Castigo infantil, muro de silencio
Un reciente estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), reveló que el maltrato a los niños es una realidad en toda América Latina, y que recurrir al castigo físico o sicológico de carácter humillante es considerado normal por la mayoría de los padres, en el esfuerzo por disciplinar a sus hijos.
Pero de acuerdo con la “Consulta con niños sobre castigo físico y humillante: relato de una experiencia”, realizada por el Instituto Profundo con base en entrevistas a los propios niños, ese tipo de castigo no sirve para poner límites a los menores. “El castigo físico (desde la palmada y el pellizco hasta el uso de objetos, en escala de agresión ascendente) o el castigo sicológico usado para desmoralizar al niño (lo que puede ir desde gritos y comentarios despreciativos, a encerrar un niño en el baño o dejarlo fuera de la casa) no funciona para corregir el comportamiento”, dice Isadora Garcia (foto), una de las tres autoras del estudio de Promundo, junto con Marianna Olinger y Simona Gomes.
“La verdad es que el castigo traumatiza, puede llevar al niño a retraerse o, los más extrovertidos, pueden llegar a usar la violencia contra otros niños. Pero el mayor error es crear un vínculo entre violencia y afecto, este es un legado nocivo que queda para toda la vida”, dice Garcia.
Para realizar la “Consulta con niños”, el grupo de investigadoras entrevistó a menores de la comunidad de Cancela Preta, barrio popular de la Zona Oeste de Río de Janeiro. El estudio tuvo como objetivo desconstruir la creencia sobre el desarrollo infantil relacionado al uso de una violencia considerada menor por los adultos que están a su cargo.
Hace 18 años que los niños y adolescentes tienen en la legislación internacional y en el Estatuto del Menor y el Adolescente, la garantía a sus derechos a la seguridad, educación y entretenimiento, entre otros. Pero el día a día todavía está lejos de honrar estos preceptos legales. Un gran paso para reconocer esta falencia fue otro estudio mundial acerca de la violencia contra los niños, presentado en la Organización de las Naciones Unidas en 2006 por el brasileño Paulo Sérgio Pinheiro, investigador del Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de São Paulo (NEV-USP).
“Hay un muro de silencio sobre la violencia doméstica contra los menores, lo que vimos en nuestro informe es que está escondida, no es relatada y está subregistrada”, dijo Pinheiro a Comunidad Segura. “El informe contribuyó a romper esa barrera de silencio y volver visible esa violencia”, puntualizó Pinheiro.
Pero volviendo a la consulta hecha entre los niños, la pesquisa realizada en la comunidad de Cancela Preta recogió el testimonio de 65 niños de entre 5 y 12 años; 36 de ellos tenían entre 5 y 8 años, constituyendo la primera faja etaria del grupo de estudio (23 niños y 13 ninãs) y los demás tenían entre 9 y 12 años. El ingreso mensual de las familias de los niños entrevistados es de entre dos y cinco salarios mínimos. Los investigadores contactaron miembros de la comunidad por medio de la asociación de moradores y del programa estatal Programa Salud de la Familia.
“La recepción de los padres fue muy importante, es una conquista del estudio. La verdad es que en general es mucho más fácil entrar en contacto con comunidades populares que con la clase media”, cuenta Garcia. ‘Siempre que abordamos a los padres sobre este tema, ya estamos preparados para recibir cierta resistencia: o los padres consideran que este tipo de violencia es normal y sin mayores consecuencias, o tienen dificultad para examinarse a sí mismos, sobre la manera como disciplinan a sus hijos”, dice.

Formas no verbales de expresión
La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU dice que “el niño y el adolescente tienen derecho a expresar su opinión libremente y a que se tengan en consideración sus opiniones en función e su edad y madurez”. “Los niños no son adultos incompletos, ellos tienen posiciones propias y actúan en su mundo social. Todo niño al nacer, provoca cambios en su familia. Lo que tenemos que tener en cuenta es el modo como ellos se expresan. Por ejemplo, usan elementos de lenguaje no verbal para comunicarse”, explica Garcia.
Para atender a las diferentes formas de expresión, el estudio usó una metodología desarrollada por Cláudia Leão, profesora de artes del Instituto Tear, en Río de Janeiro, que incluyó juegos, dibujos y muñecos que conversaban con los niños. El muñeco decía que venía de otro mundo y que quería saber cómo funcionaban las familias de los humanos. Los niños eran reunidos en grupos y siempre en presencia de un adulto que conocían.
Resignados ante el castigo
“A través de las declaraciones de los niños, pudimos ver que ellos se ofenden con los castigos físicos y humillantes. El niño se siente impotente para revirar, queda desmoralizado en relación al adulto y se resiente. Pero una cosa sorprende: el niño acepta el castigo y se ve a sí mismo aplicando la violencia a otros niños, a los hermanos y en el futuro hasta a los hijos imaginarios”, explica la investigadora.
El hecho de que los niños acepten y hasta reproduzcan un castigo físico no significa que ellos no puedan interpretar la experiencia para sus propios fines. “Yo creo que es peor el castigo. La palmada uno se la aguanta, pero después se va para la calle. El castigo no. Uno queda ahí, sin hacer nada. Yo ya estuve castigada un mes sin asomarme ni a la ventana”, contó una de las niñas entrevistadas durante la investigación.
Isadora Garcia también apunta que el castigo físico y humillante tiene un impacto diferenciado sobre la memoria. Cuando es usado por un periodo largo, el recuerdo del castigo perdura mucho más allá del recuerdo del comportamiento que motivó el castigo. “Lo que queda en la mente del niño, lo que aprende, es que la violencia y el afecto están ligados”, dice la investigadora.
El estudio resalta que esas prácticas se transmiten entre generaciones y que, muchas veces, la idea del uso de la violencia para disciplinar al hijo o la hija también son una herencia de los padres. De acuerdo con el estudio, en la mayoría de los casos, quien usa el castigo físico o humillante es la madre del niño, por estar más presente en la vida de los pequeños.
”Mis padres no me oyen”
Cuando son cuestionadas sobre cómo participan dentro de la familia, los niños y niñas manifiestan una queja común: sus padres no los oyen. Lo que ellos relatan como diálogo en la familia es más una conversación desigual, en que lo que dicen los padres se resume a pedidos, órdenes e instrucciones, desde una postura autoritaria, pero no un diálogo satisfactorio desde el punto de vista del menor.
Un niño de cinco años citado en el estudio dice que “mi mamá pelea por todo. Todos los días yo entro y ella no me escucha. Se va para la cocina cuando hablo con ella. Ella me oye más o menos”.
La queja se hace más evidente cuando los niños están tristes: la mayoría no procura a la madre para que las oiga y cuando se les pregunta por esto, “todos los menores relatan sentirse muy tristes y con rabia por no ser oídas por sus padres”, dice el estudio.
Niñas preferirían ser niños
A pesar de no haber sido el objetivo del estudio, las palabras de los niños revelaron preocupaciones espontáneas con restricciones impuestas a niños y niñas de acuerdo con su género. Los niños relataron que, a pesar de saber que los niños pueden llorar, no deben hacerlo porque “son machos”.
Las niñas se sienten incomodadas con los límites sobre su libertad de ir y venir, y de cómo vestirse. “Al contrario de los niños, que pueden raparse la cabeza y jugar en la calle, yo no puedo usar cualquier falda y mi cabello como yo quiera”, fue un reclamo frecuente. Muchas dijeron que les gustaría ser hombres, pero ningún niño dijo que le gustaría ser mujer.
La unanimidad entre los menores es que quieren pasar más tiempo con sus padres, que los peores castigos son los que les impiden jugar. “Nuestro trabajo al escuchar a los niños y niñas no termina aquí, es claro que el próximo paso es difundir entre los padres las técnicas de disciplina que no envuelven violencia contra los indefensos, lo que llamamos disciplina positiva”, dice Garcia. La desigualdad de poder entre menores y adultos eventualmente pasa. Lo que queda después es el tipo de relación que se construye.
Más información
Consulta com crianças sobre castigo físico e humilhante: relato de uma experiência (Portugués)
O estudo do Secretário Geral das Nações Unidas sobre Violência contra a Criança (Portugués).








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