basada en el respeto a la dignidad humana. Nosotros preguntamos, ¿es digno que una persona, adulta, responsable que paga sus impuestos y que ha sido diagnosticada con cáncer maligno no pueda usar una planta medicinal, que ella misma cultiva en su propia casa? ¿Es digno que tenga que usar medicamentos con efectos dañinos como la morfina, medicamentos que quitan todo el sentido del gusto y tienen otros efectos secundarios indeseables?”, cuestiona Lucio.
Visión de mundo y legislación
Las frecuentes detenciones tanto de usuarios como de personas que cultivan unos cuantos pies de marihuana en sus casas para abastecerse, hablan de ese limbo jurídico y del espacio entre lo que dice la ley y la forma como es aplicada por la policía. Pero las frecuentes liberaciones de estas personas también evidencian que, poco a poco, la letra empieza a pasar del papel a la práctica.
Pese al clima de debate no sólo en Brasil sino en el mundo entero frente a la falta de vigencia del modelo prohibicionista de drogas, en el país hay dos desafíos principales: el primero y más profundo a nivel cultural y el segundo a nivel legislativo.
Los brasileños todavía tienen pendiente la decisión de si fumar marihuana deberá seguir siendo un hábito en la sombra, perseguido por las autoridades o reconocido en voz alta. Además, deberán determinar si permiten o no su uso medicinal, si el sistema de salud pasa a prescribirlo y si se reglamenta o no el cultivo casero de cannabis, detallando la cantidad de plantas que pueden ser cultivadas por persona.
El antropólogo Sergio Vidal participa activamente de este proceso, como representante de la Unión Nacional de los Estudiantes ante el Consejo Nacional de Políticas sobre Drogas, organismo gubernamental encargado de discutir el tema y formular soluciones.
“El autocultivo todavía es algo socialmente muy reprimido en Brasil. En ningún país del mundo se ha reglamentado esta práctica, pero hay legislaciones municipales, regionales y nacionales que crean un ambiente de tolerancia frente a ella. Aquí cuando hay una persona procesada por cultivar marihuana en su casa suele ser fruto de la intolerancia cultural. Un vecino o una persona que sabe, hace una denuncia. En lugares como España es más difícil que un vecino vea tres plantas en un balcón y llame a la policía; aquí es más común porque hay muchos prejuicios. La gente ve unas plantas de marihuana en una casa y piensa que la persona es un traficante”, explica Sergio, quien además es uno de los miembros más activos de Growroom. Él agrega que el tema del autocultivo tiene bastante apoyo al interior de la CNPD, donde está siendo discutida su posible reglamentación.
La ignorancia no es sólo del ciudadano de a pie. La policía suele cometer errores fundamentales, como por ejemplo calcular la cantidad de marihuana pesando las plantas con todo y maceta. “Para tener una idea del desconocimiento de la policía, hubo un caso de un autocultivador en Brasilia, un arquitecto que fue detenido por pose de 2 kilos de marihuana porque la policía cogió las plantas y las pesó con todo y tierra, ignorando que para armar un cigarrillo de marihuana, sólo se usa la flor de las plantas hembra”, explica Bas.
Algunas declaraciones públicas de tipo político han ayudado a sacar el debate del 'oscurantismo'. La más reconocida es la del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, que junto con sus ex homólogos César Gaviria y Ernesto Zedillo, ex presidentes de Colombia y México respectivamente, firmó una declaración sobre la necesidad de abolir el modelo prohibicionista mundial y adoptar medidas más eficientes para lidiar con las drogas, entre ellas la descriminalización del usuario.
En un país cuyo segundo mayor grupo carcelario es el de las personas que cometieron delitos relacionados con drogas (70 mil personas, de acuerdo con una investigación de la Universidad Federal de Río de Janeiro y la Universidad de Brasilia) y en donde el crimen organizado es subsidiado por la venta ilegal de drogas, tiene mucho senito que el gobierno del presidente Lula también se haya mostrado favorable a un cambio que permita manejar mejor el tema.
Y aunque es difícil aprobar cambios legislativos de temas polémicos como éste en un año electoral como el que comienza, el diputado Paulo Teixeira se prepara para presentar un proyecto de Ley ante el Congreso Federal que propone la reglamentación del autocultivo, el uso de marihuana medicinal y otros aspectos que buscan el aval de una coalición multipartidaria.
Para darle impulso al proyecto se realiza el 26 de febrero una reunión de la Comisión Brasileña sobre Drogas y Democracia con la presencia del expresidente Cardoso, el gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral; el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes y otros líderes políticos.
‘Cara limpia’
A medida que avanza la legislación, el movimiento social de defensa a la marihuana trabaja en algo más complejo y profundo: un cambio de mentalidad. “El concepto que tiene la mayoría de que ‘la marihuana es mala’, sin cuestionarse por qué es mala fue construido desde el establecimiento oficial a partir de una mentira. En los años 20 y 30 el estado contrató investigadores y se construyó un consenso basado en falseamiento de datos científicos, desaprobando el uso de marihuana. Hoy salen a la luz los documentos científicos reales que hablan de las verdaderas características de la marihuana y que muestran que fue manipulada la información. Por ejemplo, el año pasado el gobierno brasileño en votación del Consejo Nacional sobre Drogas admitió que varias directrices de 1924 y luego de 1961 fueron equivocadas y que se falsearon datos sobre los peligros de la marihuana para justificar la persecución de la marihuana”, explica Sergio. En otras palabras, agrega el antropólogo: ‘Los gobernantes del pasado mintieron y la gente creyó’.
La defensa del autocultivo es simple y convincente: usuario de marihuana, mayor de edad, ciudadano responsable que desea usar cannabis, planta para sí mismo y se compromete a no vender, evadiendo así el contacto con delincuentes, dejando de subsidiar el crimen organizado y garantizando la calidad del producto que consume.
Sin embargo, también surge la cuestión de qué tanto el autocultivo contribuye a solucionar la totalidad del problema, pues la marihuana sigue siendo ilegal y perseguida, con lo que el mercado negro continúa así como el flujo de dinero. Sergio concuerda y dice que “descriminalizar una conducta sin reglamentar la producción es imposible”.
Por ahora, la valentía de los que usan marihuana y se atreven a dar la cara constituye lo que Lucio Scarparo denomina un movimiento creciente de ‘cara limpia’. “Las personas tienen miedo de poner la cara, exponerse, aceptar que usan marihuana pero está creciendo esa actitud de ‘cara limpia’, de usuarios que publican fotos con sus plantas. Cuando mi papá descubrió que yo fumaba marihuana estaba muy decepcionado: pensaba ‘mi hijo fuma, mi hijo es un marginal’. Con el tiempo él empezó por lo menos a respetar mi punto de vista: no bebo, no fumo, no uso ningún medicamento, decidí no colaborar con el crimen organizado y no compro drogas en el mercado negro. Me di cuenta de que la marihuana que compraba en el mercado negro, después volvía a mí en forma de crimen”, revela Lucio.
El abogado agrega que antes de asumir el caso de Alexandre, prefería esconder el tema, por protección a sí mismo y a su carrera. “Pero llegó un punto en que vi que los valores están invertidos y no tenía por qué esconderme: no hago mal a nadie, cultivo la planta para mi consumo, nunca vendí ni voy a vender, no le proveo ni le proveeré a nadie y decidí que vale más la pena ser capturado dentro de mi propia casa con un pie de cannabis que ser preso en la calle comprando marihuana de pésima cualidad en un expendedero”, declara Lucio.
Fotos: Cortesía foro Growroom








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