La terapia es cosa de hombres

ENTREVISTA / Alexandra Vicente da Silva

Tenente PM Alexandra Vicente, psicologa

El trabajo estresante, el riesgo inminente, el salario bajo, la vida conturbada en familia. Es natural que la sangre fría hierva, pero eso no es aconsejable cuando se tiene un arma. Cada uno tiene su propio límite y es necesario afrontarlo para no perder el control. En esas horas, viene muy bien una ayudita. Y la teniente Alexandra Valéria Vicente da Silva está allá para eso.

Alexandra entró en la Policía Militar del Estado de Río de Janeiro en 2002, junto con otros 49 psicólogos que también ingresaron por concurso. Desde entonces, realiza aproximadamente ocho consultas diarias, entre policías y familiares. Designada en el Centro de Fisiatría y Recuperación de la PM, atiende principalmente a policías en rehabilitación, pero defiende que los servicios de psicología sean utilizados por todos, como una forma de prevenir problemas futuros.

Tiene una Maestría en Psicología Social de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj) y un doctorado en Psicología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). También se graduó en Educación Física en UFRJ y, en sus horas de ocio, es entrenadora de baloncesto. Estudiosa, utiliza con asiduidad el portal Comunidad Segura, al que considera una buena fuente de información sobre seguridad pública. Pero, esta vez, la fuente es ella misma, y nos cuenta un poco de su experiencia.

¿Cómo llega al servicio de psicología un policía?

El policía puede recibir esa orientación de otro profesional de salud o administrativamente, o incluso puede buscar espontáneamente la atención clínica en una unidad de salud.

¿El número de atenciones aumenta después de que ocurren eventos tales como el del 'Morro dos Macacos'? ¿Esos eventos afectan a la tropa como un todo?

En el caso del 'Morro dos Macacos', entiendo que toda la corporación se vio afectada, incluso aquellos que no están en la actividad directamente involucrada, ya sea en función de muchos comentarios y discusiones relacionados con el tema, que terminan movilizando a todos, o por el aumento de la tensión frente a la posibilidad de conflicto.

Todo eso tiende a generar mucha ansiedad y termina afectado al policía y a su familia de varias maneras. Todavía no podemos decir que ha habido un aumento de la demanda en función del conflicto en el 'Morro dos Macacos'. Se espera que, en un primer momento, únicamente se les atienda y se realiza un seguimiento a los policías directamente involucrados, de tal modo que puedan prevenirse futuros cuadros patológicos.

Aún así, indirectamente, la mayoría de los policías se ve afectada, pues las presiones institucionales, sociales y políticas aumentan, así como la sensación de vulnerabilidad. La tendencia sería en la dirección de un aumento de la búsqueda por atención psicológica, pero no puedo garantizar que ése sea el camino elegido por la mayoría de los policías.

¿Hay una atención regular y obligatoria?

Cuando comenzó el cuadro de psicólogos en 2002, hacíamos un trabajo que, en principio, era obligatorio, pero encontrábamos en la policía un poco de resistencia, tanto por parte de los policías como de los comandantes, que tenían una idea un poco tergiversada de la psicología, una visión muy machista, patriarcal. "Los psicólogos no son cosa para hombres". ¿Por qué motivo un policía necesitaría una psicóloga si no está loco?

¿Y eso ha cambiado?

En el proyecto que recibimos, no se le escuchaba al policía. Logramos que fuera aceptada la propuesta de tornar obligatoria una primera entrevista para escuchar las necesidades del policía y cómo él pensaba que el servicio de psicología podría ayudarlo. Ese encuentro también serviría para desmitificar al psicólogo, porque existía aquella creencia de que él le contaría todo al comandante. Nosotros decíamos en broma que éramos considerados un "P2 elegante", como si fuese un P2 (servicio reservado) de blanco.

Ese momento obligatorio era para que pudiéramos hablar de lo que implicaba para él y para su familia la llegada del servicio de psicología, de lo que significaba buscar un psicólogo, para desvincular la idea de que buscar un psicólogo significa estar loco y que no es cosa de hombres.

Mostrábamos que realmente es difícil buscar un servicio de psicología, porque estás mostrando un límite tuyo, admitiendo que no estás aguantando más una situación y llegaste al punto límite, y cómo es difícil reconocer esos límites. También hicimos trabajos en grupo.

¿Había resistencia por parte de los comandantes?

En algunas unidades operativas algunos comandantes no lo entendían muy bien. Pero es comprensible la postura del comandante, porque le preocupaba el hecho de que estaba sacando al policía de la calle para dejarlo una o dos horas en la unidad de psicología. El comandante no lograba entender que a largo y mediano plazo eso sería importante. Aquella pérdida momentánea de un policía podría evitar más adelante algunas dificultades. Todos nosotros, que participábamos de ese grupo inicial, llegamos a la conclusión de que si no hubieran ocurrido los grupos, algún policía habría hecho alguna cosa, habría tenido algún comportamiento con relación a algún superior, lo que habría acarreado una complicación mucho mayor.

¿Puede dar un ejemplo?

Una vez un policía que participaba de un grupo - y en aquella época todavía entraban armados a las sesiones, lo que después, a pedido nuestro, quedó prohibido - tenía dos armas y yo me di cuenta de que él estaba temblando mucho. Cuando terminó, los otros fueron saliendo y él se quedó por último. Tenía casi dos metros y lloraba como un niño. Tenía cuentas para pagar, faltaba comida en su casa. Su hija estaba desempleada. Su esposa no entendía sus limitaciones y le hacía miles de exigencias, y él quería hacerse cargo, por miedo de que acabase el casamiento. Tenía dificultades interpersonales dentro del batallón. Estaba a punto de matar a un oficial, que no lo comprendía. Iba a terminar explotando.

Entonces, le fui dando espacio para que hablara, e incluí otra entrevista. Ese mismo día conversé con el Departamento de Asistencia Social y logré que le fuera otorgado un beneficio alimentario. También le pedí autorización para que le relatase lo que me había contado al comandante de la unidad, y él estuvo de acuerdo. El comandante llamó al oficial con quien él estaba teniendo problemas para conversar e incluso consiguió con un conocido un empleo para su hija.

Si aquel policía no hubiera contado con atención en aquel momento, podría haberle pegado un tiro al oficial o podría haber ido al psiquiatra y podría haber acabado de licencia. Gracias a mi intervención, él continuó trabajando y con más tranquilidad. No resolvió su vida, pero mejoró, y él sintió que la corporación se había preocupado con él.

¿Cuál sería la frecuencia mínima ideal para la realización de un trabajo preventivo?

Lo ideal sería dos veces al año, obligatoriamente. El policía pasa a sentirse más próximo de aquel espacio y, como consecuencia, más próximo de la corporación. Pasa a sentirse cuidado e importante. Sentirse respetado y valorado por la institución es muy significativo para el policía con vocación, que trabaja en serio.

¿Por qué el número de suicidios es más alto entre policías que en el resto de la población en general?

Creo que eso puede estar directamente relacionado con las características del trabajo policíaco que se realiza aquí en la ciudad de Rio de Janeiro. Así, incluso cuando no está de servicio, el policía continúa viviendo angustias y miedos. Confía en poquísimas personas, desconfía de casi todas. Si a eso le agregamos su historia de vida, cuestiones familiares, su personalidad y los conflictos en la corporación, lo que tenemos es una "bomba ambulante".

¿Sería posible antever e evitar un suicidio?

Pienso que las atenciones psicológicas periódicas realizadas en las unidades operativas para todos los policías, en actividad de soporte o objeto, así como las atenciones específicas para aquellos policías que hayan vivido situaciones de conflicto intenso, pueden favorecer la identificación, prevención y tratamiento de cuadros que, sin atención y cuidado, conducen al policía al acto del suicidio.

Otro aspecto que ayuda bastante es cuando los oficiales responsables de las guarniciones están realmente atentos con relación a las alteraciones en el grupo. El vínculo con el servicio de psicología o psiquiatría se hace rápido y eficiente, ya que el policía pasa a entender que la organización reconoce y se preocupa con su dolor y con sus dificultades.

¿Cuantas atenciones usted hace al día?

Entre siete y ocho. Lo que complica un poco nuestro trabajo preventivo con el policía es la demanda de los familiares, que ha crecido mucho. Pero si el policía tiene problemas con su hijo o con su mujer, entonces necesitamos atenderlos a ellos también.

¿Cuántos psicólogos hay en sus grupos de la PM?

Había 50 pero creo que dos se han retirado. Va a haber un concurso y el grupo va a aumentar a 100. Es indudable que ese número es hoy insuficiente, porque la idea es que podamos trabajar preventivamente con los policías, con psicólogos en todas las unidades operativas. Con 50 es imposible dar cobertura a todas las unidades, inclusive a las unidades de salud, porque aún hay que tener en cuenta la demanda de las familias de los policías.

¿Y 100 psicólogos serán suficientes?

Va a ser mucho mejor, pero es necesario tener en cuenta que el grupo de policías combatientes también va a aumentar, entonces no se sabe exactamente cómo va a ser. En ese concurso hay miembros nuevos también, como un nutricionista, un pedagogo, un asistente social y un fonoaudiólogo.

¿Quién busca más el servicio, policías o familiares?

Depende. En las unidades operativas, son los policías, en las unidades de salud, los familiares. Viene creciendo año a año el número de atenciones. Si al principio ellos tenían temor, hoy una buena parte ya llama a nuestra puerta.

¿Cuáles son los principales problemas presentados por los policías?

Estrés y depresión. En general, el cuadro de estrés trae consigo algunas enfermedades psicosomáticas, como cardiopatías, hipertensión arterial, problemas estomacales. Los pacientes muchas veces llegan enviados de psiquiatría, a donde fueron derivados por otro servicio médico.

En los casos de cuadros psicosomáticos, el policía recibe atención del psicólogo y del médico. En el caso de demostrar interés, el paciente puede recibir atención semanalmente, por períodos que pueden variar de meses a años. También están los casos de estrés post-traumático, cuando el policía pasa por alguna situación traumática.

¿Los oficiales también tienen problemas? ¿Son iguales o diferentes?

Los tienen, pero el número de atenciones es bastante menor. Los problemas son los mismos, sólo cambia el nivel. Son las dificultades que todo el mundo tiene, con familiares, relaciones interpersonales, responsabilidad. Mientras que un soldado tiene que reportarse a un sargento, un oficial tiene que reportarse al comandante general, y el comandante general al gobernador.

¿Las mujeres policías suelen buscar el servicio?

Sí, en número proporcional y con cuestiones semejantes. Todo el mundo tiene su historia de vida. Algunos nos buscan más por cuestiones familiares, otros por cuestiones de trabajo, pero todo está interrelacionado, está todo vinculado y tiene relación con el modo de ser de la persona.

¿Y qué hace la atención psicológica?

Con las atenciones, la persona se va dando cuenta de lo que es bueno para ella y lo que no lo es, lo que la hace sufrir, cuál es el mejor camino para ella, por qué siempre repite determinados comportamientos. Naturalmente esa madurez va llegando y la persona va cambiando.

¿Qué es lo que usted investigó en su maestría?

En la maestría, en 2005, yo trabajé con las representaciones sociales que los policías construyen con respecto a la relación Policía Militar y sociedad en tres momentos: cuando el policía entra a la institución, diez años después de haber ingresado a ella y 15 años después.

Dentro de esos tres grupos, la representación que más se diferenció de las otras fue en el grupo de cabos con cerca de diez años en la corporación. Es el grupo más rebelde, que más critica a la institución y que más exige, pero al mismo tiempo es un grupo que no acepta de ninguna manera que se hable mal de ella, cosa que no detecté en otros grupos. Ellos son más viscerales. Los reclutas, a su vez, ya llegan poniendo todo su amor por la institución. Ese amor es presentado por los tres grupos, y ninguno piensa en abandonar la corporación.

¿Qué más usted identificó en el grupo de los cabos?

Los cabos se eximían de muchas respuestas y su percepción es de que entraron en la institución para hacer un trabajo represivo, para hacer de la ciudad una ciudad mejor, del mundo un mundo mejor, para ayudar a acabar con los delincuentes y la criminalidad, con una idea de héroe.

¿Y la idea de prevención?

Eso se nota un poco más en el grupo de mayor antigüedad, con más de 15 años en la corporación, así como otros modos de intervención y de actuación.

¿En en el doctorado qué es lo que usted investiga?

En el doctorado estoy estudiando justamente qué tipo de amor es ese que el policial siente por la institución. "La institución no me trata bien, habla mal de mí, yo cobro muy mal, pero la amo". ¿Qué cosa loca es esa? ¿Qué fuerza es esa que hace que los policías, con todo en contra, quieran exponerse a situaciones que pueden acabar con sus vidas y continúen creyendo que vale la pena. Se quejan, pero vuelven al otro día.

 

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