Del tribunal a la escuela, una nueva cultura de paz
En tiempos de discusión en el Congreso Nacional brasileño sobre la reducción de la mayoridad penal, una innovadora experiencia en el estado de Río Grande do Sul ha demostrado que existen formas más eficaces para tratar con la cuestión de jóvenes involucrados en violencia que simplemente disminuir la edad de la responsabilidad criminal.
Denominado "Justicia para el siglo 21", el proyecto –desarrollado de forma interinstitucional por órganos como el Ministerio de Justicia y la Asociación de los Jueces de Río Grande do Sul (Ajuris)– busca difundir y aplicar el concepto de Justicia Restaurativa en las distintas instancias del Sistema de Justicia Juvenil e incluso en la enseñanza pública, donde ha logrado resultados alentadores.
Niños que llegan transferidos de otras escuelas y que tienen dificultades para relacionarse con la clase, convirtiéndose en blanco de bromas de mal gusto y peleas recurrentes en el recreo. Esos y otros ejemplos de violencia en las escuelas han sido cada vez menos frecuentes en una escuela pública en la periferia de Porto Alegre. Gracias a un proceso en que los propios jóvenes tienen que tratar con el conflicto, los problemas de relación se solucionan antes que lleguen a las últimas consecuencias.
El espacio en que eso ocurre tiene un nombre tan simpático como inusitado: Sala del Bien-Querer. “Es un lugar especial que tenemos para solucionar los conflictos de una forma diferente", explica Clemi Gonçalves, profesora de la escuela estadual Rafael Pinto Bandeira. Con foco en la reparación de daños, autoresponsabilización y participación activa de todos los involucrados, las actividades de esa sala –denominadas "círculos restaurativos"– han tenido un éxito notable en lo que se refiere a la prevención de la violencia y a la construcción de una cultura de paz dentro de la escuela. Ella se enorgullece por haber acabado con la violencia adentro de sus muros en sólo dos años.
“Allá se respira paz”, afirma André Porto, coordinador de la Caravana Comunidad Segura, que visitó la escuela de Porto Alegre en noviembre de 2007. “La Caravana visitó otra escuela, en Natal, donde lo que se veía en las paredes, en los dibujos de niños de cinco años, eran armas, cadáveres y tiroteos”, cuenta Porto, haciendo un contrapunto entra las dos instituciones. Aún reconociendo las particularidades de ciudades como Porto Alegre y Natal, él cree que es fundamental enseñar las diferencias entre una escuela que adoptó prácticas restaurativas y otra que no lo hizo. “Ambas están en la periferia de metrópolis, pero una es la antítesis de la otra”, compara.
Diálogo entre víctima y agresor
Pero, al final, ¿qué son esas “prácticas restaurativas”? Justicia Restaurativa es un concepto jurídico que preconizó un cambio de foco en las prácticas judiciales. Tradicionalmente encargada de apurar y punir culpados, la Justicia convencional no tiene en cuenta las necesidades de las víctimas o la reparación de los daños –físicos, psicológicos y hasta sociales – del acto de infracción. Se valora la autonomía, el diálogo y el protagonismo de los sujetos involucrados: víctimas, infractores, familiares y comunidad –todos son invitados al diálogo y a la comprensión mutua.
¿Y cómo esas ideas salieron de los tribunales y fueron a parar en una escuela pública? Desde 2002, el 3er Juzgado de la Infancia y Juventud de Puerto Alegre –bajo responsabilidad del juez Leoberto Brancher – aplica los fundamentos de la Justicia Restaurativa. A partir de 2005, este proceso se volvió más institucionalizado, con la experimentación y difusión del concepto en el Sistema de Justicia y Atención a la Infancia y Adolescencia. Apoyado por órganos como la Asociación de Jueces de Río Grande do Sul (Ajuris), Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), el Ministerio de la Justicia y el Proyecto Niño Esperanza, se creó el proyecto "Justicia para el Siglo 21".
“Nuestro objetivo el evitar que los conflictos lleguen a la corte de Justicia”, dice Nelnie Lorenzoni, coordinadora institucional del proyecto en la Secretaría Estadual de Educación (Seduc-RS), que luego se convirtió en una de las instituciones aliadas del proyecto en Río Grande do Sul, por ver una oportunidad de prevenir la violencia en las escuelas. De inicio, seis escuelas participan en un piloto, entre ellas está la escuela Rafael Pinto Bandeira.
Además de la Seduc, otras instituciones gauchas son aliadas del proyecto, como la Fundación de Atención Socio-Educativa del Estado de Río Grande do Sul (Fase, antigua Febem), PUC-RS, la Escuela Superior del Ministerio Fiscal de Río Grande do Sul, la Secretaría Municipal de Derechos Humanos y Seguridad Urbana de Porto Alegre, entre otras.
Conocer las causas, lidiar con las consecuencias
“El círculo restaurativo tiene tres momentos distintos”, explica Nelnie, refiriéndose al conjunto de procedimientos técnicos de la Justicia Restaurativa. Según ella, es fundamental conocer las razones del acto violento, y celar por la curación de sus consecuencias. Pero eso no se hace por una autoridad externa, como un juez. Todos los involucrados en el caso tienen que afrontar la responsabilidad; el primer momento es el de hacer esa invitación a los involucrados, explica Nelnie. Después, es en el círculo donde los participantes buscan la comprensión mutua, la responsabilización por los actos cometidos y un acuerdo consensual de reparación. El momento final es de evaluación, donde se verifica si los acuerdos se están cumpliendo, y si el conflicto se solucionó. Durante todo el proceso, hay el seguimiento de un mediador capacitado. “Pero cuanto menos interfiera él, mejor”, aclara.
“Nosotros percibimos que la mayoría de los conflictos ocurre por falla de comunicación. Un acto de agresión física, por ejemplo, generalmente tiene su raíz más atrás, en un desentendimiento pequeño, dice Nelnie. El círculo restaurativo desvela, entonces, también su vocación para la prevención. Así como la profesora Clemi Gonçalves, la coordinadora hace un balance positivo del proyecto. “Es innegable que esas escuelas están menos violentas, pero no tenemos la pretensión de, solos, acabar con el problema de la violencia, que es muy complejo".
Y esa complejidad, naturalmente, comprende diversos factores – económicos, sociales, etc. El mayor reto para la construcción de una cultura de paz en las escuelas, por lo tanto, está fuera de ellas, cree Clemi. “Esos niños están inseridos en una cultura de violencia. Se les enseña desde pequeños que “si te pegan, tienes que devolver”. Si un proyecto como el nuestro tuviese mayor alcance, no necesitaríamos discutir cuestiones como la reducción de la mayoridad penal", cree.
Para saber más:
COAV - Niños y Jóvenes en Violencia Armada Organizada
En otros sitios:
Justiça para o Século 21 (en portugués)








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