Bibliotecas para la paz urbana

biblioteca_bogota_edit.jpgMuchas mañanas, cuando su mamá sale a trabajar al centro de la ciudad, Juan David Camelo visita la biblioteca local La Marichuela en la localidad de Usme, un barrio periférico al sur de Bogotá. Además de hacer tareas para la jornada escolar de la tarde, leer cuentos, encontrarse con amigos y participar en talleres creativos, en La Marichuela  Juan David entra al mundo mágico de la literatura.

A sus 12 años, ya se considera a sí mismo un buen lector. En este momento está leyendo Harry Potter y la piedra filosofal mientras sueña con ser enfermero "cuando sea grande". Como él, otros 3.800 usuarios entran a diario en alguna de las bibliotecas de Bibliored, el tejido que integra a las 3 megabibliotecas zonales, 6 bibliotecas locales y 9 bibliotecas barriales de la capital colombiana.

Tras siete años de trabajo continuo, esta iniciativa surgida durante la administración de Enrique Peñalosa empieza a rendir sus frutos no sólo como una manera de estimular el conocimiento sino como una eficiente herramienta de inclusión social y como una estrategia de lucha contra la violencia urbana.

Silvia Prada, directora de Bibliored afirma que "aunque no podría ofrecer indicadores de violencia como resultado del trabajo de Bibliored, puesto que no tenemos datos estadísticos al respecto, sí puedo asegurar que el impacto social en las zonas en las que están ubicadas las bibliotecas y en la ciudad en general, son muy positivos".

Todos entran

Según explica Prada, las bibliotecas de Bogotá se han convertido en una herramienta fuerte de equidad en la que hay espacio para todos independientemente de su condición socioeconómica o cultural; también, han servido para que los jóvenes hagan un buen uso del tiempo libre pues las bibliotecas no son sólo lugares para consultar libros sino centros sociales en torno a los cuales convergen muchas actividades lúdicas y culturales.

En tercer lugar, estos espacios han ayudado a recuperar el sentido de espacio público y el empoderamiento de la gente sobre su derecho a estos espacios y adicionalmente, las bibliotecas han mejorado el entorno en el que son construidas, mejorando la seguridad en lugares que eran de altísima peligrosidad y que hoy son de mucha actividad y seguridad.

Esto lo confirma Nohora Sarmiento, coordinadora de la biblioteca La Marichuela en la que Juan David alimenta sus ratos de ocio y sus sueños de futuro. Aunque es una biblioteca pequeña, en comparación con las mundialmente famosas megabibliotecas de El Tintal, El Tunal o Virgilio Barco –arquitectónicamente imponentes- La Marichuela y las ocho bibliotecas barriales cumplen un papel fundamental en su esfera de acción: barrios en situación de desventaja, habitados por trabajadores de bajos ingresos  y caracterizados por infraestructura insuficiente.

"Cada mes nos visitan entre 15.000 y 20.000 usuarios. Es un lugar abierto a todas las personas y totalmente gratuito. Esto hace que se convierta, en un espacio dinámico en promoción cultural que va mucho más allá de la lectura" expresa Sarmiento.

"Es un espacio social en el que buscamos que los niños o jóvenes que permanecen solos porque sus padres trabajan todo el día, vengan y encuentren cosas interesantes que hacer aquí. Conocemos sus nombres y se establece una dinámica muy agradable en la que además de intercambio de información hay afecto y un lugar cálido, seguro y estimulante en el que ellos pueden aprovechar el tiempo, en lugar tal vez de estar en la calle o solos en la casa", expresa Sarmiento.

La coordinadora aclara que a la biblioteca entran todos, incluidos los habitantes de la calle que rondan el sector o jóvenes que la comunidad reconoce como conflictivos. "Pero este es un lugar de tolerancia en el que todo el mundo tiene derechos y deberes que acata de muy buen ánimo", puntualiza.
 

Medellín lectora

biblioteca_bogota1_edit.jpgUno de los hechos que permiten reforzar la tesis de que las bibliotecas han contribuido a disminuir los índices de violencia es el caso simultáneo de Medellín, donde se inició un plan maestro de servicios bibliotecarios en 2004 que ha resultado en la construcción de cinco parques-bibliotecas, ubicados en zonas deprimidas de la ciudad.

De acuerdo con Jorge Melguizo, Secretario de cultura de Medellín, el hecho de que en la actualidad la ciudad tenga apenas el 9% de las muertes violentas que tenía hace cinco años, muy seguramente tiene que ver con los parques-bibliotecas. "No digo que sólo por eso hayan bajado los índices de violencia, pues hay una serie de factores en la ciudad que han generado un nuevo clima, pero seguramente estos espacios de inclusión, encuentro y oportunidades han contribuido en este sentido".

Para Melguizo, entre los efectos sociales de los parques biblioteca, claramente se distinguen los siguientes. "Cuando empezamos con el proyecto hicimos un estudio y aquellas zonas con menor índice de desarrollo humano se convirtieron en los lugares elegidos para construir los parques-bibliotecas. Eran zonas de altísima violencia, baja renta, escasos recursos", explica.

"Los parques bibliotecas dieron un sentido fundacional a la promoción de lectura; ofrecen acceso gratuito a Internet donde antes no había; traen hacia el barrio eventos culturales tanto de la comunidad como realizados por la Alcaldía lo que hace que tengamos presentaciones de primera calidad en todos estos lugares y generan una afluencia de turismo interno y externo pues se convirtieron en lugares de circulación para la gente de la ciudad que antes no se atrevía ni siquiera a pensar en ir a uno de estos barrios", finaliza.

Es el caso de la biblioteca de Santo Domingo, visitada por los reyes de España, a la que se puede llegar a través del metro y su conexión con el metrocable, extensión aérea del Metro de Medellín. "Estos tres ‘meteoritos’ que conforman la edificación de la biblioteca son una alegoría; nos han puesto a mirar hacia allá, han puesto a la ciudad entera a mirar hacia un lugar del que antes sólo se conocía por la violencia y esto al igual que en los demás barrios, ha generado un altísimo sentido de autoestima y pertenencia sumamente positivo para la convivencia en la ciudad".

La relación costo beneficio de estas inversiones sociales es muy positiva. La construcción de los parques bibliotecas de Medellín costó 36 millones de dólares y el funcionamiento anual, cerca de 1 millón cien mil dólares al año. En Bogotá, para los costos operativos anuales, el Distrito destina 4 millones cuatrocientos mil dólares al año.

En ambas ciudades, el conjunto conformado por parques, centros sociales, arquitectura monumental, todo entorno al corazón de papel conformado por los libros, se ha convertido en un impulsor de equidad y orgullo ciudadano.

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