Visión de género y la violencia armada en el Caribe

Artículo exclusivo para el boletín mensual "En la mira - Observador Latinoamericano de Armas de Fuego". Haga clic aquí para suscribirse y ver las ediciones anteriores.

Folade Mutota

Las estadísticas globales muestran que a cada minuto alguien muere por la violencia de las armas de fuego. El Caribe no ha quedado fuera de los efectos debilitadores del problema de la violencia armada, ya que las comunidades están como sitiadas y las organizaciones de policía parecen ineficientes en sus intentos de controlar el problema.

La violencia armada está retrasando el desarrollo económico de la región, sobrecargando los sistemas de salud, amenazando la estabilidad política, arruinando la seguridad humana y promoviendo nociones machistas que se asocian a la violencia.

La proliferación de armas ligeras ilegales está inextricablemente vinculada al narcotráfico en el Caribe. Las armas ligeras se usan para proteger a narcotraficantes y drogas, y además como pago, para hacer más fácil el comercio entre los países productores de Sudamérica y los mercados consumidores de Norteamérica y Europa. Las permeables fronteras de los países del Caribe se vuelven vulnerables al traslado ilegal de la droga. La combinación de narcotráfico con tráfico ilegal de armas de fuego se mostró como una importante amenaza a la seguridad, a las aspiraciones económicas y a la estabilidad social de la región.

Las economías del Caribe dependen fuertemente de factores externos. El turismo, las inversiones directas del extranjero y la exportación de productos a Europa y a Norteamérica son las piedras angulares de estas economías. Los factores globales de mercado tienen un impacto significativo sobre a subsistencia sostenible en la región. Las pequeñas economías – caso de todos los países de la región – fueron afectadas de modo negativo del inicio de los años 80 hasta casi el fin de la década de 90. Políticas de ajuste estructural, vinculadas a factores del mercado internacional redujeron el gasto de los gobiernos con servicios de interés social. Las implicaciones del fin de la red de protección social en la región tuvieron un impacto directo en las familias de baja renta y más específicamente en los jóvenes.

La respuesta colectiva de la Comunidad Caribeña (CARICOM) a la escalada  de la violencia fue la creación de la Fuerza de Tarea de CARICOM sobre Crimen y Seguridad, en 2001. En 2002, la Fuerza de Tarea presentó un informe conteniendo 100 recomendaciones para mitigar el problema, con estrategias para relaciones comunitarias y modelos eficientes de vigilancia. Varias de estas medidas fueron implementadas por diversos gobiernos.

Jóvenes del sexo masculino, entre 14 y 30 años son las principales víctimas de la violencia armada en el Caribe. Su destino está asociado a la red de narcotráfico y a la obtención de armas de fuego. Su obsesión evidente por armas proviene de las tradiciones y de las costumbres que promueven la dominación en vez de la negociación y la colaboración.

Crece la imagen en la sociedad caribeña de que la masculinidad  se basa en gran parte en la noción del hombre como proveedor, "aquél que gana el pan".  Muchos jóvenes involucrados en la violencia armada confiesan que son conducidos por la creencia de que a ellos les cabe proveer a su familia, mismo que usen medios ilegales para alcanzar este objetivo. El papel del proveedor es una importante fuente de autoridad para los hombres, dentro del contexto del patriarcado. El mito de los privilegios, del poder y del status del hombre le impiden que perciba su propia opresión de género, y así limita las posibilidades de una transición emancipadora dentro de los límites de la masculinidad (véase Nurse 2002) 1.   

Los roles establecidos, por género, en el Caribe, asocian tradicionalmente el hombre a las armas, pero, al mismo tiempo, tienen supuesto que sólo los hombres saben como solucionar el problema provocado por la proliferación de armas. Así, el debate sobre la disminución de la violencia armada y sobre sus implicaciones sociales ha excluido en gran parte las voces femeninas.

Esta exclusión casi completa de las mujeres ha impedido que aquéllos que buscan soluciones para el problema comprendan el impacto de la violencia sobre la vida de las mujeres, tanto al olvidar de qué modo las mujeres son víctimas de la violencia como también ignorando su militancia al resistir a la cultura de la violencia de las armas. Hace falta corregir esa ceguera masculina escuchando y aprendiendo con las mujeres, pues el modo que las mujeres puedan posibilitar la construcción de la paz y su conocimiento sobre temas de seguridad se basa en la tradición de discusión, de participación y de solución pacífica de conflictos. Es necesaria una comparación realista de los impactos específicos por género de la violencia por armas de fuego para el desarrollo de respuestas sensatas, sostenibles y equitativas.

Hombres y mujeres ven la seguridad de forma distinta. La respuesta del Estado a la violencia armada se está convirtiendo, cada vez más, en un lugar de contestación ente hombres y mujeres. Por ejemplo, las mujeres militantes pacifistas contestan la forma como los actores de Estado, que son sobre todo hombres, reaccionan la flagelo de las armas ligeras con más violencia, como la pena de muerte, que existe en la mayoría de los países del Caribe. La naturaleza emocional del debate sobre la pena de muerte puede hacer que las cuestiones relacionadas a los derechos humanos se vuelvan indistintas y que eso lleve al rechazo del pensamiento lógico.

El análisis de género permite un pensamiento más racional sobre la elaboración de estrategias y sobre una promoción de seguridad abarcadora, en la medida en que estimula la reflexión sobre la posición de todos los miembros de la comunidad sobre el problema. El análisis de género subraya la importancia de la persona, y levanta preguntas sobre quién vende, quién posee, quién usa y quién muere o es herido por armas ligeras. Tal análisis enfatiza el aspecto de los derechos humanos en la proliferación y utilización de armas ligeras y enfoca la cuestión del control de armas en una perspectiva de seguridad humana.

La proliferación de armas de fuego exacerba la desigualdad entre los sexos y refuerza los peores aspectos de estereotipos masculinos. Karen Small (2005) 2 observa que nuestra cultura obliga nuestros jóvenes a estándares de comportamiento rígidos y perjudiciales. Hace falta que los chicos comprendan la estructura social de poder que los presiona constantemente de modo a que sean violentos. Es necesaria una transformación a nivel de la persona tanto como a nivel cultural.

La violencia por armas de fuego tiende a ser un fenómeno altamente asociado al género. Los hombres y las mujeres, en la mayoría de las culturas, son socializados para ver la violencia como elemento integral de la masculinidad. Los hombres, en especial los jóvenes, son la gran mayoría tanto de los actores como de las víctimas directas; más del 90% de las víctimas de homicidios por armas de fuego son hombres. Por otro lado, las mujeres, incluso las jóvenes, son afectadas por la violencia por armas de fuego de muchas formas.  

La violencia armada involucra a todo el mundo. Cuando la seguridad se encuentra comprometida en larga escala, los sistemas social y cultural entran en completo colapso, o por lo menos se encuentran amenazados. La capacidad de la comunidad de negociar relaciones de género y de edad es desafiada, pues los hombres, especialmente los jóvenes, parecen reforzar su identidad de género por el recurso a la violencia, mientras la seguridad de mujeres y chicas queda cada vez más comprometida.        

La respuesta a la escalada de la criminalidad y de la violencia en toda la región necesita ser multidimencional y cooperativa en su naturaleza. A Declaración Jamaicana de 2005, en el Emancipation Park, proporciona un modelo útil de cooperación entre ciudadanos y Estado.

La declaración identifica acciones que serán emprendidas por el Estado, por el sector privado y por los ciudadanos.

El Estado – todos los 60 miembros de la Cámara de Diputados y dirigentes de todos los partidos políticos declaran públicamente, por escrito, el 15 de junio de 2005 su compromiso de 1.- distanciarse, así como las organizaciones de su distrito, de los pistoleros; 2.- desmantelar grupos armados y 3.- distanciarse de cualquier asociación con criminales, y no recibir apoyo, financiero o de otra naturaleza, de personas vinculadas a la criminalidad. Este compromiso se hace entendiendo que los partidos políticos censurarán públicamente, y expulsarán automáticamente cualquiera de sus miembros que rompa el compromiso.

El sector privado – el sector de negocios debe intentar el compromiso de sus miembros de no permitir que se les haga de víctimas, rechazando así cualquier intento de extorsión.

Los ciudadanos – En toda aldea de Jamaica, a través de sus asociaciones de moradores cuando éstas existan, y creando nuevos grupos en contra de la criminalidad caso sea necesario: 1.- Desarrollar iniciativas destinadas a aumentar la vigilancia para la protección de sus comunidades; 2.- comunicar actos criminales y delatar criminales escondidos, y 3.- dar a la policía informaciones que ayudarán en la captura de criminales.

1 Nurse, CAFRA News – Feminism and Masculinity
http://www.cafra.org/article354.html

2 Small, Masculinity and Male Violence: Targeting Men for Change
http://www.wacc.org.uk/wacc/regional_associations/caribbean/caribbean_articles/
masculinity_and_male_violence_targeting_men_for_change

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
CAPTCHA
This question is for testing whether you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.
Image CAPTCHA
Copy the characters (respecting upper/lower case) from the image.