Juventud, drogas y democracia: relaciones delicadas

Por Regina Novaes*

Regina_Novaes_interior.jpg¿El consumo de marihuana debe ser legalizado? Esta fue una de las más de 50 preguntas realizadas recientemente a 14 mil personas, jóvenes y adultos, en seis países de Suramérica. La investigación comparó percepciones entre generaciones y fue realizada por IBOPE para el Instituto Brasileiro de Análises Sociais e Econômicas, IBASE. En dos países, Bolivia y Paraguay, los resultados indican fuerte rechazo, sin diferencias generacionales. Ya en Uruguay y Chile, son significativas las distancias entre percepciones de adultos y jóvenes, con mayor grado de concordancia entre los jóvenes. Brasil, al lado de Argentina, queda en posición intermedia, señalando apenas una tendencia de mayor concordancia entre jóvenes. (Ver Tabla 1)

¿Cabría a la juventud cuestionar el hiato entre legislación represiva vigente y la presencia cotidiana de las llamadas “drogas ilícitas” en la vida de esta generación juvenil? Una mirada optimista evocaría el papel contestatario que la juventud puede desempeñar en contextos históricos que exigen cambio e innovación. Una mirada pesimista podría destacar el conservadurismo de la juventud de hoy, consumista e individualista, más interesada en simplemente “sacar partida” de las situaciones. De hecho, la juventud es un espejo retrovisor de la sociedad. En tiempos de incertidumbre y fragmentación social, las opiniones de algunos segmentos de la juventud también incorporan discursos represivos, expectativas contradictorias, así como reflejan oposición de valores presentes en la sociedad. 

Son delicadas las relaciones entre juventud, drogas y democracia. Incluso porque cuando se habla de “juventud”, lo que cuenta no es sólo la faja etária, en Brasil definida entre 15 y 19 años. Son muchas las juventudes con sus desigualdades y diferencias. Los jóvenes tienen diferentes rostros, colores, género, situación económica, orientación sexual, creencias, lugares de vivienda y diversas experiencias de convivencia con las llamadas “drogas ilícitas”.

Y está el otro lado de la moneda. Como lo evidencian tantas investigaciones, los jóvenes son los más afectados por la perversa combinación entre tráfico de drogas ilícitas, proliferación de armas de fuego y fracaso de la acción pública policial. Violencia y corrupción de diferentes tipos y grados sustentan este trípode. Jóvenes negros, del sexo masculino y habitantes de favelas son los más afectados y los que más mueren. Sin embargo, todos los jóvenes tienen algo que contar sobre humillaciones, males y contreñimentos causados por los policías. La falta de libertad de ir y venir, la elección de los lugares de ocio, el sufrimiento por muertes prematuras de hermanos, primos, amigos, hacen que el tema “drogas” sea omnipresente, constitutivo de la sociabilidad de los jóvenes de esta generación. En entrevistas, los grupos de discusión formaos por jóvenes de diferentes clases sociales y lugares de vivienda, comentan que “ya no hay lugar al que uno llegue y no haya drogas, están en todas partes”; “tu vas a la esquina y puedes comprar”. Relatos como estos aproximan diferentes segmentos juveniles. Sin embargo ante la pregunta “¿qué hacer?” se reestablecen muchas diferencias entre los jóvenes.

Una investigación realizada entre los 2.500 jóvenes que participaron en 2008 en la Primera Conferencia Nacional de Políticas Públicas de Juventud, planteó la siguiente cuestión: “Legalización del uso de drogas, ¿estás a favor o en contra?” El resultado fue una respuesta favorable del 15,6% y completamente favorable del 10.6%. Sumando estos porcentajes, tenemos 25,2% favorable a la legalización de las drogas, o sea, un poco más que aquel 22% alcanzado en la investigación citada anteriormente, realizada con una muestra representativa nacional. Es decir, aún entre los jóvenes que participan de grupos, redes y movimientos culturales y políticos, aunque haya un porcentaje un poco mayor de concordancia, se está aún muy lejos de una única opinión sobre el asunto. (Ver Tabla 2)

En espacios de movilización juvenil, también circulan diferentes argumentos y posiciones. Según una investigación realizada también en la Primera Conferencia, jóvenes feministas y ambientalistas están a favor de la legalización del uso de drogas. Sur argumentos se basan en la necesidad de ampliar la libertad de elección y apuntan a relaciones entre calidad de vida y auto cultivo. Sin embargo, jóvenes del movimiento hip hop, los quilombolas (descendientes de los primeros esclavos insurrectos), los grupos de religiosos y los sindicalistas, entre otros, se posicionan en contra. ¿Serían los jóvenes de los sectores populares los más conservadores? ¿Cuáles son sus argumentos?

“Hoy los hijos de las familias ricas ya tienen oportunidad de tratarse en las clínicas particulares o en las clínicas religiosas, para la juventud de la periferia las opciones son prisión o muerte (…) “Nuestro Estado no tiene condiciones ni de tratar situaciones de emergencia, mucho menos a los usuarios de drogas…” Entonces para legalizar,
La estructura de salud pública tendría que ser otra” (…) “La legalización es una cosas que va a favorecer solamente a la élite, a los hijos de la élite, aquel que anda con cinco papeletas en el bolsillo y se es agarrado, es hijo de un juez… Pero si se trata de un chico que este armando un porro va a ser siempre un marginal, porque no se necesita estar usando drogas en la favela para ser un marginal (…) entonces, estoy en contra de la legalización de las drogas” (…) “Cómo pensar apenas en discriminalizar la marihuana como cuestión de salud pública cuando lo que está en juego son los efectos devastadores del crack entre los jóvenes pobres?”.

De manera general, los participantes de la Primera Conferencia no cuestionan que se trata de un asunto de salud pública y que existe la necesidad de una política de reducción de daños para quien no puede o no quiere parar de usar drogas. Sin embargo, basándose en experiencias concretas, los jóvenes expresan preocupaciones que sobrepasan la cuestión de la legislación. Hablan de prejuicios sociales arraigados y de un mercado mutante de drogas. Sus declaraciones traen nuevos asuntos para la ecuación juventud, drogas y violencia.

Es verdad que la violencia que afecta a los jóvenes de las favelas y periferias tiene su origen histórico en la ausencia de poderes públicos y en la dominación territorial de los traficantes. Pero lo que los jóvenes están diciendo es que  hoy, vencer el narcotráfico no acabará automáticamente con las distintas formas de violencia que los afectan. Como demuestra la experiencia de las milicias en Río de Janeiro, más allá de las drogas, hoy en las áreas pobres y violentas el monopolio de otros “productos y servicios” también genera opresión. Para hacer frente a la violencia que los afecta, es necesario considerar, al mismo tiempo, tres dimensiones: campañas de prevención que vinculen información de manera que amplíe la comprensión entre la propia juventud; medias que favorezcan el acceso a los equipamientos especializados de salud y también, iniciativas para cambiar la legislación.

Las campañas educativas con un enfoque multidisciplinario deben ser realistas, o sea, partir del principio de que el consumo no va a disminuir simplemente con amenazas, sino con información franca y directa. Deben ser compatibles con lo que los jóvenes observan en la cotidianidad, o sea, deben reconocer la existencia de diversos tipos de uso (recreativo, abusivo eventual, compulsivo) y presentar las mejores maneras de lidiar con los problemas que se desencadenan de esos usos. Contextualizar los efectos de las drogas ilícitas significa reflexionar sobre diferencias y semejanzas entre los efectos causados por las diversas drogas –inclusive el alcohol, el trabajo, los antidepresivos y los adelgazantes.  Este tipo campaña puede tener efectos sobre la opinión de los jóvenes, pues enfrenta tabúes y va más allá de la hipocresía con la cual los más viejos enseñan a los más jóvenes a tratar el asunto, sobre todo en público.

Por otro lado, los jóvenes conocen el vacío entre el  país legal y el país real. El sistema previsto por el Sistema Único de Salud no se lleva a la práctica. Las intervenciones de tratamiento no se hacen dentro de la ley. Inclusive porque el verdadero fortalecimiento de políticas de tratamiento en la óptica de la reducción de daños depende de la capacitación cualificada de profesionales no sólo en el área de salud, sino de educación, deporte, uso del tiempo libre, cultura, seguridad pública. La capacitación de policías, por ejemplo, precisa contemplar el entrenamiento para atención en situaciones de emergencia (desmayos, vómitos, sobredosis, etc.). En este sentido, el tratamiento no se puede limitar a los necesarios puntos de atención.
Acciones enfocadas específicamente en los jóvenes deben ocurrir en los puestos de salud, pero también por medio de la perspectiva sicosocial, de base comunitaria. Solo esta combinación puede interrumpir trayectorias juveniles irreversibles, muertes causadas por el uso de drogas lícitas e ilícitas.

En rigor, para aproximar a los jóvenes de esta discusión, es necesario desbloquear el debate y considerar los varios ángulos de la cuestión. Un paso importante sería repensar la instancia adecuada para coordinar esa área en el gobierno federal. La Secretaría Nacional Antidrogas hace parte del Gabinete de Seguridad Institucional. Sin embargo, la realidad de los jóvenes de hoy exige un nuevo enfoque, es imprescindible lograr la participación efectiva de las carteras de Justicia, Salud, Educación, Derechos Humanos y Medio Ambiente.

Ciertamente, también es necesario tener en cuenta experiencias en curso en otros países. Sin embargo, Brasil puede llegar a un camino propio y creativo. Con este objetivo, es fundamental eximir de cualquier penalidad los vehículos que divulgan informaciones calcificada relativa al consumo de drogas consideradas ilícitas. En la actualidad, no sólo los diferentes medios de comunicación, sino también las instituciones como universidades, escuelas, iglesias deberían ser desafiadas a promover y renovar este debate. Para ello es urgente involucrar diferentes segmentos juveniles con sus experiencias y dudas en el debate público sobre las realidades y las leyes de drogas en el país.

Tabla 1. Concueran con la legalización del consumo de marihuana:

    Jóvenes%     Adultos%  
Uruguay   45   27,5
Chile   37   22
Argentina        23   17
Brasil   22   15,5
Bolívia   7   7
Paraguay   6   7

Fuente: “Juventude e Integração Sulamericana: diálogos para construir a democracia regional” IBASE/POLIS/IDRC

Tabla2. Percepción de los participantes de la Conferencia Nacional de Juventud sobre la legalización del uso de drogas- Brasília, 2008

Legalización del uso de drogas   %   No.
Totalmente Contra   43,2    801 
Contra   17,3   321
A favor   15,6   290
Completamente a favor   10,6   196
Indiferente   10,0   185
Em branco   3,3   61
Total   100,0    1.854

Fuente: Conselho Nacional de Juventude e Secretaria Nacional de Juventude-Pesquisa Políticas de Juventude, Bandeiras e Participação: Perfil, Percepções e Recomendações dos Participantes da I Conferência Nacional de Políticas Públicas de Juventude. (coord. Castro e Abramovay 2008).
Nota: Foi perguntado: Para a frase: `Legalização do uso de drogas`, gostaria de saber se você é a favor ou é contra?

* Regina Novaes es antropóloga. Es expresidente del Conselho Nacional de Juventude y atualmente, como investigadora del Conselho Nacional de Pesquisas, continúa desarrollando el Projeto Juventude, Identidades e Expressões Culturais. Es consultora del Instituto Brasileiro de Análises Sócio-Econômicas, donde coordina la Pesquisa Juventudes Sul Americanas y participa como consultora senior del Informe sobre Juventud en el Mercosul, realizado por el PNUD/Naciones Unidas.

Foto: Walter Mesquita

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